cOLOMBIA: ¿QuiÉn defiende a los defensores?

Diana Ávila

En pleno año del 50 aniversario de la Declaración Universal, la defensa de los derechos humanos en Colombia se ha convertido en una actividad que muchas veces cuesta la vida. Nos lo recuerda de nuevo la muerte de Eduardo Umaña, uno de los abogados más importantes de Colombia comprometidos en esta labor. En las líneas que siguen, Diana Ávila, de Consejería en Proyectos, reflexiona sobre el tema.

 

El asesinato de Eduardo Umaña obliga a todas las personas sensibles, y en especial a la comunidad internacional vinculada a la problemática colombiana, a reflexionar nuevamente sobre la difícil y riesgosa tarea de la defensa de la vida y los derechos humanos en Colombia.

En  este proceso, nos parece importante contribuir al análisis y la reflexión sobre las implicancias de hechos como este.

No había pasado un año aún desde el asesinato de Elsa y Mario, y nuevamente chocamos con hechos terribles que no hacen sino eternizar la impunidad y aumentar el temor. Cada amenaza, cada hostigamiento, cada asesinato de los defensores de los derechos humanos atenta contra las posibilidades de paz en Colombia; fortalece a las mi­norías.

La defensa y promoción de los derechos humanos se vuelve un objetivo militar para los actores de esta insana violencia. Estos últimos meses en Colombia hemos visto matanzas de población civil desarmada, familias campesinas, desplazados, educadores, defensores de los derechos humanos, líderes comunitarios, dirigentes sociales, perseguidos, secuestrados, amenazados. En estos últimos años, Colombia tiene el mayor número de desplazados por la violencia de su historia.

No se observa en el Estado colombiano el desarrollo de mecanismos que permitan mejorar las condiciones de seguridad de estos sectores, que se plantean la construcción, la búsqueda de la paz para Colombia. Declaraciones y ofertas de mecanismos de seguridad concreta para una amenaza u otra no merecen ya ninguna credibilidad.

El crimen de Eduardo Umaña pone en la mente de cada defensor de los derechos humanos la posibilidad de que él o ella sea la próxima víctima. Hay organizaciones que en Colombia plantean que basta ya de esta situación y que, si no es posible garantizar sus actividades, de parte del gobierno y Estado colombiano, entonces habrá que cerrar las puertas. La indefensión, la depresión ponen en peligro el proceso de paz.

La comunidad internacional, y en ese contexto, los organismos de derechos humanos de América Latina, deben asumir la defensa y el apoyo de sus pares en Colombia. Es urgente valorar al máximo la labor de los defensores de los derechos humanos en este país. La sociedad colombiana debe entender que la guerra sucia contra los defensores atenta contra el país en su conjunto.

Hay que frenar las campañas de prensa contra los defensores de los derechos humanos. Hay que sensibilizar a la opinión pública nacional sobre las bondades del trabajo de los defensores.

Parte de estos esfuerzos pasa necesariamente por hacer un esfuerzo nacional e internacional para poner fin a la impunidad frente a las violaciones de los derechos humanos. Se hace vital el apoyo a las distintas iniciativas de paz que se presentan y discuten en Colombia. La comunidad internacional debe brindar su respaldo a las iniciativas que buscan desarrollar y promover la paz. En este camino, el asesinato de Eduardo Umaña ha generado una coordinación de la sociedad civil colombiana, que ha programado una jornada cívica de protesta no violenta para el 19 de mayo.

Más allá de su reconocido trabajo como defensor de los derechos humanos, José Eduardo Umaña Mendoza era un símbolo de la persistencia, de la terquedad por buscar caminos para vencer la impunidad frente a tantos abusos y muertes injustas. Asumió casos que han conmovido a Colombia en las últimas décadas. Fue abogado de los familiares de los desaparecidos y asesinados en la toma del Palacio de Justicia en 1985. Desde hace más de 20 años había defendido a presos políticos y sindicalistas y había sido investigador de múltiples casos de asesinato de líderes de izquierda y trabajadores de organizaciones sociales. También fue un notable académico, profesor universitario de Derecho Penal y promotor de la formación de reconocidas organizaciones de defensa de derechos humanos. Fundó, con otros abogados, la Asociación Nacional de Profesionales y, posteriormente, el colectivo José Alvear Restrepo. Desde entonces su compromiso por la defensa de los derechos humanos se volvió inclaudicable. Umaña (50) fue acribillado en su oficina en el centro de Bogotá, por dos hombres y una mujer el sábado 18 de abril.