¿DÓNDE ESTÁ ELENA?

Entre los crímenes más atroces que un ser humano puede cometer contra otro está el de la desaparición. Al horror de sospechar lo peor se suma siempre la tenue esperanza de que todo sea un error y que el ser querido puede volver. En América Latina, y por supuesto el Perú, hemos sido "campeones" en la materia. La mayoría de veces por premeditadas razones políticas pero también, como en este caso, por otras no menos repudiables.

 

Elena Bertha Carvallo Ñiquen, ingeniera de profesión y temporalmente sin "chamba", no dudó en aceptar  la oferta. No consultó la decisión con su familia; temía que le dijeran que una mujer sola no debería ir a zonas lejanas, algo que Elena, mujer moderna y desenvuelta, se resistía a  aceptar.

El 17 de enero de 1998 llegó a la localidad de Totora, su base de operaciones. El distrito de Totora, como dificultosamente había logrado precisar con ayuda del mapa, queda en la provincia de Grau en el departamento de Apu­rímac. Elena era la flamante supervisora de las obras ejecutadas en la zona por la empresa "Vicente Blacker", por encargo del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. 

La tragedia empezó el 26 de enero, cuando segura de que las cosas no marchaban muy bien con la obra, caminó a Mamara, otro pueblito de la zona, para ver qué pasaba. Al llegar fue a la municipalidad y se entrevistó con el alcalde, Nicanor Benítez López, para solicitarle un certificado escrito de la ausencia de la empresa Constructora Guille, encargada de ejecutar las obras en dicho lugar

El alcalde le indicó que regresara en diez minutos para recabar el documento. Elena aprovechó para llamar a Lima desde el centro comunitario y hablar con su padre. Fue una típica conversación de familia y Elena no parecía estar angustiada por nada. Fue la última vez que un miembro de su familia escuchó su voz.

A partir de allí, lo único cierto es que cerca del medio día el alcalde le alcanzó el documento y "le invitó una gaseosa" en la tienda de María Juana Rioja. Luego partió con ella. El alcalde jura que la acompaño tres cuadras y se despidió porque ella emprendía su retorno a Totora. Nunca llegó.

Al día siguiente el alcalde de Mamara fue a Totora a preguntar si Elena había llegado (¿por qué?) y nadie supo dar razón. Se desató la búsqueda. Según el alcalde podría, en su camino de regreso, haber caído al río y ahogarse (quienes conocen el lugar descartan esa hipótesis como posibilidad).

Las múltiples contradicciones en que luego de los hechos ha caído el alcalde de Mamara, han hecho pensar a los familiares de Elena que Nicanor Benítez tuvo algo que ver en lo acontecido. El alcalde tiene, además, denuncias previas, una por terrorismo y otra, que en este caso sería más relevante, por lesiones graves seguidas de muerte.        

La hipótesis que muchos manejan es que el alcalde (quizás acompañado de otra persona) aprovechando la indefensión de una mujer sola en una región aislada la agredió sexualmente y -premeditada o accidentalmente- terminó con su vida. Se sospecha que luego escondió el cadáver y que buscó construir una coartada al preguntar por ella cuando fue a Totora.

El hallazgo fortuito en la zona de la desaparición de papeles higiénicos con restos de semen, según lo ha determinado fehacientemente la policía, compromete la situación de Benítez.

La policía ha tomado cartas en el asunto y, por presión de la familia, tanto desde Abancay como desde Lima se han enviado grupos de investigadores. Los resultados no son alentadores. El día 23 de marzo en una reunión con el comandante Mesías -a cargo de la investigación- los familiares y su abogado (Robert Meza del IDL) escucharon atónitos varias de las hipótesis respecto a la desaparición de la ingeniera Carvallo que dicho comandante maneja. Entre ellas: "que los espíritus malignos se la habrían llevado" o "que perdió el conocimiento debido a un golpe recibido en la cabeza lo que la haría deambular por allí sin sentido".

Hipótesis de este tipo parecen estar de moda. Los familiares desesperados habían acudido antes donde el congresista Denis Vargas Marín, natural de Mamara, quien les dijo sin inmutarse que "a lo mejor a Elena se la habían llevado los extraterrestres". Algo más de sensibilidad encontraron en la Comisión de Derechos Humanos del Congreso, que les ha ofrecido enviar más adelante una delegación a la zona (¿lo harán?, ¿dejará de ser una formalidad más?).

La empresa Vicente Blacker, el Ministerio de Transportes, el Colegio de Ingenieros y, duele decirlo, varios medios de prensa que ofrecieron ayudar a la familia, no han dicho esta boca es mía. Con algunas excepciones, y más allá de las promesas,  todos le han dado la espalda.

Entre tanto, Elena Carvallo sigue desaparecida. Sus familiares comienzan a perder la esperanza de encontrarla. Los culpables (el principal sospechoso o quien fuere) aprenden lo que siempre supieron los responsables de las desapariciones "políticas": en el Perú el crimen siempre paga.