JUSTICIA DE PAZ:

EL PROBLEMA ES MÁS
PROFUNDO

Las quince actividades realizadas en estos primeros meses con jueces de paz están revelando problemas más profundos que el aislamiento, la precariedad y la escasa formación. Hemos comprobado que en muchas cortes superiores existe un magistrado o funcionario a cargo de coordinar la capacitación de los jueces de paz, habiéndose realizado a veces numerosos cursos. Hemos apreciado valiosos esfuerzos por mejorar las condiciones materiales de los jueces, pudiendo resaltarse los casos de las cortes superiores de Loreto y Tacna-Moquegua.

Sin embargo, hay que reparar en que los jueces de paz son también parte de una cultura, con valores y antivalores. A veces, la extensión casi generalizada de un fenómeno cultural hace que no sea considerado un problema. Pensemos, por ejemplo, en el alcoholismo. "Así somos los peruanos", justificaba sus debilidades un joven juez de paz. El consumo de licor parece culturalmente unido a ser varón y ser autoridad, pero, lamentablemente, también a la violencia familiar.

Al respecto, no todos los jueces de paz de las zonas rurales creen que el maltrato a la mujer es un problema, considerándolo como incidentes (comunes, es decir, normales) en la vida de pareja. "Si no está con su marido, cómo va a vivir", decía un juez de paz. "Está comprobado científicamente que las peleas ayudan a consolidar el matrimonio", afirmaba otro, a miles de kilómetros de distancia. Para muchos jueces, además, no es tan importante pensar en los derechos de la mujer como individuo, sino en que cumpla su rol dentro de la familia. Afortunadamente, existen también mujeres desempeñando el cargo de juez, y su intervención en los cursos permite generar una mayor reflexión y una mayor sensibilidad sobre este tema.

Mientras todavía para muchos jueces es importante tener una imagen honorable ante su comunidad (que ejerce así control sobre sus decisiones), parece que, para algunos, estos elementos son secundarios. Es triste decirlo, pero para los malos jueces de paz, el cargo es un privilegio que les permite obtener beneficios económicos y abusar de los demás.

Enseñar a manejar el Código Civil o proporcionar máquinas de escribir son aportes muy importantes, pero es necesario profundizar en qué quiere decir ser autoridad, para mantener (o restablecer en algunos casos) la confianza en una institución fundamental. (W.A.)

 

IQUITOS:
Cuando el juez más cercano está a seis días de viaje...

"En mi zona no se paga a los obreros petroleros", señaló preocupada la juez de paz de Trompeteros. "Usted no ve casos laborales, señora", indicó el expositor. "Lo sé, pero si van al juez mixto gastan 300 soles y eso es más de lo que les adeudan". De esta forma, la juez hacía patente la precariedad del Estado en la Selva. En muchos lugares, aún no hay clases, porque no hay maestros. Si llegan, la gente debe soportar prepotencia y, a veces, abusos sexuales hacia las alumnas. Si los denuncian, saben que probablemente nada se investigue, y, si por algún azar, el maestro es destituido, probablemente pasen varios años hasta que se nombre al próximo.

Estos casos están fuera de la competencia del juez de paz. Violaciones, levas, malversación de fondos municipales, derechos laborales, son competencia de jueces y fiscales a cientos de kilómetros y sin medios para trasladarse. Tenemos el perro del hortelano: los jueces competentes no administran justicia, pero tampoco se permite hacerlo a los jueces de paz. Cabe preguntarse si no se debería aumentar las atribuciones de los jueces de paz... pero, ¿qué sucede si el nivel moral de algunos no es muy superior al de los maestros mencionados?...

 

CAJAMARCA:
Muchos deberes y pocos derechos

Resulta difícil creer que en el distrito judicial de Cajamarca haya 400 jueces de paz, pero ello se debe al abandono oficial. En provincias como Cajabamba, la subversión asesinó a muchas autoridades. Por eso hasta ahora muchos jueces de paz se resisten a asumir el cargo pese a la designación oficial. En todo el distrito judicial se designan jueces de paz donde corresponde nombrar un juez profesional, pero no existen recursos para ello. Ante esta situación muchos sienten que se les imponen demasiados deberes y muy pocos derechos (o ninguno).

En gran medida tienen razón, pues con frecuencia los jueces profesionales les ordenan realizar las notificaciones llamadas exhortos. Un juez de paz contó que pasó semanas notificando ¡150 exhortos!, sin ninguna retribución. Ellos piensan que, por la magnitud del trabajo, deberían recibir alguna, y muchos consideran justo recibir "cariños" (coimas) de los litigantes. Otro juez de paz protestó: "Un teniente gobernador gana sueldo del Estado, ¿y nosotros, que trabajamos igual o más que ellos?". La polémica está servida.

 

SICUANI:
Entre la ley y la costumbre

La población del Distrito Judicial del Cusco es mayormente campesina y los conflictos en los que intervienen los 350 jueces de paz están vinculados a la vida comunal: linderos, abigeato, distribución del agua, etc.

Es difícil trazar la frontera entre las competencias formales de las autoridades y las competencias reales al interior de la comunidad. Muchos jueces apelan más a las costumbres que a los textos legales, pero tienen mucho interés por conocer lo que dice la ley. 80 jueces de paz de Canchis, Quispicanchis, Canas, Espinar, Chumbivilcas, Paruro y Acomayo compartieron ese interés en Sicuani.

Ponernos frente a ellos para hablar de competencias en materia penal o de la Ley de Conciliación, pero en realidad, es un mutuo aprendizaje. La norma y los plazos precisos son tan importantes como la experiencia concreta del fondo que siempre pone en jaque a la forma..., la costumbre a la ley... como en otros lugares donde existe un juzgado de paz.

 

PUNO:
Entre el deseo y la realidad

Hace frío en Juliaca, especialmente para los que llegan de la selva puneña (Sandia). La gente sueña con el partido Brasil-Holanda, pero puede más el deseo, la voluntad de aprender. Están presentes 79 jueces de las zonas aimara, quechua y mestiza. Algunos desde la frontera con Bolivia, otros de Carabaya, a más de cuatro mil metros de altura, donde alguna vez un misionero quiso construir una pista de esquí.

Al comenzar el curso se les pidió nombrar las características más importantes de la justicia de paz y mencionaron honestidad, imparcialidad, honorabilidad. Sin embargo, cuando se les pidió la opinión de la gente sobre la Justicia de Paz, aparecieron palabras como corrupto, inmoral, ladrón. Pésima imagen. El deseo y el cómo deben ser las cosas se encontraron bruscamente con la realidad. Las miradas se perdieron, hubo silencio, algunos se resistieron, trataron de justificarse. Sin embargo, la realidad puede cambiar en la medida en que la voluntad del hombre lo quiera y la capacitación busca generar estos cambios.

 

ANCASH:
Dos talleres, un objetivo

El Niño ha asolado la región, pero no ha impedido la gran concurrencia de los jueces a los dos talleres de capacitación. Varios de ellos se trasladaron por horas en mula en los que fueron caminos. Dos meses han pasado desde el taller de Jimbe y el segundo taller en Chimbote tenía sabor a un reencuentro de amigos.

Las preguntas eran más profundas: ¿Diferencia entre demanda y denuncia, entre resolución y sentencia? Los jueces de paz no quieren ser engañados por algunos leguleyos que aparecen en sus zonas. Un tema llevó a reflexión: la situación de la mujer. Preguntados por qué sólo había tres mujeres en el curso, los jueces varones mostraron incomodidad. El machismo es una realidad cotidiana, de la que los propios jueces son parte. En el primer taller notamos que inclusive en casos de violencia familiar, presionan a la mujer para que perdone a su esposo o conviviente.

 

TACNA:
¿Puede un abogado ser juez de paz?

En Tacna y Moquegua la diferencia entre los jueces de la costa y la sierra es más radical que en otras regiones. Mientras unos vestían terno y corbata, y cada cinco minutos salían a contestar su celular, los jueces de Candarave o Mariscal Nieto serían afortunados si hubiera teléfono en sus caseríos y emplean el aimara para atender al público.

Pero la mayor diferencia se debía al alto porcentaje de abogados-jueces de paz en Tacna, Ilo, Toquepala y Cuajone. Como señaló un expositor de la Corte Superior, nombrar abogados desnaturaliza el cargo de jueces de paz. Se hizo evidente que tienden a ceñirse a la ley, a poner de lado su sentido común y a veces también su sensibilidad (sólo las abogadas mostraban mayor preocupación por los casos de violencia familiar y alimentos). No existen criterios como la armonía comunal, las costumbres locales. Frente a la población, no tienen el trato horizontal de un vecino, sino la actitud distante de un "profesional". Pensamos que se debe revisar el artículo 69 de la Ley Orgánica del Poder Judicial que otorga preferencia a los abogados para este cargo.