En la política:

¡Se acabó el verano!

¡Este ha sido un verano para no olvidar! Porque fue horrible para casi todos o por haber sido fantástico para algunos pocos suertudos. Entre ellos para Alberto Fujimori quien ha vivido en estos meses, políticamente hablando, su mejor temporada desde su abrumadora reelección en 1995. Pero como no hay tregua que dure tres meses, la política ha regresado y está, si cabe, más turbia que nunca. ¿Lo afectará esta vez?

 

¡12% más en las encuestas! ¡Niveles de aprobación por encima de los de desaprobación! ¡Superando a Andrade en las preferencias para el 2,000! ¡Más del 40%piensan que la reelección sí es legal!

Fujimori exultante no cabía en sí de felicidad. "Desde que acabó el asunto de la Embajada de Japón me aburría", le dijo a un periodista extranjero. (El corresponsal no lo sabía, pero en esos meses de tedio para el presidente hubo más de una crisis política, todas suficientes para entretener al más exigente; el abierto desacato del alto mando de las Fuerzas Armadas a su autoridad, en diciembre, la más recordada.)

El Niño vino providencialmente a devolverle el entusiasmo. Siempre hiperactivo, con el barro hasta las rodillas, rescatando personalmente a las víctimas, entregando ayuda, manejando caterpillar o al pie del helicóptero. En la mañana en Ica, en la tarde en Cusco, al anochecer en Piura y de vuelta en Chiclayo.

"El chino se la juega", dice la gente.

Para fines de la mezquina política poco importa que ello de casi nada haya servido; o que El Niño (el más malcriado del siglo) nos haya hecho puré y que más que protagonismo, lo que se necesitaba era la acción conjunta y concertada de todos.

Los desastres causados por este Niño se parecen mucho a los que puede causar una guerra (baste la imagen de los puentes "bombardeados", para corroborarlo). Muy heroico, a primera vista, que el general en jefe de nuestras fuerzas esté en el frente de batalla, esquivando las balas y hundido en las trincheras; pero definitivamente más eficaz hubiera sido tenerlo en el cuartel general, organizando sus ejércitos para la contraofensiva. ¿O no?

Pero en estos tiempos posmodernos, el asesor de cabecera es el de imagen, y si algo funciona, funciona y punto. Si hacia noviembre la reelección parecía complicada, cinco meses después parece menos improbable.

-¿Qué determinó ese cambio?

-Muy simple, que no haya "política".

Y eso ocurre cuando un país debe girar en torno a hechos que conmocionan a todos a la vez (guerra con el Ecuador, toma de rehenes y, ahora, el fenómeno de El Niño). Cuando se es rehén de El Niño, como se fue antes del MRTA, ¿quién puede discutir eficazmente el autoritarismo, el rol de los militares o el del SIN? Suena incluso hasta frívolo, mientras la gente tiene el agua en el cuello, recolectar firmas para un referéndum contra el tipo que está allí, poniendo el hombro. ¿Cuántas veces salieron Montesinos o Hermoza en las noticias en enero, febrero y marzo? Virtualmente ninguna. ¡Qué más podían pedir! En medio del desastre, qué cuernos importa si Lima está más bonita o más fea. La oposición la vio negra. Andrade empezó a desdibujarse. ¡Que viva El Niño!

Pero todo verano acaba. La política exigía de nuevo su sitio y ha regresado como un huayco. Turbio, incontrolable y destructor. El país ha vuelto a su normalidad: un gobierno autoritario que abusa de su eficiencia en algunos campos para imponer, con métodos repudiables, un proyecto continuista y excluyente. Peor todavía, y como retomaremos hacia el final de este artículo, gente que quiere seguir en el poder pese a que no cuenta con ideas para hacer frente a los "nuevos temas de la agenda nacional".

¡El Consejo de la Magistratura ha muerto!

Creado por la constitución de 1979 y ratificado en la de 1993, el Consejo Nacional de la Magistratura era un interesante intento de despolitizar y garantizar la autonomía del poder judicial creando una instancia autónoma formada por representantes de diversos sectores (de universidades, colegios profesionales, Poder Judicial, Ministerio Público, etc.), para sacar de la esfera de la negociación política el nombramiento y la remoción de los jueces.

Ahora, y como consecuencia de la ley 26933 del 12 de marzo que les arrebata el poder de destituir a los vocales supremos, y de otras mutilaciones previas, el Consejo Nacional de la Magistratura simplemente ya no existe más para los fines para los que fue creado. Se suma, su suerte, a la liquidación del Tribunal Constitucional, a la amputación de funciones al Fiscal de la Nación y a la intervención del Poder Judicial por parte de la Comisión Ejecutiva. ¡Casi nada!

Pero, ¿por qué ahora el Consejo Nacional de la Magistratura? Las razones de fondo, las de siempre: un tentáculo más del pulpo que controla ya casi todo, con oscuros pero transparentes objetivos. Las motivaciones de coyuntura: garantizarle la estabilidad laboral a cinco vocales supremos que incurrieron en una gravísima inconducta (dicen ellos que los hicieron firmar, sin leer, una sentencia; la "pequeña distracción", descubierta sólo cinco meses después, le costaba al Estado la bicoca de 46 millones de dólares).

Confiados los congresistas en el ya descrito clima veraniego pensaron que un asunto "abstracto y técnico" iba a pasar desapercibido. No contaron con que el vaso se rebalsa ya de tanta prepotencia. Los siete miembros del Consejo denunciaron la ley como inconstitucional y dejaron de inmediato el cargo. La renuncia como protesta (o sea sacrificarse uno, por la irresponsabilidad de otro) es tan poco frecuente en nuestro medio, que el gesto impactó a una opinión pública todavía medio atontada por el calor.

Al gobierno lo golpeó mas todavía (y donde más duele) la decisión del Banco Mundial de suspender, a consecuencia de la ley y de la renuncia, los desembolsos del crédito para la reforma de la administración de justicia. No por los 26 millones que iban a dar (después de todo a estas alturas hay más de 10 mil millones en reservas), sino porque enturbia algo nuestra imagen en el mundo de las finanzas internacionales, en las que el Perú era (y en gran medida sigue siendo) por sus políticas y sus resultados, uno de los engreídos.

Lo que sí queda claro: la ley 26933 y la decisión del Banco Mundial extienden el certificado de defunción a la credibilidad de la reforma judicial en el Perú. De nada va a servir que algunos suplentes (siempre habrá gente dispuesta para todo) se alisten a reemplazar a los 7 Consejeros renunciantes para darle al Consejo Nacional de la Magistratura la apariencia de existir. No hay nada que hacer, Acosta Sánchez, García Marcelo y Díaz Valverde que se pretenden Tribunal Constitucional, han hecho escuela.

¡Luisa Zanatta!

Con Leonor La Rosa en México y el caso del descuartizamiento de Mariela Barreto virtualmente enterrado en el olvido, el capítulo agentes de inteligencia, como problema político, parecía solucionado.

Mal cálculo. Luisa Zanatta, otra agente del Servicio de Inteligencia del Ejército, refugiada en Miami donde aspira al asilo político, ha contado todo de nuevo con pelos y señales y a cuanto periodista del mundo ha ido a entrevistarla (y vaya que ha habido).

Tiene una soltura que parece confirmar su reclamo de que tenía una ubicación más importante que la de sus predecesoras y, por ende, acceso a información más importante. En sus entrevistas ha vuelto a mostrar la punta del iceberg de lo que a estas alturas podrá quizás considerarse como un "estado policíaco". (Pero, ojo, bastó la punta de otro iceberg para hundir al Titanic).

¿Qué es lo nuevo o lo que confirma Zanatta?

Ha dicho, por ejemplo, que el chuponeo es una práctica sistemática; que se hace con sofisticados y costosos equipos de procedencia israelí; que todas las mañanas Vladimiro Montesinos recibe personalmente los informes de las conversaciones del día anterior. Ha (recontra) confirmado que el grupo Colina existe, que Martín Rivas es su jefe y que ninguno de los operativos se libra al azar. Que Mariela Barreto temía por su vida, porque fue ella la que filtró las informaciones que permitieron llegar a las fosas de La Cantuta y que poco antes de morir le dijo que pensaba que la habían descubierto. Dijo que hubo el Plan Bermuda y que éste incluía asesinar a Hildebrandt; también que seguían muy de cerca a otros personajes incómodos. Ha mostrado, igual que La Rosa, evidencias de que votó en las elecciones pese a estar legalmente impedida de tener siquiera el documento. Y, para que no se diga que acá somos menos modernos que en otros lares, ha dado detalles del acoso sexual que sufren las agentes por parte de sus superiores. Ha dicho, finalmente, que huyó para salvar la vida y que si regresa al Perú la matan. ¡Qué podredumbre!

¡Un asilado en la Embajada de Costa Rica!

La elección de Delia Revoredo, como decana del Colegio de Abogados de Lima debió caer como chicharrón de sebo al gobierno. De estilo quizás menos combativo que el de Aguirre Roca, Revoredo dio también dura batalla luego de su destitución del Tribunal Constitucional. Como es natural, ella ha sido especialmente sensible al atropello al Consejo Nacional de la Magistratura. Antes que nada porque su función como Decana la obliga a la defensa de la legalidad; pero también, porque debe haberle recordado demasiado el atropello del que ella fue víctima.

Ratificando el temor de que vamos a pasos agigantados hacia un estado policíaco, desde las sombras se movieron los hilos contra quien parecía encabezar el rechazo a la arbitrariedad. Siempre dóciles y oportunos los jueces, "reactivaron", contra su esposo, un proceso absurdo por contrabando, acusándolo de haber traído un vehículo usado al Perú. Acorralado Jaime Mur, conocido empresario, decidió asilarse en la Embajada de Costa Rica. (La imagen del perseguido buscando asilo es una escena que todavía evoca tristes recuerdos a mucha gente en este país.)

Desde allí, Mur decidió dar la pelea en el terreno político (no en el judicial porque allí se entra al ring con las manos amarradas y con los ojos vendados). En sus declaraciones ha dado detalles de la prepotencia de la que es objeto y reveló algo que no ha tenido la difusión que merece. Hace varios meses un emisario directo de Montesinos le propuso -a cambio de que su mujer se alinee- ser parte de un selecto grupo de gentes embarcadas en un proyecto de largo aliento para permanecer en el poder. Las consecuencias de haber rehusado la oferta y de la ejemplar conducta cívica de Revoredo, son ahora públicas (¿Cuánta otra gente más ha recibido similares propuestas? ¿Cuántos de ellos se habrán embarcado gustosos?).

¡Esto huele a fraude!

Ensucia más la política en este traidor otoño, el escándalo de los documentos de identidad y las libretas electorales. En el Perú hay hoy, simultáneamente, tres documentos diferentes que autorizan a su portador para votar. ¡Y todos valen! 

Es cierto que la razón puede estar en la inconmensurable incompetencia administrativa de los funcionarios a cargo (no por nada caídos ya en desgracia) o en el "estímulo" que a veces acompaña el hacer grandes licitaciones. Pero también, con todos los antecedentes previos, bien puede pensarse que mientras más revuelto esté el asunto, más ganancia de reeleccionistas.

Éstas, y otras cosas, han colmado la paciencia del alcalde Andrade quien traicionando su conciliador estilo y su poco interés en estos temas (ha sido notoria su apatía frente al referéndum, por ejemplo), se ha lanzado a las calles a luchar "contra el fraude". (Es cierto que hay quienes dicen que nuestro exitoso alcalde es otro de los que hacen política a partir de focus groups y de encuestas; y que éstos le indicarían que requiere ganar presencia política nacional y "desmunicipalizarse", si quiere pelear mejor en la cancha grande.)

¡Urgen ideas nuevas!

¿Cuánto va a afectar "el retorno de la política" a la popularidad de Fujimori y sus posibilidades electorales? No está todavía claro. El tiempo dirá. Pero a estas alturas, eso ya no parece ser lo más importante.

Muchos, no sin cierto desánimo, sentimos que la lucha política en el Perú se ha vaciado casi completamente de contenido en estos años. No se trata, desde hace un buen tiempo, de confrontar ideas y proyectos sobre la mejor manera de resolver problemas, sino de una simple pero salvaje pelea por el poder.

Eso es muy peligroso. Porque si el gobierno puede reclamar el mérito de haber revertido, en su momento, el camino al desastre final en que nos dejó Alan García, pareciera ahora estar huérfano de ideas sobre qué hacer en el futuro. Hasta Expreso ha llegado a decir, palabras más palabras menos, que el "fujimorismo ha dejado de ser el motor de la reforma económica para convertirse en un lastre que la frena". Más allá del tema específico, y de coincidir o no con Expreso, hay muchos asuntos (y muy urgentes!!!!) en los que el gobierno parece no saber qué hacer. Algunos ejemplos:

-    Reforma judicial: los recientes acontecimientos hacen todavía más acuciante la pregunta: ¿qué hay que hacer para conseguir, y al mismo tiempo, avances tanto en la independencia de los jueces frente al poder como en su honestidad y en su eficiencia?

 -   Seguridad ciudadana: la gente está aterrada (los de arriba y los de abajo), ¿será esta policía más algunas leyes duras la respuesta al problema?

 -   Educación pública: más colegios y computadoras son bienvenidos (aunque algunos se caigan en los terremotos o se los lleven los huaycos) pero, ¿cuál es el proyecto educativo nacional que nos haga competitivos en el mercado internacional y a la vez desarrolle valores y ciudadanía?

 -   Descentralización: cada vez más, Lima es todo y las decisiones las manejan menos gente, con los desastrosos resultados a luces vista; ¿cómo combinar una democracia descentralista con auténticos polos de desarrollo regional?

 -   Creación de empleo: nadie puede decir que tiene la clave de cómo hacerlo sin ser un demagogo barato; pero sí se puede decir que este modelo tampoco genera empleo. ¿Cómo empezar a revertir la tendencia?

 -   Derechos del consumidor: está incubándose una revuelta contra las empresas proveedoras de servicios públicos ¿hay o no formas de combinar libre empresa con efectivos derechos de los usuarios?

 -   Secuelas de la guerra interna: que el trauma permanezca debajo de la superficie no quiere decir que no exista. ¿Qué propuesta se puede hacer para una verdadera reconciliación nacional? Dentro de ella, ¿qué nuevo rol deben jugar las Fuerzas Armadas?

No hay nada interesante que la gente hoy en el gobierno pueda ofrecer sobre estos y otros temas. (¿O nos equivocamos?) Pero seamos justos, la oposición está en las mismas. Pero ello no quita que sea en esos escenarios, en donde debiera estar dándose el debate nacional (y no es mucho pedir, es así en casi todos los países).

Es obvio que nadie tiene la respuesta por sí solo a todos esos problemas. Clarísimo también, que no aparecerá ningún caudillo providencial que nos ilumine con las alternativas (¡Ni siquiera usted señor presidente, ni siquiera usted!). Pero de lo que sí estamos seguros es que hay múltiples instituciones y personas en todo el país que, puestas en diálogo, pueden sí tener la capacidad (o construirla juntos) para responder a esos problemas. El gran desafío debiera ser crear un clima en que ello sea posible.

Pero no. Tenemos que seguir enredados en el absurdo de que todo gire en torno a Fujimori y a su bendita reelección.

¡Eso no es justo con el país y sus problemas! (C.B.I.)