TOMÁNDOLE EL PULSO A lA SALUD PÚBLICA

Los informes de la Agenda de Fondo (el primero, en el número anterior, sobre la educación) tienen el propósito de salir de la coyuntura política y poner en debate aquellos asuntos en los cuales los peruanos debiéramos enfocar nuestra atención para construir nuestro futuro. En esta segunda entrega abordamos el tema de la salud pública. Para hacerlo hemos invitado a escribir a los responsables de las principales políticas de salud del Ministerio, así como a destacados  profesionales que desde diversos ángulos enriquecen el análisis. Los artículos vienen acompañados de abundante información estadística, por lo que creemos haber conseguido, si no un diagnóstico completo, por lo menos tomar el pulso a la salud pública en el Perú. (C.B.I.)

 

NUEVO MODELO  DE

SEGURIDAD SOCIAL EN SALUD

Jaime U. Johnson

 

Abrimos este informe con un artículo del presidente de la Comisión de Reforma del Ministerio de Salud, quien nos explica la estrategia que pone en práctica el gobierno.

 

La política de salud se orienta hacia el acceso universal y equitativo a los servicios de salud. Ello significa que, con el actual ritmo de trabajo, hacia el año 2005 el Perú debe contar con un sistema integral de atención, liderado, promovido y regulado por el Estado, con una participación articulada de los principales agentes involucrados en la prestación y el financiamiento de servicios de salud, como el IPSS, el Ministerio de Salud y el sector privado.

La modernización del sector busca cambios en el ámbito de tres áreas prioritarias: a) los servicios de salud colectiva para toda la población; b) los servicios de salud individual que se brindan mediante el régimen contributivo y a través del régimen subsidiado de seguridad social en salud a cargo del Estado; y c) el desarrollo de capacidades institucionales para asegurar la gobernabilidad del sector.

Régimen contributivo

El régimen contributivo atraviesa por un proceso de cambio, en el marco de la Ley 26790 y de su reglamento, y se encuentra en proceso de implementación.

El Seguro Social de Salud, a cargo exclusivo del IPSS, presenta varios problemas: un servicio insatisfactorio y poco eficiente a los asegurados regulares, principalmente por los largos períodos de espera (colas y citas distanciadas) y por la calidad de la información y atención recibida. De otro lado, existen problemas de estancamiento en la cantidad de asegurados regulares, es decir de los trabajadores dependientes del sector formal, como de los facultativos, esto es de los trabajadores independientes, sean profesionales independientes o trabajadores infor­males.

En Lima Metropolitana y en algunas grandes ciudades hay un desajuste entre la oferta y la demanda de los servicios del IPSS, debido en gran medida a un exceso en la utilización de servicios de bajo nivel de complejidad, no obstante que estas ciudades concentran parte importante de la oferta de los servicios del IPSS. En otros lugares del país la oferta de servicios del IPSS es insuficiente. Ello ha determinado que un sector de la población asegurada se vea obligado a duplicar su gasto en salud, al tener que contratar directamente servicios médicos, seguros privados de salud adicionales a sus aportaciones al seguro social, o, en su defecto, recurrir a los servicios estatales. Según los resultados de diversas encuestas de hogares, realizadas principalmente por el Instituto Nacional de Estadística e Informática, la proporción de personas aseguradas en el IPSS que se atienden en establecimientos del Minsa es de aproximadamente el 13%. Esta situación genera una sobrecarga al gasto público que perjudica a la población de menores recursos. Finalmente, se evidencia un escaso desarrollo del seguro de accidentes de trabajo y enfermedades profesionales.

En relación al régimen contributivo, se puede afirmar que el nuevo modelo peruano de Seguro Social en Salud planteado por la Ley N° 26790 toma distancia de otros sistemas de seguridad social modernos marcadamente individualistas, cuyas principales críticas se originan en el abandono del principio de solidaridad, la excesiva complejidad y burocratización del sistema y el alto costo en su administración y control, así como la insuficiencia de sus coberturas. Asimismo, se diferencia de otros modelos considerados eficientes pero que han dado cabida a una inconveniente intermediación que, en el Perú, encarecería el servicio de salud, demandaría largo tiempo de maduración y excesiva inversión en lo administrativo.

En efecto, el modelo peruano se caracteriza por distinguir las prestaciones de la seguridad social en salud en dos grandes categorías: Capa Simple y Capa Compleja. Las de Capa Simple son aquellas de menor complejidad tecnológica, mayor frecuencia y las que ocasionan mayor gasto dado su volumen, a los sistemas de previsión para la salud; mientras que las de Capa Compleja son, como su nombre lo indica, las que requieren conocimientos y tecnología más avanzados y se presentan con menor fre­cuencia; éstas incluyen a las prestaciones que por lo general tienen los mayores costos. Las normas aprobadas asignan al IPSS la responsabilidad de proveer todas las prestaciones de la Capa Compleja. Una ventaja fundamental de esta división es que introduce a nuevos agentes dinamizadores del sistema, como son las Entidades Prestadoras de Servicios de Salud, y genera competencia en las prestaciones de Capa Simple, con la consiguiente introducción de nuevos productos, abaratamiento de costos de planes similares y mejoras generales en la calidad de los servicios.

Una de las consecuencias importantes de esta política será la descongestión de los establecimientos del IPSS en esta clase de prestaciones. Adicionalmente, la introducción de competencia entre el IPSS, EPS y empleadores con servicios propios, en las prestaciones de Capa Simple, promoverá la descentralización de estos servicios, permitiendo el ejercicio del derecho a la libre elección de los asegurados regulares, y facilitará la incorporación de nuevos segmentos de población a la seguridad social en salud. Otra característica importante consiste en mantener las prestaciones complejas en el ámbito del IPSS, ya que la experiencia enseña que dados los costos de implementar tecnología de última generación, la especialización es el camino más apropiado para alcanzar, en este importantísimo nivel de la atención médica, una adecuada eficiencia macrosectorial. Es importante destacar que encargar la atención de la Capa Compleja al IPSS permitirá lograr una mejor utilización de la importante inversión realizada para este tipo de atenciones, así como de la infraestructura y experiencia de esta institución.

En este nuevo modelo, la elección del prestador, los planes de salud y los costos del mismo están a cargo del usuario; la contratación la efectúa la entidad empleadora, en los términos elegidos por los trabajadores usuarios; y el costo del servicio a cargo del sector privado se ve reducido por los mecanismos de la competencia y del crédito contra las aportaciones a favor de la entidad empleadora, equivalente hoy al 25% de las aportaciones a la seguridad social en salud.

Se espera que el nuevo modelo planteado aporte mayor eficiencia y calidad a la operación del IPSS; y, además, permita que la inversión en aportaciones de seguridad social efectuada por los empleadores por cuenta de sus trabajadores, sea efectivamente utilizada en el servicio de salud, evitando la actual duplicación de los costos. Asimismo, la mayor calidad de los servicios del IPSS redundará en una mejor atención a los pensionistas, y transformará a dicha entidad en una institución competitiva y atractiva para los trabajadores independientes, a quienes se podrá ofrecer un servicio de bajo costo y alta calidad, vía la afiliación potestativa.

Sin embargo, existen problemas pendientes dentro de dicho subsector, como la falta de capacidad para incorporar segmentos de población ajenos a estos servicios. En este sentido, las reformas propuestas permitirán a estos grupos poblacionales incorporarse a esquemas de previsión para la salud mediante productos previsionales que hagan más eficiente el gasto privado.

El proceso de modernización recién se inicia. Se visualiza complejo y de larga duración. Por esta razón el gobierno ha constituido una Comisión Permanente encargada de monitorear el proceso de transformación de la seguridad social en salud y de recomendar las normas necesarias para alcanzar los objetivos propuestos. Esta comisión fue establecida mediante Decreto Supremo del 4 de diciembre de 1997 y se encuentra iniciando sus actividades, en especial, preparando los términos de referencia de los estudios más urgentes.

Paralelamente se encuentra en proceso de constitución la Superintendencia de Entidades Prestadoras de Salud, SEPS, entidad fundamental para el funcionamiento del sistema, ya que es la responsable de otorgar las autorizaciones de organización y funcionamiento, así como de acopiar y procesar la información relacionada al establecimiento y operación de las Entidades Prestadoras de Salud.

Tanto la puesta en operación de la Comisión Permanente como la de la SEPS requerirá del apoyo financiero externo. También se prevé la necesidad de un eventual apoyo al Instituto Peruano de Seguridad Social.

En cuanto al régimen subsidiado, se ha concluido el diseño del nuevo ordenamiento institucional y se está por iniciar el proceso de coordinación de las normas legales para su eventual aprobación por el Congreso de la República o el Poder Ejecutivo, según corresponda. Una vez aprobadas las normas, se iniciará un proceso de transición funcional al nuevo esquema de organización sectorial.

Régimen subsidiado

No obstante haberse conseguido importantes avances en el campo sanitario, éstos no son suficientes para resolver los problemas que aún se enfrentan en el campo de la salud individual, especialmente para que la atención a los usuarios mejore en calidad y calidez y para atender al 20% de la población que no tiene acceso regular a los servicios de salud individual.

Asimismo, se tiene un sistema de asignación de recursos que es regresivo y que se manifiesta en una mala distribución de profesionales de la salud, con persistente déficit de éstos en las zonas rurales, y exceso en las ciudades, lo cual genera desempleo y subempleo en estas ramas profesionales.

Por otro lado, el sector público de salud no cuenta con las condiciones de flexibilidad e incentivos necesarios para mejorar la gestión de sus recursos y elevar la productividad y calidad de sus prestaciones, a tal  punto que el nivel de inversión y de gasto hace inaccesibles los servicios a los más pobres y vulnerables.

La nueva modalidad de presupuesto funcional programático que viene implantando el Gobierno permite conocer los niveles del gasto en el campo de la salud pública como medio para disminuir los riesgos y daños a la salud de los individuos, así como conocer con mayor precisión los gastos que se destinan a los servicios de salud individual, a la administración de los mismos y a la administración general del sector, para racionalizar y dar mayor eficiencia al gasto.

Uno de los objetivos de la política social del gobierno es la extensión de la cobertura de servicios de salud a la población de mayor pobreza, que no tiene un acceso regular a estos servicios, ni a los sistemas de contribución. El papel del subsector público de salud es central para el logro de este objetivo, en la medida que es el principal proveedor de servicios de salud individual para la población pobre del país. Por esta razón es importante que los recursos públicos no sólo se orienten al logro de la equidad, sino que sus intervenciones se realicen con eficacia, eficiencia y calidad.

La reforma del financiamiento busca generar incentivos que progresivamente aseguren el acceso a los servicios de salud, en forma regular, a poblaciones en pobreza, así como crear las condiciones que hagan posible determinados niveles de complementación y competencia entre las diferentes instituciones prestadoras de salud. Todo ello dirigido a estimular la eficiencia y calidad de los servicios.

Teniendo a la equidad como criterio fundamental, se plantea una mejor asignación, focalización y empleo de los recursos públicos. En lo que se refiere a la asignación territorial de los recursos presupuestales se cuenta con una metodología de asignación capitada que combina técnicas cartográfícas y criterios demográficos, de pobreza, riesgo biológico y grupos poblacionales objetivo que, a partir de 1999, permitirá al Ministerio de Salud revertir progresivamente la distribución regresiva entre regiones o departamentos, y al interior de los mismas.

En relación a la focalización del gasto en salud hay avances importantes en el diseño y proceso de validación del Sistema de Identificación de Usuarios y el Plan Garantizado de Salud. Con el primero, se busca orientar el gasto público a la atención de las poblaciones de menores ingresos en el ámbito rural e individualizado o por familias en el ámbito urbano; con el segundo, atender las enfermedades de mayor prevalencia entre estos grupos y, consecuentemente, aplicar las intervenciones de salud de mayor costo y efectividad dirigidas a contrarrestar dichas enfermedades.

En cuanto al empleo de los recursos, la reforma plantea instaurar una nueva modalidad para financiar los servicios de salud individual, orientada hacia la demanda, y no, como es ahora, hacia los factores de la producción. La introducción de estos nuevos mecanismos busca mejorar la administración de los servicios, con miras a elevar la eficacia, eficiencia y calidad de las intervenciones.

 Con el financiamiento a la oferta lo que se viene haciendo es sostener los gastos fijos de los establecimientos, sin tomar en consideración su demanda ni sus niveles de productividad. Hoy, a los establecimientos, les da igual atender tres o cuatro consultas al día que las normales dieciséis consultas por profesional. Lo que venimos haciendo es propiciar la poca eficiencia y la baja productividad, cuando lo que se busca es, por el contrario, que los establecimientos de salud tomen una actitud más proactiva para mejorar rendimiento y calidad en servicios.

El avance en la reforma del financiamiento se medirá con relación al aumento del acceso regular de las poblaciones pobres a los servicios de salud individual, así como en la creación de las condiciones para asegurar una sana competencia y complemento de servicios, que estimule la eficiencia y calidad de las intervenciones y otorgue capacidad a los usuarios para elegir el establecimiento de salud de su preferencia. Se cuenta con un importante avance en el desarrollo de los mecanismos y de los instrumentos para operar la reforma financiera, algunos de los cuales vienen siendo aplicados, y otros se encuentran en proceso de validación, en el marco de lo que se viene llamando las aplicaciones iniciales de la reforma del subsector público, en cinco de los hospitales más importantes de la capital y en cinco redes de establecimientos en el país.

 

INFRAESTRUCTURA DE SALUD PÚBLICA Y DESAFÍOS A FUTURO

Socorro A. de Bambarén

El otro gran eje de la propuesta gubernamental para salud es explicado por la directora ejecutiva de la Dirección de Normas Técnicas para Infraestructura en Salud del Ministerio de Salud.

 

La necesidad de atender de manera urgente los profundos cambios que se están gestando en los sistemas, en la tecnología y en la operación de las unidades de atención, ha provocado una revolución en su diseño. Estos cambios y modificaciones no son temporales; el futuro previsible señala que estas transformaciones aún están en su primera etapa y que es posible prever que sean mayores y más profundas. Ante esta evidencia es necesario subrayar la importancia de la participación activa de los profesionales que están interesados en el diseño, construcción, conservación y operación de las unidades de atención.

El gasto en la atención de la salud es uno de los aspectos más importantes para determinar el grado de avance de cualquier país; sin embargo, no necesariamente se puede concluir que a mayor gasto, mejor nivel de atención. Es preciso comprender que, dadas las actuales circunstancias y el desarrollo desigual, no es posible esperar un mejoramiento considerable en las inversiones en salud en países en vías de desarrollo.

Las tendencias actuales en la evolución de los sistemas de atención de la salud se basan en:

1.- Organización de las Redes de Atención. La tendencia a conformar redes de unidades de atención se hace evidente ante la necesidad de ampliar y mejorar la cobertura de servicios a un menor costo.

2.- Priorización de la Atención en el Primer nivel. La necesidad de hacer más eficiente la atención desde el primer nivel origina que se detecten y resuelvan rápida y económicamente los problemas de salud, evitando el ingreso y permanencia en los establecimientos de mayor complejidad y resolución.

3.- Redes de Cómputo en los Servicios de Atención. La necesidad de hacer más eficiente y económica la operación de los servicios de atención ha hecho imprescindible el uso de redes de cómputo y la creación de programas especializados que simplifiquen el trabajo de los médicos y administradores, permitiendo que el tiempo dedicado al paciente se amplíe y se pueda tener acceso a bancos de datos. Los avances de la telemedicina permitirán mejorar y ampliar la capacidad de respuesta del médico. Los sistemas computarizados hacen posible una mejor operación de las unidades médicas y permiten que todos los procedimientos de diagnóstico, referencia, abastecimientos, conservación sean realizados de manera rápida y controlada.

4.- Prevención y Promoción de la Salud. Esta tendencia señala la importancia de atender de manera simultánea y rápida al mayor número de personas, reduciendo el tiempo y los costos de la atención, mediante los programas preventivo-promocionales que evitan la presencia de daños, cuya atención demandaría mayores gastos.

Considerando que se tiene que diseñar en el presente, pero buscando adaptarse a los cambios futuros, es preciso que el diseño de los establecimientos de salud cumpla con:

1.- Elaborar un programa médico arquitectónico de acuerdo con las necesidades reales de oferta y demanda, perfil epidemiológico y oferta de servicios de salud.

2.- Racionalizar el diseño, estableciendo una coordinación modular que facilite la construcción, funcionamiento, mantenimiento y la incorporación de equipos y ampliaciones futuras.

3.- Lograr un adecuado funcionamiento de las unidades que posteriormente facilite evaluar su funcionalidad.

Es importante recordar que las posibilidades de crecimiento o modificación de las unidades de atención se ven restringidas por el sistema estructural y por los tipos de circulaciones usadas en su diseño. Por lo tanto, las unidades de atención deben tener un diseño abierto y no cerrado, las circulaciones deben permitir las modificaciones y ampliaciones sin cruzamientos.

El crecimiento de la planta física puede darse básicamente con la ampliación de espacios de servicios médicos, o de servicios, para mejorar el funcionamiento de las unidades. Generalmente las modificaciones no deben implicar crecimiento, sino más bien una refuncionalización de los espacios existentes, la que puede producirse por cambio de normas, o por cambios en la tecnología y el equipamiento.

Es necesario que los nuevos proyectos para establecimientos de salud estén basados en las mejores experiencias de diseños anteriores que se hayan evaluado en su funcionamiento, y que el diseño se sustente en la atención al programa médico arquitectónico y que incorpore con creatividad los avances de la tecnología. Hay que señalar que el diseño tiene que ser la adaptación espacial de los modelos de atención de salud, el personal y el equipamiento. Las unidades de atención deben ser planeadas para ser flexibles y adaptables al cambio; por lo tanto, tienen que ser diseñadas no para el presente, sino para el futuro.

El hospital del futuro

Será considerado como una unidad médica hospitalaria cuya regulación, control, mando y gestión se realice en forma integrada, automatizada y modular en sus servicios, dedicada a recibir pacientes cuya gravedad requieran de su internamiento. Enfocará la integridad de los servicios médicos, dando además impulso a la medicina preventiva. El hospital del futuro debe ubicarse como un eje central que impulse la modernización integral de los servicios de atención médica orientado en las tendencias actuales de salud pública: bajas tasas de natalidad, disminución de las tasas de crecimiento poblacional, reducción de la mortalidad materno-infantil, disminución de las enfermedades infecto-contagiosas, incremento en la esperanza de vida al nacer, aumento de la población de la tercera edad, mayor población susceptible de padecimientos crónico-degenerativos y neoplásicos, mayor población sujeta a sufrir accidentes. Todo esto nos lleva a una nueva visión en el diseño de los hospitales tendiente a un concepto de hospital inteligente: menor número de camas, incorporación de la cirugía ambulatoria, programas de hospitalización de día para pacientes con tratamiento oncológico y diálisis, así como implementación de los servicios de geriatría.

 

Sobre el nuevo modelo

de salud

Rafael Cortez

El autor, miembro del Centro de Investigación de la Universidad del Pacífico, hace un análisis de la reforma de salud y de los nuevos modelos de gestión que promueve.

 

La administración compartida

El proceso de reforma del sector salud se concentra en la focalización del gasto público hacia los hogares de bajos ingresos (equidad), la mejora de la calidad de los servicios de salud y gestión (eficiencia), y la articulación funcional de los establecimientos de salud que asegure la cobertura universal de los servicios. Para hacer frente a estos retos, el Estado peruano estableció en 1994 el Programa de Salud Compartida, con lo que los establecimientos de atención primaria quedan bajo administración compartida a través de Comités Locales (CLAS), compuestos por tres representantes elegidos por la comunidad, tres miembros de la comunidad propuestos por el jefe del establecimiento de salud y el jefe mismo.

En la actualidad, 548 CLAS operan sobre una población objetivo de 2,928,969 personas en 26 subregiones del país. El 69% de los CLAS afiliados al PAC son puestos de salud, mientras que el 31% son centros de salud. El 40.1% de los CLAS están ubicados en zonas pobres, el 33% en zonas de nivel económico regular, el 21.5% en zonas muy pobres y el resto en zonas donde la población tiene una situación económica aceptable. El 69% de los CLAS se encuentran en zonas rurales, y el 31% restante están ubicados en zonas urbanas.

La participación civil o "iniciativa privada" debe colaborar en la identificación de los problemas básicos de salud de la comunidad y el diseño del Programa de Salud Local (PSL), donde se fija las metas y actividades del establecimiento de salud.

Equidad y calidad de los servicios

Según los resultados de la Encuesta de Servicios de Salud a los Usuarios de los CLAS 1997, el 85.9% de los consultados manifestó que la atención de salud recibida fue satisfactoria, y a nivel de los postas y centros de salud de gestión centralizada (Ministerio de Salud) el porcentaje fue del 76.9%. En el ámbito nacional, el 77.5% de los usuarios del sistema de salud reportaron su satisfacción por la atención recibida, y un 17.8% señaló que la atención fue poco satisfactoria.

Un indicador de calidad importante es el tiempo de espera en el establecimiento para la atención de salud. En el sistema total de salud, el 73.8% de los usuarios esperan menos de 30 minutos por la atención de salud. El tiempo de espera reportado en los CLAS es relativamente bueno. El 93.8% de los usuarios registraron un tiempo de espera menor a los 30 minutos. En el caso de los establecimientos del Minsa la tasa es de 71.3%. Cabe señalar que los usuarios más pobres son los que reportan menores tiempos de espera en los establecimientos CLAS.

Los CLAS muestran mayor equidad en su política de exoneración de pagos con relación al Minsa, ya que un 28% y un 33% de los usuarios del Quintil I y II (grupos de bajos ingresos) no pagan en los CLAS, y las tasas son del 30% y 20% en el caso de los establecimientos bajo gestión centralizada. En resumen, los CLAS han logrado definir criterios más apropiados para identificar a los grupos de bajos ingresos y dar acceso gratuito a las consultas, que en el caso de los centros o postas de salud bajo gestión central.

Las modalidades
de gestión

Se ha detectado diversas modalidades de gestión de los CLAS en la muestra de establecimientos bajo estudio. Una primera modalidad es aquella donde el médico-jefe asume las funciones de liderazgo con una baja participación del comité local; en el segundo caso el comité local asume plenamente la tarea de liderazgo y coordinación con el médico-jefe, mientras que en el último caso, existen conflictos de intereses y una pobre coordinación para el logro de las metas definidas por el plan de salud local. En este caso, no está claro el liderazgo al interior del establecimiento. En términos generales, la mayor parte de los CLAS pasan la etapa difusa en la gestión, y luego consolidan la modalidad de médico-jefe o comunidad-autoritaria.

Los usuarios entrevistados reportan un cambio positivo en la atención de los CLAS. No más del 5% de los usuarios en promedio señalan una caída de la calidad de los servicios con relación a la situación anterior. La organización y el marco institucional en el cual funcionan los CLAS influyen en la calidad de servicios prestados por el establecimiento y, por lo tanto, en el nivel de satisfacción del usuario. La satisfacción del usuario tiende a ser más alta en los CLAS donde la subregión se involucra en su funcionamiento y/o la intervención de la comunidad es alta.

Participación civil:
¿real o teórica?

Con relación a la participación real de la comunidad en la gestión del establecimiento e información sobre el desempeño de los CLAS, los resultados no son halagadores. Sólo el 20% de los usuarios entrevistados conocían que es administrado conjuntamente por la comunidad y el Estado, y únicamente el 10% sabía los nombres de los miembros de la comunidad en los CLAS.

De este grupo informado sobre la existencia de los CLAS, sólo el 40% reportó tener información acerca de la gestión de los CLAS, aunque el 70% de ellos señalaban que la acción de los representantes de la comunidad contribuyó poco o bastante a la identificación de las necesidades de los más pobres, la educación de la gente sobre prevención, el trato del personal, y la opción de reclamos y sugerencias. Por otro lado, un 95.8% no participó en la elección de los representantes comunales y 91.3% no conocía los nombres de los representantes. El 84.6% no sabía que los representantes de la comunidad convocaban a reuniones para informar.

Las amenazas para
el proceso

El PAC no parece constituirse como una alternativa global de descentralización de los servicios de salud, dado que parece expresar sólo acciones locales o personales de jefes-médicos o representantes de los CLAS. Además, no todas las direcciones regionales del Minsa comprometen su aparato administrativo y recursos para la gestión del programa o prestan asesoramiento técnico e intervienen para solucionar problemas de los CLAS bajo su influencia. Inclusive, en algunas regiones las autoridades locales asumen atribuciones que corresponden a los representantes de los CLAS. Pese a que en ciertos casos la participación de la autoridad local impulsa las actividades de los CLAS, en otros es de carácter obstaculizador. El Ministerio no ha desarrollado una estrategia global de participación comunitaria.

Otra de las dificultades para el desempeño de los CLAS es que sus miembros no conocen plenamente los estatutos y el marco normativo. Ello determina que las tomas de decisiones usualmente residan en la buena voluntad de unos pocos miembros de la comunidad, y que la participación de la comunidad en la gestión y el control social real no sea amplia. Por otro lado, un elevado porcentaje de los usuarios de los CLAS a nivel de los casos estudiados (80%) señaló no conocer que el establecimiento funcionaba bajo la modalidad de administración compartida, lo cual es una señal que el CLAS no está difundiendo sus actividades.

La falta de un sistema de información constante que facilite un seguimiento del estado de salud y los avances alcanzados a nivel de la zona bajo influencia de los CLAS son un cuello de botella por resolver. Ello permitiría lograr los objetivos establecidos en el plan de salud local. Este paso es importante porque el programa debería ser evaluado no sólo por los reportes de satisfacción de la población y su capacidad de dar servicios a los más pobres, sino también por los resultados vitales de salud: mortalidad infantil, tasas de desnutrición, mortalidad materna, entre otros. La integración funcional de los CLAS con otros proveedores debe buscar la reducción de costos, dado que la finalidad es el acceso universal a los servicios a nivel local, la mejora de la calidad de servicios ofertados a costos razonables, y dar énfasis a la provisión de ciertos servicios de atención.

Conclusiones

El elemento clave para continuar la promoción de los centros locales de administración compartida es el vínculo entre los beneficiarios con la gestión, lo cual asegura un mejor uso de los recursos, gracias a la mayor interacción entre los que deciden la política de gasto (CLAS) y la población objetivo (comunidad). Sin embargo, es de vital importancia que el Ministerio de Salud se constituya en las primeras etapas del proceso en el soporte de la gestión de los CLAS en donde sean pertinentes. Las direcciones regionales no pueden asumir que en el corto plazo los CLAS generen cuadros para las necesidades administrativas.

Actualmente, los CLAS han logrado un espacio importante en el mercado de la salud. Ofertan el 2.1% y el 7.4% de las consultas del sistema nacional y del total de postas y centros de salud respectiva, agrupados en casi 600 establecimientos de atención de salud básica, su desempeño es positivo en cuanto a satisfacción de sus usuarios y en cuanto han demostrado tener capacidad adecuada para exonerar de pago a los grupos de la población de bajos ingresos.

El reto de la descentralización en la prestación de servicios de atención primaria de salud ha dejado de ser un tema pendiente, está en proceso. Dados los avances observados en el desempeño de los CLAS, el entorno político actual es favorable para la expansión del modelo de administración compartida de los servicios de salud a nivel de la atención primaria. Asimismo, en el ámbito político, hay consenso en que la participación civil local es condición necesaria para la descentralización y democratización real, y en el ámbito económico. No es extraño, por tanto, que las agencias de cooperación internacional y altas autoridades del Ministerio de Salud tomen en consideración la participación comunitaria como uno de los elementos que con mayor eficacia pueden permitir el control en el uso de los recursos escasos, la identificación de las necesidades de salud de la población, y el establecimiento de un sistema simple de exoneraciones de cobros a los más pobres para el logro de los tres pilares claves en la prestación de servicios: distribución equitativa del subsidio público, alta calidad de los servicios y sostenimiento de la prestación de servicios de atención de salud en favor de los más pobres.

 

A UN AÑO DE LA LEY GENERAL DE SALUD

Roger Guerra-García

El líder de la oposición en la Comisión de Salud enjuicia la política de salud del gobierno.

 

Las políticas de salud en el Perú de los últimos sesenta años han disminuido la mortalidad en general y la mortalidad infantil en particular. Ello ha determinado un cambio en la conformación de la población peruana, con un incremento importante de la tercera edad que requiere de atención en procesos con frecuencia crónicos y de costosa atención. Para ello está la seguridad social.

Los progresos en la atención de la salud que el Perú ha experimentado en las últimas décadas se deben al incremento del número y calidad de profesionales: médicos, enfermeras, odontólogos, y a su importante presencia en el interior del país. Ha sido el esfuerzo de diferentes y sucesivos gobiernos que comprendieron que atender la salud es una obligación insoslayable del Estado.

¿Qué viene ocurriendo a nivel mundial, regional y en el Perú que ha cambiado la situación y determina un desinterés del Estado en atender lo que es su primera obligación? La historia empezó en 1987 con una propuesta del Banco Mundial bajo el inofensivo título de "Agenda para la Salud", la que se puede resumir en cuatro puntos: cobro de aranceles a los usuarios del servicio; provisión de un seguro frente a los riesgos de salud; menor empleo de recursos que no sean del gobierno; descentralización de los servicios.

Estas recetas del Banco Mundial se vienen aplicando en diferente grado en los países de la región andina, con resultados que no son los esperados y que han obligado a los nuevos directivos del BM a replantear el asunto, al percibir que la propuesta no sólo es cruel para los más pobres, sino también inviable. Así, países en los cuales la reforma empezó hace varios años, como Chile y Colombia, están reconsiderando sus decisiones; en Bolivia, los gobiernos de Sánchez de Lozada y ahora Banzer no siguen las recomendaciones del BM, y por el contrario han creado el Seguro Nacional de Maternidad y Niñez para la población de menores recursos.

En nuestro país las reformas se iniciaron tarde y en forma casi clandestina. Las propuestas se discuten sólo entre los funcionarios del sector; circulan documentos con la indicación que se mantengan en reserva. Todo esto ha empezado aquí con el segundo gobierno de Fujimori. En vez de buscar el bienestar de los peruanos, se empieza con la "reforma" de la seguridad social y la salud, dirigida a aliviar al Estado de la inversión en estos sectores y dar oportunidad de lucro al sector privado, en particular a las compañías de seguros.

Los técnicos que dirigen esta reforma no son médicos ni salubristas, que habrían resistido las órdenes del BM; son fríos economistas peruanos y extranjeros, no del Ministerio de Salud, sino de Economía y Finanzas; los proyectos de ley no son preparados por los congresistas de la mayoría, sino por jóvenes abogados sin conocimientos y, lo que es peor, sin sensibilidad social, yuppies preocupados sólo en su bienestar y en las mayores utilidades para las empresas, a expensas de la atención de la salud de los trabajadores.

Desmantelamiento del IPSS

Al revisar la Constitución de 1993 se aprecia cómo se prepararon los cambios que ahora sufrimos, entre ellos: la supresión del capítulo sobre seguridad social, la salud y el bienestar de las personas. El Decreto Legislativo 887 "Ley de Modernización de la Seguridad Social en Salud", fue promulgado excediendo el mandato que el Congreso de la República otorgó al Ejecutivo en diciembre de 1995. Por ello, el Colegio Médico del Perú y algunos congresistas planteamos acciones ante el Tribunal Constitucional, impugnando el mencionado decreto. En el Congreso de la República planteé su derogatoria con el proyecto de Ley N° 2378. Tenemos información que el fallo del Tribunal Constitucional iba a establecer la improcedencia del mencionado decreto legislativo. Por ello, en criticable maniobra, los miembros de la mayoría, primero en la Comisión de Salud y luego en el pleno, convirtieron dicho decreto en una ley, que fue promulgada de inmediato y lleva el Nº 26790. Este es un caso de im­pudicia parlamentaria, que será juzgado en su momento y que marca lo que puede ser el inicio del fin de la seguridad social, al instituir, entre otras cosas, la afiliación voluntaria a Empresas Prestadoras de Salud (EPS).

En el año transcurrido desde la promulgación de la Ley 26790 se ha creado la Superintendencia y dado los reglamentos. En estos días se ha anunciado la inscripción de la primera EPS, conformada por la Compañía de Seguros Rímac, que arrancará el próximo año. Esto se interpreta como desinterés del sector privado en las EPS por las dificultades inherentes a su inicio, por la inestabilidad jurídica y la diferente capacidad de pago de los asegurados del Perú y los de Chile, país que ha inspirado esta reforma. Chile tiene un 20% de población en pobreza, en tanto que en el Perú es de 50% y 20% vive en extrema pobreza. El número de personas con seguros privados de salud es muy pequeño.

Las ISAPRES chilenas fueron impuestas por la dictadura a inicios de los '80. Según distinguidos salubristas de ese país, ello no habría podido realizarse en democracia, pues los profesionales de la salud se habrían opuesto a empresas que buscan lucro en el mal llamado "mercado de la salud". Quince años después los resultados no son los esperados y cuando sus afiliados enfrentan un problema de salud no cubierto por el "Plan" correspondiente, deben acudir a su bolsillo o a los servicios nacionales.

La ley autoriza que hasta el 25% de los aportes de los asegurados vayan a un fondo, al cual acudirán las EPS. Es claro que en el Perú accederán a las EPS los asegurados de mayores ingresos, con lo cual la disminución de los aportes al seguro sería significativa. Aparicio Valdez ha calificado a este hecho como "Descremar los aportes al seguro social", es decir, llevar los aportes más altos a las EPS, encargadas del trabajo menor, la "capa de la atención primaria".

¿Qué hacer frente a esta situación?

Creo que es necesario sumar fuerzas a fin de defender al IPSS del acecho de los interesados en sus fondos. Es conveniente difundir la existencia del Frente Nacional de Defensa de la Salud y Seguridad Social (FRENDS), que reúne a 70 instituciones en Lima y el interior, e invitar a quienes lean este artículo a incorporarse. Recientemente directivos de empresas aseguradoras internacionales como Aetna (que tiene como socio a Wiese en el Perú), han manifestado su opinión de que se incremente el porcentaje de los recursos que pasarán a las EPS hasta el 75%, esto es que necesitan un mayor porcentaje de los recursos del IPSS para entrar en el negocio.

A ello se han sumado los pedidos de algunos grupos empresariales para que se reduzca el aporte al IPSS, considerándolo un "sobrecosto". Ellos desconocen que en el mundo moderno se aprecia, sobre todo, la preparación del trabajador y la preservación de su salud. Con falaz argumentación se señala que el IPSS ha tenido excedentes en los últimos ejercicios; callan que por ley el IPSS debe tener un fondo de reserva, que los hospitales necesitan ser reequipados y los trabajadores de la salud mejor remunerados. Así lo han demostrado recientes paros del personal del IPSS y del MINSA. Que sepan los economistas del MEF, los empresarios interesados en la salud como negocio, que en el Perú su "reforma" no avanzará. El claro mensaje llegará tarde al Perú, pero sin duda será una de las banderas en las elecciones del 2000.

 

LA FINANCIACIÓN

Augusto Meloni

El director general de la Oficina de Financiamiento, Inversiones y Cooperación Externa del Ministerio de Salud explica el asunto.

 

Cuando hablamos de financiamiento, resulta importante diferenciar al menos tres elementos: las fuentes de financiamiento, es decir, de dónde provienen los recursos; los intermediarios financieros, los que funcionan como "caja"; los prestadores de servicios, a través de los cuales los fondos se convierten en atención de salud.

El financiamiento en salud, por toda fuente fue en 1996 fue de 2,906.6 millones de dólares. La principal fuente de financiamiento son los hogares (41%), seguido por las empresas (31%), y el gobierno (27%). La cooperación externa, en dicho año, dio cuenta del 1.5% del total de los fondos. Si se tomara en cuenta sólo los fondos que intermedia el Ministerio de Salud, la cooperación externa significaría el 4% de los fondos del Ministerio de Salud, habiendo sido la media en el quinquenio 1980-1984 de 3.1%.

Estos recursos son intermediados fundamentalmente por el Ministerio de Salud (31%) y el IPSS (30%). Los seguros privados en la actualidad sólo intermedian el 6% de los recursos y el 33% de los recursos no son intermediados, es decir, pasan directamente de su fuente (los hogares) a los proveedores vía la compra de medicamentos en las farmacias y boticas.

En cuanto a la prestación de los servicios, podemos identificar tres grandes rubros en los cuales se emplean los recursos:

- Intervenciones de salud colectiva dirigidas a la prevención de daños y riesgos y a la promoción de la salud, así como intervenciones de carácter individual en su prestación, pero con alto valor social (como las campañas de inmunizaciones).

- Intervenciones de salud individual como prestaciones curativas y de rehabilitación, pres­tadas en su gran mayoría en los diferentes hospitales e institutos especializados.

- Gobierno y gestión sectorial, referido al conjunto de acciones de regulación, reglamentación y control, así como a la administración y gestión, que realizan a nivel central el Minsa, así como las direcciones de salud.

Más de la mitad del gasto total en salud colectiva va a las regiones, debido a la prioridad otorgada a la atención de salud que cubra los problemas prioritarios de la población. La concentración en Lima se explica por la presencia de los grandes hospitales e institutos, y la con­centración de gasto en gobierno y gestión, por encontrarse en Lima los órganos de gobierno, direcciones generales y organismos públicos descentralizados.

En la actualidad, la cooperación externa representa aproximadamente un 10% de los fondos que maneja el Ministerio de Salud. Mediante estos fondos, se apoya también las tres grandes áreas mencionadas. Así, podemos decir que de la cooperación externa que viene negociándose en la actualidad en el Ministerio de Salud para el periodo 1998-2002, el 20% de los fondos están dirigidos a fortalecer la gestión y gobierno sectorial, el 5% de los fondos van a la atención individual, y la mayor proporción, vale decir, el 75%, se orienta a la atención de la salud colectiva.

 

LA SALUD MATERNO-INFANTIL

Mario Tavera

La salud preventiva tiene en la madre y el niño un aspecto medular. A continuación el análisis al respecto del oficial de Salud de Unicef.

 

En el Perú, se ha producido una mejora de algunos indicadores de salud y el estancamiento o deterioro de otros. Ello obedece al creciente nivel de urbanización, el desigual desarrollo de las diversas áreas del país, así como al notable impacto que ha tenido el creciente nivel educativo y el acceso a servicios de salud.

Estos acontecimientos han provocado una peculiar transición epidemiológica caracterizada por una superposición estructural de condiciones, que modifican el mapa de riesgos y daños, y por ende la probabilidad de enfermar o morir, al haber aumentado las enfermedades crónico-degenerativas (predominantes en sociedades desarrolladas), así como daños por violencia y accidentes, pero sin un control significativo de las patologías infecto-contagiosas, que afectan especialmente a los más pobres, a los niños y a las mujeres.

La salud de la niñez

La mortalidad infantil ha experimentado una reducción muy significativa. Para 1991 se estimaba una tasa de 68 muertes por cada mil nacidos vivos. Para 1996 la tasa se estima en 43 por mil, lo que representa una reducción en términos absolutos de 44 mil muertes anuales en 1991 a 25 mil 800 en 1996 para menores de un año.

La mayor reducción de la mortalidad en la niñez en los últimas dos décadas se ha dado a expensas de la mortalidad en el grupo de uno a cinco años, tasa que se redujo en un 60% en el período, en contraste con la mortalidad en menores de un año que alcanzó el 55% de reducción. Esto es explicable por el hecho que la magnitud de la mortalidad infantil asociada al período perinatal permaneció inalterable.

El análisis de las causas de mortalidad infantil para el año 1996 nos muestra que el 42% ocurre en el período perinatal, estando asociadas a la inadecuada calidad y cobertura de atención del embarazo y el parto. Las infecciones respiratorias explican el 20% de las causas de muerte en menores de un año. Es nuevo que el tercer lugar sea para las anomalías congénitas incompatibles con la vida, pasando al cuarto lugar las diarreas.

El número de defunciones asociadas al período perinatal se estima en 10 mil 800 anuales, habiendo tenido sólo una leve reducción en el período 1991 a 1996. En contraste, el número de defunciones anuales en menores de un año por infecciones respiratorias agudas (especialmente neumonía) se redujo de 10 mil 200 a cinco mil 160. Esta reducción es explicable por el mayor acceso de la población a servicios de salud que cuentan con personal capacitado para su adecuado tratamiento y la existencia de los medicamentos necesarios. De acuerdo con ENAHO 95, el 40.5 de las fa­milias reconoce los signos de neu­monía.

El número de defunciones por enfermedades diarreicas agudas se redujo de tres mil 800 a mil 680 en el mismo período. A ello ha contribuido decisivamente el mejor tratamiento de los casos de diarrea que se hace en los establecimientos de salud y en el hogar. De acuerdo con ENDES III, el 66% de los niños con enfermedad diarreica aguda recibieron, en su hogar, mayor volumen de líquidos apropiados para el tratamiento de la enfermedad.

Las enfermedades inmuno-prevenibles han dejado de ser causa de mortalidad infantil debido a los altos niveles de cobertura en menores de un año alcanzados en el país. Desde 1992 no se ha notificado la circulación del virus salvaje de la poliomielitis. En 1998 sólo se notificaron 82 casos confirmados de sarampión, habiéndose impedido la extensión hacia el Perú de la epidemia que se iniciara en Brasil. El número de casos de tétanos neonatal, en 1998, fue de 30, habiéndose registrado 115 en 1991. Si bien el número de distritos con menos de 50% de cobertura de vacunación en menores de un año es sólo del 4% de los mil 812 distritos del país, aún existe un pequeño grupo en áreas rurales de los Andes y de la Amazonía donde no llegan regularmente los beneficios de las vacunas.

Estos significativos logros son explicables por la prioridad que la sociedad peruana ha puesto en mejorar la salud de la niñez y la implementación de estrategias de fortalecimiento y ampliación de cobertura de los establecimientos de salud, información y educación, promoviendo el cuidado en el hogar y la referencia oportuna a los establecimientos de salud de casos complicados, la participación comunitaria y la coordinación intersectorial e interinstitucional.

Los programas de salud infantil del Ministerio de Salud, con el apoyo de otros sectores del Estado, de diversas instituciones civiles, medios de comunicación y de las propias comunidades organizadas, especialmente de las organizaciones de mujeres distribuidas a lo largo y ancho del territorio nacional, han sido decisivos para alcanzar estos logros.

Salud materna

En contraste, los indicadores de salud materna no han mostrado una evolución favorable. La tasa de mortalidad mantiene sus niveles y la cobertura institucional del parto sólo se incrementó en 4%, entre 1992-1996, mientras los servicios maternos se incrementaron notablemente. Esta falta de progreso se debe a la deficiencia en la calidad y capacidad resolutiva de los servicios; a la inadecuación cultural en las áreas rurales, y los costos relativamente altos de los servicios, especialmente para las mujeres más pobres.

Se estima que anualmente fallecen mil 800 madres por causas asociadas al embarazo, parto y puerperio. Asimismo, no menos de 50 mil quedan con alguna secuela por las inadecuadas condiciones de atención del embarazo y el parto. Las principales causas de muerte materna continúan siendo las hemorragias, abortos, infecciones y las toxemias. La mayoría de ellas se explican por diversas condiciones de riesgo: alto índice de desnutrición materna; alta incidencia de embarazos no deseados; baja cobertura del control prenatal (67.3%) con un promedio de dos controles, cobertura institucional del parto de sólo 50%, y 50% de atendidos por personal profe­sional.

Durante el último año el Ministerio de Salud ha priorizado las acciones para reducir las altas tasas de mortalidad materna. El Programa de Salud Materno-Perinatal ha sido independizado del de Planificación Familiar y se ha formulado el Plan Nacional para la Reducción de la Mortalidad Materna. Asimismo, los recursos financieros asignados al programa se han triplicado en el ultimo año. Otras condiciones que afectan la salud de la mujer son la creciente incidencia de las enfermedades de transmisión sexual y SIDA, y por ende el incremento de la transmisión vertical que afecta al recién nacido.

Las inequidades

Salud infantil: Los promedios nacionales ocultan grandes diferencias entre las áreas urbanas y rurales, así como entre las poblaciones metropolitanas y las comunidades étnicas que habitan en los Andes y en la Amazonía. La tasa de mortalidad infantil en las comunidades amazónicas es tres veces superior a la media nacional, y la tasa de mortalidad materna es el doble en las áreas rurales que en las urbanas. La tasa de mortalidad infantil más baja corresponde al departamento de Lima (26 por mil). En el otro extremo, el departamento andino de Huancavelica, ubicado en una de las áreas más pobres del país, registra una tasa de 108 por mil, evidenciando las grandes inequidades existentes. Las tasas de mortalidad infantil son aun mayores entre las comunidades indígenas de la Amazonía, alcanzando en algunos grupos étnicos niveles de 160 por mil. La brecha cultural, económica y social, así como la inexistencia de sistemas de atención de salud adecuados explican esta inaceptable situación.

Salud materna: Igualmente la tasa de mortalidad materna presenta amplias brechas regionales. La tasa registrada para la región José Carlos Mariátegui alcanza 580 por cien mil nacidos vivos, mientras que en la provincia del Callao es de 105 por cien mil. Existen también grandes brechas en el acceso a los servicios maternos. En Lima la cobertura del control prenatal y de la atención institucional del parto es de 86.3% y 86.8%, respectivamente, mientras que en departamentos andinos y amazónicos con altos niveles de pobreza como Huancavelica alcanzan sólo el 30.4% y 7.1%, cada uno.

Principales retos:

. A pesar de la reducción de las tasas de mortalidad infantil y de la niñez, 25 mil 800 menores de un año y 33 mil menores de cinco mueren cada año, la mayoría por enfermedades evitables.

. Sólo será posible reducir la mortalidad materna, y por ende la mortalidad perinatal, si se superan las barreras económicas, culturales, la baja capacidad resolutiva de los servicios maternos en las áreas rurales y la deficiente atención y trato en las urbanas.

. Deben reducirse drásticamente las brechas existentes entre las área urbanas rurales, especialmente con relación a las comunidades étnicas minoritarias. Para ello será necesario desarrollar programas con estrategias adaptadas a las características culturales, sociales, geográficas y económicas de las comunidades rurales de los Andes y la Amazonía, que aseguren el acceso de estas poblaciones a un conjunto básico de intervenciones sanitarias.

. Al plausible incremento del número de establecimientos de salud (45% en cuatro años), debe agregarse el fortalecimiento de programas que permitan una mayor participación de la comunidad en la gestión de dichos establecimientos, lo cual propiciará el desarrollo de mejores y más amplios programas preventivo-promocionales.

. Continuar con programas de educación y comunicación, para que las familias reciban información amplia y sostenida sobre las principales enfermedades, para promover el autocuidado de la salud y el uso de los servicios existentes.

 

EL ROL DE LAS ONG

Héctor Hanashiro

¿Hay cabida para los organismos no gubernamentales en el nuevo escenario político y social de la salud pública?, es el tema que aborda el director de Salud y Nutrición de Caritas.

 

Hace algunos años podíamos encontrar una variedad de situaciones de la labor de los organismos privados en la promoción de la salud en el Perú: un antropólogo investigando sobre las variedades de yuca cultivadas y consumidas por los aguarunas en los valles del Alto Marañón; un equipo multidisciplinario en reuniones educativas sobre temas de salud con asociaciones de mujeres de comunidades campesinas en Cusco; coordinaciones de proyectos de salud de ONG en Huampaní; un equipo de misioneros y profesionales comprometidos atendiendo casos de desnutrición y tuberculosis en comunidades ribereñas de la selva de Loreto y ONG en ejecución de diversos proyectos en alimentación, nutrición y salud en barrios y comunidades rurales en diversos puntos del país.

Eran tiempos de trabajo comunal, con énfasis en organizaciones de base, en búsqueda de modelos de promoción de la salud a nivel micro (barrio, microcuenca o distrito), de estudio del tejido social para la inserción del proyecto a la vida comunal, de experiencias de concertación con gobiernos locales para impulsar la descentralización, con una fuerte teoría del desarrollo en el equipo ejecutor. Tiempos en los que la relación entre las ONG y el Estado era, en general, de desconfianza mutua, intransigencia, contradicción o enfrentamiento.

En esta década, el programa de ajuste y la estabilización económica en el Perú contribuyó a mejorar la inversión en salud con fondos del tesoro público y por financiamiento externo (donaciones y préstamos de agencias multilaterales y bilaterales: BID, Banco Mundial, USAID y otros), con lo que se ha recuperado en parte los pobres niveles de gasto durante los ‘80. Con ello, se establece la base económica para desde el Estado, luchar contra la pobreza y emprender la reforma del sector. Este nuevo escenario político y de financiamiento ha influido mucho en el quehacer de los organismos no gubernamentales en la salud pública.

Por otro lado, la crisis económica que empobrece a amplios sectores rurales y urbano-marginales, las nuevas condiciones y mecanismos de algunas agencias donantes y organismos de cooperación internacional para el  financiamiento a los organismos no gubernamentales, y la necesidad de dar respuesta de corto plazo a la crisis social en la que vivían amplios sectores de la población, llevan a las ONG a redefinir su relación con el Estado. Si bien existe temor a la manipulación política por el gobierno y hay aún desconfianza del Estado ante las ONG, los planes de lucha contra la pobreza y el potencial de las ONG para contribuir a los objetivos de la reforma del sector Salud son motivo de una nueva relación. En algunos casos, incluso, las ONG son organismos de ejecución de los planes de gobierno. Las agencias bilaterales (USAID, coo­peración alemana, holandesa, italiana) y multilaterales han catalizado esta nueva relación.

Actualmente encontramos al antropólogo como consultor de un programa de reactivación productiva auspiciado por el sector público y un organismo de cooperación; al equipo multidisciplinario trabajando en un programa de salud reproductiva o en una amplia mesa de concertación interinstitucional en varias regiones; a los antiguos coordinadores en reuniones en las oficinas del Ministerio o de las subregiones de salud, ejecutando proyectos de agencias multilaterales. Muchas ONG han reorientado su labor, dejando acciones de salud para ejecutar proyectos de microcrédito o promoción de empleo. Los organismos y agentes de pastoral han tratado, en general, de mantener la distancia con la política oficial, prefiriendo ser fieles a los derechos de los pobres y a la doctrina social y el magisterio de la Iglesia Católica.

Adicionalmente, se presentan organismos no gubernamentales extranjeros (principalmente norteamericanos) que se asocian con organismos nacionales, compiten o reemplazan a las ONG locales que no logran cumplir con los requisitos de licitación para las consultorías o no tienen acceso a los espacios de negociación de los proyectos y financiamiento externo.

A pesar de lo dicho, los organismos no gubernamentales han realizado un amplio aporte en la salud pública, manteniendo su especificidad y peso social. Estos se pueden resumir en:

Análisis de políticas: los planteamientos de la reforma de salud han sido motivo y deben mantenerse como objeto de análisis, reflexión y propuesta. Hay temas críticos como la atención de amplios sectores de la población en riesgo de la exclusión y de no ser elegibles para los servicios de salud; la implementación de las Empresas Prestadoras de Servicios (Ley 26790). Además de los aportes dados en ciertos momentos por el Colegio Médico, la Federación Médica, y organismos de la Iglesia Católica, los organismos no gubernamentales tienen todavía un rol que cumplir en la actual reforma de salud.

Provisión de servicios: los organismos no gubernamentales no sólo promueven la salud con la autonomía que permiten los organismos donantes. Han sido convocados y están adecuándose a las nuevas condiciones del sector público para convertirse en entidades prestadoras de servicios. Ello abarca desde consultorías, estudios e investigaciones por encargo del Ministerio de Salud hasta la prestación misma en las comunidades. En esta nueva relación Estado-ONG, éstas se vienen adecuando al nuevo mercado de financiamiento que proporcionan el Estado y los organismos de cooperación asociados a la actual política de salud. La modernización acerca lo público y lo privado. La globalización lleva a la competencia entre ONG locales, extranjeras y empresas privadas, para la prestación de servicios de salud.

Programas multisectoriales: la participación de ONG se ha presentado en programas de lucha contra la pobreza. Se ha aprovechado la capacidad y experiencia acumulada para asegurar la eficacia y eficiencia que el Estado no ha tenido. El Estado o el Ministerio de Salud, sin dejar su rol rector, normativo, añade el de proveedor y regulador de recursos financieros. La coyuntura ha generado una nueva mezcla de servicios y participación social en los que el sector público, las ONG y los organismos de cooperación establecen acuerdos de ejecución en programas de salud pública o de promoción social con componentes de salud.

Investigación: las ONG mantienen aportes importantes, aunque se abren nuevos problemas y agendas de investigación a partir de los cambios sociales y los nuevos escenarios epidemiológicos de la última década.

Formación de recursos humanos: el sector no gubernamental ha aportado a la formación de recursos humanos en comunidades, organismos de base (promotores, líderes) y también con los propios recursos humanos que conforman el cuerpo directivo y técnico-operativo de los organismos no gubernamentales. Las universidades (nacionales y privadas) y escuelas superiores son la base principal para la formación de recursos profesionales y técnicos en salud. Sin embargo, se presentan nuevas perspectivas en campos de especialización y gerencia, y se requiere responder al mercado de trabajo de los profesionales y técnicos en salud, superando los desequilibrios de dicho mercado.

Fortalecimiento de redes sociales: las mesas de trabajo, los consorcios, los acuerdos de base con participación de organismos no gubernamentales y otros actores sociales (comunidad, gobierno local, sector público, agencias de cooperación) son algunos ejemplos a mantener y promover para fomentar espacios de debate de política, formulación de propuestas y programas, fortalecimiento de las instituciones civiles y públicas. Todo ello, en base al ejercicio democrático con objetivos sociales para aportar al mejoramiento de la salud pública, conscientes que estamos contribuyendo a este proyecto común que es el Perú.

 

LOS MÉDICOS Y LA SALUD PÚBLICA

Maximiliano Cárdenas

La opinión del decano del Colegio Médico del Perú

 

En el Perú se viene desarrollando, desde 1990, un proceso de ajuste estructural que ha reducido drásticamente el gasto público, ha transferido funciones del Estado al sector privado y/o ha estimulado la inversión externa en diferentes sectores de la economía. Como consecuencias positivas tenemos que en 1997 se ha reducido la inflación a 6.7% y se ha logrado un crecimiento del PBI de 7%. Sin embargo, la mayoría de economistas coinciden en que las reformas económicas introducidas en los últimos ocho años no han logrado resolver el desempleo y subempleo, que sumados llegan al 70%, ni han podido reducir la brecha entre ricos y pobres, la que se ha incremen­tado.

Pese a que en los últimos años se observa una reducción de las tasas de mortalidad infantil, mortalidad materna, enfermedades prevenibles por vacunación y otros, como indicadores favorables, nuestro país se caracteriza por tener un perfil epidemiológico que combina todavía una alta incidencia de enfermedades propias de países pobres con una creciente incidencia de enfermedades crónico-degenerativas, como expresión del desarrollo de una situación con grandes contrastes socioeconómicos.

La cobertura de atención sigue siendo baja por la falta de equidad en el acceso a los servicios. Del total de personas que se enferman -aproximadamente 7 millones 200 mil según la encuesta de hogares del INEI-, el 45% no transforma su necesidad en demanda por falta de recursos económicos. Esto quiere decir que los enfermos que no tienen posibilidades de atención son tres veces más que los atendidos por el Minsa, seis veces más que los atendidos por el IPSS y 10 veces más que la demanda cubierta por el sector privado. Ello demuestra que el principal problema de salud en el país es la falta de equidad.

Uno de los errores principales de la actual reforma en salud es suponer que el problema central es la falta de eficiencia en los servicios de salud, y que al resolverla se podrá acabar también con la falta de equidad. Es cierto que la ineficiencia de los servicios es un punto importante, pero ello está subordinado a la falta de equidad, que lleva a que el 45% de los pacientes no tenga acceso a ningún tipo de servicio. Sólo en el proceso de resolver la falta de acceso cobra sentido la búsqueda, al mismo tiempo, de la eficiencia y calidad en los servicios de salud.

La errónea orientación del proceso, que entiende la reforma como un instrumento para el ajuste estructural a partir de la reducción del gasto social del Estado, y no como un instrumento para combatir la injusticia social que significa la falta de equidad en el acceso a los servicios de salud, lleva a que el proceso no interese ni comprometa a la gran mayoría de los peruanos.

La propuesta médica

1. Un acuerdo básico de equidad en el sector Salud, que reconozca el derecho ciudadano a la prevención, promoción y atención de salud, y que tenga como objetivo estratégico garantizar el acceso a los servicios de atención de salud al 45% de la población que no lo tiene por razones económicas o físicas.

2. Un acuerdo básico de descentralización política y administrativa del Minsa, que combine el rol de autoridad a nivel central y los niveles de autoridad regional o subregional, con participación de los gobiernos locales y la comunidad en la administración de los servicios periféricos. Todo lo cual es necesario para garantizar un efectivo proceso de democratización y participación popular en el sector Salud.

3. Priorizar programas específicos en beneficio de los sectores menos favorecidos:

a) Alimentación y nutrición: orientado fundamentalmente a la población preescolar y a gestantes y madres en período de lactancia.

b) Salud del escolar y adolescente: integrando y generalizando las acciones preventivo-promocionales, con la atención médica prevista en el Seguro Escolar Gratuito.

c) Salud reproductiva: reorientar el programa en base a información, consejería, provisión de insumos y opción plenamente voluntaria y consciente de métodos transitorios o definitivos, rechazando cualquier coerción.

d) Salud materna: integrando y generalizando las acciones preventivo-promocionales, con la atención médica con un seguro gratuito financiado por el Minsa.

e) Salud de la tercera edad. Desarrollar un programa preventivo-promocional y de atención médica vía un seguro gratuito a toda persona mayor de 60 años.

4. Definir una política de universalización progresiva de la seguridad social, manteniendo y fortaleciendo el IPSS como organismo básico del sistema, extendiéndolo progresivamente y garantizando condiciones de atención con eficiencia y calidad para todos los asegu­rados.

5. Concertación para la reforma del sector salud mediante la conformación de un Consejo Nacional de Concertación de Salud, con la participación de representantes de todos los agentes del sector, como espacio de discusión y búsqueda de consensos básicos para la formulación de políticas de largo plazo que garanticen una reforma del sector en beneficio de las grandes mayorías.

En defensa de los médicos del país

Una de las consecuencias más negativas de la reforma del sector Salud es la postración de las aspiraciones y reivindicaciones de los médicos y demás trabajadores de la salud. Con el pretexto de la eficiencia y rentabilidad en los servicios, se ha estrangulado cada vez más al recurso humano, congelando las remuneraciones e incrementando la carga de trabajo.

Frente a ello planteamos:

a) Equipamiento y modernización de los hospitales y demás servicios de salud, para garantizar un adecuado ejercicio profesional de los médicos y demás trabajadores de salud.

b) Remuneraciones ade­cua­­das que cubran las necesidades básicas y que permitan una constante renovación científica y técnica.

c) Participación de los profesionales de salud en el análisis, elaboración de propuestas y toma de decisiones sobre la política sanitaria.

d) Respeto a la línea de carrera de los profesionales de la Salud asignando por concurso de méritos los cargos asistenciales.

e) Revertir el proceso de regulación y precarización del trabajo médico, desterrarndo los ilegales contratos de servicios no personales y de service, en el Minsa como en el IPSS.

 

LOS MéDICOS Y LA AGENDA DE LA SALUD PÚBLICA

Isaías Peñaloza R.

La opinión del presidente de la Federación Médica

La propuesta económica del actual régimen, expresada en las Cartas de Intención suscritas con el Fondo Monetario Internacional, también toca la salud y la seguridad social como sectores en los cuales deben producirse reformas. En este contexto, luego de una ausencia de lineamientos de política, el gobierno dictó dos leyes: la Ley 26790, Ley de Modernización de la Seguridad Social, y la Ley 26842, Ley General de Salud.

Un primer aspecto a señalar es que ambas leyes carecen de legitimidad, ya que en su elaboración y aprobación no se ha permitido la participación de los reales protagonistas de la salud, como son los trabajadores asegurados, las instituciones médicas y no médicas relacionadas con el campo de la salud y la seguridad social, particularmente el gremio médico, representado por el Colegio Médico del Perú y la Federación Médica Peruana. Esta carencia de participación de la sociedad civil ha significado un rechazo casi unánime a las citadas leyes de parte de todos los actores de la salud, lo que ha generado un clima de inestabilidad e incertidumbre en el sector.

La propuesta política de la mal llamada Ley de Modernización del IPSS puede resumirse en el debilitamiento de la Seguridad Social Pública mediante la creación de las Empresas Prestadoras de Salud (EPS) como entidades intermediarias, que convirtiendo a la salud en una mercancía van a provocar un encarecimiento sustancial del costo de los servicios. Asimismo, en abierta contradicción con los principios de universalidad, igualdad, solidaridad y equidad en que se sustentan en todo el mundo los programas de seguridad social, la Ley de Modernización de la Seguridad Social divide la calidad de la atención de acuerdo con el monto de las aportaciones del asegurado, no prevé la atención de una salud integral y, consecuentemente, alienta la elitización de la prestación de salud a favor de los trabajadores asegurados de mayores ingresos, en contra de la inmensa mayoría de asegurados, cuyas remuneraciones se encuentran profundamente deprimidas tanto en el sector público como en el privado.

De otro lado, la propuesta política del gobierno en lo que se refiere a la salud pública, está expresada en la Ley General de Salud, en cuya elaboración y aprobación se han reiterado la marginación y el rechazo a recoger las propuestas de sus principales actores y a legitimar la norma a través del consenso. En este aspecto la irresponsabilidad del gobierno es mayor en la medida en que el gremio médico, a través de la Federación Médica Peruana, señaló oportunamente su plena coincidencia con la necesidad de una reforma en el sector, para lo cual hizo llegar al gobierno un lineamiento de política que recoge las expectativas de la sociedad en su conjunto.

La Ley General de Salud obedece básicamente a la necesidad del gobierno de acelerar la privatización del sistema de salud público, en cumplimiento de los compromisos que asumió con el Fondo Monetario Internacional. En esta orientación, sustrayendo al Estado de lo que es su obligación fundamental, busca transferir el financiamiento del servicio, de la oferta a la demanda, de manera que la atención sólo pueda ser posible si el individuo y su familia cuentan con la capacidad adquisitiva para asumir el costo del servicio.

Este objetivo, el de hacer que sea el paciente o su familia el que asuma el costo de la atención de su salud, concuerda plenamente con la creación de las Entidades Prestadoras de Salud (EPS), para lo cual el gobierno plantea que los establecimientos del Estado puedan convertirse en los Agentes Prestadores de Salud de las EPS, las que, por ser entidades de lucro, administrarán la salud como un producto del mercado y no como un derecho. Así, el encarecimiento de la atención será inevitable.

Nuestra propuesta

Lograr mayores niveles de vida para la población es una tarea que compromete al esfuerzo conjunto de la sociedad, pero que exige que el Estado asuma su rol, a fin de garantizar que la salud sea un derecho fundamental. Su ejercicio constituye el sustento del desarrollo humano y, por lo tanto, necesita de una política de salud que tenga la jerarquía y condición de una política de Estado, que para tener credibilidad y fuerza de convocatoria debe surgir de un consenso nacional.

La universalización de la seguridad social debiera constituir el elemento fundamental de una política de reforma de la seguridad social. Es decir, antes que dictar normas que debiliten o eventualmente pongan en riesgo el IPSS, se requiere extender la prestación de la salud mediante la incorporación a la seguridad social de los sectores informales, trabajadores independientes, agricultores, trabajadores del programa de formación laboral juvenil; de manera que esta inmensa capa poblacional ahora atendida por el Ministerio de Salud, al pasar al IPSS, liberará al Tesoro Público de recursos, que podrán ser dirigidos a la atención de la población marginal que no accede siquiera a la salud pública.

Nada es más cierto que un país pobre como el Perú tiene la cultura del dispendio de sus escasos recursos como consecuencia de la duplicación de funciones y la multiplicidad inorgánica de instituciones que administran la salud. Una auténtica reforma del sistema de salud requiere, como uno de sus contenidos fundamentales, precisar de manera sistemática, orgánica y coherente la coordinación que debe existir entre las diversas instituciones prestadoras de salud. En consecuencia, el real funcionamiento del Sistema Nacional de Salud es imprescindible.

Desde el punto de vista del gremio médico, también constituyen elementos fundamentales la descentralización y modernización de la gestión, la adopción de nuevos procedimientos en la asignación de recursos, hasta que el Estado enti