SERVICIO MILITAR VOLUNTARIO Y PROFESIONAL, AQUÍ Y AHORA

Hace varios meses, en actitud que fue saludada por un vasto sector de la población, principalmente joven, el Presidente Alberto Fujimori anunció que en adelante el servicio militar ya no sería obligatorio. En esta misma lógica, desde hace algunas semanas se está propalando por diferentes medios de comunicación un spot del Ministerio de la Presidencia en el que se afirma que el servicio militar ya es voluntario.

 

Sin embargo, lo cierto es que, más allá del anuncio presidencial y del (equívoco) spot publicitario, el servicio militar en el Perú continúa siendo forzoso, pues la actual Ley del Servicio Militar Obligatorio está vigente, no ha sufrido modificación alguna en los últimos meses, y el Congreso no ha iniciado siquiera la discusión de proyectos alternativos. Por lo demás, los institutos armados siguen reclutando obligatoriamente a los jóvenes, las denuncias por maltrato a los conscriptos se mantienen y persiste el irregular alistamiento de menores de 17 años. Incluso, se han identificado decenas de casos de leva.

De ahí la urgencia de concretar, hic et nunc, el cambio que ha sido propuesto (y reiterado) por el Presidente Fujimori. Claro que la reforma debe atender tanto los requerimientos militares cuanto las expectativas de los jóvenes, todo ello dentro de los lineamientos de un Estado de Derecho.

La propuesta de un servicio militar voluntario es clara, y los argumentos que la sustentan son prácticamente incuestionables. Por lo mismo, resulta necesario que las Fuerzas Armadas del Perú se integren de forma inmediata, y directa –como lo ha manifestado el Presidente Fujimori y lo anuncia el spot publicitario–, con soldados voluntarios y profesionales.

1. El servicio militar voluntario y profesional es un factor fundamental de la necesaria modernización de las Fuerzas Armadas

De los modelos de alistamiento militar existentes, el de recluta universal y forzosa, que se aplica en el Perú, va siendo progresivamente abandonado por diversos países, al margen del sesgo político, nivel de desarrollo y número de sus fuerzas armadas; y reemplazado por un arquetipo de tropa voluntaria y profesional. Y es que, hoy en día, no se concibe otra fórmula de ejército que aquella que importa el empleo de alta y avanzada tecnología, así como el recurso a una tropa voluntaria, profesional y reducida. Es el caso de Estados Unidos, Holanda, Bélgica, España y Argentina, por citar algunos ejemplos.

Quienes se han ocupado del tema mencionan que las transformaciones mundiales ocurridas en las últimas décadas han modificado las condiciones estratégicas de correlación de fuerzas militares, de suerte tal que asistimos a un proceso de reforma y readecuación de las instituciones castrenses que importa el tránsito a ejércitos profesionales y enteramente voluntarios.

De otro lado, en el escenario nacional, la derrota de las organizaciones terroristas y la resolución del conflicto con el Ecuador hacen viable una reforma de las Fuerzas Armadas, que incluye –por supuesto– el cambio de un modelo de alistamiento militar por otro.

Así, pues, el servicio militar voluntario y profesional constituye un factor de primer orden en el proceso de modernización de las Fuerzas Armadas del Perú.

2. El servicio militar voluntario y profesional es una opción de realización personal de los jóvenes

El servicio militar voluntario y profesional es un espacio en el que, por propia decisión, un sector importante de nuestra juventud podrá hacer realidad su deseo de contribuir a la defensa nacional y de realizarse personalmente a través del trabajo y la cualificación técnico-profesional que demanda la preparación de las fuerzas armadas.

Evidentemente, conviene y resulta imprescindible introducir mejoras en la prestación del servicio con el fin de hacerlo mucho más atractivo. Ello implica, en palabras de Fernández Segado, la acentuación de la formación técnica (preparación del soldado para el desarrollo de actividades tácticas, técnicas, logísticas y administrativas, así como para el mantenimiento y funcionamiento de las unidades), y el reconocimiento ulterior en la vida civil de la instrucción recibida; la modernización de las pautas y normas de vida en los establecimientos militares (posibilidad de realizar un servicio militar no acuartelado); la territorialidad y sectorización de la prestación del servicio (posibilidad de realizar la labor castrense en las zonas de residencia y en el instituto de elección, salvo necesidades del servicio); el pago de una contraprestación económica aceptable; entre otros factores.

De esta forma, el servicio militar dejará de ser considerado –con justa razón– como una experiencia negativa para los jóvenes reclutas.

3. El servicio militar voluntario y profesional garantiza mejor la protección de los derechos de los soldados

La experiencia internacional nos demuestra que, en términos generales, la sustitución del modelo de recluta universal y forzoso por el de tropa voluntaria y profesional se enmarca dentro de determinadas pautas que tienden a la adecuación de la prestación de las labores militares a los presupuestos de un Estado de Derecho.

De ahí que, hasta donde se conoce, este modelo se somete a los principios y reglas constitucionales y garantiza de mejor manera los derechos y libertades fundamentales de los soldados.

A este respecto, por la importancia del tema, conviene puntualizar especialmente que la objeción de conciencia debe considerarse en la reforma del servicio militar obligatorio. Y esto es así porque, si bien el servicio voluntario, en principio, podría hacer pensar en la inutilidad de la objeción de conciencia, su reconocimiento sería importante en los casos de la denominada "objeción sobrevenida".

4. El servicio militar voluntario y profesional expresa mejor el deber de contribuir a la defensa nacional

El servicio militar voluntario y profesional calza inmejorablemente con el deber constitucional de contribuir a la defensa nacional, pues, de un lado, permite a los jóvenes realizar libremente una prestación en el terreno castrense, y, de otro, abre paso a otras expresiones igualmente admisibles del deber antes mencionado que, trascendiendo la esfera estrictamente castrense, responden a distintos e importantes requerimientos nacionales, y en los que los ciudadanos pueden participar en protección de los intereses del país, como las labores en defensa civil, tareas de alfabetización, conservación del medio ambiente, protección de menores, de personas de la tercera edad, discapacitados, etcétera. (Ronald Gamarra)