LA GRAVITACIÓN DE LA TRISTEZA

Primer axioma

Las gotas de la lluvia son perfectas e infinitas como el cielo.

Segundo axioma

No hay gota perfecta que no caiga.

Teorema

Si las lágrimas no sometieran a la ley de gravedad,

el cielo poco importaría.

 

La condición de lo profundo

El olvido se deshoja como un lirio

arrojando luz en nuestros huesos.

Los rostros se desarman

como piezas de metal llenas de herrumbre.

Es hermosa la condición de lo profundo.

narciso

Cómo me extraña y me duele segregar la lluvia.

No es justo que el invierno se congregue en unos pocos cuerpos

y que el arco iris se pierda en la profundidad de sus corazones.

Narciso,

amo tanto tu rostro mojado por la luna.

Tú fuiste el primero.

El líquido del mundo agrietó tus manos

y los hombres comenzaron a creer en los signos y las palabras.

Qué desgarrada tu conciencia

y la de los otros, los que vinieron después

para que jamás cesara la lluvia.

poema

Algunas veces,

las palabras se nos caen a pedazos

como si el cielo cambiara de orilla

y nos dejara en el extremo azul de una ventana.

 

Nuestras manos están rotas

y tu silencio se aferra

contemplando el vacío en un acto prodigioso.

como mis besos:

mariposas de ceniza posándose en tu frente.

Ahora

que la esperanza es una enorme grieta habitada en mis palabras,

que, detrás de mis pasos, ya casi nada existe,

descubro el silencio después del chasquido

y nada.

el corazón del enemigo

El rocío de los pétalos de rosa

es hermoso

como la lluvia que se rompe en el fondo de mis ojos

y es tan extraño que nadie pueda verlo,

tan extraño e inhumano

que todos prescindan de mis ojos,

que todos crean en los torpes signos

que fabrica mi memoria.

Mis ojos siempre han sido un par de mariposas

que se posan en el corazón del enemigo.

mariposa de ceniza

La muerte estalla agitando los colores del planeta.

Una mariposa besa el fango como extasiada por la muerte.

Agita sus alas.

Evade prodigiosa las gotas de la lluvia

o se posa en ellas mientras caen

y estallan como estrellas o flores de oro

que el cielo calcinara entre mis dedos.

Ser irreal,

cubierto de la herrumbre del planeta,

¿qué o quién eres que parece te agitaras en mis vértebras?

Te persigo a través de los espejos.

A veces hurgo en mis entrañas.

Y siempre estás ahí,

inasible,

posada en la mitad de mi cráneo.

Desafiando el equilibrio de mi cuerpo.

Derramando tu líquido impuro entre mis ojos.

Mariposa de ceniza,

mis dedos se hacen polvo tratando de estrecharte.

amaneceres y ocasos

Mirar el cielo cuando la luna brilla

y el corazón se cierra,

Saber,

que más allá del horizonte,

el amor es un pájaro hundiéndose en las almas.

Algunos instantes del color del fuego

se pierden en los ojos.

Estoy solo

agotando mi memoria

en esta insignificante memoria del gris.

Mi memoria es un color:

carece de sonido, carece de música, carece de lenguaje.

 

EL LÍQUIDO DEL MUNDO

 

No hay gota perfecta que no caiga

y el destello de las lágrimas que caen de los ojos

nos hace comparables sólo al cielo.

Bien sabemos de estas cosas:

la sangre, la saliva, la sagrada furia de su llanto.

El líquido del mundo se congrega en nuestros cuerpos.

 

Si se tuviera que describir la vida de
Oscar Hidalgo Wuest  en pocas líneas, se podría decir que tiene 26 años, que ha estudiado lingüística en la Universidad Católica y que trabaja actualmente como profesor universitario. Ese recuento sería veraz, sí, pero también mentiroso, pues ocultaría todo lo que en estos poemas se revela. (Carlo Trivelli)