Fermín Tangüis:

La historia de un innovador

La historia tradicional está llena de héroes militares y políticos brillantes que en un momento de valentía suprema o astucia excepcional deciden el destino de una batalla o de una nación. Sin embargo, hay "otros" tipos de "heroísmo", quizá más callados y menos visibles, como el de los científicos, los inventores, los ingenieros, los médicos, los artistas y la gente común que hacen esfuerzos persistentes para sobrevivir en condiciones adversas, así como para innovar y crear en beneficio suyo y de las comunidades que los rodean.

Este libro trata de uno de estos casos. Un caso de innovación tecnológica en condiciones de adversidad marcadas por el desánimo extendido, la escasez de recursos y la poca atención brindada a la investigación científica.

Se trata del trabajo de Fermín Tangüis, un agricultor del valle de Pisco que, después de varios intentos, logró descubrir y seleccionar una variedad de algodón que resistía a una de las peores plagas de su tiempo (el Cotton Wilt) y que además tenía una fibra larga, blanquísima, de bajo costo y de alto rendimiento, características que tuvieron un gran impacto en la agricultura y en la economía del país.

Para comprender su historia es necesario resaltar la importancia que tuvo el cultivo del algodón en el desarrollo de la industria textil, en la agricultura peruana y como un espacio excepcional de la innovación tecnológica.

La historia de Tangüis es fascinante en sí misma. También lo es por lo que significa la historia de la innovación tecnológica en el Perú. Nacido en Puerto Rico en 1851, llegó al Perú en la segunda mitad del siglo pasado, seguramente atraído por las riquezas naturales del país. Inicialmente se dedicó a la minería y al comercio en Huancavelica y Ayacucho durante el difícil período de la Guerra del Pacífico. Posteriormente se mudó a Ica para convertirse en agricultor de algodón en dos pequeños fundos que estaban cerca del puerto de Pisco, que empezaba a convertirse en un gran centro de exportación de los productos agrícolas peruanos.

Fue en el fundo "Urrutia", ubicado en el valle de Pisco, donde, tras algunos años de trabajo que culminaron en 1911, descubrió, seleccionó y cultivó la planta de algodón que le dio renombre. El algodón Tangüis tuvo un impacto regional y nacional indudable, porque en poco tiempo se convirtió en uno de los principales productos de exportación del Perú.

Asimismo, este algodón, que por razones ambientales sólo pudo ser cultivado en el centro y sur del país, gozaba de gran prestigio en los exigentes mercados de Inglaterra, la cuna y el centro de la industria textil del mundo.

El significado de Tangüis y el de su algodón residen no solamente en sus características singulares, sus beneficios económicos para el país o en la humildad con la que declinó las recompensas que le ofrecieron diferentes gobiernos e instituciones. Más allá de las medallas, los monumentos y los homenajes, hay en esta historia algunas claves para entender cómo se producen y pueden producirse innovaciones tecnológicas en países pobres y atrasados como el Perú. Tangüis, como muchos agricultores peruanos, tuvo que enfrentarse al abismo entre las necesidades y los recursos existentes. Resolvió este dilema recurriendo a la innovación (Marcos Cueto y Jorge Lossio).

 

"En 1985, el doctor Alberto Giesecke, miembro del jurado del Premio Nacional Cosapi a la Innovación de ese año, sugirió al "Comité Permanente" que se documentara la acción de innovadores peruanos ilustres. La idea de este libro nació al acoger esa iniciativa de testimoniar biográficamente la obra de nuestros "héroes civiles", como Giesecke los llamó entonces.

Fue una gran satisfacción para mí que el Comité Permanente del Premio acogiera mi sugerencia de que el primer libro a publicarse estuviera dedicado a mi abuelo, Fermín Tangüis. A pesar de que falleció cuando yo tenía ocho años de edad, la admiración que sentía por la figura del "abuelo" fue aumentando y consolidándose con los relatos de mi madre.

Su humildad, su actitud reflexiva, así como su disposición familiar cariñosa y sabia, lo convirtieron en ese primer "héroe" que escogemos en algún momento de nuestras vidas, especialmente de niños.

Más tarde, Federico Uranga Elejalde, hombre dedicado a la agricultura, quien fuera también amigo y gran admirador de Fermín Tangüis, me narró la innovación lograda, fruto de la paciente, perseverante y ardua labor que realizara en la selección del algodón Tangüis. Asimismo, me contó de su disposición por difundirlo en beneficio de los agricultores peruanos
de ese entonces
".

Walter Piazza Tangüis