EDITORIAL

    ¿Está sola Colombia?

Cómo estará de mal la situación de los colombianos, que los peruanos estamos muy preocupados por ellos; para ellos mismos nuestra preocupación debe ser un indicador más de lo mal que están.

Un analista y defensor de derechos humanos de gran calidad personal y profesional, Diego Pérez, del CINEP, no se cansa de decir que uno de los problemas de Colombia es que hay muchos –demasiados– que creen tener la varita mágica para conseguir la paz de un día para otro. Actitud que sólo sirve para alentar caminos muy costosos pero que no conducen a ninguna parte.

La primera responsabilidad frente a Colombia es entender tanto el drama que están viviendo como su complejidad, y que son los propios colombianos los que tienen que definir sus estrategias y, en función de ellas, las pistas del apoyo y la solidaridad.

Colombia es hoy prioridad, obviamente, pero a la vez no hay que perder de vista que no es el único motivo de preocupación en la región. Las señales en general no son muy alentadoras. Sólo el hecho de llegar al 2000 con Fujimori en el Perú, Chávez en Venezuela o Bánzer en Bolivia es muy revelador de lo que está sucediendo y de los peligros del futuro inmediato.

Hasta hace poco se decía que la región había entrado en un proceso de democratización generalizado e irreversible. Hoy ya sabemos que ni tan generalizado ni tan irreversible. Teníamos dudas de si el autoritarismo de Fujimori era rezago (de los últimos que quedaban) o vanguardia (el primero de los que se venían), pero ahora nos comenzamos a inclinar por lo segundo.

Uno de los elementos comunes que están dando origen a estos vientos en contra de la democracia en la región es que la persistencia y hasta el agravamiento de problemas fundamentales como la pobreza, la desigualdad, la violencia y la corrupción, terminan irremediablemente deslegitimando a la democracia y, al mismo tiempo, legitimando cualquier vía que, en la desesperación, se perciba como alternativa y ruptura frente al pasado; y no  importa de qué signo sea,  ni que muy pronto demuestre ser tan o más ineficiente y fuente de más problemas. En eso sí, el Perú es un ejemplo.

Desde esta perspectiva, el diagnóstico y el desafío están más o menos claros; son las soluciones las que todavía no se vislumbran.