"Operación Cóndor":
La conexión peruana
Susana Villarán
Nunca como
ahora, a partir del fallo de la Comisión Jurídica de la Cámara de los Lores en
Gran Bretaña que desconoce la inmunidad de Augusto Pinochet, se pasó de lo
abstracto a lo concreto en la aplicación del derecho internacional de los
derechos humanos. Comprobamos finalmente que la justicia también se globaliza,
que los crímenes contra la humanidad no siempre quedan impunes y que,
independientemente de la suerte que correrá Pinochet, siempre habrá un antes y
un después del 25 de noviembre.
Los
crímenes de lesa humanidad, como sostuvo en su auto acusatorio el juez español
Baltazar Garzón, "son imprescriptibles, sus responsables no disfrutan de
inmunidad diplomática ni pueden obtener estatuto de refugiado ni asilo
político, y todos los Estados del mundo están obligados a perseguirles y a
colaborar en la persecución que de tales crímenes hagan otros Estados".
Amparándose
en la legislación española y en las convenciones contra el genocidio y contra
la tortura, entre otros instrumentos internacionales, el juez español ordenó
prisión incondicional para el dictador chileno. Pinochet, según sostiene el
magistrado, cometió, en sus largos diecisiete años de control ilegal y férreo
del poder, una serie de crímenes y actividades delictivas no sólo en Chile,
sino que, en el marco de la "Operación Cóndor", alargó el oscuro
brazo del crimen a otros países –entre ellos a España–, para lo que coordinó
activamente con dictadores de países como la Argentina.
El Perú no fue ajeno a estas actividades criminales, como lo prueban
las investigaciones periodísticas de Edmundo Cruz. Destacado periodista de
investigación en el Perú, Cruz ha dedicado gran parte de su vida profesional a
desentrañar muchos "misterios" que están en el corazón de graves
violaciones de los derechos humanos en nuestro país. Su nombre estará
permanentemente asociado a la investigación sobre el crimen de La Cantuta; por
ello, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos lo premió en 1993. Por la
calidad de su trabajo y su valentía recibió hace poco, en Estados Unidos, el
premio de periodismo Moors Cabot, distinción concedida a pocos periodistas
peruanos. Sus recientes artículos sobre la "Operación Cóndor" en el
Perú revelan la sordidez y el horror en el que se mezclaron militares peruanos
de alto rango con los crímenes de Videla, García Meza en Bolivia y Pinochet.
Estás investigando
hace ya tiempo lo relacionado con la "Operación Cóndor". ¿Pensaste alguna vez que el asunto iba a
llegar tan lejos y que, vinculado a este sórdido acuerdo entre dictadores, el
propio Pinochet caería en manos de la justicia?
Me parece
algo increíble; estaba pensando el otro día que el año 1994 estuve a punto de
entrevistar a Pinochet en Santiago, pero mi salida de la revista Sí imposibilitó esa entrevista. Fui
acumulando material, y alguna vez en los últimos años llegué a pensar que era
material perdido; los últimos hechos me han demostrado lo contrario.
¿Qué tenemos que ver
los peruanos con la "Operación Cóndor"?
Tenemos que
ver, y bastante. En un primer momento da la impresión de que el Perú estuviera
al margen de la "Operación Cóndor", porque este fue un acuerdo de
fines del año 75 entre la Argentina, Paraguay, Chile, Uruguay y Bolivia. La
"Operación Cóndor" se firma en diciembre de ese año, como consta en
el archivo que se descubrió el año 1992 en Asunción, Paraguay. Paraguay, no sé
si por la antigüedad, o porque era mayor el margen de ilegalidad y de impunidad
en que operaba Stroessner, se convirtió en la base de este operativo.
Recordemos
que se trataba de regímenes que en ese momento estaban mucho más identificados
con la política de la Guerra Fría, de persecución de los comunistas y de todo
elemento que fuera tildado de izquierdista, de subversivo. Era una política que
manejaba Estados Unidos a través de la Central de Inteligencia Americana.
Aunque el régimen de ese entonces en el Perú era considerado de corte
nacionalista, esto no impidió que formara parte de un acuerdo en el cual se
sustentaron capturas, secuestros, desapariciones y asesinatos. El secuestro y
posterior asesinato de la señora Molfino en Lima es uno de estos graves hechos
incluidos en la investigación del juez Garzón.
Morir en Madrid
Háblanos del caso
Molfino...
La señora
Noemí Esther Gianotti de Molfino fue una viuda de nacionalidad argentina, madre
de seis hijos, cuatro de ellos involucrados en la actividad política. Una de
sus hijas desapareció con su esposo, quien era dirigente de la juventud
montonera, y dos de sus nietos también desaparecieron. Otra de sus hijas estaba
exiliada en París por razones políticas. Su hijo mayor, Alejandro, estaba preso
y no salió hasta que cayó el gobierno militar. Ella vino acá al Perú en 1980
con su hijo menor, Gustavo, a solicitar solidaridad con su drama personal.
Buscaba apoyo para que aparecieran su hija, su yerno, sus nietos. Los nietos
–dicho sea de paso– aparecieron tres años después (o sea que vivieron tres años
en manos de los secuestradores).
¿Qué pasó acá en Lima?
Los hechos se precipitaron en junio del año
80, en vísperas de la transmisión del mando de Morales Bermúdez a Belaunde para
la que se anunciaba la presencia del general Videla. Coincidió el hecho de que
la policía política argentina detuvo en Buenos Aires a un joven metalúrgico de
apellido Frías y con él descubrió información sobre una reunión que iba a
realizar la dirección montonera acá en Lima en el mes de junio.
La
hipótesis de la policía argentina era que en esa reunión se prepararía un
atentado contra Videla. Recordemos que era el momento en que el combate entre
la dictadura argentina y el grupo montonero estaba en su punto más alto, y se
tenía la información de que acá estaría un dirigente que era el número tres en
la estructura montonera, Perdía. Efectivamente, aquí estuvo, y también
estuvieron, según la policía argentina, quince dirigentes montoneros más.
Cuando estos dirigentes vinieron, la señora Molfino, naturalmente, los
apoyó y alojó.
¿Cómo fue el operativo
de secuestro?
La policía
argentina usó a Frías como anzuelo para capturar a miembros del grupo
montonero. Lo tuvieron alojado en Lima, en el Círculo Militar y, en medio de
muchas peripecias
–que relato en mis notas aparecidas en el diario La República–, este joven los llevó a las cercanías de las
avenidas Larco y Benavides. La policía logró capturar primero a María Inés
Raverta, cerca de la iglesia de Miraflores, que parece que era el punto de
contacto, y, después de eso, a otro dirigente montonero, Julio César Ramírez,
en la cuadra cuatro de Benavides. Después –todo en 48 horas– capturan a la
señora Molfino en la calle Madrid en Miraflores.
En casa de
la señora Molfino y su hijo Gustavo estaba alojado Perdía, el jefe de los
montoneros, quien logró escapar. La señora Molfino no pudo hacerlo.
¿Cómo es que la señora
Gianotti de Molfino aparece muerta en Madrid?
La señora
Molfino es entregada en la frontera de Bolivia junto con otros dos, con Raverta
y con Ramírez.
¿Los entregan a
militares argentinos o bolivianos?
Los
entregan precisamente a García Meza, quien después daría un golpe contra la
presidenta de ese entonces, Lidia Gheiler. Hay un documento de recibo, como si
se tratase de una operación monetaria. La Molfino fue enviada probablemente,
según lo que dice su hijo Gustavo, desde Bolivia a Madrid. Raverta y Ramírez a
la Argentina. En Madrid aparece en un hotel, un mes después, el cadáver de la
señora Molfino.
Gustavo, el
hijo menor, va a Madrid. Era el tiempo del presidente Suárez; allí denuncia por
primera vez a Videla por la muerte de su madre. Es la primera querella que se
entabla contra el general Videla por el asesinato de Molfino. Corría el año
1980. Sólo al sexto intento vamos a tener a un juez como Baltazar Garzón que
acoja la demanda...
La conexión peruana
¿Qué militares
peruanos están implicados en el proceso que ha abierto el juez Garzón?
En el caso
de los montoneros actuó un grupo operativo de ocho argentinos que vinieron
especialmente a Lima. Ellos intervinieron acá con autorización y con el apoyo
de dos grupos operativos peruanos. Nosotros en La República somos los únicos que hemos dado esta versión a
partir de fuentes militares; por ello sabemos que actuaron dos grupos,
probablemente formados por igual número de personas.
Los que
llevaban la voz cantante eran los argentinos, pero los peruanos también hicieron
lo suyo. No era posible que se efectuara todo el trabajo de persecución,
seguimiento, arresto, torturas y finalmente de eliminación por obra exclusiva
de estos ocho caballeros argentinos...
Lo que se
publicó fue el nombre del jefe del Servicio de Inteligencia, Martín Martínez
Garay, y luego dos más: el comandante (r) Oswaldo Hernández Mendoza y el
capitán de Sanidad José César Gutiérrez. Estos son los que están comprendidos
en el expediente de Garzón. En abril de 1988 el Ministerio de Justicia de España
envió comisiones rogatorias al Perú para que se tome declaración a estos
militares implicados en el asesinato de esta ciudadana argentina en España.
¿Y los responsables
políticos?
En ese
momento era Presidente de la República del Perú el general Francisco Morales
Bermúdez. Hay versiones que obran en la prensa de esa época que demuestran que
para esta operación hubo una coordinación, en primer lugar, entre el jefe de
las Fuerzas Armadas de la Argentina y el jefe de las Fuerzas Armadas del Perú. En ese momento el jefe de las Fuerzas
Armadas de Argentina era el general Galtieri (muy conocido después por lo que
hizo en relación con Las Malvinas); en el Perú, el cargo era ocupado por el
general Pedro Richter Prada, quien además era ministro de Guerra.
Hubo una
versión, últimamente actualizada, según la cual existió una primera
coordinación entre ellos, después de la cual hicieron las consultas –se
entiende que a sus respectivos mandatarios–, y, con la autorización de éstos,
permitieron el ingreso de los grupos operativos. Hay, además, una prueba de
estos hechos: un comunicado del Ministerio del Interior emitido en aquella
época en el que el Gobierno peruano entrega a autoridades bolivianas a estos
tres ciudadanos argentinos: Molfino, Raverta y Ramírez.
La historia no
amnistía
¿Qué reflexión te
merece lo que está sucediendo?
Uno publica
lo que puede probar, como es lo relacionado con la "Operación Cóndor"
en el Perú. Yo no puedo publicar todo lo que sé, pero estoy seguro de que la
mayor cantidad de estas violaciones están por descubrirse. No tengo reparo en
decirlo; lo digo con conciencia y con responsabilidad: advierto una conducta
perversa en las autoridades, porque tratan de encubrir, de no dejar rastro de
todas estas acciones. Pero algún día se conocerán. Es la constatación de un
reportero que está metido en estos asuntos y sabe que hay muchos testigos que
van decidiéndose a hablar.
Con lo que sucede con Pinochet ahora, pero también
en los últimos años en la Argentina, la historia nos está demostrando que si no
se hacen las investigaciones ahora, más tarde, en algún momento, aparecerá la
verdad. Como dije en alguna oportunidad, la historia no amnistía.