Julio del Valle (1967)
Estudió filosofía en la Universidad Católica y obtuvo el grado de magíster con una tesis sobre filosofía y poesía. Se ha desempeñado como docente universitario y ha publicado poemas en diversas revistas. Actualmente realiza sus estudios de doctorado en Heidelberg, Alemania.
El silencio de la tierra
Suben las almas en pena el triste camino
con la cabeza gacha y los brazos colgando.
Suben paso a paso arrastrando los pies
las almas sudorosas y cubiertas de harapos.
Suben poco a poco sin ánimo ni luz en sus ojos:
triste es cualquier relato que sobre ellas se cuente.
Gran paz y felicidad es la que las acompaña
si en su camino no oyen ruido alguno,
ningún mugido ni voz ninguna.
Hala el destino una férrea cadena y no hay músculo
suficiente que pueda alterar su caprichoso vaivén.
Elocuencia
Poco a poco se apoderan de nosotros
Pesados ruidos.
Ataviados con largos vestidos,
Con largas mangas de seda,
Largas como el tiempo,
Aparecen apenas perceptibles
Desde lejos
Para habitar nuestras más recónditas y cálidas
Moradas.
Allí, calientes, canturrean satisfechos
Llenándolo todo con horrible desesperación.
Con sus gestos altivos
Y nuestra despreocupada veneración
Fácilmente se apoderan de nosotros
Y nos vemos nadar a la deriva,
Vestidos con sus más llamativos colores,
Aptos para ofrecer
Las más expresivas notas.
Con la palabra en la punta de la lengua,
La sangre haciendo alarde
Y la fuerza que se torna llamativa,
Sólo fuego efímero
En el tiempo
La elocuencia.
El saber desapasionado y nada locuazDesespera, sin embargo,
En el silencio.
Ilusión
Luego del demencial recorrido
nublada está la vista
y turbados los sentidos.
El rostro que cubrían las manos
es aún el mismo rostro,
pero no ya las manos
que engendraron la tierra.
Oquedad silenciosa y cargada
de preguntas,
el cuerpo que se toca y se siente
germina distinto
al contacto de la mano
con el vientre.
Las puertas que se abrieron
y cerraron
son aún las mismas puertas,
pero no ya la madera
que sirvió de calor
para el cuerpo,
ni el lugar donde fue buscada.
Una ligera frescura trae ahora
la brisa.
Algo fresco y precario
como la calma
luego de gastado todo el aliento.
Mudanza otra vez en el viento
y sobre la misma tierra.
El ruido queda, el mismo río.
las palabras pocas
1
Te he visto aparecer desenredada, absurda
parada frente a mí
casual, real, desprovista de magia
me paré
sonreí
decidido, audaz
para enterrar la desilusión
tuve alegríatuve un dique flotante atiborrado de curiosos
¿qué tal si desenredo tus brazos y pongo fin a tu boca?
¿si te almaceno en
grandes cajas de cartón?
¿en agua mineral?
desencadenadas las praderas enrojecieron
el verde fue verde
la ficción un fracas
2
Me gusta ver esas vírgenes surrealistas de un solo seno
adoquinadas sonrientes sentadas frente a mí en el escaparate
de alguna librería
mostrando sus largas piernas plateadas, trepando desalojando
con un guiño lo enorme de su cuerpo desnudo
útil es la vida cuando de eso se trata
3
Desgarbada, cansada, agotada figura la que ronronea
por los techos maullando a la noche
soñolienta, lastimera sonrisa la del vecino del paraguas
en plena ciudad que no conoce la lluvia
mirando desde el techo la calle la mano se prolonga
sin quererlo hasta tocar los cables de luz, los alambres
del teléfono, la electricidad, el voltaje
lo que a todos mata pero a mí no
4
Describir
la violenta aparición de lo que es
Empeño manco, andar fruncido
o Valery
escribiendo copiosamente
5
Arrojo al fuego con improperios
todo lo que hay
Todo cuanto existe
y sobre todo
Aquel amanecer que ya pasó
6
Yo no soy de aquellos que se quedan hasta el final
para cumplir su palabra cuando las cosas se ponen mal.
El día está malo hoy y la noche será peor.
Yo recojo mi tienda y acerco el camino a los pies.
Saber entender es un raro privilegio.
Versos mínimos
para Michell
Soledad
Un ruido distinto te azota, el silencio.
Un sentido más, la lucidez,
Te aprieta las sienes, la frente entera.
El tiempo en la nuca como una lenta guillotina.
El despoblado corazón.
Las manos solas.
Un buen baño caliente te haría bien;
El tierno río se llevaría toda tu maleza;
Te dejaría limpio
Y otra vez solo.
Tierra
Nada deja de escucharse en este gran murmullo.
Nada. Rastrillo del tiempo:
Si pegas el oído a la tierra, si te atreves y te embarras
La cara con el lodo,
La cara con las huellas de cientos de cantos pasados;
Sus sonrisas, sus pesares, su odio,
Todo ese corazón adherido a tu rostro
En un pedazo de tierra.
Si escucharas.
Aves
El vacío no es un problema para ellas.