PASANDO REVISTA

A cinco meses de las elecciones presidenciales, pasamos revista y opinamos sobre varios temas importantes
en la escena política peruana reciente.

 

El gabinete Bustamante

¿Significa algún cambio importante la entrada de Alberto Bustamante Belaunde al gabinete? ¿Son sus declaraciones iniciales signos de una apertura política?

A diferencia de los regímenes democráticos, un gobierno autoritario como este no basa sus decisiones políticas en tratar de interpretar el ánimo ciudadano para, en función de éste, buscar compromisos o alianzas que se expresen en un gabinete con un énfasis determinado. Los ministros en el Perú de 1999, no por nada una institución también bastante devaluada en estos años, expresan más bien, y antes que nada, las necesidades coyunturales del Presidente.

En este caso la principal motivación ha sido administrativa. Víctor Joy Way debía renunciar para cumplir con uno de los requisitos para postular al Congreso (¿o quizá la vicepresidencia?). La mayoría de los ministros se han mantenido. En el terreno económico destaca el retorno de Hurtado Miller, ahora a Industrias (¡siempre listos, Señor Presidente!) y Goldenberg a Economía (muy conveniente, por cierto, para contrarrestar el efecto Ivcher).

La otra novedad es Bustamante en el premierato y en Justicia. La interpretación más extendida atribuye su designación a reforzar, en el frente externo, la política de derechos humanos del gobierno. Recordemos que ha sido abogado y negociador del régimen en este tema, que es uno de los defensores de la posición oficial peruana en relación con el retiro de la Corte Interamericana (hay quienes lo piensan el autor); y, además, que ha se ha batido casi en solitario contra las ONG de derechos humanos por varios años, con los argumentos que hoy Delgado Aparicio, Medelius y Hildebrandt plagian sin citar fuente.

En el terreno político Bustamante viene también como anillo al dedo. No tiene duda alguna sobre el derecho a la reelección presidencial en el 2000. Superando el entusiasmo de los congresistas de mayoría, piensa que la ley de reelección auténtica era incluso innecesaria, porque el asunto en la Constitución es claro como el agua ("... y si antes pensaba que siendo legal era políticamente inconveniente, hoy he cambiado de opinión", ha dicho coincidentemente con su llegada al Ministerio).

Algunas de sus declaraciones iniciales fueron interpretadas como de cierta apertura política: "voy a negociar con la Comisión Interamericana" (véase artículo específico sobre lo contradictorio de su planteamiento), "voy a pasar al fuero común traición a la patria y terrorismo agravado" (sobre lo primero ya hubo desmentido presidencial, y sobre lo segundo le tomamos la palabra), "Ivcher es peruano" (pero devolverle el Canal 2 es otro cantar), "la sentencia sobre Cesti será acatada por el fuero militar" (al cierre de esta edición no lo había sido, y sólo el retraso sería ya bastante revelador).

El premier Bustamante tiene, así, más de una coincidencia con el premier Valle Riestra. Una de ellas es que propone algunas políticas que son contradictorias con lo hecho por el régimen que representa. Si nos guiamos por lo ocurrido en los nueve años y medio anteriores, es muy poco probable que los militares y Fujimori sean convencidos por el nuevo primer ministro. ¿Renunciará pronto como Valle Riestra? Se piensa que no. Aun si arequipeño y temperamental, es mucho más orgánico al gobierno que Valle Riestra, y sabe mejor en lo que se ha metido.

Los derechos humanos en campaña

Hay varios asuntos sobre los que el gobierno prefiere no discutir mucho y, menos aún, que se conviertan en tema de campaña electoral. La magnitud de la crisis económica y los fracasos en los esfuerzos reactivadores, los niveles de pobreza y las posibilidades reales de revertirla, las distorsiones en la medición del PBI, el uso de los fondos de la privatización y la estrategia del pago de la deuda externa, entre otros. Con habilidad política, y apoyado en la manipulación de la información que le permite la dócil televisión peruana, en gran medida lo viene lo­grando.

En vez de la economía, el tema central que imponen al debate político local es el de los derechos humanos; evidentemente, no al modo en que lo harían Nelson Mandela o Vaclav Havel, sino para denunciarlos como parte de un siniestro complot local e internacional para desprestigiar al Perú, poner en riesgo los logros de la pacificación y regresarnos al peor de los mundos.

Aterrorizar, con premisas falsas, a la población sobre el retorno del caos y el terrorismo, y, a la vez, ungirse como portaestandartes de la estabilidad y de la paz, es un arma política que con cierta eficacia de corto plazo se viene usando en el país. Pero reparemos un instante en lo grotesco de su planteamiento. A saber, un complot contra el Perú del terrorismo comunista internacional, disfrazado de derechos humanos, en el que se confabulan la Comisión y la Corte Interamericana de Derechos Humanos; las Naciones Unidas y la Comunidad Europea; la Cámara de Representantes de los Estados Unidos (mayoría republicana) y Madeleine Allbright, secretaria de Estado de la administración demócrata; los obispos católicos y el "lobby judío". (¡Cómo cambian los tiempos, diría el viejo Marx!)

Es interesante ver lo que en medio de esta fervorosa defensa de la patria contra la injerencia externa ha ocurrido con Castañeda y Andrade. Ellos tímida, pero muy tímidamente, se han pronunciado en favor de la aplicación de los fallos de la Corte y, con voz bien bajita, en contra del retiro de su competencia. ¡Los han crucificado! Para ahorrar espacio, citemos sólo algunas pintas y titulares de diarios chicha: "Andrade sobrino de Abimael", "Andrade jardinero, comunista y explotador", "Blandengue Castañeda se achica fácil con tucos chi­lenos", "Polay sería el vice de Cas­tañeda".

Nos dejaron en off side

Desde hace algunos meses esta revista viene planteando que, dada la abierta ilegalidad de la candidatura de Fujimori, y que, además, todos los resortes del Estado están previstos para su reelección, por las buenas o por las malas, lo correcto y lo sensato sería que todos los candidatos opositores se negaran a participar cuando el Jurado de Elecciones inscriba la candidatura re-reeleccionista.

Creemos que ello no sólo sería lo que corresponde hacer desde un punto de vista legal o principista, cuando se han violado todas las reglas de juego, sino que además hubiera sido políticamente exitoso. Es decir, sin oposición no hay elecciones, y es bastante difícil a estas alturas que un candidato con diez años en el poder corra solo y que su elección tenga algún nivel de legitimidad posterior. Así, la sola advertencia, de sonar verosímil, podría haber forzado un cambio de reglas. Si un equipo, ya de por sí sólido, entra en la cancha con catorce jugadores en vez de once, con uno que ya fue expulsado, con los árbitros comprados y con la cancha en declive a su favor, ¿es sensato que el otro equipo juegue?, ¿no está ya cantado el resultado?

Sabíamos que lo que planteábamos era casi un imposible, y los meses transcurridos nos llevan a borrar el casi. "Tienen razón, muchachos, pero son muy ideelistas: la política es otra cosa, se basa en realidades". Sí, no les falta razón, y la realidad es que "la oposición" (con varias honrosas excepciones) corre el riesgo de reducirse sólo a varias candidaturas dispersas tentando suerte para –quizá– ganarle a Fujimori. Continuando con el descarado plagio del estilo Belmont se podría decir: "es que no hay equipo, hermanón, no hay un equipo en la cancha". En un escenario así, lo que tiende a primar es el cálculo, cometer la menor cantidad de errores posible y guiarse por encuestas y focus groups. Más allá del cuestionamiento del autoritarismo, no se vislumbra la audacia, la pasión o las ideas que en períodos electorales entusiasman y movilizan a la gente. (¡Qué nostalgia nos traen los ecos de las campañas de la Argentina, Uruguay, o incluso de México!)

Ahora bien: no olvidemos que son exactamente las mismas razones que hacen inviable el off side a la candidatura de Fujimori las que van a impedir una candidatura única de oposición. "Paciencia, ya nos uniremos detrás del que tenga más votos en la segunda vuelta" (¿segunda vuelta?). Y una cosa más: si todos participan, se avala el proceso tal como está planteado y sería luego bastante inoportuno (por decirlo elegantemente) sostener que la re-reelección de Fujimori fue ilegítima.

¿Nos habíamos equivocado tanto?

En las últimas semanas hemos escuchado con relativa frecuencia, y de gentes conocedoras, la tesis de que Alberto Fujimori no se va a presentar a las elecciones del 2000. Que para evitar la estampida, va a esperar el último momento para anunciarlo y designar a un sucesor. Una de las razones para no postular sería la duda con respecto a si finalmente ganaría; la otra estaría vinculada al recurrente rumor sobre su estado de salud.

Nada es imposible, es cierto, en el Perú de hoy; pero sinceramente nos inclinamos a descartar esta hipótesis.

El crear las "condiciones" para la reelección en el 2000 ha sido el factor central de perturbación y de polarización de la política peruana en los últimos cuatro años, a un costo enorme para el gobierno. En su nombre se han cometido legicidios de la magnitud de la "interpretación auténtica", la destitución del Tribunal Constitucional, la anulación del referéndum y la salida de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, sólo por mencionar las joyas de la corona. ¿Hacer todo eso sólo por si acaso, por si al final me animo y postulo? La verdad, no parece verosímil.

¿Que las encuestas lo desanimen? Difícil, si está mucho mejor que hace un año y en ascenso. Gracias a todas las artes y mañas, el gobierno ha logrado desinflar a Andrade y magullar a Castañeda. Ante lo poco atractivo de las opciones alternativas, un buen porcentaje lo apoya (más vale chino conocido....) y en una segunda vuelta ajustada tiene a su favor que él es el dueño de la cacha, de la pelota, nombró y le paga a los árbitros y que la "fuerza pública" a cargo de mantener el orden le tiene, por decirlo de algún modo diplomático, un cariño especial. Una manito por aquí y otra por allá y asunto arreglado.

¿La enfermedad? La verdad que se le ve bastante saludable al ingeniero. Pero asumamos la hipótesis de un mal incurable como cierta. ¿Lo desanimaría de postular? ¿No sería esa, más bien, una razón adicional para tentarlo? Podría ya no haber 2005 para él. Por tanto, sería ahora o nunca. Y, la verdad, debe ser bastante diferente para alguien nacido el 28 de julio pasar ese trance en Palacio que en la soledad de Pampa Bonita.

Una última razón nos lleva a resistirnos a creer en esa posibilidad. No tiene carta ganadora de recambio. Es más: es casi como sumar dos más dos el concluir que cualquier delfín de último momento terminaría como muchame. La política es antropomorfa, y aquí, en medio de los escombros de las instituciones y de los proyectos colectivos, más que en otros lugares; no es lo mismo apoyar a Fujimori que compartir la "filosofía y doctrina" de Nueva Mayoría-Cambio 90. ¿Tanto nadar para morir ahogados en la playa? ¿Haber hecho puré a Andrade y Castañeda para después regalarles la presidencia? ¿Están dispuestos Alberto Fujimori y Vladimiro Montesinos a sentarse a esperar la rendición de cuentas frente a lo que hicieron? Y ojo que hay varios asuntillos por allí sobre los que algunas explicaciones habría de dar. (Carlos Basombrío Iglesias)