1980–1998:
VIOLENCIA POLíTICA
Y DERECHOS HUMANOS
Somos parte de un movimiento de derechos humanos que
surgió en el contexto de un fenómeno de violencia política. ¿Qué rol,
finalmente, llegamos a cumplir? ¿Sirvió? ¿Qué ha cambiado y qué no? ¿Cuál es nuesto
espacio y nuesta función hoy?
Ernesto de la Jara
Nuestro
balance de lo sucedido entre 1980 y 1998 en el ámbito de la violencia políticas
y derechos humanos, y de las perspectivas a futuro, pasa por recordar y
analizar los siguientes puntos:
1. Que una
organización política como Sendero Luminoso estuvo a punto de hacer que el país
colapse.
2. Que la
respuesta del Estado durante más de una década fue absolutamente ineficiente.
3. Que
parte de esa respuesta siempre fue la violación sistemática de derechos
humanos.
4. Que en
torno del fenómeno de la violencia política se inició y desarrolló un
movimiento nacional de derechos humanos, con una inequívoca posición en contra
de los grupos subversivos, pero también contra las violaciones de derechos
humanos desde el Estado.
5. Que, en
el caso peruano, la salida al conflicto armado interno fue la derrota
estratégica de los grupos subversivos.
6. Que sólo
en la medida que disminuyeron las acciones subversivas, se redujeron también
las violaciones de derechos humanos de parte del Estado.
7. Que el
trabajo de derechos humanos ha logrado un cierto nivel de legitimidad que ha
contribuido a la valoración positiva de los derechos humanos en general.
8. Que la
adecuación del trabajo de derechos humanos a la situación actual, implica tener
un pie en lo "clásico" (derecho a la vida, integridad física y
libertad personal) y el otro en "lo nuevo" (democracia y derechos
económicos y civiles). Ese es el desafío principal.
Sendero
Luminoso
1980: El Partido Comunista del Perú Sendero Luminoso inicia, en
un alejado pueblo de Ayacucho (Chuschi), una guerra popular –del campo a la
ciudad– encaminada a tomar el poder, con la pretensión de convertir el Perú en
"faro" de una revolución mundial. Abimael Guzmán –primero simplemente
Gonzalo, después "Presidente Gonzalo"–, más maoísta que el propio
Mao, se cree "cuarta espada de la revolución" (antes de él sólo
reconoce a otras tres: Marx, Lenin y, por supuesto, Mao), y está convencido de
que su pensamiento –el "Pensamiento Gonzalo"– es ciencia e infalible.
De una
etapa de "defensiva estratégica" se pasaría a una de "equilibrio
estratégico", para rematar finalmente con la de "ofensiva
estratégica" (prevista más o menos para los noventa). El Estado
respondería con un genocidio que causaría un millón de muertos, lo que
provocaría que 90% de la población se pasase al campo de la revolución; luego
vendría la ofensiva final en la que las "tenazas de hierro"
(asentamientos urbanos) tomarían la capital.
Esto
abarcaba hitos, campañas y planes que en la práctica se traducían en
aniquilamientos selectivos, sabotajes, paros armados, acciones guerrilleras,
sus denominadas "modalidades" de acción.
Esa era
–sin exagerar– el tipo de lógica, de planes y de acciones de Sendero Luminoso.
Y en los hechos se materializaba en algo menos farragoso de resumir: el uso del
terrorismo como medio de acción política, sin ningún tipo de límites, y cada
vez de manera más intensa, en la medida que su capacidad de acción crecía y
hacía retroceder al enemigo (el Estado y la casi totalidad de los peruanos).
Las oleadas
a las que SL sometió al país fueron de una magnitud sin precedentes en el país
y en la región. Pocas veces debe haber existido un movimiento político con
tanto desprecio por la vida. En realidad, no hay un solo sector del país que no
haya tenido un terrible saldo de víctimas por responsabilidad directa de SL:
militares, policías, empresarios, campesinos, obreros, dirigentes populares,
alcaldes y autoridades municipales en general, parlamentarios, candidatos a elecciones,
miembros de ONG, extranjeros, miembros de la Iglesia Católica, miembros de la
Iglesia Evangélica, miembros de grupos indígenas, etcétera.
El
desprecio por la vida incluía la de su propia gente. Recordemos la famosa
"cuota": había que llevar la vida en la "punta de los
dedos" y saber que un buen número moriría por la revolución. Y así, muchos
jóvenes senderistas no tenían ni la más mínima duda de inmolarse y morir
cantando, como cuando, por ejemplo, se enfrentaban a las fuerzas del orden en
los violentos operativos realizados para recuperar las cárceles tomadas por
ellos.
Quizá sólo
una vez SL valoró la vida por encima de todo: cuando cayó preso Guzmán; no hubo
ni la más mínima resistencia; no se disparó ni un solo tiro; y Elena
Iparraguirre, que estaba con él durante la detención, pidió que "no toquen
al presidente"; muy poco después –paradójicamente– se acuñó la consigna
"salvemos la vida del Presidente Gonzalo".
1992: Sendero Luminoso, ese movimiento inicialmente minúsculo y
marginal, fundamentalista, totalmente fuera de época y terrorista, no sólo se
había mantenido durante doce años, sino que había avanzado de una manera
impresionante y peligrosísima: capacidad de acción en casi todo el país; había
anunciado que ya estaba en la etapa de "equilibrio estratégico";
podía someter a todo el país a oleadas de violencia totalmente sincronizadas;
en determinados escenarios regionales había comenzado a construir sus "comités
populares abiertos", embriones del nuevo Estado; en determinadas zonas
había hecho una alianza con el narcotráfico; y, lo más importante, había
conseguido aterrorizar a la población y dar una imagen de invencible.
Sendero
estaba, así, "ganando la guerra". Se había convertido en "el
problema número 1" y había "puesto en cuestión la viabilidad del Perú
como país" (terminología de la época). Después de las oleadas de violencia
de julio de 1992 (el atentado de Tarata incluido), se comenzó a discutir –en el
Perú y en varios países fronterizos, y hasta en el Congreso de Estados Unidos–
si Sendero "podía o no tomar el poder".
Y la
cuestión no era para broma: el triunfo de SL sería como si Pol Pot y los khemer rouge tomaran el poder, sólo
que ya no en Camboya sino en nuestro país.
Así fue. Y
esto no se puede negar ni olvidar aduciendo que ésta era una invención de los
senderólogos y que SL era un bluf,
porque luego se descubrió que eran pocos y no tenían muchas armas. Es cierto
que SL fue siempre una minoría, porque nunca llegó a captar las simpatías o la
adhesión de sectores significativos de la población, que nunca fue
representativo de nada, que su proyecto era absolutamente inviable, que sus
métodos eran terroristas; pero también lo es que se trataba de un proyecto
político (de ahí lo de violencia política) que durante más de una década avanzó
y llegó a poner en jaque al país.
El MRTA
El
Movimiento Revolucionario Túpac Amaru, organización inspirada en Cuba y en la
experiencia guerrillera de Centroamérica, optó por lanzarse a la lucha armada
en 1984, pero en 1995 la suspendió por un año porque el ascenso al poder de
Alan García generó expectativas en Polay, su líder máximo, y sus seguidores.
Inicialmente
esta organización intentó diferenciarse de Sendero Luminoso en cuanto al uso
ilimitado de la violencia, pero rápidamente incurrió en prácticas del mismo
tipo. Por ejemplo, asesinó a pobladores y dirigentes asháninkas que constituían
un obstáculo para su avance en determinadas zonas; secuestró permanentemente a
empresarios, a quienes mantenía durante meses en condiciones de cautiverio
infrahumanas, luego de lo cual muchas veces los mataba, en ocasiones inclusive
después de que habían pagado el cupo solicitado. Hubo también una clara
vinculación con el narcotráfico y muchos casos de "ajustes de
cuentas" entre ellos mismos y con los senderistas.
Pero aparte
de lo condenable de sus métodos, el "drama" del MRTA fue que –a
diferencia de Sendero Luminoso– en ningún momento llegó a avanzar
significativamente en la lógica de sus planes y objetivos, por lo que nunca fue
una verdadera amenaza para el país San Martín. Sólo tuvo una presencia
relativamente importante en algunas zonas, y llegó a realizar algunas acciones
espectaculares, como fugas de penales, y, la más reciente, la toma de la residencia
de la Embajada del Japón.
Es
precisamente por eso, porque nunca tuvo una fuerza significativa, que en el
contexto de la toma de la residencia del embajador se decía que lo perdieron
todo cuando no aprovecharon oportunamente lo que habían logrado en las
tratativas con el Gobierno a partir de un hecho absolutamente repudiable como
el secuestro masivo de personas, pero que para ellos pudo ser no sólo su
salvación sino su mejor momento.
La
respuesta del Estado
El poder
civil opta casi desde el comienzo por privilegiar una respuesta exclusivamente
militar –represiva–, entregando su conducción a los militares. Se crean zonas
de emergencia bajo el poder de comandos político-militares. Esta situación de
excepcionalidad se va extendiendo por todo el país, en la medida que Sendero se
va expandiendo, ¿y cerca.. del
territorio del país llega a estar bajo estado de emergencia durante más de una
década?
Como por
razones obvias no se puede entrar a explicar el detalle de la evolución de la
estrategia antisubversiva, nos limitamos a poner el énfasis en sus resultados:
1) ineficiencia; 2) violaciones de derechos humanos.
Ineficiencia
porque, como ya se ha visto, Sendero no sólo se mantuvo sino que avanzó hasta
niveles impensables; y violaciones de derechos humanos, como dato objetivo e
innegable de la realidad.
Desapariciones
de personas después de haber sido detenidas por miembros de las Fuerzas Armadas
o Policiales: Sólo en el primer año que entraron los militares a Ayacucho hubo
casi 800 desaparecidos en ese departamento. Se sabe que de la Fiscalía han
pasado a la Defensoría del Pueblo cerca de 3.000 denuncias de desapariciones.
Durante varios años Naciones Unidas consideró al Perú como el país con más
desaparecidos en el mundo. Cifras extraoficiales dan cuenta de alrededor de
6.000 desaparecidos. Siempre se ha pensado que esta cifra puede ser mucho
mayor, tomando en cuenta que las víctimas eran por lo general personas humildes
con miedo de denunciar.
Ejecuciones
extrajudiciales: Año a año se fueron descubriendo fosas comunes y los llamados
botaderos de cadáveres.
Tortura y
violación sexual: Existen numerosos testimonios de torturas y violación sexual
como una manera habitual de conseguir información o de lograr una
autoinculpación. Desde hace varios años el Comité Contra la Tortura de Naciones
Unidas está expresando su preocupación por lo que sucede en el Perú en esta
materia, así como por la inacción del Estado para adoptar medidas.
No es
gratuito, entonces, que dicho Comité haya venido recientemente al Perú, siendo ésta
su segunda visita desde su creación en 1990. ¿Cuál fue el país que visitó
primero? Nada menos que Turquía, lo que es muy revelador de la situación.
Detenciones
arbitrarias: Tampoco hay nada que demostrar, desde que se ha tenido que crear
una Comisión especial (la Comisión Ad Hoc del padre Lanssiers) para identificar
casos de inocentes entre los presos por terrorismo.
Impunidad:
Pese a las constantes y gravísimas violaciones de derechos humanos que se
produjeron durante tantos años, se puede decir, sin exagerar, que no ha habido
ni un solo caso que haya sido investigado a fondo, hasta llegar a los mandos
involucrados y, menos, que haya sido ejemplarmente sancionado. En el caso de La
Cantuta se condenó a parte de los ejecutores a penas significativas, pero al
año fueron beneficiados con la Ley de Amnistía. Ley que cerró el círculo de la
impunidad –transitoriamente, por lo menos–, pues amnistió a todo el que hubiera
violado derechos humanos entre 1980 y 1995.
El
trabajo de derechos humanos en un contexto de la violencia política
En la
medida que aparece y se desarrolla este fenómeno de violencia política, surge y
se consolida un movimiento nacional de derechos humanos, constituido por ONG de
derechos humanos.
Se discutió
si convenía más una sola organización fuerte y vinculada a la Iglesia, como
podría haber sido el caso de la Vicaría de Solidaridad de Chile, o si eran
preferibles varias organizaciones. Se optó por una fórmula intermedia y mixta:
varias organizaciones por todo el país (algunas desde Lima pero con proyección
nacional y otras locales), pero con un espacio de coordinación y
centralización, donde todos los grupos de derechos humanos confluyeran en torno
de una plataforma de principios en común. Diversidad pero a la vez unidad.
Este
proceso se inició desde los primeros años de la década de los ochenta y se
institucionalizó cuando, en 1985, se formalizó la Coordinadora Nacional de
Derechos Humanos.
¿Cuál era
la posición y en qué consistió básicamente la función de este movimiento de
derechos humanos?
Contra
la subversión
Frente a
Sendero Luminoso y al MRTA, inequívoca condena. Si bien hubo en el país quienes
intentaron vincular al movimiento de derechos humanos con la subversión, o, en
el mejor de los casos, que fuera percibido como un conjunto de "tontos
útiles", lo cierto es que dicho movimiento optó desde el inicio por el
rechazo, y hay pruebas muy claras de ello:
- Uno de
los principios para integrar la CNDH es el rechazo del terrorismo y la
violencia en general; otro, el compromiso con la democracia.
- Todos los
organismos de derechos humanos decidieron no patrocinar legalmente casos de
personas efectivamente vinculadas con la subversión (salvo que estuviera en
peligro su vida o su integridad física).
- Todos los
informes sobre derechos humanos comenzaban con un recuento de atentados y
víctimas producidos por Sendero Luminoso y el MRTA.
Pero la
prueba más clara fue y es, sin lugar a dudas, la posición de Sendero frente a
los derechos humanos y las ONG. En muchos de sus documentos sostienen que los
derechos humanos no existen, y sólo reconocen los "derechos del
pueblo", y acusan a las instituciones de derechos humanos de ser
"válvulas de escape" y "cómplices del imperialismo".
Posición que se materializó en constantes y permanentes amenazas contra instituciones
y defensores de derechos humanos.
Con el
Estado, pero contra la "guerra sucia"
El
movimiento de derechos humanos condena la subversión armada y no le reconoce
ningún tipo de legitimidad, tanto por el rechazo de la violencia como cuestión
de principios, por porque la lucha armada empezó justo cuando se había iniciado
un período democrático después de doce años de gobiernos militares, y justo
cuando toda la izquierda representativa había optado por la vía legal. Ello no
obstante, el movimiento por los derechos humanos planteó desde el comienzo, y
durante todo el tiempo, una estrategia integral de pacificación, democrática,
respetuosa de los derechos humanos y basada en el respaldo de la población.
Pero como
la respuesta desde el Estado devino rápidamente en todo lo contrario, el
movimiento de derechos humanos optó por denunciar y cuestionar permanentemente
a los sucesivos gobiernos, acusándolos una y otra vez de violaciones de
derechos humanos como una práctica sistemática, en el sentido de violaciones de
derechos humanos graves, recurrentes, permanentes e impunes. La situación se
solía resumir con las siguientes expresiones: se ha optado por combatir la
barbarie con la barbarie; el terrorismo con el terrorismo de Estado, "con
los mismos métodos del enemigo", "guerra sucia".
En el nivel
nacional, el papel inicial y fundamental del movimiento de derechos humanos fue
el de sacar a luz y hacer percibir a la población que estas violaciones de
derechos humanos eran reales, y no una invención o exageración de los grupos de
derechos humanos. Labor nada fácil y que más bien encontraba anticuerpos en
muchos sectores, básicamente por dos razones: el salvajismo de los grupos
subversivos hacía que muchos justificaran cualquier tipo de respuesta; y la
legitimidad de los gobiernos, al tratarse de gobiernos democráticos, en el
sentido de legítimamente elegidos (la única excepción fue el autogolpe del 5 de
abril de 1992).
Se usaron
todos los recursos posibles para lograr llamar la atención sobre las constantes
y gravísimas violaciones de derechos humanos cometidas por miembros de las
Fuerzas Armadas y Policiales y por grupos paramilitares (siempre percibidos
como orgánicamente dependientes de determinadas instancias del Estado y parte
de la estrategia antisubversiva): denuncia nacional e internacional; acciones
legales nacionales e internacionales; campaña de sensibilización, educación y
promoción; información e investigación; etcétera.
Y ese fue
el principal logro en este ámbito: nacional e internacionalmente se reconoció y
aceptó que en el Perú se violaban los derechos humanos permanentemente como
parte de la estrategia antisubversiva. A partir de una determinada época nadie
lo podía negar, y más bien se pasó a la justificación, o a decir que se
exageraban o que era en una proporción menor que en otros países.
Internacionalmente
es el inicio del monitoreo y fiscalización de lo que sucedía en el Perú en
materia de derechos humanos y democracia, lo que parecía ser algo fundamental
en términos de presión.
El
movimiento de derechos humanos pasó a ser considerado enemigo del Gobierno y
del Estado, lo que originó desde campañas de desprestigio sumamente fuertes,
siempre con el sambenito de cómplices de la subversión o tontos útiles, hasta
amenazas y atentados. Hubo defensores de derechos humanos víctimas de
desapariciones, detenciones por terrorismo, sobres bombas.
Esto a
pesar de que el movimiento de derechos humanos optó inequívoca y explícitamente
por estar del lado del Estado y siempre consideró que los sucesivos gobiernos
tenían el derecho y el deber de derrotar política y militarmente a la
subversión. A diferencia de otras experiencias, en el Perú el movimiento de
derechos humanos no sólo buscaba la "humanización de la guerra", sino
su fin, es decir, fue una clara opción por la paz.
Derrota
de la subversión y descenso de violaciones de derechos humanos
A partir de
1992 "cambió el curso de la guerra interna", desde que Sendero
Luminoso comenzó a sufrir "reveses estratégicos" (captura y rendición
de Abimael Guzmán; generalización de las rondas campesinas; cambios en la
estrategia antisubversiva; SL se traslada a la periferia de la capital), y no
logra –ni mínimamente– la adhesión de los sectores más pobres; cae mucha
información a partir de allanamientos, capturas y Ley de Arrepentimiento.
A partir de
entonces se inició un desmoronamiento de SL y un descenso significativo de sus
acciones. Si bien hasta ahora siguen existiendo algunos bolsones de violencia
donde todavía hay un nivel importante de presencia senderista y alguna del MRTA
(sobre todo en la selva central, el Huallaga, parte de Ayacucho), y en algún
momento hay rebrotes, el nivel de la subversión en general no es ni la sombra
de lo que era antes, y es muy difícil –aunque no imposible– que esta situación
se revierta.
El descenso
de la violencia subversiva trajo como consecuencia una reducción importantísima
de las violaciones de derechos humanos cometidas por miembros de las Fuerzas
Armadas y Policiales en el marco de la estrategia antisubversiva. Desde hace
por lo menos tres años casi no se registran desapariciones y ejecuciones
extrajudiciales de la misma magnitud que en el pasado. Este hecho es en sí
mismo, sin importar sus causas, sumamente positivo, y hay que reconocerlo.
Ahora, cabe
hacer las dos salvedades que solemos plantear: 1) existen zonas en las que
persiste la violencia y no hay acceso a ellas y, por tanto, se tiene poca
información; y, 2) el descenso de las violaciones de derechos humanos fue una
especie de efecto natural de la derrota militar y policial de los grupos
subversivos.
Esto último
es importantísimo, pues significa que el cambio de la situación de derechos
humanos no ha sido producto de una voluntad política, expresada en la
incorporación de modificaciones normativas e institucionales, sino un efecto
natural, algo que no ha sido provocado sino que ha caído por su propio peso.
Esto quiere decir que no se llega a entender que las violaciones de derechos
humanos no deben ocurrir, al margen de si el país vive o no una situación de
emergencia como fue el fenómeno subversivo.
Este cambio
en el contexto nacional en términos de fuentes de violencia y de violaciones de
derechos humanos, trajo como consecuencia, también, un cambio en el trabajo de
los organismos de derechos humanos. Aunque este cambio de ninguna manera
significó una ruptura total con temas y preocupaciones del pasado, sí
representó una readecuación de estrategias en relación con ellos, y,
adicionalmente, la incorporación de otros temas y preocupaciones en función de
necesidades y prioridades propias de una nueva situación.
El
trabajo de derechos humanos hoy
Los grupos
de derechos humanos suelen decir que actualmente tienen un "pie" en
el trabajo clásico, cuyo origen se encuentra en los años de mayor violencia
política, y el otro en nuevos ámbitos; y que el desafío consiste justamente en
poder hacer las dos cosas sin perder el equilibrio.
El trabajo
clásico de defensa y promoción de los derechos a la vida, a la integridad
física y a la libertad personal se sigue haciendo por las siguientes razones:
- El fenómeno de la violencia política no ha concluido por
completo, como ya se ha mencionado, y nunca se puede pensar que se trata de
algo totalmente irreversible.
- Algunas violaciones de derechos humanos que en el pasado
estuvieron muy ligadas al fenómeno de violencia política, se han autonomizado y
se han convertido en males endémicos. Es el caso, por ejemplo, de la tortura,
que se ha convertido en un método habitual de investigación judicial y de extorsión.
Inclusive se han incorporado cambios institucionales que de alguna manera
propician esta práctica (por ejemplo, se le ha otorgado valor probatorio al
atestado policial prejudicial).
- La sociedad no ha procesado aún los quince años de gravísima
violencia política; ni sobre qué fue lo que permitió que este proceso surgiera
y se desarrollara; ni sobre qué fue lo que realmente cambió el curso de los
acontecimientos. Inmediatamente se ha pretendido "pasar la página",
lo que no ha permitido entender a cabalidad e internalizar experiencias.
- Quedan todavía temas, problemas y preocupaciones que se
originaron en los años de mayor violencia y que requieren ser abordados:
. Impunidad: Hay coincidencia en la necesidad de crear
condiciones para investigar la verdad.
. Inocentes en prisión: Existe ya una agenda resuelta, pero
queda una agenda pendiente.
. Desplazados y reconstrucción de las zonas más afectadas por
la violencia.
. Reparación a todos los afectados por la violencia.
. Traumas y heridas producto de una guerra interna.
En relación
con todos estos temas, los grupos de derechos humanos continúan trabajando y
alcanzando logros importantes.
Nuevos ámbitos del trabajo de
derechos humanos
Desde que
la situación de violencia política comenzó a disminuir significativamente,
sobre todo a partir de la caída de Guzmán en 1992, los grupos de derechos
humanos se propusieron anticipadamente una redefinición y una readecuación que
en cierta medida ya se está produciendo.
De alguna
manera se plantearon algunas líneas de evolución generales:
- Derechos civiles y políticos con una mayor amplitud
(fundamentalmente institucionalidad democrática).
- Derechos económicos y sociales desde una perspectiva de
derechos humanos.
- Especialización del trabajo de derechos humanos en un sector
(por ejemplo, jóvenes).
- Espacios locales.
Varios años
después de haberse iniciado esta evolución, lo común del trabajo de derechos
humanos es, primero, la continuidad del trabajo clásico en torno de los temas pendientes
del período de violencia política, y, segundo, también con mucha fuerza, el
trabajo en torno de la institucionalidad democrática y el estado de derecho. Si
bien estos son los espacios de un mayor trabajo en común, las instituciones han
ido incorporando individualmente otros ejes de preocupación. Así, varios
organismos locales están trabajando –como es lógico– espacios de desarrollo
local y también derechos económicos y sociales, por las condiciones de extrema
pobreza del entorno.
La razón
que explica que el tema democracia haya pasado a ser un nuevo eje articulador
del trabajo por los derechos humanos es relativamente clara y sencilla: la
consolidación en el país de un régimen claramente autoritario, que ha
intervenido con fines políticos casi todas las instituciones del país y que
pretende perpetuarse en el poder por encima de la Constitución. La tensión
autoritarismo-democracia ha pasado a ser tan grave como la violencia política.
Es
importante destacar el hecho de que esta evolución ha sido posible hasta ahora
y se viene dando; podría haber ocurrido que, "desaparecida" la
situación para la que surgió un determinado tipo de movimiento de derechos
humanos, éste desapareciera o perdiera sentido. Es un indicador más de que el
movimiento de derechos humanos ha alcanzado un cierto nivel de legitimidad, más
allá de errores, debilidades y limitaciones.
Esta situación –la capacidad de tener un pie en lo de
siempre y un pie en lo nuevo–, a la vez que es un logro, sigue siendo el
desafío central del movimiento de derechos humanos que se desarrolló en los
años de mayor violencia política. Aunque parezca un juego de palabras las
preguntas son: ¿cómo seguir haciendo lo mismo, pero, a la vez, no seguir
haciendo lo mismo?; ¿cómo seguir haciendo un trabajo de derechos humanos
clásico mientras sea necesario, y, a la vez, incorporar nuevos temas y
preocupaciones, pero siempre desde la perspectiva de derechos humanos? ¿Cómo
hacer trabajo de derechos humanos ya no sólo por la vida, sino también por la
democracia y por derechos económicos y sociales?
Los
organismos de derechos humanos no sólo condenaron desde el comienzo a los
grupos subversivos, sino que ayudaron a lograr un resultado muy importante
contra ellos: contribuyeron a aclarar la verdadera naturaleza de SL y el MRTA y
sus respectivos proyectos, tanto en el ámbito nacional como en el
internacional.
La
caracterización que se hacía de ambos grupos, la condena permanente de sus
métodos, sus acciones y de sus proyectos políticos, de hecho ayudó a que, por
ejemplo, se generalizara el rechazo en los sectores populares, en los que las
ONG en general tenían una presencia importante; si tal rechazo no hubiera
ocurrido, quizá hoy estaríamos lamentando otro desenlace.
Igual
ocurrió internacionalmente, ámbito en el que tanto SL como el MRTA ponían mayor
esmero en dar una mejor imagen, dado que buscaban el reconocimiento y apoyo.
Las ONG de derechos humanos ayudaron a desvanecer cierta confusión inicial que
hubo por lo menos en algunos sectores que creían que se trataba de movimientos
justicieros, románticos y que constituían las organizaciones políticas de los
pobres.
Esto, como era lógico, provocó las iras de los grupos
subversivos contra el movimiento de derechos humanos, lo que hizo que los
ataques y amenazas fueran constantes y permanentes.
Algunas de
las causas internas y externas que ayudaron a que el movimiento de derechos
humanos avanzara y adquiriera cierta importancia:
‑ La existencia de un solo movimiento de
derechos humanos y de una sola voz en torno de la Coordinadora Nacional de
Derechos Humanos (la joya de la familia).
- Red de instituciones diversas en todo el
país, con funciones muy distintas.
‑ La participación activa de la Iglesia
Católica en el movimiento de derechos humanos, y luego, también, la de la
Iglesia Evangélica.
‑ Una real posición en contra de la violencia
en general (legitimidad).
‑ Preocupación por la credibilidad (dijimos
que había miles de desaparecidos, y los había; miles de inocentes en las
cárceles, y los había).
‑ Reconocimiento internacional como fuente y
referente.
- Sin miedo a estar a contracorriente pero
sin vocación de marginalidad (puentes con otros sectores).
- Crisis de instituciones del Estado
(Ejecutivo, Poder Judicial, etcétera) y de la sociedad civil (partidos,
gremios, etcétera).
- Compromiso
paulatino de los medios de comunicación y periodistas con la causa de los derechos
humanos.
Algo de lo
que últimamente se ha comenzado a hablar mucho –a modo de tema que se vuelve de
moda– es de la "perspectiva de derechos humanos" como elemento de
identidad del trabajo de derechos humanos. ¿Qué define de manera esencial el
trabajo de derechos humanos? Una perspectiva. ¿Y qué define esa perspectiva? En
eso se está, en llenar de contenido eso de la perspectiva de derechos humanos.
Y ya se están señalando algunos elementos.
Uno
primero es que la perspectiva de derechos humanos implica –como la propia
expresión lo indica– acercarse a los temas o problemas desde una perspectiva de
"derechos". Derechos contenidos tanto en los ordenamientos jurídicos
nacionales (constituciones y leyes) como en el ordenamiento jurídico
internacional (tratados y recomendaciones internacionales).
La
consecuencia práctica de esto es sumamente importante: la perspectiva de
derechos humanos implica un componente de obligatoriedad, de efecto vinculante.
Lo segundo
es que no se trata de cualquier tipo de derechos, sino que, al ser derechos
humanos, se está hablando de derechos universales, irrestrictos, indivisibles y
todas las características que forman parte del origen y desarrollo de la
concepción de derechos humanos
Esto
también tiene consecuencias prácticas: la posibilidad de utilizar mecanismos de
protección especial en los ámbitos nacional e internacional.
A su vez,
si son universales por encima de cualquier condición personal o social, está
muy cerca –algunos lo identifican– del ámbito de la ética, de la moral.
Al pasar los organismos de derechos humanos –por
decirlo de alguna manera– de un trabajo exclusivamente "clásico" a
uno "no clásico", uno de los desafíos es, justamente, cómo plantear
esta perspectiva de derechos humanos en relación con situaciones en las que
delimitar el derecho o su contenido esencial resulta distinto y –no se puede
negar– más complejo. Es indiscutible que las violaciones de los derechos a la
vida, a la integridad física y a la libertad personal son mucho más fáciles de
identificar, plantear y sustentar que las violaciones de otros derechos civiles
y políticos (democracia) y de derechos económicos, sociales y culturales. En
este proceso está el trabajo de derechos humanos.
Hay
estrategias y estilos sumamente característicos del trabajo de derechos
humanos, que, finalmente, han demostrado ser bastante eficaces, a pesar de
todo, por lo que deben tratar de aprovecharse en otros ámbitos. Nos referimos a
aspectos como:
- La combinación de casos y causas: el levantar y defender
casos paradigmáticos, en el sentido de representativos de una situación
general, y, a través de ellos, construir una causa que exige resolver casos
concretos y a la vez situaciones generales.
- La combinación de una labor de denuncia, con defensa legal,
educación, información y promoción. La educación en derechos humanos es, por
ejemplo, un acumulado importantísimo del trabajo en derechos humanos, tanto en
el nivel regional como en el nacional.
- La combinación del trabajo nacional con el trabajo
internacional. En lo internacional, los posibles niveles de actuación son muy
diversos y cada vez se amplían más: Naciones Unidas y OEA; organismos
internacionales de derechos humanos; estados y gobiernos; organismos
bilaterales; etcétera. En última instancia, es cómo aprovechar la presión
internacional, cada vez más fuerte por efectos de la globalización. Tema
polémico, lleno de incoherencias y paradojas, pero que constituye una realidad
a favor de los derechos humanos.
- El trabajo apoyado en redes nacionales e internacionales.
- El trabajo especializado, pero intentando involucrar y
diversificar sectores de apoyo a través de una labor de sensibilización y
movilización (la prensa).
- El
vínculo con el Estado: siempre será conflictivo, pero a la vez es importante
ser interlocutor y referente. A este nivel se abren nuevas perspectivas en
torno de instituciones especiales, como, por ejemplo, la Defensoría del Pueblo.