"Esa deuda sí nos tiene fregados hace tiempo"

Hildegard Willer

La campaña de la Iglesia católica Jubileo 2000, que reunió firmas en el Perú pidiendo la condonación de la deuda eterna (perdón, externa), ha tenido un éxito impresionante: casi dos millones de peruanos suscritos. A continuación, Hildegard Willer, colaboradora regular de ideele y una de las activistas de la campaña, nos ofrece una bella crónica de su experiencia en estos meses.

 

Hay asuntos más complicados que te quieren vender como simples para así evitar que se llegue a la raíz. Y hay asuntos simples que te presentan tan complicados que mejor los dejas a los especialistas. Siempre he sospechado que la lógica de la economía y la de la deuda externa pertenecen a la segunda categoría. Un asunto más de comunicación que de cifras.

Es uno de los logros de la campaña "La vida antes que la deuda" que le ha quitado al tema el aura casi mística que rodea a los especialistas de la economía y que lo ha puesto sobre el tapete para todo el mundo. ¿Acaso no sabemos nosotros muy bien lo que es una deuda?

A Don Agustín no le ha llegado todavía la versión oficialista, según la cual la deuda externa del Perú está perfectamente bajo control. En seguida está dispuesto a dar su firma para la condonación o reducción de la deuda externa de los países pobres. Es más: va a hacer firmar a toda su familia. "Veintitrés personas viven en mis casa", dice lleno de orgullo el patriarca, a quien encontramos frente a su casa realizando unas obras de construcción.

Con Miguel, un colaborador de la parroquia, estamos recorriendo un barrio de San Juan de Miraflores, en el cono sur de Lima, para recoger firmas. Aquí viven los "pituquitos", la clase media baja que aspira llevar la vida de los "pitucos" limeños. Sólo que estos sueños se han quedado estancados con la recesión y el desempleo, como lo demuestran los segundos pisos dejados a medias y las numerosas casas con su letrero "se vende".

"Y mi firma, ¿qué tiene que ver con la deuda?"

Doña Inés nos echa una mirada recelosa detrás de la cortina. Al fin y al cabo, no somos los únicos en recoger firmas en estos días. Están los candidatos presidenciales con sus planillones, y a doña Inés ya se le han hecho muchas promesas en su larga vida, la mayoría incumplidas. Sólo cuando salimos con nuestro argumento fuerte de que el Papa mismo llamó a la campaña –Miguel llegó a esgrimir hasta una mentira piadosa: que el Papa entregará las firmas personalmente en Colonia–, doña Inés se convenció y firmó la petición.

¿Cómo es eso del Papa? Por fin, ¿ha llamado a recoger firmas o no? Levantando esa cuestión en los medios, monseñor Cipriani, el arzobispo Opus Dei de Lima, contribuyó sin querer al éxito de la campaña peruana, auspiciada y organizada por la misma Conferencia Episcopal Peruana.

Los medios, siempre ávidos de un posible escándalo, se aferraron en seguida al tema y lo llevaron mucho más allá de los círculos de la Iglesia. De­­­sen­cadenaron un debate público, y periodistas, intelectuales, congresistas, municipios y muchas organizaciones de la sociedad civil se sumaron a la Campaña.

"¿Es lo mismo de Alan?"

¿Cuántas veces no nos hacen esa pregunta? La gente recuerda muy bien aquella época cuando Alan García suspendió unilateralmente parte del pago de la deuda, con lo que aisló al país del mercado mundial y sembró el terreno para las actividades terroristas de Sendero Luminoso, que posteriormente sometieron a los peruanos a una vida llena de temor y pánico.

¿Acaso quiere la Campaña hacer alusión a esa época, ahora que el Perú se ha convertido de niño malo a niño bueno en el tema del servicio de la deuda? Javier Iguiñiz, profesor de economía de la Universidad Católica, no se cansa de repetir, en sus numerosas publicaciones e intervenciones a favor de la Campaña, que se trata de un pedido de los países pobres a los países acreedores para condonar la deuda. El que se conceda o no una condonación queda en manos de los países acreedores; la propuesta la tienen que hacer ellos.

Sin embargo, sorprende el éxito de la Campaña peruana –con sus casi 2 millones de firmas recogidas, una de las más exitosas–, si se toma en cuenta la historia dolorosa que tienen los peruanos con su deuda. El éxito se debe en gran parte a que la Campaña ha sido asumida por la Iglesia católica, que, con su red de parroquias y misiones que cubre todo el país, ha sabido movilizar a miles de voluntarios. No hay que olvidar que detrás de los frutos de la Campaña está la ardua labor de muchos años desarrollada por ciertos sectores de la Iglesia católica y de la sociedad civil.

Y la coyuntura para una condonación o una reducción significativa de la deuda externa es buena: la Campaña ha creado en todo el mundo la conciencia de que no se contribuye al desarrollo dando ayuda con una mano y cobrando deudas con la otra.

Los líderes de los países europeos, de Tony Blair a Gerhard Schroeder, se han convertido en portavoces del asunto. De hecho, les conviene acceder al pedido. Necesitan hacer algo bueno que compense el que tiren tantas bombas sobre Serbia, y además no les cuesta mucho. Sería interesante saber cuánto de esas deudas que persisten en los libros oficiales de los países acreedores ha sido considerado ya amortizado, es decir, que ya nadie cuenta con que se va a pagar.

"Eso no se puede: siempre pagar esa deuda en dólares"

A doña Angélica la encontramos cuidando a su nieto mientras su hija y su yerno están en el trabajo. Doña Angélica tal vez no sabe lo que es un fondo de contravalor, pero tiene una experiencia de por vida: que el valor de compra del sol peruano sube y cae respecto del precio del dólar.

Con las divisas obtenidas por exportaciones no sólo se tiene que comprar todo lo que no se produce en el país, sino que además se debe pagar la deuda acumulada. Un poco más de 20% de los ingresos obtenidos por las exportaciones se destina actualmente al servicio de la deuda peruana. Canjes de la deuda y fondos de contravalor se llaman los instrumentos mágicos que quieren interrumpir ese círculo vicioso. No son una invención reciente. Varios países acreedores establecieron un fondo de contravalor en el Perú con el objetivo de convertir la deuda en proyectos de desarrollo.

El Fondo de Contravalor Suizo-Peruano ha sido uno de los primeros en el país. El Gobierno suizo condonó la deuda que le tenía el Gobierno peruano poniendo como condición que este último pagase el 25% del monto condonado en moneda nacional en un fondo de desarrollo. Ese fondo –que está próximo a terminar– ha financiado más de 100 proyectos en los sectores de promoción de la empresa pequeña, infraestructura social y protección del medio ambiente. Un comité bilateral, compuesto por representantes de los dos gobiernos y de la sociedad civil peruana, decide sobre los proyectos.

"Ha sido una experiencia buena", nos dice Isabel Perich, de COSUDE, la Cooperación Técnica Suiza de Desarrollo en Lima; y subraya como efecto secundario positivo que representantes del Gobierno y de las ONG se vieron obligados a cooperar entre sí.

¿Deuda condonada = problema solucionado?

Otros países –Alemania, por ejemplo– se dejan guiar por el principio de la soberanía de gobiernos. "Es asunto del Gobierno peruano hasta qué punto quiere integrar a las ONG en la administración de fondos", nos informa Ingolf Dietrich, de la embajada alemana. Más de 100 millones de marcos alemanes de la deuda peruana con Alemania han sido canalizados a través de canjes de deuda en proyectos de desarrollo alternativo, desempleo juvenil y protección del medio ambiente.

¿Y si el Gobierno peruano decide cambiar sus prioridades nacionales y comprar un bombardero nuevo con el dinero obtenido por el canje? Ingolf Dietrich se echa a reír: "Pongo las manos al fuego para garantizar que tal cosa no puede ocurrir" –dice–, "ya que los recursos del Fondo sólo se pueden destinar a fines de desarrollo, y un comité bilateral vigila los proyectos."

Pero con esto llegamos a un punto clave: si se produce una condonación de la deuda peruana, ¿qué se va a hacer con los fondos adicionales?; ¿quiénes van a decidir sobre su uso y cómo se asegura que de verdad contribuyan al desarrollo sostenible y social del país? He ahí justamente el desafío que ha dejado la Campaña a sus iniciadores y a las miles de personas que se han movilizado para obtener una reducción de la deuda.

La propuesta de la Mesa de Deuda y Desarrollo, un conjunto de organizaciones no gubernamentales que trabajan desde hace años el tema de la deuda peruana, va en esa dirección: que los países acreedores aumenten sus montos destinados al canje de la deuda peruana y que condicionen al Gobierno peruano en el sentido de incluir a actores de la sociedad civil en la negociación, admnistración y realización de esos fondos.

¿Una deuda eterna?

Hemos llegado al final de nuestro recorrido en San Juan y nos paramos en una tiendita para tomarnos una Inca Kola. Da sed el hablar tanto. Detrás del mostrador podemos leer un cartelito escrito con letra torpe: "Aquí no damos fiado".

Un último intento de obtener una firma. Si José, el dueño, no quiere firmar, le preguntamos: "No, ¿a qué?". Y nos contesta: "con esa deuda nací y con esa deuda voy a morir. Van a morir mis hijos, mis nietos, y todavía estará la deuda externa".

Es posible que las experiencias personales de José con las deudas lo hagan llegar a una con­clusión tan fatalista. Pero puede que esta vez esté equivocado.