Pilar Coll

Premio extraordinario de Derechos humanos en el 50 aniversario de la Declaración Universal

Fue una noche memorable. La Coordinadora Nacional de Derechos Humanos presentaba, como es ya tradición, las conclusiones de su informe y sus premios nacionales de derechos humanos 1998. El Premio Nacional "Ángel Escobar Jurado" correspondió a las comunidades nativas aguaruno huambisas  que viven en la frontera con el Ecuador, por su sacrificada defensa de su identidad cultural y su medio ambiente. El Premio "Periodismo y derechos humanos" fue concedido a la revista Caretas por su larga trayectoria y compromiso con esta causa. Hubo esa noche, además, un acontecimiento muy especial y largamente esperado por las más de 500 personas que repletaron el auditorio. La CNDDHH entregó a Pilar Coll un premio extraordinario por el 50 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Reconocía, así, a su primera Secretaria Ejecutiva por una vida íntegra al servicio de la dignidad del ser humano.

Quiero agradecer  a la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos la concesión de este premio que me honra muy por encima de mis reducidos méritos, y a todos ustedes su presencia aquí esta noche. Recibo esta distinción como parte de un colectivo que va mucho más allá de mi persona, pues he compartido trabajos, alegrías y sinsabores con muchos de ustedes. Siento que quienes de verdad merecen este premio son los que lamentablemente no pueden estar aquí esta noche, salvo excepciones: las innumerables víctimas de las violaciones de los derechos humanos. A todos ellos rindo mi homenaje más cálido.

No podemos descansar mientras el círculo de la dignidad humana plena no se extienda a todos los seres humanos y, más en concreto, a todos los peruanos y peruanas, a todos los que todavía no tienen acceso a los derechos fundamentales proclamados en la Declaración Universal cuyo 50 aniversario hemos celebrado recientemente.

Me sentiría deshonesta si esta noche no compartiera con ustedes mi pesar por los inocentes aún encarcelados. No podemos ser indiferentes ante esa injusticia que se prolonga y que destroza capacidades de resistencia y de esperanza.

No les sorprenda mi reclamo: tengo el privilegio de poder situarme allí donde se escucha el clamor de las víctimas, y esto hace que sus gritos estén impresos en mi alma. Es una experiencia dura pero a la vez de una gran riqueza humana. Desde ahí, al lado de las víctimas, intentamos crecer juntos en humanidad.

Termino reiterando mi compromiso, mientras las fuerzas me asistan, con la causa de los derechos humanos, que es la causa de la dignidad de las personas, e invitando a todos, pero de un modo muy especial a los jóvenes, a embarcarse en esta apasionante aventura de lucha por un mundo más plenamente humano. Desde mi experiencia, les aseguro que vale la pena.

Muchas gracias a todos ustedes por su presencia, por permitir que me sienta parte del Perú y su gente y, sobre todo, por su amistad probada.

(Extractos del dicurso de Pilar Coll
la noche del 19 de marzo.)