Entrevista a Carlos Rodríguez Saavedra
Perú: aprender a mirarnos desde dentro
Eduardo Lores y Carlos Rodríguez Saavedra conversan sobre La lucha con el ángel, último libro de Rodríguez Saavedra. En la cadencia de este fino diálogo se hilvanan temas como la búsqueda de la verdad en el arte, la honestidad en el artista, la libertad y entrega de Sérvulo Gutiérrez, y reflexiones sobre el Perú, su desigualdad y la globalización.
"Dueño de un estilo exquisito y preciso, Carlos Rodríguez Saavedra, con apenas dos libros, se ha convertido en uno de los prosistas de mayor calidad. La lucha con el ángel es una galería de retratos de pintores, ensayos sobre temas peruanos, recuentos de episodios y descripciones de hechos cotidianos reveladores. La variedad y el interés de sus temas son una garantía para lectores interesados en diversos aspectos de la cultura y la vida peruana..."
Suscribo plenamente la introducción. Carlos, ¿cómo surge este segundo libro tuyo?
Este libro, como el anterior, fue iniciativa y es obra de unos amigos a los que tengo que agradecerles, en realidad, la autoría del libro. Yo he escrito los textos, pero yo no soy el autor de este libro, como no soy autor del otro.
Uno de los textos, Las vacaciones, es un relato bellísimo; como una perla de lo perfecto pero no ha traído otros hermanos; no está acompañado, digamos, de un collar que permita una publicación de relatos tuyos, ¿o están allí y nadie los ha encontrado, nadie ha tenido la osadía...?
Yo nunca me he considerado un escritor profesional en el sentido exacto del término. Soy más bien un vago en el campo de la escritura en general y de la crítica y he escrito estos textos sin ninguna intención de que se editaran. Apareció la posibilidad y se han publicado. No me he propuesto nunca concluir una obra, ordenarla. Es gracias a estos amigos que estos papeles han sido recogidos.
Dirías, como Pedro Salinas refiriéndose a uno de sus libros de poemas: "Forjé un eslabón un día y luego otro y luego otro. Apareció la cadena".
Exactamente.
Bueno, ojalá que siguieras haciendo eslabones en el campo de la narrativa, porque verdaderamente me parece redondo Vacaciones y luego Alis, que es como su coda. Tu punto de partida es una gran sensibilidad estética que tiene como objeto, en la mayoría de los casos, la reflexión sobre el arte, donde se traduce ese amor, creo yo, entrañable al Perú, visto a través de productos estéticos ¿no es así?
Lo que tú acabas de anotar, que es muy exacto, yo no lo había percibido sino cuando salió el primer libro, en que me parece que fue Felipe Ortiz de Zevallos quien señaló en un artículo que publicó en El Comercio, esa presencia del Perú. Ese efecto, no ha sido deliberado, nunca en esos pequeños textos que he escrito..
Son casi aforísticos, son realmente breves, sintéticos; dan la impresión de algunas de las formas de la filosofía contemporánea que tiene sus raíces, tanto en los fragmentos presocráticos como en los proverbios del Antiguo Testamento. Uno de los referentes podría ser Nietzsche por un lado, Wittgenstein por otro. Aunque creo que si tuviéramos que referirnos a algún filósofo que influye en tu punto de vista sobre el arte, creo que no podríamos dejar de pensar en Heidegger.
Es como si estuvieras leyéndome el pensamiento.
Considero que tu acercamiento a la crítica, hablando en el sentido más amplio de la palabra, tiene una base más filosófica que de historia del arte.
Sí, sí.
Y no sólo filosófica, yo diría un poco más, ontológica. Es decir, hay una búsqueda del ser de la obra de arte, del ser del arte mismo y del ser del artista, sin dejar de lado, obviamente, la contextualización histórica de los objetos vistos.
Se trata de la preocupación por el ser de la obra de arte y el modo de la aparición de la obra de arte. Es como si estuviéramos conversando sobre algo, gracias a tu iniciativa, de lo que yo nunca he hablado, pero que aparentemente se trasluce ¿no?
Y otro de los temas que van ligados, creo yo al del ser de la obra, del artista y del arte mismo, es el de la verdad. Ese es un tema que se trata muy poco en la crítica común, que se mantiene a un nivel distinto, histórico, pseudo científico; a veces pretende imitar el lenguaje de la ciencia, es una simulación permanente. Pero en tus escritos encuentro una búsqueda de la verdad que está detrás de la obra. ¿Podrías explayarte un poco sobre esa visión de la crítica?
Es como lo acabas de vincular al principio a la posición de Heidegger. La obra de arte se orienta hacia la revelación de la verdad, hacia al desocultamiento de la verdad, que es la verdad de ser ¿no es cierto? Lo cual es también, como ocurre con Heidegger, aparentemente un juego sin salida, porque no se llega a conocer la verdad del ser. Pero la honestidad de un artista es ir hacia eso, hacia ese desocultamiento, hacia esa búsqueda.
Y ese es otro de los temas, el de la honestidad, la deshonestidad, la falta de ética. Lo que pasa es que mucho de la crítica, del periodismo que tiene como tema el arte se ha dejado tocar por elementos externos al arte como son el mercado, el poder, etc. que son fortísimos. Son como un virus, basta que se descuide uno y ahí está presente y eso lo sabes perfectamente. Según lo leído, veo que estás inmunizado, considero tu actitud y tu posición como un oasis donde la reflexión sobre el arte está incontaminada. Muy por el contrario, es una forma de especulación sobre la verdad.
En el caso de tu trabajo sobre Sérvulo, que es uno de los más largos, más extensos e intensos, esa temática también está presente. ¿Cómo así te acercas a la obra de Sérvulo?
Bueno, mi amistad con Sérvulo no era una amistad de participación en los días de bohemia, pero sí había una capacidad de entendimiento natural, sin ninguna pretensión de profundizar ni de tratar temas, jamás. Era un modo grato de estar, de encontrarme con él..., desde siempre.
¿Y cómo era Sérvulo?
Sérvulo era una persona muy inocente y muy pura. La gente cree que haberse paseado en la noche por los bares y los restoranes; bueno, que ese tipo de existencia está ligada, como tipo de vida, a otras cosas. No, absolutamente, Sérvulo era de una pureza de niño.
Era un poco como el Nazarín de Buñuel, que es sacado de su contexto en el desierto y puesto en boites similares a las que asistía Sérvulo.
Sí, pero al mismo tiempo la misma vitalidad, una afán por la vida, un deseo de plenitud, una capacidad de entregarse, de darse...
¿Y cómo se expresa en su obra esa actitud ante la vida?
Se expresa, creo yo, por el modo en que él no tuvo ninguna formación auténtica, que al mismo tiempo en cierto instante decidió seguir las enseñanzas del pintor Petorutti, maestro argentino.
Más allá de todo eso, él va eliminando todo lo que no correspondía a su persona más profunda, y yendo hacia eso, hasta el final, sin reparos, sin cálculos, sin interés, entregando todo lo que él tenía.
Tú dices que Sérvulo acepta el yugo de la formación con disciplina para luego reprocesarla y poderse liberar de ella dejando que aflore nuevamente ese salvaje, ese fauve, que tenía adentro.
Ese demonio... El busca la disciplina y luego la va abandonando, pero a través de ese proceso realiza obras realmente muy importantes, porque es la conjunción de los extremos. Petorutti era un pintor extremadamente riguroso, post-cubista, muy disciplinado, y Sérvulo era todo lo contrario, era la libertad, el desorden, la vitalidad, la entrega.
Y esa entrega, dices tú, es un camino difícil de búsqueda de su propia autenticidad.
Sí, yo creo que, volviendo a lo anterior, él buscaba un modo de expresar, y eso pasaba por él mismo, el sentido de la existencia del mundo. Pasaba a través de él mismo y de los temas que tocaba, paisajes, retratos, imágenes.
Eso es muy interesante porque tú encuentras que el arte es una forma de pensar la realidad.
Por supuesto.
Es una cosa que no toda la crítica percibe, ni la gente que reflexiona sobre el arte; la crítica europea inclusive. Suponen que la pintura está desligada de esa tensión eidética, gnoseológica del hombre.
Es la forma de búsqueda de conocimiento, de búsqueda de la verdad. Lo que ha ocurrido es que por un exceso de afirmación racionalista se ha reducido el pensar a la lógica y a sus formas derivadas.
Desde esa perspectiva tú encuentras en el arte, en la poesía, en el sentido griego de la poiesis (la creatividad), eso que le falta a la mera razón para comprender la realidad en su plenitud.
Es una indagación de la verdad por otras vías.
Pero descubres polaridades en la realidad, cosmos y caos, por ejemplo.
Claro, pero es una polaridad creada por nuestro pensamiento. De hecho es un mundo que está interrelacionado, intercomplementado, ligado en un grado indefinible e insoluble y nosotros para tratar mejor esa terrible y hermosísima realidad establecemos los términos, que son formas ya de racionalización.
Son formas de racionalización que permiten la comprensión y aferrar un fenómeno. Porque tú en realidad lo que haces con Sérvulo es una fenomenología de la obra, creo yo.
No lo había pensado así, pero es por ahí.
Yo creo que sí. Especialmente cuando estructuras su proceso como un camino hacia el cosmos y luego hacia el caos.
Sí, claro. En una búsqueda, él va hacia donde sentía que había respuestas.
No obstante supiese que ahí estaba su auto-aniquilación.
Eso no importa.
Otra polaridad es la de éxito-fracaso, un tema muy cercano a Ribeyro. Tienes un texto sobre el éxito, creo que lo tengo aquí a la mano, es interesante. Hay algo vulgar en todo éxito, constata Wilde al final de su vida. Años después Gabriel Miró concluye: Qué felicidad la insignificancia, no ser espectáculo para los otros y todos lo sean para uno mismo. ¿Podrías redondear tu concepto, tu visión del éxito?
La primera parte de la cita de Wilde está vinculada a otra del mismo autor, que está en el texto sobre Sérvulo. La cita dice: En la vida de los grandes artistas los triunfos son episódicos, pasajeros... el verdadero final es el fracaso. Y él agregaba: Cristo, Napoleón, yo.
Modestamente.
Otro texto que me parece muy importante revisar está en la página 91. Me gustaría que le dieras una revisada: Alguna vez escribí que los latinoamericanos somos invitados de segunda clase a la mesa de la cultura occidental, nuestro ingreso tardío... etc. ¿Qué es eso?, me parece un tema que de alguna manera podría generar interés y polémica.
Bueno, yo creo que son palabras derivadas simplemente de una constatación sobre nuestra realidad. El Perú y los peruanos como tales, es decir los que aparecen a partir de la conjunción de la conquista con la realidad prehispánica, ingresamos a la órbita de la cultura occidental muy tarde, en la segunda mitad del siglo XVI.
Pero en la época de la globalización, ¿no se supone que la realización de una persona en su actividad, en su proceso, en cualquier parte del mundo es reconocible en el mismo nivel en todos los otros lugares del mundo?
No. La globalización no disuelve el problema interior del Perú; ella invita y, en cierto modo, obliga a un acercamiento y a un juego conjunto, a la utilización de las mismas reglas dentro un mismo espacio; pero para que eso funcione como tal es necesario que los participantes hayan desarrollado la capacidad de jugar ese juego.
O sea que eres, digamos, un escéptico sobre la globalización, en cuanto no todos están en la misma plataforma.
No todos están en la misma plataforma, pero eso no quiere decir que sea un escéptico. Creo que es inevitable, que es una realidad, creo que como tal, realidad ya en marcha, pues, tenemos que ir a ella; pero eso significa vernos a nosotros mismos y hacer lo que tenemos que hacer.