UNA CORRIENTE DEMOCRÁTICA EN EL PODER JUDICIAL
JUECES
POR LA JUSTICIA
Y LA DEMOCRACIA
Si algo le
falta al Poder Judicial es oxígeno, autonomía y dignidad. Intervenido por el
Poder Ejecutivo, cargando con la provisionalidad de casi la tercera parte de
sus miembros, soportando el desprecio de la opinión pública por su lejanía y
lentitud, nunca ha tenido peor récord que ahora. El nacimiento de "Jueces
por la Democracia y la Justicia" es una buena noticia en ese estado de
cosas, una bocanada de aire fresco que seguramente provocará más de un acceso
de tos entre quienes lo quieren tener sometido. Existe una corriente
internacional de jueces democráticos que se inició en España con "Jueces
por la Democracia y la Justicia" en plena época franquista. En los últimos
años se han creado asociaciones similares en distintos lugares del mundo,
también en América Latina y en cada país, que asumen sus propios desafíos.
Lo que sigue es una conversación con los dirigentes de esta flamante organización de magistrados, todos ellos jueces conocidos por su trayectoria intachable, su profesionalismo y compromiso por la renovación del Poder Judicial.
¿Cómo nace esta asociación?
Sergio
Salas, el presidente de "Jueces por la Democracia y la Justicia",
narra el proceso: "Esta experiencia viene de hace años; germinó en las
reuniones sostenidas por sus miembros fundadores con otros magistrados para
intercambiar nuestros puntos de vista sobre la problemática que atraviesa el
Poder Judicial. Nos preocupaba la injerencia de tipo político que sufre y cómo
esta situación perjudicaba seriamente nuestra tarea de administrar justicia.
Es más:
advertíamos con preocupación que los magistrados que aplicábamos la justicia de
manera independiente, de acuerdo con los principios constitucionales, éramos
víctimas de presión e interferencia directa. Esto no es un secreto.
Por consiguiente,
la imagen de los magistrados, del Poder Judicial, estaba seriamente dañada, y
nosotros mismos no podíamos permitir que nos siguieran dañando. Teníamos que
hacer algo, ya que los comunicados y las protestas no eran suficientes. Había
que realizar un diagnóstico certero de nuestra problemática y, si nuestra labor
era administrar justicia y nosotros éramos magistrados titulares, teníamos que
hacer algo definitivo para enfrentar esta situación. Así nace "Jueces por
la Democracia y la Justicia".
Alfonso
Lagos, vocal titular superior de la Corte Superior de Lima, añade sus razones
para la existencia de esta agrupación de magistrados:
"Nos
han cortado el juego democrático en nuestra institución. No podemos reunirnos
en salas plenas, conversar, plantear nuestros puntos de vista, discutir acerca
de lo que nosotros creemos que debe ser el Poder Judicial. Nos han suprimido el
sistema electoral y, frente a esta circunstancia, ni siquiera podemos
pronunciarnos. Hace poco han querido sancionar al ex presidente de la Corte
Superior, Marcos Ibazeta, por sus declaraciones; pero no sólo a él: en
distintas oportunidades ha habido amenazas frente a nuestra intención de
pronunciarnos críticamente".
¿Qué los une?
"Nos
identifica nuestra vocación democrática e independiente; no tenemos filiación
política. Nuestra opción es la que debiera tener todo magistrado: respetar la
Constitución; eso es lo que invocamos en nuestras resoluciones", sostiene
Sergio Salas.
Para
Alfonso Lagos, "la opción es eminentemente democrática y eminentemente
interna. Deseamos vivir democráticamente y ser escuchados en una atmósfera
democrática".
Debe ser muy difícil ser
magistrado en este Poder Judicial...
"Nosotras
–dice Antonia Saquicuray–, Vicky Sánchez, Janet Tello y yo, hemos empezado en
el Poder Judicial desde practicantes, desde estudiantes, y queremos a esta
institución. Conocemos a fondo el Poder Judicial y, a pesar de que hemos vivido
momentos muy difíciles dentro, seguimos apostando por él. Tenemos una línea
democrática y una vocación de magistradas, y por ello estamos comprometidas con
un Poder Judicial que sea realmente un Poder del Estado en el que las partes
encuentren lo que buscan: justicia.
Creo que
tenemos derecho a pedir el sitial que nos corresponde. ¿Por qué tanto maltrato
y nadie dice nada? ¿Por qué no se levanta al buen magistrado, no se reconoce su
trabajo abnegado de más de doce horas y sus resoluciones ajustadas a derecho?
Claro que
hay un lado negativo, un lado negro, pero no todos vivimos en él. Son muchos
los que realizan un excelente trabajo. Sin embargo, el aislamiento en el que
estamos nos impide que este contingente de buenos magistrados se haga visible.
Ojalá que esta corriente al interior del Poder Judicial tenga adeptos. Eso es
lo que queremos, y que las instituciones democráticas rescaten la existencia de
esta corriente."
Ustedes son muy
conscientes de que la ciudadanía experimenta una profunda insatisfacción con el
funcionamiento del Poder Judicial; es extendida la opinión de que la justicia
es sólo para los ricos y que es inaccesible para la mayoría. ¿Cómo pueden
soportar vivir con esa imagen a cuestas?
Janet Tello
coincide con esta apreciación, pero también señala lo positivo:
"definitivamente, la imagen que tiene la sociedad peruana del Poder
Judicial no es la mejor. Las encuestas señalan que el 85% no cree en el Poder
Judicial. En otros países democráticos es el 50%, que es lo normal, ya que
siempre hay una parte que se siente afectada por sus decisiones. En esto
influye mucho el papel de los medios de comunicación que sólo difunden aquellos
casos de trascendencia política e impacto negativo.
Hay
cuestiones en las que se ha avanzado y hay que decirlo; por ejemplo, el caso de
reos en cárcel. Se los está juzgando a través de un debido proceso, resolviendo
su situación jurídica en el lapso de seis meses como promedio y no en siete
años como ocurría antes. El avance en esta materia es evidente. Se habla de una
alta población sin sentencia, pero nadie dice que se trata de una población
fluctuante".
"Esta
distancia que siente la población del Poder Judicial se debe también a que
nuestro país es muy diverso –dice Sergio Salas– y, si bien la justicia es una
sola, hay que adaptarla a realidades culturales y sociales muy diferentes. Se
está queriendo imponer un sistema único que no responde a la realidad compleja
de nuestro país."
¿Se sienten los
parientes pobres del Estado?
"Desde
hace muchos años el Estado tiene postergado al Poder Judicial desde el punto de
vista presupuestal –sostiene Clotilde Cavero–. Se asignan menos fondos de los
que realmente se necesitan. Año a año nos dicen que no se pueden aumentar
remuneraciones.
Como asociación
debemos tender también a que se uniforme la carga procesal de los distintos
órganos jurisdiccionales. Hay acumulación excesiva en determinados órganos, por
ejemplo en las salas y juzgados tributarios, mientras que en otros hay una
carga bastante menor. Se nos exige mucho y tenemos que mendigar recursos para
cumplir nuestra labor."
¿Pueden resolver con
independencia actualmente?
Alfonso
Lagos responde: "La democracia se ha creado básicamente alrededor de la
idea de la independencia de poderes. Nosotros sentimos que nuestro Poder
Judicial ha perdido independencia, por lo menos a nivel del magistrado. Muchos
de los magistrados que están acá presentes fueron en algún momento retirados de
sus cargos por decisiones de orden estrictamente jurisdiccional. Ha habido
casos escandalosos como el del Dr. Mansilla. La Dra. Mc Rae, como el Dr. Salas
y la Dra. Saquicuray, casi todos los que estamos acá, salvo yo, fueron
gravemente lesionados; hasta se interpusieron contra ellos denuncias penales,
sólo porque habían asumido posiciones de total independencia.
En este
momento todos saben que la mayor parte de las salas de la Corte Superior de
Lima son directamente dependientes de la Corte Suprema. De tal manera que un
grupo numerosísimo de nosotros no depende de nuestra propia organización y un
magistrado es retirado en cualquier momento y no podemos decir absolutamente
nada. Vemos con tristeza que vocales extraordinarios son descendidos. Esto es
una falta de independencia y de respeto al magistrado".
En el acta
de constitución de "Jueces por la Democracia y la Justicia" hay una
Declaración de Principios en la que plantean la necesidad de contar con una
"tribuna abierta para el análisis y debate en defensa de nuestros
derechos".
¿Qué derechos sienten
que están afectados?
"A los
magistrados se nos recuerda constantemente cuáles son nuestras obligaciones
–sostiene Elizabeth Mac Rae–, pero se olvidan de los derechos que la
Constitución y la Ley Orgánica nos reconocen. Por ejemplo, el derecho a una
remuneración digna acorde con el cargo que se cumple. Esa es una de las
primeras reivindicaciones, ya que la Ley Orgánica nos concede 16 remuneraciones
al año y recibimos sólo 12. Hay una brecha entre lo que percibe un vocal
supremo y un superior y entre éste y un juez de primera instancia."
"Ahora
se ha creado un sistema de pago que es el ‘bono de producción’ –acota el Dr.
Lagos–; se trata de una amenaza permanente a nuestras decisiones."
"Es
importante también, al tocar el tema de nuestros derechos –dice la Dra. Mc
Rae–, hablar de los medios de comunicación que cuestionan la actividad del
magistrado. La prensa critica la función del magistrado pero no la conoce a
fondo, y hace denuncias fáciles. En muchas ocasiones se hace un daño muy severo
a la honra del magistrado, ya que no se repara la dignidad del juez o jueza
aunque se sepa que éstos no han transgredido norma alguna, luego de revisado el
caso."
Se proponen
también emitir una "opinión libre frente a la problemática originada por
la situación del Estado de Derecho en nuestro país, que se evidencia en la
crisis de las instituciones democráticas...".
"Queremos
levantar una opción no sólo interna, sino una opción para el sistema mismo
–dice Sergio Salas–. Tenemos que dar propuestas para que el sistema judicial
cambie y sea óptimo. Hay algunos avances en materia procesal, pero creemos que
los magistrados, como operadores del derecho, protagonistas directos de la
administración de justicia, estamos en capacidad de dar propuestas para la
mejora del sistema. Sabemos que la imagen del Poder Judicial en el sistema es
negativa, definitivamente; queremos que esto se revierta."
Pero el Estado de
Derecho y la crisis de la institucionalidad democrática no sólo tienen que
ver con el Poder Judicial...
"Vemos
que hay un problema macro en toda la sociedad peruana: el Estado de Derecho se
ha resquebrajado –enfatiza Sergio Salas–. Si bien el Poder Judicial es
fundamental dentro de un Estado de Derecho porque es el punto de equilibrio de
los demás poderes, el problema va más allá. Sin hacer política, que no es
nuestra tarea, debemos sentar las bases para un real equilibrio
democrático."
Ustedes también se
declaran defensores de los derechos humanos, y plantean que hay que respetar
las resoluciones de organismos internacionales...
"Hace
un tiempo se creó una Sala de Derecho Público en la Corte de Lima, precisamente
para dar cumplimiento a la Ley Orgánica y administrar justicia exclusivamente
en el campo constitucional. Si bien esto le está facultado a todos los órganos
judiciales, se prefirió especializar el área con la idea de que haya una
unificación de criterios, resoluciones coherentes de acuerdo con la Constitución.
Se empezó a
trabajar con toda intensidad y se emitieron resoluciones que, de alguna manera,
no eran del agrado de ciertos sectores del Poder Ejecutivo o de ciertos
sectores políticos. Muchas resoluciones fueron ignoradas o desacatadas y
llevadas a tribunales internacionales. El hecho de que el Estado peruano no
acate o simplemente entre en conflicto con estos organismos internacionales
daña más su imagen y la del Estado de Derecho. La labor que tiene nuestra
asociación es precisamente acatar estas resoluciones."
¿Qué opinión tienen de
la reforma? ¿Hay reforma o no? ¿Se necesitaba, tenía que venir de fuera, como
opinan muchos, ya que el Poder Judicial ha sido históricamente incapaz de
reformarse a sí mismo?
Jimena Cayo
sostiene que sí había necesidad de hacer cambios; el problema es la forma cómo
éstos se han venido ejecutando: "la necesidad de hacer cambios surgió de este
movimiento de magistrados que es nombrado por el Jurado de Honor, muchos de los
cuales habían sido magistrados provisionales o secretarios, técnicos,
relatores. Entró todo este grupo con muchas ganas de cambiar las cosas y al año
se dio cuenta de que no era el sueldo que habían prometido, ni las condiciones
de trabajo, y que se daban una serie de coyunturas alrededor nuestro que
ninguno imaginaba al momento de juramentar.
Se dan las
famosas huelgas que convocamos en las que dejamos de trabajar en la parte
jurisdiccional y nos empezamos a reunir en juntas de jueces de primera
instancia y vocales, en salas plenas, para analizar la situación, que la
administración de justicia no era eficaz, la carga de trabajo era inimaginable:
sentarse en un despacho y tener que sentenciar más de ochocientos expedientes.
Esto lo
cuento para expresar que no es que de afuera se les ocurrió; nosotros queríamos
un cambio y teníamos líderes que lo impulsaban, personas que están ahora en
esta asociación. Lamentablemente, todos sabemos cómo acabó esta experiencia:
nos conminaron a que regresásemos a trabajar; si no, al tercer día nos botaban.
El acuerdo fue regresar a la labor jurisdiccional y trabajar en comisiones.
Hablamos
con mucha gente de fuera de nuestra situación: congresistas, juristas. Nadie
puede negar que tocamos muchas puertas para decirles ‘esto está pasando en el
Poder Judicial’. La solución de ellos fue la intervención del Legislativo y del
Ejecutivo y colocarnos una Secretaría Ejecutiva".
¿Ha habido cambios
positivos?
Jimena Cayo
refuerza lo dicho por la Dra. Tello: "Creo que en el área penal, el juzgar
a los reos en la cárcel, rescatando la dignidad del interno, de ese interno que
era trasladado en un ómnibus sin ventanas, subiendo a sus salas encadenado de
pies y manos, la familia que tenía que pagar al policía, al INPE para que les
alcanzara una nota.... eso ha cambiado y es positivo, y nosotros ayudamos a que
así fuese.
La creación
del juzgado de turno permanente también es positiva; ya no se da la situación
en la que el abogado sabía que su amigo el fiscal o el juez estaban de turno y
hasta podía manejar la detención de personas. Eso sucedía; todos los que hemos
litigado lo sabemos. Este es un ejemplo de que las cosas se pueden cambiar
desde dentro".
¿Y los aspectos
negativos?
"Una
reforma –dice Sergio Salas– tiene que ser netamente institucional. Si la
reforma tiene un tinte de injerencia política, deja de ser una reforma. Llámese
como se llame, reestructuración o reforma, el término reforma implica un cambio
de estructuras.
El asunto
es qué tipo de cambio de estructuras se puede aplicar, traumático o
alternativo. Esto último supone diseñar un nuevo esquema sin quebrar el otro.
Se optó por el traumático, y en ese ínterin se diseñaron proyectos que en el
primer año fueron positivos. Módulos, por ejemplo, en el área civil que se
fueron afinando y resultaron oportunos; el sistema de audiencias, de archivo de
expedientes, que se han ido afinando y adaptando son, evidentemente, un paso
adelante.
Cuando
adquiere apariencia política, se transforma. El segundo año se convierte en una
tecnocracia, se crea un monstruo inmanejable: Gerencia Central de la reforma,
Gerencia General y una Secretaría Ejecutiva; o sea, tres instancias
ejecutivas."
Alfonso
Lagos añade: "En este juego democrático que existe en la asociación, no
todos tenemos el mismo concepto acerca de la reforma. Es cierto, como dice la
Dra. Tello, que en el Poder Judicial se deben ir dando cambios,
definitivamente. Pero es importante señalar que todas las reformas en el Perú
han fracasado. Todo lo que es traumático tiende a fracasar.
Se ha
debido aplicar un programa paulatino de cambios estructurales. Creo, por
ejemplo, que la meta más importante ha debido ser la descentralización total
del Poder Judicial. Yo no puedo estar de acuerdo con el hecho que, durante la
primera etapa, se sumarizaran los procesos penales, de tal manera que los
magistrados resolvían en la mesa la suerte de los procesados. Es una posición
personal que demuestra que nosotros tenemos diferentes criterios y buscamos un
fin común; eso es saludable".
Finalmente, ¿cuál es
el perfil, el paradigma de magistrado que ustedes se proponen encarnar y
difundir?
"El perfil del magistrado es
único. Lo que la sociedad pide es honestidad, probidad, capacidad profesional;
es decir, buena interpretación jurídica y normativa, que todos luchemos
decididamente contra la corrupción y, sobre todo, independencia. La sociedad no
quiere a un juez débil y temeroso" –sostiene Sergio Salas. (Susana Villarán)