Lord John Alder dice:

LA IMPORTANCIA DE ENTENDER EL PASADO PARA EL FUTURO

Gino Costa Santolalla

Invitado por Max Hernández y Moisés Lemlij, estuvo en Lima Lord John Alderdice, médico y psicoanalista norirlandés, quien tiene, a sus 44 años, casi 20 de experiencia política. Incursionó en ella para contribuir a resolver el conflicto violento que hace décadas enfrenta a protestantes y católicos en ese convulsionado territorio del Reino Unido.

Y entró premunido de los instrumentos que le dio su formación de psicoanalista, convencido de que podían ser de utilidad no sólo para comprender el conflicto sino para ayudar a resolverlo. Se incorporó así a la Alianza, un partido liberal y el único en Irlanda del Norte integrado por católicos y protestantes. Desde él abogó, al principio con poco éxito y luego con creciente influencia, por la solución pacífica del conflicto armado.

En abril del año pasado, y después de muchos años de negociaciones fallidas, se logró la paz, hoy todavía precaria y seriamente amenazada. El mejor homenaje a su esfuerzo fue su nombramiento como Speaker de la nueva Asamblea Legislativa, cargo que siempre recae en una figura que inspira respeto y autoridad en todas las bancadas.

Durante su breve estadía en Lima disertó en la Universidad Católica y en la Facultad de Medicina de San Fernando, que lo hizo Profesor Honorario. También compartió generosamente su tiempo con activistas de derechos humanos y se interesó mucho por la situación del país. Su presencia marcó el inicio de un conjunto de actividades preparatorias del encuentro internacional que Max y Moisés están organizando para mayo del 2001, "Al fin de la batalla", que se propone reflexionar desde una perspectiva multidisciplinaria sobre los conflictos armados internos y lo que es preciso hacer una vez concluidos éstos para que dejen de ser un mal recurrente. A continuación, sus respuestas a las preguntas de ideele.

 

Usted ha sostenido que el psicoanálisis puede ser un instrumento eficaz no sólo para tratar a individuos y familias problemáticas, sino también a sociedades enteras, especialmente aquellas afectadas por la violencia política.

Sí, creo que bajo ciertas condiciones el psicoanálisis nos puede ayudar a entender las causas de la violencia política en una determinada sociedad y eventualmente puede contribuir, a través de la puesta en práctica de alguno de sus métodos, a superarlas.

Debo reconocer que se requieren condiciones muy especiales para una intervención terapéutica de esta naturaleza, pero eso no la hace imposible. En todo caso, no existen recetas para esto, porque no existe "la" solución para los problemas de violencia política, ni una única perspectiva para entenderlos. La perspectiva psicoanalítica es valiosa, como lo puede ser la jurídica, la económica o la sociológica.

¿En qué consiste la perspectiva psicoanalítica?

El psicoanálisis nos enseña que lo que sentimos sobre el presente está muy condicionado por lo que sentimos sobre el pasado y por lo que nos ocurrió en el pasado. En el trabajo clínico el discurso del paciente revela y al mismo tiempo esconde lo que es importante y difícil de su pasado.

Las distorsiones de la memoria ocultan de la conciencia aquellos asuntos problemáticos con el objeto de reducir la ansiedad. Esos asuntos se mantienen en la oscuridad a través de los mecanismos de defensa. La terapia psicoanalítica busca analizar estas defensas y la llamada "transferencia", que consiste en la tendencia a revivir el pasado distorsionando la visión que uno tiene del presente, pero también haciendo de nuestra experiencia
presente una repetición del pasado.

A través de una comprensión emocional e intelectual de estas distorsiones es posible encontrar una forma más realista y constructiva de relacionarnos con nosotros mismos, lo que no ocurre sin grandes resisten­-cias. La terapia también tiene por objeto superar esas resis­­tencias.

¿Cómo utilizar esta terapia psicoanalíticamente orientada para la resolución de conflictos violentos?

Existen dudas fundadas sobre si esto es posible, especialmente por razones prácticas, pues es necesario involucrar a los propios psicoterapeutas en este ejercicio, lo que no es fácil. Yo opté por hacerlo entrando a la actividad política. Tuve además la suerte de que en Irlanda del Norte contáramos con un proceso de conversaciones de paz, que constituyó un marco ideal para este tipo de intervención, porque hizo posible explorar en profundidad las conflictivas visiones históricas de unos y otros y sus respectivas distorsiones.

La perspectiva psicoanalítica fue útil para encontrar formas de hablar políticamente sobre la ansiedad, lo que hizo posible que las partes de las conversaciones entendieran que el recurso a los mecanismos de defensa contribuían más a la repetición que a la superación del problema.

Usted ha puesto mucho énfasis en la importancia de entender el pasado, pero ha sido igualmente enfático en advertir sobre los peligros de vivir en el pasado.

Es cierto que ambas afirmaciones parecen contradictorias. Trataré de explicarme. Es siempre importante entender el pasado, porque nos explica dónde estamos. Pero no es útil ni saludable vivir en el pasado.

Haré una analogía. Si trabajamos mucho, no sólo es bueno sino necesario descansar. Pero lo hacemos para regresar a la vida activa y al trabajo. Si te dedicas a descansar, el descanso se torna destructivo. Revivir el pasado y entender la historia es útil y necesario, siempre que el objetivo sea avanzar al futuro. A veces se regresa al pasado para quedarse en él, y no para mirar adelante, o se utiliza el pasado únicamente para atacar al enemigo o contrincante político.

¿Para moverse al futuro en algún momento hay que trazar una línea divisoria con el pasado?

Eso es fácil de hacer intelectualmente, pero mucho más difícil cuando están de por medio las emociones y los sentimientos. Y todo esto tiene que ver con emociones y sentimientos. Por eso preferiría no utilizar esa expresión y reiterar que lo importante es que nuestra mirada al pasado se dé desde nuestro compromiso con el futuro.

¿Cuáles fueron las causas de la violencia en Irlanda del Norte? ¿Cuánto tuvo que ver con ella la falta de respeto de los derechos de la minoría católica?

La violencia ha estado asociada a la falta de respeto de unos a otros; no sólo de los protestantes por los católicos, sino también a la inversa. No olvidemos que hasta hace muy poco los católicos ni siquiera aceptaban que los protestantes eran cristianos. Y la falta de respeto de los anglicanos, vinculados a Inglaterra, con los presbiterianos, ligados a Escocia; y viceversa.

Nunca existió verdadero respeto entre estas comunidades. Siempre hubo lucha por la tierra y por el poder. Yo mando, y si quieres vivir aquí, tú obedeces. Hasta que la comunidad oprimida se levantaba en armas y se iniciaba la guerra. En unos casos fue la religión, en otros la cultura, en otros la política, y así durante siglos, pero en el fondo todo se reducía a la falta de respeto y a no querer compartir con el otro, a querer más bien controlarlo.

¿Se atrevería a decir entonces que, en general, la discriminación y la exclusión son la causa de los conflictos armados internos, de las guerras civiles?

La discriminación y la exclusión son síntomas de lo fundamental, que tiene que ver con la actitud según la cual aquí mando yo, tengo el poder y no te respeto. Esa actitud se expresa en discriminación, ataques, exclusión, maltratos de todo tipo, humillaciones.

Necesitamos, entonces, construir sistemas legales, judiciales y políticos que incorporen, que promuevan respeto, que acaben con toda expresión de discriminación.

Exactamente. Y además necesitas promover una educación que tenga como eje el respeto y la tolerancia. También es importante fomentar relaciones entre las distintas comunidades religiosas y sus integrantes, y entre los distintos grupos políticos y sociales.

Me pregunto si el ejercicio terapéutico que recomiendas es no ya necesario sino posible en el Perú de hoy, donde el conflicto con­­cluyó en el campo de batalla y nos dejó a unos vencedores soberbios que no quieren mirar atrás porque a Dios gracias terminó la pesadilla, y a unos vencidos a quien nadie quiere escuchar, porque el resentimiento y el odio que generaron son inconmensurables. ¿Ese ejercicio es posible en un escenario de esta naturaleza?

Cualquier cosa que pueda decir sobre esto es necesariamente provisional y especulativa. En efecto, la situación es muy distinta de la de Irlanda del Norte y, por tanto, la respuesta que ustedes le den a este desafío tendrá que ser distinta. Pero es necesario buscarla, y para ello, felizmente, hay gente en el Perú con más experiencia y conocimiento sobre el psicoanálisis que yo.

Por eso queremos tener este evento en el 2001 para evaluar experiencias parecidas en el Medio Oriente, en el África, en Irlanda del Norte y, por supuesto, en América Latina. Pero recuerda que para esto, al igual que para los transtornos individuales, no hay una receta. Si la hubiera, se la daríamos a cada nuevo paciente y le diríamos "vaya y lea de la página 108 a la 133", y problema resuelto.

Lo importante no es tanto la respuesta cuanto el proceso. El conflicto armado pasó, pero, ¿y las causas? No creo que toda esta violencia en el Perú se explique por unas cuantas mentes desquiciadas. Tiene que haber otras causas –muchas de las cuales se deben perder en el tiempo– que es necesario identificar. El proceso de ustedes consistirá en identificar, entender y reflexionar sobre esas causas.