un acto de justicia

POR LA LIBERTAD DE YEHUDE SIMON

Cada vez son más las personas absolutamente convencidas de que la libertad del ex parlamentario Yehude Simon es un acto de justicia que no puede postergarse más. Lleva seis años en la cárcel. Presentamos un nuevo testimonio a su favor, el de Celso Sotomarino, reconocido dirigente del Partido Popular Cristiano (PPC), y una entrevista que el mismo Yehude Simon tuvo la paciencia de concedernos. Hay preguntas que pueden parecer hasta ofensivas a estas alturas, pero se las hicimos para que se aprecie su inequívoca posición contra la violencia y lo convincente que son sus argumentos.

 

–Debe de estar harto de la pregunta pero ¿es usted inocente?

–No lo dude. Totalmente inocente.

–¿Jamás perteneció al MRTA?

–Jamás.

–¿Nunca colaboró con el MRTA?

–Nunca.

 

PRESIDENTE:
¡LIBERE A YEHUDE SIMON!

Celso Sotomarino

 

Yo no ayudaría a exculpar a un malvado, en ningún caso y de ninguna manera. Tampoco puedo dejar de ayudar a un justo -como es usual entre mucha gente- sólo porque resulte ser lo conveniente o lo más cómodo. Y si lo dudan, pregúntenle a un joven llamado Jesús, a quien mataron por justo, con la complicidad de quienes aceptaron ese tratamiento.

Los seres humanos "normales" no podemos ser totalmente justos, porque en la mayor parte de las ocasiones ni siquiera podemos estar seguros de que nuestra percepción de la justicia sea la verdadera. Esto también les puede suceder a los jueces que emiten "fallos de conciencia", a falta de pruebas.

Mi fallo de conciencia es opuesto al de los jueces que condenaron a Yehude Simon a 20 años de cárcel por terrorismo. En el fondo lo más grave no es la condena, porque quienes la emitieron podían creerse en lo cierto. Lo más grave hubiera sido que le hubieran podido probar que realmente lo era, porque, para empezar, yo no estuviera escribiendo estas líneas para abogar por su libertad, ni muchas personas que creen en él se hubieran dado la molestia de escribir, mucho mejor que yo, artículos que tienen el mismo propósito; entre otros, el padre Lanssiers, Rafael Rey, Pilar Coll, la revista Ideele.

Quien primero llamó mi atención hacia Yehude Simon fue Roberto Ramírez del Villar, quien solía reírse de su vehemencia verbal y aparente deseo de parecer, desde su óptica, un Quijote de la Mancha y hasta por momentos, se me antojaba físicamente parecido a éste su modelo, según nuestra percepción. Bobby, que lo conocía desde su Arequipa nativa, decía de él: éste es un hombre bien nacido y bien educado en lo mejor de los valores de nuestra sociedad y eso no se olvida nunca, por mucho que se pueda producir disparatados y fogosos discursos comunistas; los que por lo demás estaban de moda entonces y prueba de ello es que jóvenes de la prestigiosísima Universidad Católica del Perú también los producían. Omito nombres porque no estoy seguro que fueran sinceros antes, cuando hacían apología del comunismo y aun del terrorismo, ni que ahora lo sean, cuando se expresan en el sentido contrario.

Muchas veces, siendo parlamentario, tuvimos conversaciones, las más de las veces breves, para comentar la sesión de la Cámara de Diputados que acababa de terminar y expresar nuestras discrepancias, que me mostraron a un hombre tolerante, dialogante, cordial en las cuestiones de fondo y de forma, lo que creó en mí la convicción de estar frente a un personaje humanamente  valioso y fundamentalmente opuesto al terrorismo como praxis de ofensa social y de daño nacional grave, muy grave, en ambos aspectos. Yehude, sin abandonar su libertad de pensar y de opinar, me pareció siempre un hombre de paz, opuesto a todo eso.

Y el presidente Fujimori ¿qué? Le dije una vez, frente a frente, que si había alguna cosa que me resultaba especialmente llamativa en su personalidad de gobernante, era su capacidad de tomar decisiones. En el caso de Yehude Simon el Presidente tiene la oportunidad de actuar para hacer que la justicia llegue a este hombre, sin temor de equivocarse; porque la justicia es inherente al justo, devolviéndolo a la sociedad que necesita con urgencia gente correcta como él, para enseñar a los demás a que también lo sean.

 

¿Simpatizó con el MRTA?

No. Siendo cristiano simpaticé con la izquierda. Una izquierda democrática, amplia, respetuosa y que apostaba por la vida y la paz. ¿Era eso el MRTA?

¿Pero reconoce que usted fue sumamente radical, al filo, casi jugando con fuego? Por lo menos esa era la imagen pública que  proyectaba, ¿o no?

Sí, lo acepto. Mi radicalismo se dio en una época donde reinaban la corrupción, la violencia y el hambre. Pero no por ello debieron relacionarme con el terrorismo. Además, no era el único ni el más radical. Yo venía de un ambiente limpio, sincero -mi hogar en  Chiclayo- y llegué al mundo oscuro de la política, donde eliminar al potencial rival era una práctica cotidiana.

Usted ha sido creyente en términos religiosos, ¿jura que es inocente?

Pongo las manos sobre la Biblia, sobre la tumba de mi padre y lo grito: ¡Soy inocente!

¿Qué piensa sobre el MRTA y los emerretistas?

Cuando fui parlamentario, como miembro de la Comisión de Justicia y Derechos Humanos visité las cárceles. Allí conocí a muchos de ellos. Los visitaba. Mi interés, como el de otra gente que hacía lo mismo, fue buscar la posibilidad de que ellos dejen las armas, de que terminen con la guerra. Algunos coincidieron y trabajaban por eso; otros fueron tercos hasta la ceguera. Al final éstos ganaron. Arruinaron la vida de mucha gente, incluso de sus propios militantes. Yo veo jóvenes y casi niños, en la cárcel, que aún están aprendiendo la Historia del Perú. La "poderosa" ideología no existía en la teoría ni en la práctica. Sólo la ceguera.

¿Y sobre Sendero Luminoso?

Fue una máquina demoledora, alimentada por un odio ciego y una ideología trasnochada, que arrasó con todo. No les interesó costos sociales. No les interesó la vida del prójimo, ni de sus familiares, ni de ellos mismos. Guzmán fue y sigue siendo su Dios todopoderoso. Un Dios de guerra y muerte.

Igualmente encuentro jóvenes muy humildes que recién van despertando y no llegan a comprender qué hacían ellos en un proyecto ajeno a su voluntad.

Sin embargo, tengo la esperanza de que en ambos casos -Sendero Luminoso y MRTA- sus dirigentes presos, y si existen libres, puedan ser capaces de reflexionar y acabar con toda violencia. El país, el pueblo así lo exigen. El nuevo milenio será signado por la gran reconciliación nacional.

¿Nos podría resumir su trayectoria política?

Mi carrera política empieza tarde, a los 36 años. Ingreso a IU como independiente. Soy secretario departamental de IU de Lambayeque. Candidato a alcalde y candidato a diputado y senador, en 1983 y 1985-1990, respectivamente. Obtuve votaciones muy altas en todos los casos. Antes de eso tuve una actividad más cívica. En setiembre de 1991 promuevo la formación de Patria Libre y seis meses después fui dete­nido.

Hay quienes dicen que Patria Libre era el brazo político del MRTA...

Patria Libre nunca fue el brazo político de nadie; era, además, recién una comisión organizadora. Sus propuestas políticas no diferían mucho de las de los otros partidos y la principal propuesta pública fue por la paz. Existen documentos que lo demuestran. En nuestras filas existían hasta asesores espirituales, lo que produjo burlas de otros. Otra cosa es que  pudiéramos haber sido infiltrados. Por último: ¿Cuántos de  Patria Libre están presos?

Otra de las acusaciones contra usted es que fue director de Cambio, publicación abiertamente proemerretista en la que se reivindicaban atentados...

Por favor, yo fui el segundo director del semanario Cambio, después de Carlos Urrutia. Luego hubo tres o cuatro más. Durante mi período, que duró todo el año 1987, nunca se reivindicó acciones terroristas de nadie. Teníamos publicidad estatal y privada. Nunca se me abrió proceso.

Todos los directores y periodistas que tuvo Cambio están legítimamente en libertad.

Otra acusación es que Sosa Samamé, miembro de Patria Libre, advirtió a varios periodistas de que usted lo había amenazado de muerte, y luego apareció asesinado. ¿Qué dice usted frente a esta grave acusación?

Total y absolutamente falso. Cómo será de falso, que en el juicio ni siquiera se atrevieron a preguntarme sobre eso. Aún me cuesta creer que Sosa dijera algo así. No me consta que lo hiciera. El rompió públicamente con Patria Libre. El era un marxista ortodoxo; Patria Libre y yo, no.

¿Se habla también de una carta vinculándolo con la muerte de Sosa?

Jamás existió tal carta. Fue algo apócrifo, escrito por terceras personas. Yo duermo tranquilo. Otros han de tener pesadillas. Los perdono de corazón.

¿En alguna etapa de su vida usted habría sido capaz de matar por razones políticas?

La sola idea es condenable, repudiable e inmoral.

¿Cómo reaccionó cuando se enteró que el MRTA había tomado la residencia del embajador del Japón, y había el rumor de que entre los nombres de quienes se exigía la liberación estaba el de usted?

Imagínese. Mi familia y yo con la ilusión de ser indultado para la Navidad y de pronto sucede la tragedia de la residencia del embajador y por allí alguien pone tu nombre de manera irresponsable. Malvada forma de hacer daño. Fue muy, pero muy duro. Fue volver a morir. Volver a recoger las lágrimas de mi esposa, hijos, madre...

¿Alguna vez algún emerretista de importancia se ha referido a usted en términos de si pertenecía o no a dicha organización? ¿Qué cree que diría, por ejemplo, Polay u otro mando del MRTA si se le preguntara por Yehude Simón?

Ya Polay, Rincón, Gálvez -que había ya renunciado al MRTA- y otros fueron honestos al afirmar que jamás pertenecí a esa organización. Todos los mandos del MRTA se reconocen entre ellos y aceptan su militancia. Así consta en sus expedientes. Lo mío fue un capricho de algunos y muy mal interpretado por otros.

¿Qué otros argumentos señalaría a favor de su inocencia y por su libertad?

Mi vida fue pública, nunca escondí mis pasos, mis propuestas de diálogo las hice en cuanto foro intervine. Era un pacifista para los subversivos, un terrorista para el Estado. Los proyectos que presenté en el Congreso, que fueron muchos, se enmarcaban dentro de los cánones democráticos y muchos fueron discutidos y aprobados.

La causa de un inocente preso debe ser la causa de un pueblo, y con mayor responsabilidad de la gente que tiene la convicción de las cosas.

Cuando ocurrió el golpe del 5 de abril y se le fue a detener, usted estaba fuera del país. ¿Se arrepiente de haber regresado?

Jamás. De no haber venido estaba condenado a sospechas de haber cometido algún acto delictivo. Se me ofreció visa de residente y estudios en una universidad europea. Hubiese sido un exilio dorado y una vida cómoda. No acepté. Amo mucho, muchísimo al Perú. Me duele la cárcel, ¡y, cómo! pero quiero ser digno, aunque esté preso. Estoy pagando ese radicalismo tan criticado, pero no soy terrorista.

¿Cómo así los abogados del padre Lanssiers asumieron la defensa legal de su caso?

Al principio vinieron subjetivizados, luego investigaron a fondo y finalmente creyeron. ¡Les debo tanto! Fueron la lluvia en el desierto.

Si su defensa la tienen los abogados del padre Lanssiers, y Lanssiers es parte de la Comisión Ad Hoc, como representante del presidente Fuji­mori ¿por qué todavía no ha sido indultado? ¿Cuándo presentó su solicitud? ¿Ya ha conversado con alguien de la Comisión? ¿Tiene expectativa por esta vía?

La solicitud fue presentada en setiembre del 96. Sí, he tenido la suerte de conversar con casi toda la Comisión. Ellos buscan no equivocarse. Investigan no sólo el expediente, sino todo lo que pueden. Son profesionales y creo muy honestos. Si no ha salido aún el informe supongo es por el hecho de haber sido yo una figura pública, un parlamentario, un "político" y, lamentablemente, esa categoría pareciera estar condenada con "el qué dirán". Sí tengo expectativa. Lo reitero, la Comisión está dirigida y compuesta por gente de mucha calidad humana.

¿Qué diría de Lanssiers y de su vínculo con él?

Es la conciencia limpia de mi patria. El verdadero hombre hecho a imagen y semejanza de Dios, justo y solidario. El vínculo con él es de padre a hijo. De maestro a discípulo. De amigo a amigo.

Si la Comisión Ad Hoc recomienda el caso ¿confía en que Fujimori lo indulte?

Hubert me habló muchas veces del presidente Fujimori en los mejores términos. El solo hecho de ser su representante para estos casos habla bien del Presidente. Tengo fe de que él lo hará.

En una oportunidad Fujimori se acercó a saludarlo y a conversar, ¿de qué hablaron?

Sucedió en el penal, en febrero del '94. El Presidente tuvo un gesto de delicadeza. Creo que él percibió la convicción de defender mi inocencia y entendió qué significaba estar en cárcel para mí y para muchos otros. Su acción fortaleció profundamente la fe de que en­contraría justicia, algunos días después llegaría Hubert Lanssiers.

En la cárcel usted es soporte de mucha gente desesperada y  al mismo tiempo cumple una serie de labores. ¿De dónde saca ánimo y fuerza?

Soy uno más de muchísima gente.

¿Qué es lo más doloroso de tantos años en prisión?

Las lágrimas de mi esposa, Nancy, de mis hijos, de mi madre, en fin, de toda la familia. La ausencia de sus manos, de sus miradas. El que no escuche esa palabra tan simple y profunda: ¡amor!

¿Durante los años de prisión ha habido alguna época de especial desesperación? ¿Y una de especial optimismo?

Al principio, cada día, fue una tragedia. Ver sufrir a tanta gente -al margen de si son o no culpables- y sus familias me rompía el alma. Cada atentado terrorista era un atentado contra nosotros. El optimismo venía de una manera más sencilla: una carta, un saludo, el saber que alguien se acordó de uno.

¿Podría contar un especial "gesto de grandeza" que alguien haya tenido frente a usted durante estos años?

Han habido tantos gestos de grandeza, de tanta gente, que mencionar uno sería pecar de injusto. Sin embargo, algo que me dejó marcado y preñó mi alma fue: un día de setiembre, cuando la alimentación era paupérrima y vivíamos 23 horas y media encerrados, un policía abrió mi celda, bajamos al patio a caminar y en medio de la caminata sacó de sus bolsillos un pan con mortadela y me lo dio. Era su gesto de solidaridad. Su amor a la humanidad.

¿Cómo son los encuentros con su familia, con su esposa, cuando lo visitan? ¿De qué se puede hablar en circunstancias tan difíciles?

Además de reafirmarnos en nuestro amor y de ponernos al día de los problemas o sucesos familiares, alimentamos las potencialidades espirituales e intelectuales de nuestros hijos. Soñamos despiertos con la libertad y planeamos, como siempre sucedía los domingos, pasear y tomar helados. Es maravilloso tomar helados y llenarse la cara de ellos.

¿Algunas de las primeras cosas que haría cuando recupere su libertad?

Primero ir al Convento de San Francisco y de rodillas agradecer a la Virgen de Guadalupe. De la mano con Nancy y mis hijos recibir a toda la familia y amigos que estuvieron a nuestro lado.

Al día siguiente empezar a trabajar.

¿A qué se dedicará cuando salga libre?

A escribir. A enseñar. A ayudar a los olvidados. Hay tanto que hacer... y la vida no alcanza.

¿Cómo haría usted un llamado para que su libertad sea asumida como una causa justa y urgente por todos los sectores del país?

Amo a mi patria, por ella sacrifiqué mi familia, mi tranquilidad. Busqué la paz, en un estilo que no gustó. Luché por los derechos humanos, por los pobres. Nunca esperé nada para mí. Jamás maté, robé, ni entré al mundo de la coima. Todo lo que pude lo di y, reitero, he sido incomprendido. ¿No son estos motivos suficientes para comprender que mi libertad es un acto de justicia?