¡Cayó Feliciano!
(a celebrar y analizar)
Un vasto operativo militar que movilizó alrededor de dos mil hombres de la Policía y las Fuerzas Armadas concluyó con la captura de "Feliciano", el líder más importante de Sendero Luminoso en actividad. Fue el Presidente de la República en persona quien comunicó el hecho que virtualmente da por concluida una larga historia de violencia y muerte en el país.
El operativo se había iniciado a principios de junio, cuando varias patrullas militares que en total sumaban alrededor de 600 hombres fueron movilizadas por el río Ene para rastrear las raleadas columnas senderistas que allí operaban. Sus posiciones habían sido ya localizadas gracias a un seguimiento que se hizo de sus radiocomunicaciones, a raíz de la información proporcionada por un mando del entorno de "Feliciano" capturado en 1998. El líder senderista tenía su estratégico refugio en Vizcatán, desde donde se movilizaba hacia el valle del Ene, Huancayo y Jauja en Junín, Tayacaja y Churcampa en Huancavelica, Huanta y La Mar en Ayacucho, y La Convención en el Cusco. Al percatarse del operativo, pretendió salir por la zona de Pariahuanca, en Junín. Estuvo a punto de romper el cerco que se le tendió, tal como el propio Presidente Fujimori anunciara un día antes de la captura.
"Feliciano" fue finalmente capturado la madrugada del 14 de julio pasado en la localidad de Cochas, Junín, a escasos 5 kilómetros de la populosa ciudad de Huancayo. Había abordado un microbús de servicio interurbano que en pocos minutos lo iba a conducir a esa ciudad donde esperaba ponerse a buen recaudo de sus captores. El chofer del microbús era un policía que en sus momentos libres hacía servicio de transporte público. Al reconocer al líder senderista condujo el vehículo hasta donde se encontraba un puesto policial donde lo capturaron junto a las mujeres que lo acompañaban. De ese modo se logró impedir que el acorralado grupo concretara su desesperado intento de romper el cerco, y de ese modo también fue la Policía la que nuevamente, al parecer en forma casual, le sacó las castañas del fuego del papelón a Fujimori. En más de una sala de redacción se volvió a escuchar la ya proverbial frase "qué lechero es el Chino". Pero, por supuesto, el Presidente dijo que habían sido los militares quienes hicieron la captura y que Montesinos lo había planeado todo.
El inusitado despliegue militar, quizá uno de los más grandes en lo que lleva el conflicto interno, causó comentarios de diverso tipo. Muchos consideraban que se había montado un verdadero show; en opinión de algunos, el despliegue de más de dos mil soldados y policías para perseguir a un grupúsculo agotado y hambriento era desproporcionado; para otros, en realidad, "Feliciano" ya estaba capturado y todo lo que se estaba haciendo era dar al asunto un toque de dramatismo y espectacularidad para su consumo masivo.
El final del Sendero
Pero más allá de las especulaciones, el hecho mondo y lirondo es que "Feliciano" ha sido capturado, y esto, sin duda alguna, es una buena noticia para el país. Significa la consolidación de la derrota política y militar del grupo que, al mando de Abimael Guzmán, iniciara su sangrienta aventura en mayo de 1980 y sumiera al país en años de terror y muerte. "Feliciano" era uno de los dirigentes históricos de Sendero Luminoso, y simbolizaba a la facción que había decidido mantenerse en la lucha armada en oposición al llamado que su máximo líder hiciera en 1993 para deponer las armas y luchar por un Acuerdo de Paz.
Desde entonces buscó recomponer, mediante la violencia, a su golpeada organización. Nunca lo logró. En el camino, varios de los otros dirigentes históricos que se habían alineado con él fueron cayendo: Margie Clavo Peralta y Juan Carlos Olivares, entre los primeros; Pedro Quinteros Ayllón y Jenny Rodríguez Neyra, entre los últimos, sin contar otros mandos intermedios de creciente importancia. "Feliciano" fue quedándose solo y aislado en su refugio de Vizcatán, y su proyecto de "persistir en la guerra popular", no obstante algunos resurgimientos coyunturales, se fue debilitando. Por lo demás, se sabe que su liderazgo estaba siendo disputado por "Artemio", el mando del Sendero del Huallaga.
De manera, pues, que "Feliciano" estaba al mando de una organización cuyo espinazo había sido ya quebrado siete años atrás por el decisivo golpe que significó la captura de Guzmán. Aun así, seguía siendo un peligro que era necesario enfrentar.
Ahora bien, la captura de "Feliciano" no implica necesaria y mecánicamente la desaparición de Sendero Luminoso. Es previsible que grupos como el de "Artemio", en el Alto Huallaga, sigan realizando acciones armadas, pero ciertamente carentes de proyecto político.
Pero no todo es para celebrar
Aquello que debería merecer una legítima celebración de los peruanos fue empañado por varios temas. En primer lugar, la evidente utilización política del Gobierno en la perspectiva de la reelección (ver artículo político).
En segundo lugar, el Presidente Fujimori se aprovechó de la ocasión para atacar a los grupos de derechos humanos diciendo que al capturado "no se le ha tocado siquiera un pelito" como para que tales organizaciones reclamen. Volvió al viejo y falso argumento de que las organizaciones de derechos humanos sólo defienden a los terroristas. Atacó también a la Corte Interamericana de Derechos Humanos al decir que nada tenía que hacer ni decir en un hecho como el presente, como si ella tuviera que pronunciarse sobre el tema. Sabido es que la Corte sólo se pronuncia sobre asuntos que alcanzan su competencia.
Por otro lado, anunció que el líder senderista sería juzgado por el fuero privativo militar. Ni cortas ni perezosas, algunas autoridades del Poder Judicial asintieron gustosamente, quizá sin percatarse de que le estaban dando la razón al reciente ataque de Fujimori a los jueces civiles cuando dijo que "se orinaban de miedo" al momento de juzgar a los terroristas. Esta debería ser la oportunidad para que el fuero común juzgue (por supuesto, con la mayor severidad y los mismos resultados) a este líder de Sendero Luminoso en el marco de las garantías del debido proceso, actitud que restaría argumentos a los legítimos cuestionamientos que se han hecho hasta ahora.
Por último, no hay ya ninguna justificación posible para que se mantenga a la democracia y a los derechos humanos secuestrados en nombre del combate al terrorismo. Y, sin embargo, el mismo día en que se anunciaba la captura de "Feliciano" y el país se encontraba concentrado en ese tema, la mayoría en el Congreso aprobaba una ley que recorta derechos y garantías fundamentales como el del recurso de revisión extraordinaria (ver artículo de las páginas 10 y 11).
Jamás creímos que para combatir al terrorismo había que acabar con la democracia y la protección de los derechos fundamentales. Pero la lógica del Gobierno era que no había otra forma de enfrentar eficazmente a la subversión, y esta postura recibía a veces el respaldo de las mayorías, que demandaban seguridad a cambio de derechos. Si seguimos esa misma lógica, hoy, acabado Sendero Luminoso, no hay ya ninguna justificación para seguir manteniendo ese andamiaje de estados de emergencia, legislación antiterrorista especial, amplias competencias del fuero privativo militar, servicios de inteligencia todopoderosos, entre otros, que restringieron severamente la vigencia de derechos fundamentales. Acabada definitivamente la emergencia, la hora de la democracia debería empezar. (Isaías Rojas Pérez)