¿Por qué las niñas están en desventaja en la escuela?

Las tasas de matrícula son altas en nuestro país; alcanzan 98% en la población entre los 6 y los 11 años de edad. Esta cifra esconde, sin embargo, el hecho de que las niñas y adolescentes, especialmente aquellas que viven en zonas rurales, están en desventaja. ideele organizó un panel para indagar en las causas de esta discriminación con tres estudiosas de estos temas: Teresa Tovar, Rita Carrillo y Patricia Oliart.

 

En las zonas rurales, una de cada cuatro adolescentes entre los 12 y 17 años deja de estudiar. Las causas son diversas; una de ellas es la ubicación de las escuelas. La geografía es accidentada, los asentamientos son dispersos y de difícil acceso. A pesar de que existen, según datos del INEI de 1997, 26.586 escuelas primarias rurales que atienden a 75.000 pequeños centros poblados en los que vive la población del campo, sólo 11% de ella reside en 875 concentraciones de entre 500 a 2.000 habitantes, y la mayoría (89%) vive en ciudades con menos de 500 habitantes.

Los roles tradicionalmente asignados también influyen. Para Teresa Tovar, socióloga y miembro de la Red de Educación de la Niña y del Comité Directivo del Foro Educativo, existe una clara diferencia de roles entre niños y niñas. "Las niñas pierden su matrícula porque están muy ocupadas en la chacra. Los niños también trabajan, pero ellas tienen además la tarea doméstica." Muchas de estas escuelas rurales no cuentan con primaria completa, y resulta difícil que las niñas se desplacen para seguir estudiando en otro poblado.

Los padres no se liberan de su cuota de responsabilidad en esto: ellos no quieren aceptar la idea de que la educación para sus niñas es obligatoria; otros simplemente no lo saben. Así, resulta más conveniente enseñarles trabajos imprescindibles que mandarlas a la escuela. "La mentalidad de la familia frente a la educación –dice Teresa– es muy clara. Existe una esperanza en que la generación futura sea mejor que la propia. Pero esa aspiración choca cuando se trata de las hijas. Es más fácil mandar al varón a la casa de un tío a estudiar que enviar a la niña ‘desprotegida’ a la ciudad."

Si se compara a las niñas urbanas con aquellas indígenas de áreas rurales de habla quechua, aymara u otra, esta brecha se hace más profunda, dice Patricia Oliart, antropóloga e investigadora del Instituto de Estudios Peruanos. "La exclusión educativa de poblaciones indígenas en nuestros países es muy alta. Aunque se ha avanzado en la lucha contra el analfabetismo, aún existe una cantidad apreciable de analfabetos (en términos absolutos, un millón 200 mil). Se puede encontrar a un niño de sexto grado de primaria o a una niña del campo que no sabe ni leer ni escribir. Hay chicos que llegan a la secundaria y tienen que repetir una o dos veces el grado hasta aprender a es­cribir."

En Ayacucho, la diferencia entre zonas rurales y urbanas es reveladora: 76% de niños y niñas en la ciudad terminan el sexto grado de primaria, a diferencia de 60% de niños y 49% de niñas rurales.

Analfabetismo y años de escolaridad

Según cifras del INEI, 36% de analfabetos son mujeres rurales, y siete de cada diez analfabetos son también mujeres. El problema no termina ahí. Mientras que las mujeres de las ciudades tienen 8,3 años de escolaridad promedio, las del campo han pasado 3,7 años en la escuela primaria. Estas brechas no sólo pertenecen al pasado, cuando las mujeres del campo eran excluidas de la educación. Si bien es cierto que los índices de analfabetismo recaen sobre mujeres mayores, el déficit de escolaridad todavía se reproduce entre las generaciones jóvenes de algunas zonas y segmentos sociales. Las cifras lo dicen: de 91.000 adolescentes y jóvenes que no saben leer ni escribir, 55% vive en un área rural y 64% son mujeres. Peor aún: cerca de 839.000 adolescentes y jóvenes han quedado sin instrucción o con primaria incompleta. El 68% de ellos vive en el campo; 56% son mujeres.

¿Las escuelas del campo son adecuadas y atractivas para las niñas? La mayoría de las escuelas son multigrado, o sea, un aula con varios grados y con uno o varios docentes (98% de 23.586 escuelas) y están bajo gestión estatal. Respecto a la infraestructura y equipamiento, se diferencian del conjunto de casas pero no ofrecen un ambiente mejor. En cuanto a servicios, 68% en todo el país no tiene agua, 95% no cuenta con desagüe y 90% carece de energía eléctrica. Los locales están deteriorados a pesar del gran esfuerzo de los pobladores. Sin embargo, el funcionamiento de los programas de alimentación escolar y la atención de problemas de salud compensa las carencias que viven cientos de familias.

Por otro lado, la distancia cultural se manifiesta a través de la diferencia lingüística entre alumnos y profesores. En el dictado de clases, algunos maestros se resisten a manejar la lengua local predominante en la zona. Lo dramático es que, en la práctica, los profesores se ven obligados al uso arbitrario de una combinación de quechua-castellano sin estar respaldados por una metodología. Esta situación resta eficacia al proceso de aprendizaje y, más aún, tiene consecuencias sobre el sentido de logro, el bienestar y autovaloración de los propios estudiantes.

Roles y viejas costumbres

El trabajo de la niña en el hogar es mucho más tedioso de lo que se piensa. Desde los 6 años, edad de escolaridad primaria, una niña del campo ya se encarga del pastoreo de animales, apoya el trabajo doméstico, acarrea agua, recoge bosta y leña, corta el pasto, muele maíz para alimentar a los animales menores, barre, limpia, ordena la casa, lava los platos y su ropa, sopla el fuego, cuida la olla, pica y pela. En épocas de siembra y cosecha, pone la semilla, remueve la tierra, echa abono, ayuda en el aporque y en el riego, deshierba, escarba las papas, cosecha o recoge diversos productos, los junta, los selecciona y, finalmente, los almacena. Así, la niña debe convertirse en una mujer prematura y cumplir ciertos roles preconcebidos. Ese es el precio que paga una mujer indígena.

Pero no todo queda en casa. Patricia Oliart habla también de discriminación en el aula. Entre papeles y lápices, "la condescendencia es una manera de discriminar y desestimular el aprendizaje". Para Teresa, existe una baja expectativa de aprendizaje entre niños y niñas de áreas rurales. "Con que sepan sumar y restar es suficiente. Pero en la niña la expectativa de aprendizaje es menor, y esto va asociado a un maltrato por su triple condición de niña, mujer e indígena. Esta situación mella su autoestima y su capacidad de aprender."

Según Rita Carrillo, docente en el área de educación de Tarea, "los colegios públicos no reconocen los saberes previos que las mujeres han aprendido a lo largo de toda esta socialización. La escuela no dialoga con ellas y no son valoradas". Por otro lado, Teresa añade un segundo factor: "las niñas tienen una mayor intensidad de habla bilingüe con una cultura más oral y, por lo tanto, con un menor contacto con el mundo urbano. Los chicos hablan algo de castellano con su padres, pero las niñas sólo hablan quechua con sus madres. Esto hace que su pronunciación sea más ‘deficiente’ en la medida que no se acomoda a los parámetros occi­dentales".

El tratamiento de la sexualidad influye en la deserción escolar de las mujeres. Para Teresa Tovar, "las niñas llegan a tercer grado de primaria con 12 a 13 años de edad. Por lo tanto, en el tercer grado de primaria les viene la menstruación, y entonces se ven despreciadas y subvaloradas en su condición de púberes. Las comienzan a mirar con burla y ellas mismas se sienten desprotegidas y se retiran de la escuela. Es por eso que las niñas no terminan la primaria. Hay un enfoque de educación sexual fundamental que se plantea como agenda central para eliminar la desigualdad".

Según Patricia Oliart, la pobreza y la ausencia de horizontes que ella conlleva influye también en esta situación de desventaja. "Creo que el valor de la educación existe en las poblaciones rurales, pero no hay una valoración paralela de la escuela que tienen. A pesar de que el empeño de los padres para que sus hijos estudien es enorme, ¿qué decisiones se toman cuando tu máxima aspiración es terminar la secundaria para ser albañil? ¿Para qué va a estudiar tanto una niña si no hay alternativa de progreso? Mejor está en su casa ayudándote."

¿Qué hacer?

Para que la educación sea accesible a las niñas rurales hay que facilitar su asistencia regular a la escuela. En algunos casos se trata de construir más escuelas, pero también de crear redes y hacer campañas de sensibilización a la familia sobre la necesidad de matricular oportunamente a las niñas. "Promover –dice Teresa– que las niñas no repitan ni deserten de la primaria. Los maestros deben orientar la educación sexual y los colegios deben brindar espacios de privacidad para las niñas. Dar atención a su pubertad. Las niñas deben tener un aprendizaje efectivo. Es decir, que aprendan en la escuela. Las niñas y niños no están aprendiendo porque la calidad de la escuela es mala; y, por último, plantear una escuela amiga de las niñas, con un trato amable y altas expectativas de aprendizaje hacia ellas."

Desde Tarea –dice Rita Carrillo– se está trabajando un conjunto de estrategias que tiene que ver mucho con la formación docente, ya que aún existen patrones culturales en los profesores, "en el sentido de que uno no puede achacar esta responsabilidad a la familia, a la sociedad, pero sí consideramos que falta una formación para poder asumir una serie de cambios que se están dando. El protagonismo de las mujeres, por ejemplo, o niñas que son más asertivas. Algunos maestros y maestras continúan con patrones tradicionales respecto a lo que significa ser varón o mujer, pero sienten que algo tienen que hacer y no saben cómo. Entonces, desde Tarea, nosotros diseñamos estrategias sobre género y educación para el docente".

Por otro lado, la Conferencia Nacional de Educación de las Niñas de Áreas Rurales del Perú ha propuesto una Agenda Abierta para que la niñas culminen con éxito la primaria. "La escuela desde hoy debe comprometerse con el acceso, permanencia y logros de las niñas rurales. Pero no puede hacerlo sola. Se requiere del encuentro de esfuerzos de distintas instituciones y personas, tanto del Estado como de la sociedad civil. La Agenda pone énfasis en la primaria, pero busca establecer vínculos con los procesos de renovación que tienen lugar en otros niveles educativos. Es necesario consolidar la enseñanza inicial y la educación temprana, que constituyen una etapa fundamental en la vida de las niñas para su afirmación como personas. La secundaria y otras opciones de aprendizaje, formación técnica y profesional, requerirán también elaborar una propuesta adecuada para las poblaciones del campo".