CRÓNICAS DE  UNA CARRETERA MARGINAL

Afortunadamente Sendero Luminoso dejó de ser, hace ya un buen tiempo, una de las pesadillas nacionales (sólo para dejar su sitio a nuevos fantasmas, dirían los pesimistas de siempre). Pero cuidado que esa verdad general puede estar ocultando realidades locales donde el horror continúa. ¿Lo duda? Pues péguele una mirada a la crónica que sigue, entérese de lo que ocurre en el Alto Huallaga.

 

Como no sólo el partido tiene "mil ojos y mil oídos" hemos podido reconstruir, en ideele, lo que en la carretera marginal ha ocurrido en estos tres últimos meses:

La última semana del mes de enero, un grupo de senderistas fuertemente armados irrumpió a la altura del  kilómetro 15 de la Carretera Marginal en la ruta hacia Tocache. Detuvieron por un lapso aproximado de hora y media a todos los vehículos que transitaban por el lugar, obligaron a bajar a todos los pasajeros para escuchar las arengas sobre el  "partido", mientras otro grupo vigilaba el lugar desde las lomas cercanas. Antes de retirarse "solicitaron una colaboración" a cada una de las personas presentes a cambio de dejarlas abordar sus vehículos y continuar su camino.

El mismo día en que ocurrieron estos hechos, en la localidad de Ramal de Aspu-zama hubo una sangrienta incursión subversiva. Primero hicieron su labor de "adoc­trina­miento" con los aterrados pobladores a los que habían sacado de sus casas a  punta de fusil. Luego decidieron "ajusticiar" a dos pobladores, mataron así a uno conocido con el apelativo de "El Loro", y a otro cuya identidad aún no hemos podido determinar.

La primera semana del mes de febrero, los senderistas aparecieron de nuevo en la carretera marginal, esta vez por la localidad de Angashyacu, a pocos kilómetros de Aucayacu. Detuvieron a los que transitaban tanto con dirección a Tingo María como a Aucayacu, obligando a los conductores y pasajeros a bajar de los vehículos para escuchar las charlas subversivas. Fueron especialmente duros en sus amenazas contra las personas que "trabajan para el gobierno".  Esta vez tampoco olvidaron, antes de retirarse, "solicitar una donación económica voluntaria" a todos los presentes. Les "sugirieron" a los comprensi­ble­­-m­ente aterrados viajeros, que la "reunión" se debía mantener en secreto y que nadie debía poner en conocimiento del ejército ni de la policía lo ocurrido.

La historia se repitió: la siguiente semana en la localidad de Milano, cerca del caserío de Ramal de Aspuzama, y después, la tercera semana de febrero, en las proximidades de la localidad de Pacae. Siempre puntuales los senderistas volvieron a atacar una semana después, en horas de la noche, en el ya mencionado caserío de Angashyacu. Además de detener todos los vehículos que circulaban, de obligar a descender a los pasajeros y choferes, de sacar de sus casas a todos los moradores, buscaron a varias personas que tenían en sus "listas". No encontraron afortunadamente a Diana Lozano, presidenta del comité del vaso de leche, quien por ello salvó la vida. No ocurrió lo mismo con dos campesinos a quienes torturaron en presencia de sus hijos y esposas, para después darles muerte con machetes y  hachas. Los horrorizados viajeros que habían sido detenidos momentos antes fueron "instruidos" en las razones de los "ajusticiamientos". Los sende-ristas fueron especialmente enfáticos en advertir que nadie debía recibir nada del gobierno y menos aún aceptar la ligadura de trompas (¡coincidencias que tiene la vida!).

Volvieron a atacar el 6 de marzo. A las 7 de la mañana salieron a la carretera marginal en la localidad de Angashyacu. Detuvieron y pintaron con lemas alusivos a la subversión todos los vehículos que pasaban tanto hacia Tingo María como hacia Aucayacu, obligando asimismo a descender a todos los pasajeros y choferes para darles las consabidas charlas sobre el "partido". A las 10.30 de la mañana decidieron retirarse. Se llevaron a un joven panadero que vendía en su triciclo. Su cadáver fue hallado luego a la vera de una pequeña carretera por donde se habían retirado. ¿Cuál fue su culpa?  Haber sido soldado.

El día 8 de marzo los senderistas intentaron ingresar a Aucayacu detonando bombas cerca de la base, tuvieron que retirarse ante la respuesta del Ejército, entre disparos y envío de patrullas.

El día 18 de marzo, en el más reciente "avistamiento" de senderistas del que tenemos noticia, se les vio frente a la ciudad de Aucayacu fuertemente armados  surcando el río Huallaga en una deslizadora.

¿Qué tramarán ahora? ¿Alguien podrá evitarlo?