EDITORIAL

Del terrorismo, hasta la última gota

Si Abimael Guzmán tiene acceso a los medios de comunicación, debe estar boquiabierto y feliz viendo la política nacional. Su organización está estratégicamente derrotada, él mismo –el otrora poderoso "Presidente Gonzalo"–, preso, y, sin embargo, el terrorismo crece en el país, capta nuevos e importantísimos cuadros, marca la agenda política ad portas del cambio de milenio y, encima, se internacionaliza. Ni en su mejor (peor) momento.

De los tres candidatos principales a la presidencia, dos son terroristas: Andrade y Castañeda. Se ha captado a altos cuadros de la jerarquía de la Iglesia católica (obviamente, no nos referimos al actual arzobispo de Lima); la Defensoría del Pueblo, qué duda cabe; ni qué decir de los medios de comunicación tipo La República o Caretas: puro terrorismo.

Pero el fenómeno ha desbordado las fronteras nacionales de manera incontrolable. El terrorismo peruano ha logrado infiltrarse en ¡la OEA!, tanto en la Comisión como en la Corte Interamericana. ¡En la SIP!, seguro que a través del representante peruano. ¡En el Congreso y el Departamento de Estado norteamericanos, con vocera pública incluida! ¡La ONU!, sí, hasta en la impenetrable ONU. La globalización del terrorismo nacional.

Confesamos que los organismos de derechos humanos nos sentimos súbitamente curados de nuestra sensación de soledad y hasta tenemos un cierto desasosiego por la invasión de nuestra privacidad y exclusividad.

¿Hasta cuándo se seguirá utilizando políticamente el terrorismo y el dolor de tanta gente? Hasta cuándo nosotros lo permitamos.