¿Toda repetición es
una ofensa?
Las cifras oficiales indican que las tasas de deserción escolar han sido
drásticamente reducidas a apenas 3% en el caso de la educación primaria y a 4,9%
en el caso de la secundaria. Otros estudios han mostrado que la tasa de
escolaridad en el Perú es alta. Todo ello confirmaría la idea de que el
problema de la educación en nuestro país no sería hoy más el ausentismo
escolar, sino más bien el de la calidad de la educación.
Varios factores están asociados con ese tema, pero hay uno en particular que se menciona con más frecuencia: el del rendimiento escolar y la eficiencia del sistema educativo. Para muchos ello se expresa en el problema de la repetición. Es alrededor de este asunto que hemos invitado a los investigadores y educadores Manuel Iguiñiz de la Asociación de Publicaciones Educativas Tarea, Eliana Ramírez de Sánchez, consultora de UNICEF, Hugo Díaz Díaz, del Instituto de Investigación para el Desarrollo de la Defensa Nacional, y Carmen Montero, del Instituto de Estudios Peruanos, quienes abordan el tema desde distintos ángulos.
repetición
y pobreza
Manuel Iguiñiz Echeverría
El día 7 de
junio último, el diario El Comercio
informó de la repetición de 553.700 alumnos en las escuelas primarias peruanas
en 1998. La noticia fue comentada por el ministro de Educación en sentido
crítico, pues, según él, no se habría recurrido a las informaciones del
Ministerio de Educación, ni se había tomado en cuenta que la difusión de ese
tipo de informaciones afectaría la autoestima de los educandos.
Desconocíamos
el interés que, según esa declaración, tienen nuestras niñas y niños de
primaria en la estadística educativa. Sin embargo, el ministro no aprovechó la
supuesta confusión para aclararnos a los ciudadanos con informaciones más
precisas, y dejó, una vez más, la sensación de que hablar e intervenir en los
asuntos públicos merece respuestas desautorizadoras en lugar de avivar la
cultura cívica ilustrando al soberano para que podamos ser más lúcidos en
nuestra intervención en pro de la educación.
La
repetición, ya que Luis Jaime Cisneros indica que no hay por dónde usar el
término repitencia, es uno de los datos claves de lo que ocurre en el vasto
sistema escolar. Es el más famoso de los indicadores de eficiencia y una
aproximación a los problemas de la calidad. Es la situación de alumnos
nuevamente matriculados en el mismo grado en que ya estuvieron en algún año
anterior, sobre todo en el inmediato anterior.
En términos
del análisis estadístico, la repetición obedece a dos procesos: la
desaprobación del grado (ni con marzo se salvaron) y el abandono o retiro de un
alumno durante el año escolar. Los desaprobados ("jalados") y los
retirados que pueden hacer un nuevo intento son los que repiten el grado.
Otros, de vida más azarosa, dejan esa opción de repetir y se alejan de la
escuela. A éstos el lenguaje tradicional los llama "desertores", como
a los que abandonan el Ejército. Así los culpamos por alejarse del deber. Bien
dijo Paulo Freire hace muchos años que ellos son más bien expulsados por
nosotros como sociedad y escuela.
En cifras
del Ministerio consignadas por el mismo diario (14.12.1997), los alumnos y
alumnas que terminan los seis grados de primaria como debe ser, sin atraso (o
sea, que no desaprobaron ningún año) son 312 sobre 1000. Quinientos quince
educandos terminan su primaria con una o más repeticiones en su carrera, pero
llegan. Lo más grave es que algunos de los que fueron desaprobados no
regresaron a las escuelas: nada menos que 173 niños y niñas de cada 1.000
inscritos. Son los expulsados sin –siendo francos– estar alfabetizados.
Estos
últimos años estamos más atentos a los aspectos sociales que explican estos
indicadores, siguiendo ciertamente un viejo enfoque en la educación más que
descubriendo algo nuevo. A la vez, estamos más atentos a los aspectos propios
del sistema educativo que explican parte de esos indicadores. Es decir, la
cuota no sólo de las condiciones sociales y educativas del medio social del
educando, sino la responsabilidad atribuible a la propia organización escolar.
Para decirlo directamente: la repetición y el retiro, con posterior deserción,
tienen, de una parte, un componente social, pues son mayores cuanto más pobres
y más aislados son los sectores donde estos fenómenos se presentan, en
particular en las áreas rurales. Asimismo, hay más repetición y retiro en las
escuelas del sector público estatal que en el sector privado.
Según el
Ministerio de Educación, quienes repiten representan 3,26% en las escuelas
privadas, pero esta cifra sube a 15,78% en el sector de la educación pública.
Si se trata de áreas de población, en el sector urbano el promedio de
repetición de todas las escuelas es de 9,20%, mientras en el área rural, donde
sólo hay estatales, crece a 21,68%. Por lo tanto, la intervención educativa
debería haber enfrentado ese rasgo social de que la eficiencia repite la misma
distribución del patrón de la pobreza. Enfrentar esa desigualdad es lo que en
la tradición liberal lleva a postular que la educación deberá ofrecer igualdad
de oportunidades.
Desde John
Dewey, el derecho fundamental a educarse y hacerse persona socialmente
realizada expresa un papel activo y fuerte de compensación, un acceso y
permanencia facilitados, y una escuela de calidad. Hoy se ofrece al pobre una
educación relativamente de fácil acceso, menos facilidades para permanecer, y
una calidad extremadamente baja en nuestro mayoritario sector estatal. Si los
pobres reciben mala educación, evidentemente las oportunidades que tienen no
son precisamente las de reducir las diferencias inaceptables.
En
secundaria el porcentaje de los que repiten es menor que el porcentaje de los
que abandonan. Las condiciones para mantenerse en el sistema disminuyen, y, en
parte, el aburrimiento y el desinterés pesan. Aumenta la cantidad de los que se
van a trabajar o a "patear latas". Así, de los mismos 1.000 alumnos
antes mencionados, durante la secundaria abandonan nada menos que 308
adolescentes y culminan la escuela 499 de los mismos 1.000 simpáticos(as) niños
y niñas; pero, de estos últimos, sólo 139 terminan invictos, sin repetir.
Pero ahora
se debate no sólo ese aspecto social clarísimo como un fuerte condicionamiento,
sino que, además, se discute también la justificación pedagógica. Si todos
pueden aprender, aun los de más desventajas psicológicas, y si todos
construimos el conocimiento con el concurso de otros, especialmente de los
docentes, ¿cómo explicar la desaprobación y cómo justificar que 15% o más de
educandos del país desaprueben y, sobre todo, los alumnos de escuelas públicas?
Es importante prestar atención a la calidad de la
oferta del servicio educativo. Algunos aspectos han sido revisados, como la
idea de dejar de considerar cada año como unidad de aprobación o desaprobación
y tomar como referencia ciclos de más años para llegar a determinados
aprendizajes y desarrollos personales. Esta idea es conocida, pues la tenemos
de regreso desde 1994: la promoción automática que se usa entre primero y
segundo de primaria. Con ello se ganaría mucho en reducir la agresiva
desaprobación, en aumentar las oportunidades de ritmos más propios de
aprendizaje si mejorase la calidad y no quedara en el plano administrativo que
finalmente lleva al disimulo del abandono. Si no se atiende el problema de
fondo –mejorar la calidad educativa como consecuencia de planes sistemáticos
con mayor fluidez en la circulación de los alumnos por el sistema–, se
mejorarán las estadísticas y las finanzas, pero se engañará más. En el Perú,
las deficiencias en las condiciones de vida y la precariedad de las escuelas
las siguen pagando los niños y niñas con el fracaso escolar y su impacto en la
autoestima.
La repitencia o repetición, problema social
Eliana Ramírez de Sánchez Moreno*
"El fracaso escolar es en
cualquier caso una catástrofe, absolutamente desoladora en el plano moral,
humano y social que muy a menudo genera exclusiones que marcan a los jóvenes
durante toda su vida de adultos... La educación encierra un tesoro."
Informe
Delors. UNESCO
Algunos
expertos han señalado el costo económico que supone para el Estado la
repetición de grado. Más grave es que los niños carguen sobre sí su fracaso
escolar, se culpen por su falta de éxito y, por ello, lesionen su autoestima
autoconvenciéndose de que son incapaces de aprender y que producen, por su
repetición, reacciones de censura y violencia familiar.
El sistema
educativo nacional tiene en la repetición de grado un problema irresuelto. En
distintas épocas, y en diferentes regímenes gubernamentales, se lo ha
pretendido corregir. En 1994 se planteó con claridad que el problema educativo
central era "el fracaso escolar", sobre todo en los dos primeros
grados de la primaria. Casi cuatro de cada 10 niños repetían el primer grado
por no saber leer, escribir o realizar operaciones elementales de cálculo.
Se quiso
revertir esta situación con el innovador Programa de Articulación
Inicial-Primaria. Sin embargo, las evidencias recogidas en visitas de campo y
en algunas investigaciones parciales muestran que el problema aún continúa, a
pesar de los enormes esfuerzos desplegados por el sector.
La
repetición no alcanza la misma dimensión en los diferentes estratos sociales.
Las zonas de mayor pobreza, rurales y bilingües, presentan los mayores índices.
Las oportunidades no son las mismas y marcan la diferencia. La repetición
patentiza la falta de equidad en la distribución de las oportunidades
educativas: no privilegia a los niños que, por su situación de pobreza,
necesitan más apoyo.
La
repetición cuestiona la calidad porque muestra que no se logra lo que se
pretende conseguir: el aprendizaje de los alumnos. Hablar de calidad es hablar
de estándares –lo que se espera que los alumnos aprendan y de lo que se debe
dar cuenta, a través de evaluaciones serias que sean conocidas por quienes
tienen que tomar decisiones y por la sociedad–. Esto exige que los estándares
sean claros y mensurables para poder ubicar el nivel de logro obtenido.
El estándar
tiene que insertarse en la cultura. Los padres y los ciudadanos deben saber
cuál es y qué deben hacer –el servicio
educativo y ellos mismos– para obtenerlo. Cuando no existen, o no son claros,
no se tiene cómo ejercer un control social que exija la calidad requerida, o no
se sabe cómo participar para lograrla.
Además, si
los estándares son desconocidos por el docente, o son ambiguos, pueden darse
situaciones contrapuestas. Por ejemplo, un profesor de segundo grado podría
promocionar, al final del año, a un alumno que copia correctamente las palabras
del modelo, aunque no pueda expresar sus ideas y ni siquiera lo intente. Otro
considerará necesario que el niño produzca un escrito en el que exprese sus
ideas. Son criterios diferentes que pueden provocar carencias básicas que se
arrastren a lo largo de la vida.
Frente a
esto, cabe preguntarse si los que repiten son los que realmente deben repetir,
o si hay más. ¿Existen factores no pedagógicos que influyen para que se apruebe
a quienes no alcanzan los logros básicos? ¿Por qué existen jóvenes que
–concluyendo la secundaria, después de 11 años de escolaridad– no han adquirido
la capacidad de leer comprensivamente, expresar por escrito su pensamiento o
realizar operaciones elementales de cálculo?
Se debe
destacar que se están dando casos de toma de conciencia local de este problema,
como sucede en algunas regiones educativas cuyas autoridades se han interesado
en medir los logros de aprendizaje de sus niños. Ante los precarios resultados
obtenidos, han comenzado a tomar decisiones orientadas a mejorar las
condiciones que propicien que los alumnos obtengan aprendizajes relevantes.
Los índices de repetición, cuando se dan, indican que
el sistema educativo no logra lo que pretende. Se hace necesario que el Estado
y los gobiernos identifiquen el problema central, aprendan de sus aciertos y
errores, y asuman con valentía y lucidez acciones rectificadoras. Gobierno y
sociedad civil deben prestar atención a los procesos de aprendizaje que se
desarrollan en las aulas, y a la gestión y seguimiento de ellos. Su éxito hará
que se cumpla cabalmente con el derecho a la educación y que niños y jóvenes
mantengan la convicción de que siempre pueden aprender.
* Las
ideas expuestas aquí son responsabilidad de la autora y no reflejan ninguna
posición institucional.
La repetición: Principal
problema de la EDUCACIÓN
Hugo Díaz
El Informe
Delors hace referencia a que el fracaso escolar es una catástrofe desalentadora
en el plano moral, humano y social que muy a menudo genera exclusiones que
marcan a los niños y jóvenes durante toda su vida de adultos.
Una de las
expresiones del fracaso escolar es la acumulación de repeticiones de cursos.
Repetir un grado no ayuda al alumno a conseguir mejores resultados y tiene un
efecto negativo para su integración social y su autoestima. Desarrolla
actitudes sumamente negativas hacia la escuela, además de que con frecuencia la
repetición en un grado inicial conduce a la repetición en grados posteriores.
La presencia de un número de repetidores con edad superior a la del resto de
nuevos compañeros perturba la clase y hace más difícil el trabajo del profesor.
En el Perú,
la repetición en el primer grado de enseñanza primaria es la expresión más
visible de la baja calidad de la educación. Los datos oficiales indican que en
ese grado los repetidores habrían descendido de 31,8% en 1990/1991 a 10,1% en
1996/1997, fundamentalmente a causa de la aplicación de la promoción
automática. En cambio, para los otros grados de la educación primaria se
habrían dado mejoras pero a un ritmo sensiblemente menor.
Si bien la
repetición de grado se convierte en una solución para los alumnos que son
lentos para aprender, hay varios estudios que demuestran que no es bueno hacer
repetir a un niño. Tampoco es bueno promocionar automáticamente a alumnos de un
grado al superior si no se prevén los apoyos específicos a los alumnos que
tienen dificultades, y si no se cuenta con una combinación de insumos que
garantice que este sistema de promoción tendrá éxito. Concretamente, se hace
referencia a que el éxito de la promoción automática se asocia a profesores bien
formados, capacitación permanente, adecuada provisión de materiales educativos
y una asesoría y supervisión permanentes. Por desgracia, en muchas zonas del
país esas condiciones no están dadas.
El ideal
del país debería ser que un niño esté un año en cada grado. Datos de la Unesco
muestran que para terminar cinco grados de educación primaria en el Perú se
necesita un promedio de 6,6 años. Reducir la baja eficiencia académica del
sistema requiere atacar varias de las causas de la repetición y que se asocian
al contexto socioeconómico en el que se desenvuelve el niño peruano;
frecuentemente desnutrido, sobreviviendo en medio del hacinamiento y la
insalubridad, a menudo obligado a trabajar para contribuir a la propia
subsistencia y a la de su familia, carente de los estímulos que requiere el
desarrollo normal de sus capacidades de aprendizaje.
Hay
estudios que resaltan que la repetición también depende de factores pedagógicos
como son: contenidos inadecuados, las bajas expectativas de los profesores
respecto del rendimiento de sus alumnos, las metodologías empleadas o la
carencia de un mínimo de textos y materiales educativos. A inicios de la década
el índice de disponibilidad de textos de los niños peruanos que cursaban el
sexto grado de educación primaria llegaba a 19%, muy inferior a los registrados
en Chile, Colombia, Argentina y México. En este último país, 8 de cada 10
alumnos tenían acceso a un texto escolar.
Por sus
consecuencias para los costos educativos, pero sobre todo en factores como la
autoestima de niños y jóvenes, el enfrentamiento de la repetición debe ser una
prioridad de las políticas educativas en la siguiente década. El problema es
que por cada 35 alumnos que continúen repitiendo habrá necesidad, al año
siguiente de producido este fenómeno, de hacer funcionar una sección, financiar
un profesor, prever las raciones de alimentos, material educativo, etcétera.
Entonces, el gasto que significa la repetición no es sólo el año en que se
produce el fracaso escolar, sino que tiene sus efectos al año siguiente.
Finalmente, el estímulo a los buenos resultados que
consigan tanto maestros como escuelas debe ser parte importante de las
estrategias de enfrentamiento de la repetición. Aquellas escuelas que alcancen
los mayores porcentajes de promoción de alumnos de un grado a otro deberían ser
premiadas y sus docentes recibir un trato especial en los aumentos de
remuneraciones que disponga el Gobierno. De otro lado, resulta indispensable
que los resultados de las pruebas de medición de la calidad de los aprendizajes
sean ampliamente difundidos en las escuelas y centros que forman maestros, así
como un referente para la aplicación de una política
selectiva de aumento de remuneraciones.
Toda repetición es un riesgo:
El caso de las niñas rurales
Carmen Montero
La
repetición de un grado en la escuela es sin duda un problema que puede ser
analizado en diversos niveles.
Así, por
ejemplo, si se pone el énfasis en la eficiencia global del sistema se incorpora
la dimensión de la repetición como un componente central; en esta lógica, si un
estudiante cursa dos veces un mismo grado le tomaría más tiempo culminar sus
estudios y se incrementaría la inversión que requieren realizar el Estado y las
familias en uso de locales y mobiliario, pago a maestros, útiles escolares,
pasajes, etcétera, para que los alumnos tengan la primaria o la secundaria
completa.
Podríamos
decir también que quienes repiten son aquellos alumnos que no lograron los
aprendizajes correspondientes al grado "x", que terminaron
desaprobados y, por lo tanto, al matricularse nuevamente lo hacen en condición
de repitentes. Desde este punto de vista, la repetición sería un indicador
indirecto del logro de objetivos de aprendizaje y, de algún modo, de la calidad
de logros del sistema.
Otro tipo
de análisis nos remitiría más bien a los efectos personales y sociales que
acarrea la repetición tanto por ser una experiencia personal frustrante como
por el riesgo que significa el atraso escolar o extraedad.
Quisiera
utilizar esta última entrada para reflexionar brevemente desde la situación de
un sector particular del alumnado nacional constituido por las niñas de las
áreas rurales del país. Puedo sustentar mi elección con dos argumentos: uno,
muy práctico, es que he estado trabajando últimamente el tema de la exclusión y
la escolaridad de las niñas del campo; otro, más sustantivo, es que considero
que se trata de un sector social importante pero rezagado en el que se está
jugando la posibilidad de disminuir o superar las brechas educativas que
distancian a los hombres de las mujeres y a las mujeres entre sí según sean de
áreas urbanas o rurales, indígenas o no, más pobres o menos pobres.
Dicho en
otros términos: lo que está en juego es la posibilidad de que las nuevas
generaciones de mujeres que viven en zonas rurales manejen las herramientas y
códigos básicos de la modernidad, puedan comunicarse en la lengua oficial,
sientan mayor seguridad personal, eleven su autoestima y sepan defenderse del
abuso y el engaño.
En efecto,
en las pequeñas escuelas rurales del país –que son típicamente escuelas
públicas con enseñanza primaria multigrado– estudia 40% del alumnado femenino
de primaria de menores. Para la gran mayoría de niñas que viven en los
caseríos, comunidades y poblados dispersos, distantes y de difícil acceso, las
oportunidades de aprender los saberes de la escuela se agotan en lo que ofrece
la escuela de su localidad; pocas de ellas podrán salir a otro centro poblado a
terminar su primaria o a estudiar la secundaria; si algunos de la comunidad
pueden hacerlo, serán probablemente los de familias "más acomodadas"
y, de preferencia, los hijos varones.
Sucede, sin
embargo, que las niñas del campo disponen de un tiempo limitado para estudiar.
No sólo porque –como es habitual en las familias campesinas– las
responsabilidades domésticas y productivas las tienen muy atareadas y
dificultan su asistencia regular a la escuela, sino también porque existe el
riesgo de que "les gane la edad".
En el ciclo
escolar de las niñas de áreas rurales hay un incremento notable y creciente de
la extraedad: al inicio tardío de la vida escolar se suma una trayectoria
accidentada de asistencia irregular y desaprobación que se traduce en
repetición y en el aumento del desfase entre la edad normativa fijada para un
grado y la edad promedio real que tienen los alumnos y alumnas que cursan ese
grado.
Según el
Censo Escolar de 1993 (Ministerio de Educación), 164.060 niñas rurales –22% de
las matriculadas– estaban repitiendo un grado de primaria, y aunque la
repetición tiende a disminuir conforme se avanza en grados de estudio (a veces
porque la desaprobación lleva más bien al abandono), obviamente la extraedad
tiene un comportamiento inverso. Así, en primero de primaria 54% de las niñas
tenía una edad superior a la edad normativa (6 años); al cursar el tercer grado
de primaria, 77% de las alumnas estaban por encima de la edad adecuada; y
cuando llegaron al cuarto grado, la extraedad afectaba a 88% de las alumnas y
la edad promedio era de 11 años (cuando la norma establece 9 años para ese
grado).
En este
marco, el riesgo de abandonar la escuela sin haber culminado la primaria –con
todo lo que eso significa para la reproducción de las diferencias– es mayor.
Hacia los 12 o 13 años de edad, la vida de las estudiantes parece complicarse y
la competencia de los tiempos doméstico y escolar se agudiza; coinciden además
cuestiones como el inicio de la menstruación, el incremento de las
responsabilidades familiares, la vergüenza e incomodidad de ser ya
"mayorcita", con el desaliento de los padres de familia frente a este
esfuerzo que no parece dar frutos y con el tedio y el aburrimiento de clases
poco estimulantes.
En suma, a pesar de los avances
logrados en las expectativas de las familias rurales por educar también a las hijas mujeres y a pesar
de que la mayoría de niñas llega a establecer una relación con la escuela en
algún momento de su infancia, ésta es todavía una relación precaria y frágil.
La repetición incrementa el atraso escolar y pone en riesgo la culminación de
la primaria. Sin embargo, estimo que todas aquellas medidas de política
educativa que se dirijan a promover la matrícula oportuna, la calidad y
pertinencia de la tarea educativa en áreas rurales (atendiendo la formación y
trato del docente, calendarios y horarios escolares, accesibilidad de las
escuelas, lengua, recursos materiales y equipamiento, entre otras) y el logro
de aprendizajes significativos contribuirán positivamente a reducir la
repetición y a mejorar la permanencia de las niñas en la escuela.