Entrevista

"ARCHIVERO, PUES"

Una de esas actividades que la gente por lo general no valora o ni siquiera conoce y que, sin embargo, resulta vital para la memoria colectiva de un país, es la archivística. En los estantes de los archiveros, los más diversos documentos guardan parte de nuestra historia, de nuestros aciertos y errores como nación. Entre quienes se dedican a esta actividad en el Perú destaca nítidamente uno: César Gutiérrez, que trabaja en la Pontificia Universidad Católica del Perú y ha publicado recientemente un libro bajo el provocador e irónico título Archivero, pues.

En lo que sigue, una amena conversación con este archivero "convicto y confeso" en la que nos cuenta sus opiniones sobre el país desde una perspectiva peculiar: los archivos.

 

¿Quién decide, en el Perú, qué documentos públicos se archivan?

El Perú es uno de los países de América Latina que mejor legislación archivística tiene; el Decreto Ley 19414 ha sido ejemplo para otras naciones de esta región. En esta ley se establece cuál es el patrimonio documental del Perú, y una Comisión Técnica de Archivo constituida por representantes de diversas instituciones evalúa la documentación.

Por ejemplo, un ministerio solicita al Archivo General de la Nación que elimine ciertos documentos considerados innecesarios; va un especialista del Archivo, revisa, evalúa y presenta una muestra de los documentos que se quieren eliminar y un informe a la referida comisión técnica conformada por representantes de diversos intereses. Después de un examen muy minucioso puede decidirse su destrucción, pero dudando una y mil veces.

¿Dónde están los documentos comprometedores de los gobiernos de turno? ¿De los militares, por ejemplo?

No hay quién se meta con el Ministerio de Defensa. Los documentos que corresponden al gobierno militar que rigió los destinos del país entre el 3 de octubre de 1968 y el 27 de julio de 1975 no están donde deberían, esto es, en el Archivo del Palacio de Gobierno, sino, me imagino, en el Pentagonito.

¿Cuál es la utilidad práctica de los archivos para un país?

No existe negociación sin archivos. Le pongo un caso concreto que tiene que ver con los peruanos: el arreglo con el Ecuador se hizo gracias a los documentos. Y en este asunto hubo dos historiadores: el doctor Novoa por el Ecuador, ahora vicepresidente de ese país, y Percy Cayo Córdova por el Perú. Un día este último dijo que los mismos diplomáticos ecuatorianos nos pedían que nosotros mostráramos los documentos históricos, porque nosotros los habíamos conservado, y gracias a la existencia de esos documentos se pudo negociar sobre bases objetivas. Uno puede tener una interpretación distinta de ese documento, pero el documento es uno solo y expresa una sola cosa redactada de una manera.

¿Y cuál es la utilidad práctica de los archivos para el ciudadano común y corriente?

Los grupos terroristas quemaron archivos municipales: no sólo se quiso matar físicamente a las personas, sino también civilmente. Aquí en el Archivo de la Universidad tenemos las partidas de nacimiento de muchas de esas personas que sufrieron el incendio de esos archivos. Muchas veces hemos ayudado ofreciendo ese servicio, entregando una copia u otra forma de reproducción de ese documento.

A propósito de la destrucción de archivos, ¿encuentra alguna relación entre los incendios y los archivos?

Los incendios en el Perú, sobre todo en las instituciones públicas, están asociados al Archivo. Yo tengo una colección de recortes periodísticos de todos los incendios, porque don Jorge Basadre me decía constantemente: "hay que hacer la historia de los incendios en el Perú". Usted puede ver en los recortes últimos qué parte de los edificios o entidades públicas fueron incendiadas. Le propongo que en el próximo incendio vea qué parte del edificio fue afectada por el fuego: con frecuencia es el Archivo; hay cortocircuitos que empiezan en el cuarto piso y queman el archivo que está en el sótano.

¿Por qué el título Archivero, pues de su libro?

A menudo, cuando manifiesto mi tarea cotidiana, los interlocutores no entienden lo que les digo. "Señor, ¿cuál es su profesión?" "Archivero." "¿Qué?" "Archivero, señor." "No, disculpe usted, me refiero a su trabajo." "Sí, eso mismo: soy archivero." "Ya sé, pero lo que quiero saber es a qué se dedica usted, con qué se gana la vida; así como yo soy abogado, aviador o atleta, ¿qué es usted, señor?" "Archivero, pues."

 

Archivero peruano, convicto y confeso

"Soy un archivero hecho y derecho. Hecho en el tiempo –o, mejor dicho, haciéndome en él desde hace poco más de 30 años– por la entrega, la experiencia y el estudio permanentes. Derecho porque mi existencia de archivero se sustenta, por un lado, en la plena convicción de ser archivero –afincado fuertemente en mis adentros– y, por otro, en una formación que me permite ser un buen archivero.

No sólo soy un archivero convicto y confeso; también quiero parecerlo, para que los que vean mi ejemplo lo aprecien consecuente, factible y útil... Nací en el Perú y desde entonces todo me une a esta tierra. Soy un archivero peruano con todas las implicaciones que este concepto tiene. Por eso soy también un archivero americano que repite de corazón el dicho de Viscardo y Guzmán: ‘El nuevo mundo es nuestra patria y su historia es la nuestra’." (Cita de su libro Archivero, pues.)