Escuela y sexualidad:

¿Cómo hablar de "eso" en la escuela de hoy?

Hablar de sexualidad y escuela sigue convocando controversias. El tema da para posiciones de diverso tipo, como aquellas que, a las puertas del siglo XXI, sostienen
–aunque parezca increíble– que la escuela no debe intervenir en la educación sexual, pues de eso debe encargarse exclusivamente la familia.

La posición oficial va en dirección opuesta. La educación sexual está consignada en los nuevos currículos oficiales y debe ser trabajada en todos los niveles: inicial, primaria y secundaria. El debate se ha trasladado entonces al qué y al cómo. ¿Qué lugar se le asigna a la educación sexual en la escuela de hoy? ¿Cómo se está hablando de “eso”? ¿Qué ideas se están privilegiando? ¿Sólo valores? ¿Sólo conocimiento? ¿Sobre qué problemas se quiere concentrar la atención? ¿Cómo hablar de sexualidad en la escuela de hoy?

En ideele queremos dar espacio a este debate, para lo cual hemos invitado a  educadores como León Trahtemberg, Constantino Carvallo, Mariano Moragues, Gastón Garatea, Martha Castillo, Elena Enríquez y Teresa Martínez de Quesada, quienes nos ayudan a abordar un tema que tiene muchas aristas. Las gracias a ellos.

 

¿Hablar de "eso"?

Constantino Carvallo*

Hablar sí, pero que callen los cuerpos.

C. Lejeune

 

Lo primero es hablar claro. La sexualidad no es el conocimiento de la fisiología del aparato reproductor; no seamos deshonestos. La sexualidad es la disposición natural del cuerpo para hallar placer en sus encuentros con el mundo. Placer, deleite, goce, fruición: son éstas las palabras que definen la sexualidad, y no vagina, pene, ovarios, vesícula seminal y demás sustantivos que sólo intentan hacer ciencia de una función.

Se trata, pues, del goce, y principalmente del goce que se encuentra con un objeto privilegiado del mundo, el cuerpo del otro. Al ingresar a la socialización, este goce, convertido en erotismo por la imaginación, enfrenta los peligros y posibilidades de toda relación humana. La sexualidad es entonces el goce físico y espiritual que encontramos en la relación con nuestro cuerpo y con el mundo, esencialmente con el cuerpo del otro.

Esta nueva relación nos descubre una inquietante y maravillosa dimensión de nuestro propio ser: damos goce, no sólo lo recibimos; somos capaces de ser para el otro una causa de su intensa satisfacción. La buena educación sexual es aquella que abre la perspectiva del placer al interior de la esfera de la moralidad. Es decir, se trata de saber gozar y permitir gozar. No es la búsqueda frenética del placer, sino la potenciación de ese placer, su ubicación dentro de una relación sana, orientada hacia el bien. Se trata de aprender a buscar los encuentros buenos y placenteros y evitar los que nos causan dolor y también aquellos que, proporcionándonos placer, pueden, sin embargo, destruirnos como sujetos dueños de una voluntad.

Lo que esperamos de una educación de la sexualidad es que el goce sano, no perverso, sea el motivo que anima al sujeto a emprender sus vínculos con el mundo. Que prefiera el placer al dolor, que el mundo lo fascine, lo anime con su oferta de deleite, pero que éste se encuentre relacionado con la organización moral de la personalidad. El goce anima y la templanza guía.

Pregunta: ¿necesitamos, para lograr este objetivo, conocer la anatomía del aparato reproductor? No. Esto no es educación de la sexualidad. Es sólo información que no entraña actitud, vida. Lo que despierta la curiosidad del niño y aquello a lo que ideele llama graciosamente "eso", no es que el pene ingresa en la vagina, sino la oscura sospecha de que allí se juega un motivo fundamental que explica la relación entre la madre y el padre: el placer. Este es el núcleo de la sexualidad, la fuente desde la que brotan las profundas causas del actuar.

La sexualidad no forma parte del plan de estudios de ninguna escuela en la cultura occidental. Las escuelas fundadas en la modernidad por Comenius tienen todavía la ilusión científica que caracteriza a la Ilustración. Se trata de adquirir ciencia, conoci­mientos.

Y sin embargo hay un currículo oculto que entraña educación auténtica de la sexualidad. Los castigos, por ejemplo. El olvido del cuerpo, la incomodidad, el aburrimiento, el miedo, las relaciones con los compañeros, el hambre. Se enseña más la sexualidad golpeando a un alumno por no cumplir la estúpida tarea que mostrando una lámina de las trompas de Falopio para tomar un examen que ponga un rojo más en la libreta bimestral. Porque ese alumno crecerá asumiendo un vínculo con el dolor que lo perseguirá luego en sus relaciones con el mundo. No sabrá gozar ni causar goce, y ése es el tema de la sexualidad; lo demás es olvidable materia escolar.

Ya que se trata de no confundir una cosa con la otra, explico mi posición. La escuela debe dar los conocimientos que le entreguen al alumno una comprensión de la fisiología e higiene del cuerpo humano. Para esto es necesario reimplantar un curso extrañamente ausente en el programa
esco­lar: la anatomía del cuerpo humano.

No encuentro razón para que se privilegie el estudio de un aparato, el reproductor, como un curso independiente. Esto obedece a una intención que nada tiene que ver con la educación sexual. La nueva materia aparece para bajar la tasa de natalidad en el Perú. Se trata de dar conocimientos sobre la reproducción con la esperanza de que estos conocimientos eviten la paternidad casual. Noble objetivo, pero que no puede confundirse con sexualidad.

La verdadera educación sexual está en el vínculo que la escuela da al alumno. La escuela puede ser un lugar plácido donde se aprende a gozar del encuentro con los otros, con el saber, con la comunidad, con la paz. O puede ser un infierno que socializa mal, que produce rencor, dolor, odio al trabajo y al saber, perversión de la sexualidad.

La sexualidad sana y creadora, moral, se juega en el trato, en el modo como se asumen los cuerpos, en las palabras y en los contactos, en la paciencia y en la tolerancia para aceptar al otro, el alumno. En el amor por él.

*          Director del colegio Los Reyes Rojos.

 

Tema para coincidir y tolerar

León Trahtemberg*

 

En los últimos años el Presidente Alberto Fujimori ha declarado reiteradamente acerca de la necesidad de divulgar y educar hacia la planificación familiar y el conocimiento de todos los métodos de control de la natalidad.

Además, el Ministerio de Educación ha propuesto su plan de estudios que incluye estos temas y que debe ser aplicado en todos los colegios del país. Se procura así enfrentar los grandes problemas nacionales de pobreza masiva, familias con muchos hijos sin adecuada atención y sustento, abandono familiar, maternidad prematura y difusión del sida. La estrategia elegida ha sido la de promover la planificación familiar, la información sexual oportuna y la difusión del conocimiento sobre todos los métodos de control de la natalidad.

Existe al respecto un amplio acuerdo en el país, con excepción del tema del control de natalidad por métodos artificiales, al que se oponen algunas congregaciones religiosas, la más notoria de las cuales es la Iglesia católica.

El problema radica en que lo que para el Estado laico constituye una inofensiva y provechosa información sobre la vida sexual, para la Iglesia católica es un tema que choca con sus principios, ya que ésta considera que la sexualidad es un elemento central en su doctrina sobre los valores familiares. Por lo tanto, se opone a que la sexualidad y el control de la natalidad sean tratados aisladamente de los principios morales que debieran regir la relación entre
parejas.

Conflicto

Es importante aclarar qué pasa cuando una política de Estado entra en conflicto con la doctrina de uno de los importantes sectores que conforman la nación peruana. Sobre todo si el conflicto se amplifica cuando el Estado produce programas de educación sexual obligatorios para ser cumplidos por todos los centros educativos, incluyendo aquellos a quienes afecta en sus principios. Ello, a pesar de que fueron creados bajo el amparo del derecho constitucional de los padres a educar a sus hijos en el colegio que sea más afín a sus creencias, así como el derecho a que se respeten las ideas de los grupos parti­culares.

El artículo 13 de la Constitución de 1993 plantea que los padres de familia tienen el deber de educar a sus hijos y el derecho de escoger los centros donde los educarán. El artículo 14 garantiza que "la educación religiosa se imparte con respeto a la libertad de las conciencias". La ley de los Centros Educativos Privados dice en su tercer artículo: "Corresponde a la persona natural o jurídica, propietaria de un centro educativo, establecer la línea axiológica que regirá su centro, dentro del respeto a los principios y valores establecidos en la Constitución". Por lo tanto, aquí hay un evidente conflicto de derechos entre el Gobierno y los colegios católicos.

¿Qué pasaría si los programas oficiales del Ministerio de Educación obligasen a enseñar las ventajas nutricionales del consumo de la carne de chancho, o incluyesen otras menciones atentatorias contra las creencias de los judíos o los musulmanes? ¿Qué pasaría si trataran temas como la presencia de chinos o japoneses en el Perú en una forma que estos grupos étnicos considerasen lesivas de sus propios enfoques? ¿Estarían los colegios creados por prometedores de estas religiones o etnias obligados a darles el tratamiento que el Ministerio de Educación norma para todos por igual?

Reflexión

Regresando a nuestro tema inicial, pienso que sin que el Gobierno deje de hacer las propuestas que considere corresponden a su doctrina política, lo democrático y educativo es procurar unir esfuerzos en aquello donde hay coincidencias y a su vez mostrar tolerancia y respeto por las diferentes creencias y formas de pensar, en la medida que se ajusten a los derechos que les confiere la Constitución y las leyes.

Después de todo, los educadores sabemos que por más que existan múltiples enunciados escritos en los programas o textos, lo que finalmente va a prevalecer en la formación de los niños y jóvenes no es esa información, sino los mensajes que se derivan de la forma como la institución y los profesores tratan estos asuntos.

Lo que debe interesarnos a todos los peruanos es que las instituciones educativas y los profesores tengan la prudencia y el buen criterio para informar adecuadamente a nuestros hijos sobre los diversos asuntos que están en sus manos, de modo que simultáneamente con su enseñanza se contribuya con la educación moral que su familia valora. Para hacerlo, debemos procurar que los centros educativos puedan colaborar en esa tarea. Por su parte, el Gobierno debe dar las necesarias muestras de tolerancia brindando facilidades a quienes, en razón de sus creencias, deseen tratar estos temas de manera particular.

*          Director del colegio León Pinello.

 

Hablar con la verdad,
pero con cuidado

Martha Castillo*

 

 

La educación sexual debe ser un tema que se orienta en el hogar. Son los padres los primeros educadores que desde siempre y según la evolución de los hijos tratan este tema; la escuela orienta, apoya y colabora, pues su tarea es la educación integral y el desarrollo completo del individuo.

La escuela cuenta con el espacio para impartir temas de la educación sexual. Los profesores acuden continuamente a charlas, talleres sobre cómo orientar a los niños y jóvenes en estos temas.

La educación debe estar orientada por principios de veracidad, es decir, hablar con la verdad, llamando a cada cosa por su nombre, sin complejos ni tabúes. Otro principio que debe tener en cuenta es la individualidad y gradualidad: cada niño, niña, adolescente y joven tiene sus propias inquietudes de acuerdo con su edad y según sus vivencias. Por eso se debe tocar estos temas con cuidado, para no despertar una curiosidad desviada.

Al tocar estos temas debe abordárselos desde la necesidad de los chicos y chicas, pues la información se encuentra en el medio y muchas veces no de la manera correcta, sino grotesca y grosera. Es tarea de la escuela y del hogar dar ejemplo de cómo relacionarse amical y amorosamente con el otro sexo.

*          Subdirectora del colegio Fe y Alegría N° 17 de Villa El Salvador.

 

Proyecto de persona y sexualidad

Mariano Moragues*

 

Entendemos que la sexualidad en el ser humano viene predispuesta por lo biológico, lo psicológico y lo sociocultural, si bien esto último puede tener un peso decisivo para orientar la sexualidad, y de ahí la importancia de la educación. Esto marca una diferencia sustantiva con los animales, para quienes la "sexualidad" está predeterminada sobre todo biológicamente.

La conciencia, la afectividad y la libertad posibilitan a la persona, y a las sociedades como conjuntos, dar una determinada orientación a la sexualidad.

Esto trae consigo múltiples consecuencias: la sexualidad tiene componentes histórico-sociales (es, pues, dinámica y educable); la ética sexual es una ética situada (ética viene de ethos, costumbre); los educadores cumplen un papel en la educación sexual; se dan correlatos mutables entre roles y sexualidad; los comportamientos supuestamente masculinos y femeninos son relativos al lugar y momento histórico; entre otras.

Todo ello complica tremendamente el papel de la educación y de la escuela a la hora de asumir parámetros orientadores; pero, sin embargo, no cabe la abstención. En efecto: los educadores son permanentemente interpelados por los educandos que piden respuesta, posición, información...; en fin, orientación. Y orientar es de alguna manera señalar un hacia dónde; indicar una meta y
una ruta.

Esto exige al educador el optar, con riesgo, sin dogmatismos, pero con precisión y claridad. Difícil, pero ineludible tarea; no hay alternativa: se nos exige dar un sentido a la sexualidad, conocer su función y características en cada etapa del desarrollo y ubicar nuestro papel de educadores en cada etapa.

Educar el desarrollo de una sexualidad positiva y equilibrada en cada etapa evolutiva es una labor delicada e importante, porque en cada fase evolutiva se están colocando las bases de una personalidad equilibrada y una vida más feliz (que también está hecha de goces sensuales y sexuales). Se trata de buscar una unidad de vida y una coherencia, de integrar la sexualidad en el marco de un proyecto personal, institucional y social, proyectado al futuro desde el aquí y el ahora (hecho, por cierto, también de pasado). Se hace necesario, para la escuela, precisar los contenidos, criterios y metodologías pertinentes para cada edad.

En el colegio La Casa de Cartón nos proponemos educar la sexualidad dentro del marco en el que pretendemos educar a la persona integral; o sea, dentro de los principios de solidaridad, criticidad y autenticidad, libertad responsable y creatividad transformadora, que son los cuatro pilares que orientan nuestro Proyecto Educativo Institucional.

Aplicando estos principios a la sexualidad, creemos que:

1. La sexualidad es indesligable de la personalidad, una forma de expresarla y una forma de comunicación personal, que no permite la "cosificación" de sí mismo, ni de los demás; que requiere el respeto a sí mismo y a los demás (sin avasallamientos, violencias, manipulaciones, heridas, chan­tajes, engaños...); que exige la valoración personal integral (afectos, sentimientos, cuerpo, inteligencia, voluntad...) de sí mismo y de los demás.

2. La sexualidad es indesligable de la racionalidad y de la conciencia; por lo mismo, exige lucidez, franqueza, sinceridad, autenticidad (coherencia entre afecto-pensamiento-acción); exige conocimiento de sí mismo y previsión de consecuencias; exige información...

3. La sexualidad es indesligable de la libertad y, por lo mismo, exige responsabilidad hacia sí mismo y a los propios sentimientos y a los ajenos, y el compromiso con los propios principios y opciones; asimismo, la superación de temores, inhibiciones, prejuicios, presiones sociales, etcétera, para que sea un modo de expresión libre y autónoma. El ejercicio de la sexualidad humana no puede ser ajeno al hecho de su naturaleza consciente y libre, capaz de dirigir el instinto.

4. La sexualidad es indesligable de la creatividad y, por lo mismo, es un modo de expresión original y bello del yo; con posibilidad de reordenar creativamente las manifestaciones de las necesidades de la pareja, con capacidad incluso de decidir responsablemente por la más grande de las creaciones: la de un nuevo ser humano.

Lo que acabamos de decir se refiere evidentemente al sentido teleológico de la sexualidad madura que no hay que perder de vista, porque orienta los procesos y etapas. Entretanto, los chicos, como en su tiempo nosotros, reclamarán información, explorarán, compararán, sufrirán temores, vivirán exultaciones eróticas y sentimentales, curiosearán, hablarán lisuras... sobre todo en la eclosión de la pubertad y adolescencia. (Un recuerdo sincero de nuestro paso por la adolescencia puede resultarnos ilustrativo, consolador, fuente de comprensión y esperanza.)

A nosotros corresponde la orientación dialogante para plantear puntos referenciales sustantivos que den sentido a los procesos de la sexualidad en un proyecto de persona y sociedad. La fuerza de la sexualidad, por una parte, y, por otra, las distorsiones de la sociedad individualista, consumista, materialista, hedonista, hacen difícil la tarea, pero no podemos claudicar de referentes claros y opciones comprometidas, sin riesgo de andar a la deriva nosotros mis­mos y dejar a oscuras a quienes nos demandan, con derecho, claridad y consecuencia.

Sabemos que nos hemos movido en el terreno teórico, que no responde con "sí" o "no" a cuestiones cotidianas, como la masturbación, el "amor libre", los chistes "colorados", los vídeos "porno", el aborto, porque creemos que no hay nada más práctico que una buena teoría. Las aplicaciones de los principios son siempre más difíciles que las reglas o leyes, pero también más amplias, consistentes y liberadoras, porque plantean más el espíritu que la letra.

Finalmente, establezcamos como criterios: orientación y prevención, sí; escándalos pusilánimes y represión pura, no. Claridad y firmeza, sí; ocultamientos y ambigüedades, no. Comunicación y comprensión, sí; silencio y acriticismo, no. Esperanza optimista y paciencia activa, sí; ansiedad e intolerancia, no.

*          Director del colegio La Casa de Cartón.

 

"No despertar la curiosidad,
sino enseñar"

Teresa Martínez de Quesada*

El colegio fue fundado con la idea de proteger a niñas y adolescentes que se encontraban en su primera y segunda infancia. En 1970 el colegio se convirtió en mixto y nuestra labor como profesores laicos siguió estando orientada hacia la formación moral de nuestros estudiantes. 

Es en este marco de formación moral que nosotros planteamos la educación sexual. Es un tema que se encuentra dentro de la asignatura de educación familiar. Los profesores que tienen esta línea de acción educativa dictan talleres con la finalidad de dar orientación a nuestros alumnos, varones y mujeres, con el  pleno  respaldo de  los padres de familia. Ellos están especializados en biología y son los que están más dedicados a fortalecer las mentes de los niños.

Los padres de familia son orientados también mediante talleres de escuela de padres. De ese modo los hacemos colaborar con la tarea educativa del colegio.  Para todo esto hemos firmado convenios con instituciones especializadas que preparan los talleres de trabajo para profesores, directivos, padres y alumnos.

Creemos que toda orientación es válida e importante. Tenemos, sin embargo, una preocupación por el hecho de que algunas instituciones llegan a los colegios a regalar preservativos. Esto ha generado el rechazo de algunos padres de familia, y nosotros mismos consideramos que eso no es aceptable porque ese tipo de difusión  despierta  la curiosidad de los adolescentes. Creemos que en vez de despertar esa curiosidad, como se quiere hacer, lo que debemos hacer es dar enseñanzas adecuadas a nuestros niños.

* Directora del colegio María Auxiliadora de Ayacucho.

 

Cuando hablamos de
educación sexual

Gastón Garatea Yori ss.cc.*

 

Una primera verdad que puede ponernos de acuerdo a los peruanos es decir que en nuestro país se necesita una verdadera educación sexual. La segunda verdad es más polémica: en el Perú, en general, no hay educación sexual.

A uno le da pena ver cómo a nuestros muchachas y muchachos se les adiestra para el control de la natalidad en el peor sentido de la palabra. No se trata de que los curas estemos en contra de lo que es la planificación familiar, sino que curas o no curas tenemos que estar en contra de que a los jóvenes se les explique la forma más eficaz y eficiente de evitar el embarazo sin darles lo mínimo de lo que podemos llamar contexto humano y contexto de amor entre los humanos.

En las clases de educación sexual que promueve el Ministerio de Salud los alumnos salen expertos en los métodos que sirven para evitar el embarazo: preservativos, dispositivos intrauterinos, ligaduras de trompas, vasectomía, que van acompañadas de una serie de consejos reñidos con toda moral y con todas las indicaciones médicas a propósito de las enfermedades venéreas y el temible sida.

Nos quedamos perplejos frente a la cantidad de mentiras que se dicen acerca de los sistemas de control de la natalidad. Se dice que a nadie se le fuerza para optar por un método cuando todos sabemos que los médicos se ven obligados a obligar a optar ese camino. Cuando se llega a los juzgados los que tienen que dar una opinión al respecto son los mismos médicos que están involucrados en estos asuntos.

Puede ser que en los barrios residenciales de Lima las cosas se den de una forma más libre y consciente, pero en nuestras provincias el tema de la sexualidad es manejado por gente que no tiene la capacidad mínima para poder tratar este tipo de temas y problemas que suponen una calidad humana superior a la del medio que opta por lo sexual de la forma más animal.

Cuando uno piensa en las necesidades de nuestros campos y de nuestras ciudades menores se queda con la pena de ver que es mucho lo que se dice y poco lo que se hace en medios tan pobres como los nuestros. No hay en verdad un aprecio por la vida de los humildes. A unos se les aconseja, a otros se les recomienda, pero a los pequeños se les obliga, porque al fuerte le parece que no tienen capacidad de opción sencillamente porque son pobres, incultos y poco significativos en el país.

Tendríamos que sentirnos cansados de tantas denuncias que se hacen frente a un tema que en verdad no es discutible: enseñar a los jóvenes a no amar frente a relaciones que no sólo tienen poco de moral tras de sí, sino que son una prédica permanente de lo que es faltarle el respeto a los demás, pues se pueden utilizar de la forma más inhumana.

Este tema tiene que ser estudiado con profundidad no desde una postura moral cucufata, sino desde una postura humana de quien quiere un país de personas que tengan capacidad de amar en profundidad, y para eso se necesita una verdadera formación sexual.

*          Sacerdote y educador.

 

"Evitar que sean padres
antes de tiempo"

Elena Enríquez Pacheco*

 

La sexualidad es un tema muy importante para los estudiantes y adolescentes en general. Ellos necesitan de una orientación fundamentalmente para no ser padres antes de tiempo.

A través de los medios es frecuente ver casos de estudiantes y niños que con apenas 13 o 14 años de edad ya son padres. Desde nuestro punto de vista, eso no es correcto, porque no están en capacidad de asumir semejante responsabilidad.

Nosotros tratamos de orientar a nuestros estudiantes para evitar que les ocurra eso. Les hablamos sobre los aspectos fisiológicos, anatómicos y psicológicos involucrados en la sexualidad. Para ello invitamos a profesionales médicos porque creemos que con su mayor conocimiento sobre estos temas pueden orientar debidamente a nuestros estudiantes.

Prestamos particular atención a este tema de la sexualidad porque nuestro colegio es mixto y los estudiantes necesitan estar debidamente orientados. Sin embargo, como cualquier colegio nacional, no tenemos muchos recursos para enfrentar cabalmente ese reto, y nos enfrentamos a una serie de resistencias a tratar abiertamente estos temas. Hacemos los que podemos y lo que está al alcance de nuestras posibilidades.

El Gobierno, a través de programas como IMPARES o las dependencias del Ministerio de Salud, está desarrollando programas de orientación para personas adultas, pero éstos no llegan a los colegios. Además, hay todavía una tendencia en la sociedad a ver estos temas como "tabúes", sobre los que no debería hablarse.

Todos debemos contribuir a preparar a jóvenes y adolescentes para que puedan enfrentar una difícil realidad de crisis como la que vivimos actualmente, pero el aporte y la presencia de los padres en la educación de sus hijos es fundamental. Desafortunadamente, ellos vienen al colegio sólo el día de las matrículas, el fin de año o cuando ven que sus hijos están muy mal en su desempeño académico. El resto del año brillan por su ausencia, pese a que deberían ser los primeros preocupados por el crecimiento y maduración de sus hijos.

Gran Unidad Escolar Las Mercedes, Juliaca.