¡Ya tiene tarjeta roja!

¿Y si Fujimori quedara
en off-side?

Es inminente la posición prohibida de Fujimori; sólo falta que inscriba su candidatura ante el Jurado Nacional, y asunto consumado. ¿Qué pasaría, entonces, si el off-side el quedarse solo en posición ilícita se convirtiera en  una amenaza en tanto posibilidad? Lo primero: ¿viable? ¿Hay condiciones para proponerse dejarlo en off- side? Segundo: ¿qué efectos tendría en los planes de Fujimori y Montesinos si fuera un riesgo de verdad? ¿Qué reacciones generaría en el país? ¿Y en la comunidad internacional?

 

La inminente posición prohibida o ilícita de Fujimori está fuera de discusión: constitucionalmente no hay ninguna posibilidad de que pueda ser candidato por tercera vez consecutiva, para una segunda reelección, y, sin embargo, ahí está, virtualmente ya de candidato, y en enero seguramente se inscribirá ante el Jurado Nacional de Elecciones.

Ninguna posibilidad constitucional porque –una vez más– la actual Carta Política permite la reelección inmediata por una sola vez y Fujimori ya hizo uso de esa atribución en 1995, luego de gobernar un primer período, de 1990 a 1995. Simplemente no puede. Y no cabe alegar que existe una ley que ordena que lo que es realmente segunda vez, la re-reelección, se considere ficticiamente primera vez, porque la Constitución está por encima de ese tipo de triquiñuelas, por más que se le ponga el nombre de “ley de interpretación auténtica”.

Más si el Gobierno impidió que el Tribunal Constitucional declarara inconstitucional dicha ley, como correspondía, y hasta llegó a destituir a los magistrados que, justamente, cuestionaron la re-reelección y si, encima, impidió que se realizara el referéndum convocado contra la misma ley, después de que se había conseguido el millón 200 mil firmas requeridas.

Por eso, la sola postulación de Fujimori, de prosperar, sería un triunfo enorme para él. De alguna manera, habría ganado ya, pues sería el saneamiento legal de una situación ilegítima e insalvable.

Oposición

Que Fujimori pretenda postular más allá de toda posibilidad legal, no puede sorprender a nadie. Hay que ser justos y reconocer que en eso no nos ha engañado, pues hace mucho tiempo dio señales muy claras de sus intenciones. Pero lo que sí sorprende es la resignación tan rápida de los otros, el que se le esté regalando el partido sin ningún esfuerzo. Hasta Fujimori y Montesinos deben estar sorprendidos de lo fácil que, finalmente, les esté saliendo la nueva reelección.

¿Acaso la existencia y proliferación de candidatos dispuestos a competir en buena lid con Fujimori no es aceptar la situación como un hecho consumado y, por lo mismo, convalidar la re-reelección? ¿O alguien piensa que se puede postular, participar y, en todo caso, después cuestionar la legitimidad de las elecciones en función de los resultados? Si se participa, después ya no se podrá decir ni pío.

Lo mismo ocurre con las postulaciones para el Congreso. La visible preocupación de muchos por permanecer en la curul o por acceder a una, con todo tipo de reacomodos de por medio, como si se tratase de elecciones normales, ¿no es alentar a Fujimori a seguir adelante? ¿Acaso la ilegitimidad de las elecciones presidenciales no arrastra la ilegitimidad de todo el proceso electoral? Pretender separar las cosas (elecciones presidenciales: ilegítimas; elecciones al Congreso: legítimas) es, francamente, poner la curul por encima de todo.

También le facilita las cosas a Fujimori y lo ayuda a legitimar su tercera postulación el que cada vez sean más los que ponen el foco en el día de las elecciones, en observar y fiscalizar que no haya un fraude en el momento de la votación y conteo de votos, como si hasta hoy todo estuviera en orden y sólo hubiera que cuidarse de peligros futuros. Si no hay irregularidades el día de las elecciones, ¿todo estaría bien? Si no se alteran actas o se meten votos, ¿debemos prepararnos para ir a felicitar al ganador, cualquiera que sea, incluido Fujimori?

El resultado está más que cantado

Sólo esta tercera postulación de Fujimori viciaría por completo y desde el comienzo las elecciones; pero encima hay una razón adicional para cuestionarlas: todo está hecho para que el triunfo de la re-reelección de Fujimori sea el único resultado posible.

A estas alturas, es más que evidente que la inconstitucional segunda reelección de Fujimori se pretende imponer y asegurar a la mala, con todo, sin límite alguno, arrasando instituciones, normas y hasta personas.

Preguntémosle si no a Andrade. El Gobierno se lo ha tumbado, y no es gratuita ni exagerada la expresión. Hasta hace muy poco estaba primero en las encuestas, y ahora tiene que defender lo meritorio que es estar en un honroso tercer lugar. Y en parte tiene razón: después de todas las maniobras del Gobierno para que no pueda desempeñarse como alcalde y de la nauseabunda campaña en su contra, es efectivamente un mérito mantenerse en tercer lugar.

Y ahora ya comenzó contra Castañeda. El método es el mismo: todo el Estado contra él, incluidos lumpen y matones, y campaña de desprestigio, a través de prensa amarilla y semiamarilla.

En general, el uso de todo lo del Estado (recursos, instituciones, funcionarios) a favor de la reelección es también escandaloso. Con el cuento de que no se puede parar de gobernar o de atender las necesidades de los pobres, Fujimori está en campaña permanente.

Y recordemos que no hay institución a la que se pueda recurrir, por más arbitraria e ilegal que sea la medida, pues todo está bajo control. En el Congreso hay mayoría oficialista. El Poder Judicial sigue intervenido a través de la Comisión Ejecutiva y de la provisionalidad de la mayoría de los magistrados. Las atribuciones del Fiscal de la Nación siguen en manos de la incondicional Blanca Nélida. No hay ya Tribunal Constitucional. El sistema electoral no es confiable desde que se metió a gente que ya ha dado señales de falta de independencia.

La burda manipulación de los medios de comunicación es otro hecho evidente: campañas contra la oposición; acoso de periodistas independientes; Lauras Bozzos y cómicos ambulantes a toda hora por la televisión, en lugar de noticias y debate; repentina conversión al fujimorismo de humoristas, animadores y locutores; fabricación permanente de cortinas de humo; utilización de cantantes, deportistas, etcétera, etcétera.

Todo un esquema y una maquinaria donde sólo cabe un resultado y ningún otro: la re-reelección.

¿Acompañar o un paso adelante?

Como hemos dicho en la edición anterior, somos absolutamente conscientes de lo complejo de la situación y de lo difícil que puede ser revertirla. Pero también seguimos preguntándonos: ¿no se estará cometiendo un error en cuanto a lo que corresponde hacer?

¿Qué pasaría si en lugar de seguir acompañando y participando de un fraude anunciado e inminente, en el sentido de un proceso electoral viciado desde el comienzo y con un resultado prácticamente inexorable, se llega a un amplio acuerdo por el “no participar“? No participar si Fujimori se inscribe en el Jurado Nacional de Elecciones, en primer lugar, y no participar si no hay mínimas garantías.

No participar: ni candidatos presidenciales ni candidatos al Congreso, obviamente; pero también no participar instituciones y personas, en el sentido de ampliar al máximo el campo de quienes no reconocerían el proceso electoral y sus resultados. La amenaza de off-side, en definitiva, frente a una jugada clave que se basa en una posición ilícita.

Cierto que es difícil que el off-side salga bien. Tiene que haber decisión y coincidencia, porque si no, no es off-side y el tanto vale. Tiene que ser claro y oportuno, porque si no los árbitros pueden no verlo y no marcarlo.

Pero si el off-side se convirtiera en una amenaza real y viable, ¿podría ocasionar un cambio en el escenario político? Si el oficialismo supiera que se puede quedar jugando solo, en clara posición prohibida, ¿podría continuar como si nada ocurriera? ¿No estaría más claro para el conjunto del país cuáles son los equipos en disputa y qué implica cada opción? ¿La comunidad internacional aceptaría a un Fujimori compitiendo en estos términos?

La amenaza del off-side puede sonar imposible y hasta ingenua, por un lado, y muy riesgosa, por otro, pero volvemos a plantear el punto, al igual que lo vienen haciendo otros, cada vez más. (E.J.B.)