Sendero Luminoso, golpe en la agonía
Cuando se pensaba que con la caída de
"Feliciano" Sendero Luminoso había casi desaparecido, esta
organización realizó, sorpresivamente, su acción militar más importante en los últimos
años; importancia que no deriva de la envergadura del atentado, sino de la
muerte de cuatro oficiales de alta graduación del Ejército. Luego del tiempo
transcurrido, es posible reconstruir lo que ocurrió y las razones del Gobierno
para no informar adecuadamente sobre los hechos.
El
helicóptero se disponía a aterrizar en un claro abierto en una zona entre el
caserío de Alto Anapati y la base militar de Llanco, en el distrito de San
Martín de Pangoa, Satipo. En la nave iban 35 personas, entre ellas el general
EP Eduardo Fournier Coronado, jefe de operaciones del Servicio de Inteligencia
Nacional, el coronel EP José Orihuela Lavado, jefe del estado mayor operativo
de la Segunda División de Infantería de Ayacucho, y otros oficiales del
Ejército y la Policía Nacional. Los acompañaba un grupo de resguardo y varios
civiles: una psicóloga, una fiscal especializada en terrorismo y tres
arrepentidos, entre ellos la camarada "Rita".
Súbitamente,
una fuerte explosión trajo abajo la nave. De manera inmediata, senderistas
escondidos en la selva comenzaron a disparar contra sus ocupantes. La mayoría
de los atacados logró salvarse huyendo hacia los matorrales, pero cuatro
oficiales y un suboficial del Ejército fueron muertos: el coronel José
Orihuela, el capitán Blasco Villafuerte, el piloto de la nave, Javier de la
Cruz, el teniente Róger Soto y el suboficial Roberto Usco. El general Fournier
logró escapar. Dos de los arrepentidos murieron y "Rita" fue herida.
Las
versiones más plausibles señalan que la comitiva había salido de la base
militar de Pichari en Ayacucho para participar del acto de rendición de una de
las columnas que operaban en el valle del Ene. Supuestamente, era el acto final
de un proceso de negociación secreta que con ese fin se había producido entre
los senderistas y el Servicio de Inteligencia. El diario La República y Página 20, semanario de Satipo
dirigido por Luis Pariona, documentaron los hechos en ese sentido.
La versión
oficial, sin embargo, negó el asunto. Cuando nadie había hablado de "Acuerdo
de Paz" sino de negociaciones para una rendición, el presidente Fujimori
dijo que era absurdo pensar en negociar un "Acuerdo de Paz" con una
organización derrotada. También dijo que se trataba de una "operación de
rutina", pero nunca aclaró por qué, si era tal, no participó de ella el
Batallón Natalio Sánchez, de Satipo, encargado de la zona. Tampoco aclaró por
qué en una "operación de rutina" participaban varios altos oficiales
de los servicios de inteligencia y civiles.
Lo que se
trataba de esconder, sin duda, era el fracaso de una operación militar. ¿Cómo
se llegó a esta situación y bajo qué circunstancias se produjo uno de los
golpes de mayor impacto de Sendero Luminoso en el momento en que,
paradójicamente, su fin parece estar cerca?
El
factor "Rita"
Las
versiones de La República y el
semanario Página 20 coinciden
en señalar el papel que tuvo la camarada "Rita", Marina Pérez
Palomino, en los hechos. Ella había sido capturada en julio pasado junto a
"Feliciano". Su lugar en la organización era clave, no sólo por
pertenecer al entorno del líder senderista, sino porque era nada menos que la
coordinadora de "Feliciano", encargada de manejar el enlace entre él
y los mandos de las columnas de la selva central y el Alto Huallaga. Ello le
permitía un acceso privilegiado a la información. Sabía de la ubicación de los
campamentos, claves y frecuencias radiales, desplazamientos, etcétera.
Los agentes
de inteligencia lo sabían, y desde el principio la separaron del grupo.
Mientras "Feliciano" y las otras dos mujeres eran enviados a Lima,
"Rita" era retenida en Huancayo para sacar de ella toda la
información que se pudiera. No tuvieron que trabajar mucho, porque
"Rita" cedió rápidamente y empezó a hablar. Una de las cosas en que
más habría insistido era en que sabía que la gente de las columnas estaba
cansada y que quería rendirse, que lo que necesitaban era nada más que una
oportunidad para hacerlo.
Los hechos
parecían darle la razón a "Rita". Pese a la magnitud del operativo de
captura de "Feliciano", las columnas que operaban en la selva
central, comandadas por "Alipio" y "Joel", habían quedado
casi intactas. Sin embargo, la caída de su líder las había golpeado
anímicamente. Según Página 20,
la más desmoralizada era la de "Joel". Sin comida, medicinas ni ropa,
débilmente armados, con muchos enfermos, la gente de "Joel" hizo
fracasar los esfuerzos para reorganizar el Comité Regional del Centro. Por el
contrario, buscaron tomar contacto con las Fuerzas Armadas para proponer las
condiciones de su rendición.
"Joel"
habría enviado dos emisarios a Lima. "Rita" los habría reconocido y
asegurado a los militares sobre la seriedad de la voluntad de rendición.
Posteriormente le habrían permitido tomar contacto radial con "Joel",
que reiteró su decisión de deponer las armas. A partir de ese momento los
agentes de inteligencia habrían tomado en sus manos las negociaciones; al
coronel José Orihuela Lavado se le habrían encargado directamente los contactos
desde la base de Pichari. El propio general Fournier habría intervenido en las
negociaciones. La República
transcribió una parte de la conversación de este oficial con los mandos
senderistas.
Hasta aquí,
la historia reconstruida por los medios de prensa es clara. Lo que no queda
claro de dichas versiones es por qué los militares tendrían que haber confiado
ciegamente en "Rita" y "Joel". ¿No podía tratarse de una
trampa?
Todo indica
que los militares tenían otras razones para no dudar. Aparentemente, pensaban
que el plan que habían puesto en marcha a principios de año para terminar de
liquidar a Sendero Luminoso en el valle del Ene seguía dando resultados.
En efecto,
en abril pasado un grupo de gente proveniente de Ayacucho, bajo la cobertura de
retornantes, fue instalada frente a la comunidad nativa de Boca Anapati. La
gente de la zona asegura que entre los "retornantes" se encontraban
varios conocidos senderistas del "Acuerdo de Paz" y agentes del SIN.
Al parecer,
el objetivo era infiltrar el Sendero de "Feliciano", puesto que la
zona es aledaña al área donde se replegó el grupo armado. Ésta tiene uno de sus
vértices en San Martín de Pangoa y se proyecta hacia el valle del Ene, por un
lado, y hacia las alturas de Junín y Ayacucho, por el otro (ver mapa). Es una
selva enmarañada, abrupta, inhóspita, poco poblada y de difícil acceso.
Desde la
llegada de estos colonos hubo un incremento de las incursiones contra
comunidades nativas y colonias vecinas, y se llegó a detectar propaganda a
favor del Acuerdo de Paz, algo absolutamente inusual para la región. ¿Cuánto de
estas acciones era atribuido a "Feliciano" y cuánto efectivamente era
realizado por ellos? Difícil saberlo. El hecho es que la presencia de estos
núcleos habría obligado a "Feliciano" a salir de su refugio
precisamente porque las condiciones de seguridad habían cambiado. Su presencia
había sido detectada. Ello determinó su posterior captura.
Producida
su detención, el siguiente paso era desactivar las columnas que quedaban. La de
"Joel" habría sido exitosamente infiltrada, lo que podría explicar su
postura respecto a su rendición. Con todo esto era fácil, entonces, que los
militares supusieran que el plan estaba dando resultado y que lo de
"Rita" y "Joel" era una expresión de ese éxito. Sólo que no
contaron con "Alipio".
El
factor "Alipio"
Según Página 20, el primer encuentro entre
"Joel" y los militares tuvo lugar a mediados de setiembre, en alguna
zona de Alto Anapati. Allí habrían sido planteadas las condiciones en las que
se iba a producir la rendición, y hasta se habría acordado la fecha para ella:
el 2 de octubre.
"Alipio"
fue enterado de lo que ocurría y, al mando de su columna, más numerosa y mejor
armada que la de "Joel", tomó el control de la zona y la organización
y preparó la emboscada. La República
sostiene que antes de que el ataque se produjera, los senderistas habían
sorprendido a la patrulla militar que iba por tierra para dar seguridad al
helicóptero, dando muerte a cinco militares, entre ellos el teniente Soto. Ello
explicaría por qué en un principio el Presidente dijo que los muertos eran 9.
Producida
la emboscada, "Alipio" ordenó a sus hombres recoger las armas que
quedaban dentro de la nave y retirarse hacia la selva. Había capitaneado uno de
los mayores éxitos militares de Sendero Luminoso en uno de sus peores momentos,
pero no por la envergadura del operativo, sino por el tipo de víctimas que
causó. Aun cuando ya no les sirve de mucho para acumular, sí puede haberles
servido para tratar de preservar sus raleadas filas y evitar el desbande. Esto
es lo más que pudieron haber conseguido.
Como
contrapartida, sin embargo, han convocado sobre ellos la presión de la mayor
ofensiva militar de los últimos años. El presidente Fujimori ordenó acabar
militarmente con los remanentes de Sendero Luminoso y mandó en su persecución a
más de tres mil efectivos. Hasta el cierre de esta edición se habrían producido
algunos choques, pero no se había dado aún con el paradero de
"Alipio".
En
blanco y negro
Lo primero
que los hechos dejan en claro es que existe una decisión de acabar con lo que
queda de Sendero Luminoso en el más corto plazo posible. Para ello, desde junio
del presente año se han puesto en marcha operativos militares de gran
envergadura. Uno de los resultados positivos fue la captura de
"Feliciano". No hay nada criticable en ello. Tampoco en que se haya
decidido recurrir a estrategias como buscar la rendición de los perseguidos
senderistas. Diríamos más bien que eso es inteligente y que, en la medida de lo
posible, evita el derramamiento inútil de sangre y la pérdida de vidas humanas.
Que las negociaciones hayan sido secretas, tampoco era un problema: no tenían
por qué ser públicas.
Pero así
como cuando hay éxitos se da cuenta de ellos, debería haberse informado a la
opinión pública sobre lo que realmente ocurrió. Lo de Satipo fue un revés
militar ocasionado por un grupo minúsculo, al borde de la derrota total. Un
golpe de esta naturaleza no había ocurrido antes.
Aquí ha
habido una responsabilidad y una falla de inteligencia que no ha sido asumida y
que costó la vida de cinco miembros de las Fuerzas Armadas. Si hubiera sido
exitosa, probablemente lo que hubiésemos tenido era al Presidente declarando
sobre su victoriosa estrategia y destacando el papel desempeñado en ella por el
asesor Vladimiro Montesinos. Como no es eso lo que ha ocurrido, la manipulación
y el silencio han sido las notas dominantes, y resulta difícil pensar que se
vayan a señalar las responsabilidades del caso al más alto nivel.
Peor aún resulta la utilización
del hecho para orquestar un ataque contra los derechos humanos. Aprovechándose
de la indignación que produjo el ataque senderista, el régimen desató una
fuerte campaña vinculando derechos humanos con terrorismo. En ese sentido, el
manejo del Gobierno respecto del tema de la pacificación sigue politizado y en
función de sus propios intereses y no de los del país todo. (Isaías Rojas Pérez)