PORQUE EL DERECHO A ELEGIR ES EL DERECHO A VIVIR

Susana Galdos*

 

El mes pasado leí en ideele interesantes opiniones de líderes y directores de colegios sobre la educación sexual y los derechos de los padres a encaminarla. Me vinieron a la memoria las horas de discusión en la Conferencia sobre la Población y el Desarrollo, hace cinco años, en El Cairo, Egipto. Permítanme una rápida introducción sobre ella.

Como sabemos, los temas de población responden a preguntas sobre cuántos somos, en dónde estamos y cómo estamos. En la Conferencia de El Cairo, por primera vez el acento fue puesto en la calidad de vida. La participación de las ONG de mujeres dio el impulso necesario para que los gobiernos aceptaran no sólo nuevas miradas sino también nuevos términos: derechos reproductivos, empoderamiento de la mujer, perspectiva de género, concretados en recomendaciones como invertir en el mejoramiento de las condiciones de la niña, que los varones se involucren con responsabilidad en la familia y la salud reproductiva, y en reconocer que los adolescentes tienen derecho a información, educación y servicios en salud reproductiva, entre otros.

En junio de este año Naciones Unidas convocó a una reunión para que los gobiernos evaluaran los primeros cinco años del Programa de Acción. Nuevamente el tema de los derechos sexuales y reproductivos de los adolescentes y las adolescentes dividió opiniones dentro del Grupo de los 771. Y es que, aunque todos los países miembros coincidían en que chicos y chicas deben poder tomar decisiones asertivas en su vida y actuar con responsabilidad, discrepaban respecto del cómo lograr esos objetivos.

Los países islámicos y otros que compartían la misma posición que El Vaticano reclamaban como un derecho de los padres el decidir sobre la educación sexual de sus hijos e hijas, derecho que no estaban decididos a dejar a los gobiernos ni al sistema educativo. Fueron días de discusión para llegar a un consenso.

Creo que es interesante resumir algunos de los puntos de esa discusión: ¿cómo asegurar que la familia, madre o padre, desafortunadamente con más frecuencia el padre, no vulneren los derechos de los niños y las niñas? Por ejemplo, en nuestro país la ley contra la violencia doméstica ha evidenciado no sólo el maltrato hacia la mujer, sino también hacia los hijos e hijas. Las denuncias sobre incesto, ya sea del padre o del padrastro, y el abuso sexual de familiares, se ven incrementadas, no porque se den con más frecuencia que hace unos años, sino porque hay conciencia de un derecho vulnerado.

Surgió la pregunta si la paternidad o maternidad biológica capacitan para una adecuada educación para la vida y el amor, para la sexualidad, y cuánto peso ponen los gobiernos en escuelas para padres. Y madres, digo yo...

¿Cuáles son los límites entre los derechos de los padres y la obligación de los Estados de asumir la educación sexual en países en los cuales la mayoría de la población no está capacitada ni educada en el tema?

Se discutió también sobre el derecho al conocimiento, como un derecho de la gente joven, incluido el conocimiento de su cuerpo, de su funcionamiento y control, es decir, métodos anticonceptivos. No faltó el argumento de que si saben de métodos van a tener relaciones. Algo así como si el conocimiento incita a la acción, mejor que no tengan conocimientos.

El embarazo en la adolescencia, creciente también en el Perú, polarizó el intercambio, pues para algunos es resultado de justamente poca autoridad de los padres y valores de la familia, y, para otros, de negar la sexualidad de la gente joven y del poco acceso a oportunidades de estudio y trabajo. .

La presencia de delegaciones de chicos y chicas, tanto en el encuentro de gobiernos en La Haya como en Nueva York, pidiendo que los programas para adolescentes sean diseñados, desarrollados y evaluados por los adolescentes y las adolescentes y que 20% del presupuesto de salud reproductiva se destine a actividades para la salud sexual y reproductiva de los jóvenes y las jóvenes, fue una experiencia que impactó a muchos adultos.

En este marco, difícil porque hablamos de valores y culturas diferentes, fue posible llegar a un consenso. Reproduzco dos artículos que resumen lo acordado:

"c) Formular planes de acción a nivel nacional y a otros niveles, cuando proceda, para los adolescentes y los jóvenes que se basen en la equidad y la igualdad entre los sexos y abarquen las esferas de la educación, la capacitación profesional y las oportunidades de generación de ingresos. En estos programas deben incluirse mecanismos de apoyo a la educación y el asesoramiento de los adolescentes en lo que respecta a las relaciones y la igualdad entre los sexos, la violencia contra los adolescentes, la conducta sexual responsable, las prácticas responsables en materia de planificación de la familia, la vida familiar, la salud reproductiva, las enfermedades de transmisión sexual, la infección por el VIH y la prevención del sida. Los propios adolescentes y jóvenes deben participar plenamente en la formulación y la realización de esas actividades de información y servicios, teniendo debidamente en cuenta la orientación y las obligaciones de los padres. Debe dedicarse especial atención a los jóvenes vulnerables y en situación desfavorecida.

"e) Reconocer y promover la función central que corresponde a las familias, los padres u otros tutores legales en la educación de los hijos y la formación de actitudes y garantizar que se imparta educación a los padres y personas con responsabilidades jurídicas sobre el suministro de información acerca de la salud sexual y reproductiva, y que participen en esta tarea, en forma compatible con la evolución de la capacidad de los adolescentes de modo que puedan ejercer sus derechos y cumplir con sus obligaciones en relación con los adolescentes".

Pienso que si se pudieron poner de acuerdo más de 180 países, tendríamos que hacer el esfuerzo de lograr otro tanto los que de una u otra manera estamos involucrados en el compromiso. Personalmente considero que las Guías de Educación Familiar y Sexual del Ministerio de Educación son un buen aporte a una educación integral de nuestra juventud, y que frente al creciente número de embarazos de adolescentes se necesitan estrategias de corto y mediano plazo. Asegurar que tenga un buen control médico, que su parto sea saludable, que continúen estudiando, son algunas de las inmediatas. Paralelamente, hay que seguir desarrollando un proceso educativo que afirme la autoestima y la asertividad, motivar la equidad, socializar la información y contar con servicios adecuados, amén de oportunidades para estudiar y trabajar.

La capacitación de los docentes es una tarea en la que debemos comprometernos también como sociedad civil; corresponde al Ministerio de Educación hacer la convocatoria. Por otro lado, no debemos renunciar a nuestros derechos a criticar, ni al de sugerir y comprometernos con alternativas.

Desde Manuela Ramos creemos que un importante paso para el ejercicio pleno de ciudadanía es la capacidad para tomar decisiones basadas en la conciencia. Por eso compartimos la canción que los jóvenes estrenaron en el Foro de La Haya y que dio título a esta nota:

"Levántate, levántate, deja que escuchen tu voz.

La juventud tiene el derecho a decidir porque el derecho a decidir es el derecho a vivir.

Nosotros elegimos esperar hasta estar listos para tener hijos.

Elegimos ser sabios y prevenir la propagación del sida.

Acabar con la violencia y el abuso sexual.

Levántate por tus derechos. Sí existe un camino mejor. Nosotros elegimos ser leales y protegernos unos a otros. Nosotros elegimos amarnos y respetarnos.

Porque el derecho a elegir es el derecho a vivir"2.

 

1  Grupo conformado por países en vías de desarrollo que llevan posición de consenso a la Asamblea de Naciones Unidas

2  Traducción libre de "The right to choose".

            www.caribbeanyouth.com

*          Movimiento Manuela Ramos.