UN RECONOCIMENTO MÁS PARA
YEHUDE SIMON

¿CUÁNDO LA LIBERTAD?

Una delegación de la Asociación de Escritores de Noruega vino al Perú para entregar a Yehude Simon el premio que anualmente concede a escritores que tengan un significado especial para la libertad de expresión y los derechos humanos en general. En realidad, se trata de un premio del Gobierno de Noruega, ya que su origen es un regalo de dicho gobierno a la referida asociación de escritores cuando ésta cumplió 100 años en 1993.

Vinieron hasta el Perú y todo estaba arreglado para que pudieran entrar en el penal Castro Castro y entregar discretamente el premio, pero a último momento una orden de arriba lo impidió, mezquinamente. El premio fue entregado a la esposa e hijos de Yehude Simon en una emotiva ceremonia.

 

En la sociedad utópica de Jonathan Marcuse –no se sabe bien si se ubicaba en los orígenes o en el futuro– todo el mundo tiene mucho cuidado de desear algún mal a otro o de intrigar contra alguien, porque se sabe que si es merecido, se cumplirá, pero si no, el daño o la intriga se vuelven contra uno. Todos peden ser jueces así, pero uno mismo queda en garantía de un veredicto justo.

Si algo mínimamente parecido pudiera suceder en sociedades reales como el Perú de hoy, ¿las autoridades que pueden liberar a Yehude Simon se atreverían a mantenerlo preso? Quienes intrigan clandestinamente contra su caso cada vez que avanza, ¿lo seguirían haciendo? ¿Por qué si se sabe perfectamente que Yehude Simon no es un terrorista se le mantiene en la cárcel desde hace casi ocho años, condenado a 20? ¿Trofeo? ¿Chivo expiatorio? ¿Miedo a reconocer que fue un error o un pretexto?

 

POR SU SENSIBILIDAD

 

En 1995, en su condición de preso en el penal Castro Castro, publicó el poemario Hablar una vez más. Los poemas describen la soledad y crueldad que se experimentan en una celda, para lo cual el autor recurre a intensas y logradas metáforas que expresan, sobre todo, el anhelo de libertad, los deseos ardientes de un preso por su mujer y sus hijos. El lenguaje de Yehude Simon refleja la desesperación y la desesperanza, y su calidad artística permite que su experiencia pueda ser también vivida por el público noruego. “Al principio, cada día en el penal fue una tragedia”, ha dicho. “Ver sufrir a tanta gente –al margen de si son o no culpables– y sus familias me rompía el alma”.

Sabemos que Yehude Simon es un hombre tolerante, dialogante y cordial en las cuestiones de fondo y de forma, lo que nos permite tener la convicción de que estamos entregando este premio a una persona muy valiosa y fundamentalmente opuesto al terrorismo como praxis de ofensa social y de daño nacional.

A pesar de lo dicho, tengo que resaltar que otorgamos el premio a Yehude Simon no porque está preso o por ser inocente, sino porque ha contribuido con los esfuerzos por la libertad de expresión y la extensión de los derechos humanos a través de sus libros, sus artículos, sus actos políticos, su comportamiento como prójimo con otros presos del penal, y como mediador entre seres humanos y grupos que habitualmente no desean comunicarse. (Extracto del discurso de premiación.)