La crisis de la libertad
de prensa y (también)
el caso Lúcar

Se han publicado recientemente tres informes internacionales que colocan a Fujimori al nivel de Milósevic, Jian Zeming y Fidel Castro en lo que a libertad de prensa se refiere. A ello se suman las implicaciones del "caso Lúcar" para poner este problema nuevamente en el centro de las preocupaciones políticas en un año en que se inicia la carrera electoral del 2000.

 

Tres nuevos informes sobre la situación de la libertad de prensa en el Perú han sido emitidos recientemente. En ellos se expresa una profunda preocupación por lo que está ocurriendo en nuestro país en ese terreno. Dos han sido elaborados por el Comité de Protección de los Periodistas (CPJ) y por el Freedom House, prestigiosas organizaciones de monitoreo de la libertad de prensa y los derechos civiles y políticos en el mundo. El tercero ha estado a cargo del relator para la libertad de prensa de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, Santiago Cantón.

El CPJ ha señalado que Fujimori es uno de los diez peores enemigos de la prensa libre en el mundo. El presidente peruano ha sido colocado en una galería nada prestigiosa junto con Slobodan Milósevic, presidente de Yugoslavia, Jiang Zeming, presidente de China, y Fidel Castro, presidente de Cuba, entre otros dictadores del mundo.

La CPJ ha dicho: "Una campaña sistemática por parte del Estado para desacreditar la prensa independiente del Perú lleva la marca de la 'informadura' de Fujimori. El brazo fujimorista de la inteligencia se ha dedicado a planes de asesinato, amenazas de muerte, intervención telefónica, vigilancia y tácticas de calumnia para hostigar y poner en peligro a los periodistas, con frecuencia obligando y/u ordenándoles el exilio. Los periodistas de investigación que indagan la corrupción en el gobierno o la confabulación entre narcotraficantes y militares han sufrido acusaciones de espionaje, traición a la patria y terrorismo, invocados para desacreditar y refrenar su trabajo".

El Freedom House, por su parte, ha constatado un descenso en los estándares de la libertad de prensa en el mundo, situación que, más que a abiertas medidas de opresión o violencia contra la prensa, se debe fundamentalmente a la imposición por parte de los gobiernos de restricciones a la libertad de prensa a través de medidas legalistas. Este fenómeno es llamado "censura encubierta".

Según el Freedom House, el Perú, junto con Ghana y Jordania, es uno de los países donde el declive de la libertad de prensa ha sido mayor: "Los diarios y revistas peruanos sufrieron presiones cada vez mayores de parte del Presidente Fujimori, que según muchos está planeando postular inconstitucionalmente a un tercer mandato. Desde 1992, muchos periodistas de la prensa escrita y la televisión han sido intimidados por juicios por difamación, detenciones, arrestos domiciliarios, y en un caso bien conocido, la revocación de la ciudadanía de un propietario de televisión con el fin de quitarle su canal".

Por otro lado, Santiago Cantón denunció también la difícil situación de la prensa en el Perú. Refirió que la limitada independencia del Poder Judicial ha creado un clima de inseguridad jurídica para el ejercicio de la profesión. Señaló como ejemplo de ello el que en muchas ocasiones se utilice a la justicia como un mecanismo intimidatorio, al imponer a los periodistas penas de prisión o multa, obligación de concurrir en forma permanente a los tribunales y gastos para su defensa que perjudican significativamente sus actividades.

A esa falta de seguridad jurídica se suma una ola de amenazas de muerte y una campaña de persecución y desprestigio contra aquellos periodistas críticos del gobierno. Cantón, además, denunció un plan de los servicios de inteligencia para investigar periodistas. Varios de los nombres que figuran en este documento fueron amenazados de muerte en distintas oportunidades.

Estos tres informes confirman lo que ya había sido dicho antes por otros medios y organizaciones. La Sociedad Interamericana de Prensa, Reporteros sin Fronteras, el PEN American Center, los diarios Clarín, de Argentina, New York Times y Miami Herald, de Estados Unidos, entre otros, habían expresado formalmente su preocupación por el estado de la libertad de prensa en el Perú. En el ámbito nacional, el Instituto Prensa y Sociedad, la Coordinadora Nacional de Derechos Humanos y la Defensoría del Pueblo habían expresado similar preocupación.

Quizá lo más preocupante de todo esto sea que ninguno de los informes reseñados hace mención a alguna medida que se esté tomando al más alto nivel de gobierno con el fin de frenar el acoso contra la prensa independiente.

La actitud del Presidente Fujimori refuerza esa percepción, puesto que no sólo se ha prodigado en negar lo que se dice sino que se ha dedicado también a desacreditar las denuncias como subjetivas y a los denunciadores como interesados. A lo más, ha dicho que eventualmente podrían haber grupos privados o de funcionarios civiles y militares que, sintiéndose ofendidos o amenazados por el trabajo de la prensa, podrían tomar, motu proprio, iniciativas para hostilizar a la prensa.

Esta actitud da cuenta de la intención de mantener las cosas como están. Ello significa, si nos atenemos a la reciente denuncia de Baruch Ivcher, que los planes para acosar a la prensa independiente van a seguir en pie. El empresario de televisión mostró documentos de inteligencia destinados a hacer un seguimiento, entre otros periodistas, a los directores de los diarios La República, Gustavo Mohme, y El Comercio, Alejandro Miró Quesada.

El régimen se come hasta sus propios hijos

En este escenario cargado de malas noticias para la libertad de prensa en el Perú, tuvo lugar el caso Lúcar. Ocurrió lo que hasta hace poco era improbable que pasara: Nicolás Lúcar se quedó intempestivamente sin programa.

No era que Lúcar hubiera presentado algún destape que afectara al régimen; no había denunciado ningún caso de corrupción que involucrara a algún alto funcionario del gobierno; ni había realizado denuncia alguna sobre violación de los derechos humanos que involucrara a alguno de los aparatos de seguridad del Estado peruano.

No. La Revista Dominical no se había apartado para nada de esa línea periodística que la llevó a ser identificada como una suerte de vocero oficioso del régimen y que la había conducido a cosas tales como defender a Vladimiro Montesinos de cuanta denuncia lo involucrara (la denuncia del narcotraficante "Vaticano" o el tema de sus ingresos), manchar la honra de notorias víctimas de violación de los derechos humanos, como ocurrió con Leonor La Rosa, o guardar silencio absoluto sobre las llamadas telefónicas de Montesinos a José Francisco Crousillat para dictarle el contenido de los noticiarios de América Televisión.

¿Qué pasó entonces? ¿Por qué Lúcar se quedó sin programa? ¿Por qué su salida intempestiva?

Varias versiones fueron señaladas. La nuestra proviene de fuentes confiables del propio canal, que señalan la existencia de ciertas desavenencias previas entre José Enrique Crousillat y Nicolás Lúcar. El primero le había ofrecido al segundo la dirección periodística de toda la empresa; eso significaba que, además de La Revista Dominical, Lúcar iba a tener bajo su cargo todos los otros noticiarios. El ofrecimiento no tenía cuándo concretarse, y eso había originado cierto malestar al periodista.

La gota que colmó el vaso fue la entrevista con Fujimori y Montesinos, que había sido acordada directamente por los dueños del canal con Montesinos, y cuya realización fue encargada al reportero Álamo Pérez Luna. Lúcar se enteró del asunto cuando ya todo estaba preparado y fue a reclamar por qué la entrevista había sido hecha sin su conocimiento, y que la credibilidad del programa iba a ser puesta en cuestión por hacer las cosas de esa manera.

La respuesta que recibió de Crousillat es que no tenía de qué preocuparse, y que con credibilidad o sin ella igual el programa estaba sobre los 30 puntos de rating y le pidió la propaganda a la "entrevista del milenio". Lúcar amenazó con renunciar, y Crousillat le pidió que lo pensara y que mientras tanto sacara el programa. El periodista aceptó.

Pasado el programa, Lúcar volvió a presionar con la amenaza de su renuncia y el dueño del canal le dijo que si quería renunciar lo tenía que hacer en ese mismo momento. Así lo hizo, y poco después miembros de seguridad del canal desalojaron de las oficinas de La Revista Dominical a los reporteros que se encontraban editando material.

De esa forma tormentosa terminó una relación de más de siete años, caracterizada más bien por su armonía, y que Lúcar luego definió más bien como años de esfuerzo y sacrificio porque había defendido ideas que no eran las suyas.

¿Tuvieron o no que ver en el asunto Fujimori y Montesinos? Fujimori dio a entender que nada tenía que ver en el tema, al bromear con el incidente en otra entrevista. Dijo que tenía temor de que quien lo entrevistaba fuera también a renunciar.

No parece haber habido, en efecto, una intervención directa, pero resulta evidente que no quisieron que Lúcar fuera el anfitrión de la entrevista. Es notorio que ella estuvo planificada al más mínimo detalle, desde las preguntas que se iban a responder hasta las corbatas que los entrevistados iban a usar. ¿Podría poner alguien en duda que no fueron también los propios entrevistados quienes impusieron al entrevistador?

Resulta difícil también pensar que Nicolás Lúcar no hubiera querido estar. Un periodista que había tenido muchas veces al Presidente Fujimori en exclusiva, ¿no iba a querer entrevistar nada menos que a Fujimori y Montesinos juntos? ¿Por qué entonces no quisieron que fuera el anfitrión?

Arriesguemos una hipótesis: le entregaron la conducción de la entrevista a Álamo Pérez Luna porque querían asegurarse de que todo iba a estar bajo su control absoluto. No olvidemos que es harto notorio que el reportero de las primicias de La Revista Dominical es bastante cercano al asesor.

Si esto es así, estamos entonces frente a una situación que revela hasta qué punto está llegando la necesidad de control de la televisión por parte del régimen en las cercanías del proceso electoral y de la re-reelección. Necesitarían el control al 200 por ciento, y si para ello es necesario sacrificar a alguien, pues a sacrificarlo, aunque sea Lúcar.

De cualquier modo, si algo ha quedado demostrado nuevamente con el caso Lúcar es el grado de (auto)dependencia al que ha llegado cierta televisión en el Perú. Tal dependencia, como la mostrada por los dueños de América Televisión, más que por el temor que le produciría enfrentarse al régimen o por una apuesta programática por él, parece estar motivada por los beneficios que le reporta ser su aliado.

Se dice que América Televisión tiene deudas por varios millones de dólares y muy altos intereses que pagar diariamente. En un contexto recesivo como el presente, en el que las empresas están anunciando poco, el Estado se ha convertido en el mayor anunciador. Varios informes muestran además que tal participación va en aumento. Captar ese ingreso es una condición de supervivencia para las empresas televisivas. No debe descartarse tampoco el tema de los impuestos. La televisión no está exenta de dicho problema, y el régimen ha hecho ver que hay formas de negociar que pueden ser beneficiosas. En todo caso, si no se someten, el rigor con el que son tratados les indica que mejor es suavizar sus posiciones.

Es cierto que no todos los empresarios han reaccionado como lo han hecho los de América Televisión. Ha habido gente como Julio Vera Abad o el propio Genaro Delgado Parker que, a pesar de las presiones, han hecho aparecer programas políticamente sensibles. Sin embargo, el primero tiene el canal virtualmente quebrado, mientras que el segundo ha bajado el tono. Se ha dicho que está rodeado de una serie de procesos judiciales que le han quitado margen de maniobra. Los indicios muestran, en todo caso, que las presiones son ahora mucho más fuertes y que con la campaña electoral pronta a empezar es muy poco lo que habría que esperar de la televisión en términos de una posición independiente.

Fernando Vivas, periodista de Caretas especializado en televisión, comparando la situación actual con la que se presentó durante las épocas del gobierno militar, ha dicho: "Si antes el parametraje fue coactivo y amparado en las leyes de la dictadura, hoy es ‘extorsivo’ y se ampara en argucias y miserias liberales". (Isaías Rojas)

 

Cuando entrevistaba al presidente, ¿qué pensaba?

Que no soy ácido ni malvado con el entrevistado y que puedes establecer una entrevista con un tema pactado de antemano. En ninguna parte uno pregunta lo que le da la gana al presidente.

¿Está diciendo que un periodista no puede preguntarle al presidente un asunto de conflicto?

Lo que pasa es que hay compromisos que debes cumplir, porque si no pierdes credibilidad y fuentes.

¿Reconoce que el programa tenía una presión política?

No sólo La Revista; yo creo que todos están sometidos a esa presión. El problema es cómo la manejas.

¿Por qué de pronto Nicolás Lúcar tiene escrúpulos como periodista?

Creo que nunca los perdí.

Pero algo ha tenido que pasar para que usted intente recuperarse a sí mismo...

No sé si debería contarlo... Un día estaba en la Javier Prado y un tipo me comenzó a insultar. El hombre estaba indignado y tenía razón. Desde ese día quedé en shock y no pude dormir. Me reclamaba mi labor como periodista, mis entrevistas, las preguntas que no hacía. Me dijo que yo había traicionado mi esencia. Y me puso muy violento. Al mirarme en ese espejo...

Reconoció que se había traicionado como periodista...

Sí, y creo que fue suficiente. Llega un momento que no quieres ver las cosas y simplemente aceptas la rutina. Hoy tengo la opción de decidir vivir. Si seguía con esto me iba a morir a pedazos. Quiero recuperar el respeto como periodista, porque el que falló fui yo.

(Tomado de entrevista con Nicolás Lucar, El Comercio, 5 de mayo de 1999)