Una
historia algo diferente
Hildegard Willer*
Hay todavía quienes piensan que la historia se terminó hace 10 años con
la caída del muro de Berlín. Será que no conocen la verdadera historia de las
dos Alemanias…
A la
República Democrática Alemana se entra a través de un arco ancho que brilla en
colores bolivarianos para dar la bienvenida a sus visitantes. No piden visa, ni
hay aduaneros de mirada feroz que te revisan cada bolso en búsqueda de algún
objeto sospechoso que podría "occidentalizar" a la población, ni
tienes que saltar muros o empujar cortinas de hierro. Simplemente se entra
cruzando la pista, agarrando bien tus cosas (eso sí: dicen que es una zona algo
peligrosa) y subiendo la avenida que llega derechito a la cima del cerro.
Casi
tocando el cielo nebuloso se termina la República Democrática Alemana, que el 1
de octubre de 1999 celebró sus 16 años con una gran fiesta: vinieron las
autoridades a pronunciar sus discursos en honor de los bravos alemanes, se
sirvió pollo bróster con cerveza y luego toda la población se echó a bailar al
ritmo de la música chicha hasta las madrugadas.
Con su
fundación, la RDA –o la Alemania Democrática, como la llaman– se adelantó por
13 días a la de la República Federal Alemana, que, a su vez, se encuentra a 10
minutos de camino bajando el cerro, medio aplastada entre Valle Sarón y el
Trébol Azul. Las dos Alemanias se convierten en la pesadilla de todos los
proveedores y carteros del cono sur de Lima cuando les toca buscar una
dirección en la "Alemania". ¿Cuál de las dos Alemanias será la
acertada?
El
sueño de un lugar en el mundo
Todo empezó
con el sueño viejo que comparte 99% de la humanidad (el 1% se lo dejamos a los
nómadas, viajeros y caminantes incurables) y que parece inarrancable, a pesar
de todas las promesas de un mundo globalizado: tener un lugar propio donde
asentarse y levantar su casa, donde puedan crecer los hijos y nietos y
construir un futuro mejor.
No se
necesitaba ninguna publicidad para que en la Lima de los años 70 y 80 se corrieran
las voces entre los que querían salir de sus cuartos alquilados o entre los
recién llegados de la sierra, cuando se vislumbraba alguna posibilidad de
ocupar un terreno propio en las afueras de la ciudad. Fue así cómo, en 1979, se
pasó la voz de que se había formado una asociación de viviendas que iba a
urbanizar los arenales que quedan atrás de San Juan de Miraflores, en el sur de
Lima. Muchos, pagando su cuota inicial, se adhirieron a la asociación de
viviendas que se legalizó en 1980 bajo el nombre "República Federal
Alemana".
¿Por qué
ese nombre? "Porque Alemania es un país próspero y esperábamos algún
beneficio de la Embajada alemana si le dábamos ese nombre a nuestra
asociación", cuenta el señor Fortunato, que ha estado entre los primeros
pobladores de la Alemania Federal.
Lo que no
sabían los nuevos socios de la RFA era que la asociación carecía de sustento
legal: los arenales pertenecían a la Ciudad del Niño, una obra de beneficencia
de la Iglesia católica, y los padres no quisieron soltar su propiedad. Además,
descubrieron que el entonces alcalde de San Juan de Miraflores había vendido o
prometido los mismos lotes a varias personas. Todos sus esfuerzos legales
fueron inútiles, y los socios decidieron recurrir a un acto ilegal: invadir los
terrenos a la fuerza y poblarlos.
Una primera
invasión, en 1981, fracasó por falta de asistencia. Justo antes de invadir por
segunda vez, el 13 de octubre de 1983, la dirigencia de la Asociación RFA
expulsó a su tesorero –por "coimero", dicen los unos; por razones
ideológicas, los otros–. Sea como fuere, ese señor, que queda en el anonimato,
no quiso esperar más: llevó a su gente al cerro más lejano y menos atractivo de
las Pampas de San Juan y fundó allí su propio asentamiento humano. A la hora de
darle nombre, los pobladores se vieron en apuros: eran parte de la Asociación
República Federal Alemana, pero ésta los había expulsado. Menos mal que en esa
época todavía existían dos Alemanias al otro lado del océano. Y así sucedió que
"nosotros los de la República Democrática Alemana fuimos los primeros en
poblar las pampas de San Juan, 13 días antes de la República Federal
Alemana", cuenta la señora Margarita, pionera de la RDA.
La
(des)dicha que traen los nombres
Las
disputas de los dirigentes pasaron muy rápido al olvido. Invadir era una acción
que consumía toda la energía diaria. "Pusimos nuestras esteras en el
arenal, que estaba lleno de desmonte y alacranes. Todas las noches me vine con
mi mamá a dormir en la choza, para que nadie nos quitara el lote", cuenta
Roxana, que llegó a los 11 años a la República Federal Alemana. Había que
defenderse contra los que reclamaban la propiedad del terreno, pero también de
nuevos invasores que vinieron a trazar sus lotes aunque no pertenecían a la
Asociación. Por fin la directiva decidió cambiar de asociación a asentamiento
humano, lo que permitió la titulación de los lotes.
¿Y la
esperada ayuda de la Embajada alemana? El nombre no les sirvió de mucho.
"Alguna ayudita conseguimos, y una señora alemana dio dinero para que el
club de madres pudiera montar su comedor", recuerda el señor Fortunato.
¿Será que los alemanes de la Embajada (federal) sospecharon que detrás del
nombre tan lisonjero se escondía una banda de izquierdistas peligrosos? Porque
la mayoría de los pobladores pertenecía a –o simpatizaba con– la Izquierda
Unida.
Así que no
quedó otro remedio que unir las fuerzas y ponerse a trabajar. "Éramos un
asentamiento muy unido. El propio pueblo hizo los trabajos, las excavaciones
para meter tuberías, para instalar la luz", cuenta el señor Fortunato. En
1989, mientras desbarataban el muro de Berlín y turistas del mundo entero
acudían a esa ciudad para arrancar una piedra histórica, los pobladores de las
dos Alemanias limeñas festejaban cada bloque que podían colocar en sus nuevas
casas. En la memoria de la RFA prevalece 1989 como el año en el que
consiguieron el agua y el desagüe.
Lo que
ocurrió al mismo tiempo en Europa tiene para los alemanes más bien un carácter
anecdótico. "Vimos la caída del muro de Berlín en la televisión y aún nos
reíamos pensando en si deberíamos unirnos también con la Alemania
Democrática", se acuerda Roxana. Ella está orgullosa de su barrio:
"Siento el calor humano de la gente; estamos bien unidos. Cuando se murió
mi mamá vinieron todos los vecinos y nos apoyaron en todo lo que podían, sin
que se los hubiéramos pedido. Ese calor solidario vale más que vivir en una
zona pituca de Lima". Y el
señor Fortunato afirma que el barrio ha avanzado mucho, "que ya no es para
retratarse con un niño desnutrido".
La República
Democrática Alemana hizo su propio camino en todos estos años. Sus intentos por
conseguir ayuda de la Embajada alemana (la Democrática, por supuesto) habían
dado aún menos resultados que en el caso de sus paisanos separados. "Sólo
nos dieron unos folletos, pero nada de dinero", recuerda el señor Aza, de
la directiva de la Alemania Democrática.
Pero la
suerte de la RDA cambió con Alan García: por alguna razón que desconocemos
–¿será por el nombre?–, el entonces presidente tomó un interés especial en ese
asentamiento humano. "Vino varias veces a la Alemania Democrática, hizo su
campaña acá y nos apoyó mucho con el colegio, el agua y los títulos de
propiedad." A raíz de eso, dice el señor Aza, muchos de los pobladores se
volvieron apristas, una suerte que hoy día –en combinación con su nombre– no
les es muy favorable. "Cuando aproveché una visita del presidente Fujimori
al barrio vecino para pedirle la instalación de una comisaría en nuestro
barrio, él frunció las cejas y me dijo que teníamos que cambiar ese nombre,
porque ese país ya no existía."
Raúl Aza
está convencido de que es por esa razón que la Alemania Democrática no tiene
hasta hoy comisaría. Una cosa queda clara: el "Chino" no hará muchos
puntos en esa zona. La USE ya los obligó a tachar lo de
"democrático". El colegio del barrio ahora se llama simplemente
"República Alemana". Pero los pobladores se sienten bien orgullosos
de su Alemania Democrática: "ya nos hemos acostumbrado, nos conocen con
ese nombre, somos más conocidos y más grandes que la Alemania Federal", se
ríe la profesora Margarita, miembro de la junta directiva. "Y además,
somos verdaderamente democráticos. ¿Qué tiene de malo?"
Del
orgullo y de la vergüenza de ser alemán
Desde la
losa deportiva de la Alemania Democrática se tiene una vista preciosa de los
cerros de Chorrillos hasta el mar. La losa, unos 30 metros cuadrados mal
asfaltados al borde de una cuesta, da cabida a los 12 jugadores que están
compitiendo en el campeonato de fulbito que ha organizado la junta directiva
con motivo del 16 aniversario. La pelota rueda a cada rato hacia abajo, y los
chicos se pasan la mitad del tiempo bajando y subiendo detrás de ella.
La mayoría
de los jugadores tienen facciones serranas. Claro: sus padres vinieron de Cusco
y Ayacucho, las dos provincias más representadas en la Alemania Democrática.
"Una de nuestras grandes preocupaciones es el desempleo de nuestros
jóvenes y el pandillaje que ha aumentado justamente a raíz de la
desocupación", comenta el señor Ochoa, de la junta directiva, que hace de
árbitro. "Por eso organizamos campeonatos deportivos, para que no estén
ocioseando y maleándose en las calles." Los jóvenes estudian carreras
técnicas cortas o hacen "cachuelos" en la construcción o como
cobradores de combis, lo que
les permite colaborar con la supervivencia de sus familias.
Ricardo, de
17 años, estudia computación en una academia, y su meta es "sobresalir en
la vida". No tiene muy claro cómo llegar a eso, pero duda de poder
alcanzar esa meta quedándose en la Alemania Democrática, de poder construir su
futuro junto a la gente con la que ha crecido y con la que vive. En sus sueños
él no se ve viviendo en la Alemania Democrática, sino en un lugar mejor, de más
prestigio. Ni él ni Luis, uno de los pocos chicos que se están preparando para ingresar
a la universidad, saben por qué su barrio tiene ese nombre raro de un país que
ya no existe.
¿Lo que les
parecía el socialismo? Primero no entienden la pregunta; después Luis dice, con
la cara de alegría de alguien que por fin ha encontrado un punto en común:
"sí, sí, me parece muy importante socializarse"... Las luchas de sus
padres son una historia tan lejana para ellos... Las casas están techadas, hay
un colegio y una nueva posta médica; los servicios públicos funcionan más o
menos. Ahora hay que dar el segundo paso para hacer un futuro. ¿Cuándo se va a
dar? Lamentablemente, no les basta cruzar la pista y pasarse a la Alemania
Federal en búsqueda de algo mejor, como lo hicieron miles de jóvenes hace 10
años al otro lado del mundo.
Casi a la
salida de la Alemania Democrática, frente a la pollería "Alemana",
unos jóvenes construyen su templo evangélico. Ellos sí han encontrado su camino
entregándose al Señor. Tampoco les interesa la historia de su barrio: les
bastan las historias bíblicas, interpretadas al pie de la letra.
"Soy alemana de nacimiento", se escucha decir a una joven en
amena conversación con una amiga, sentadas las dos en la vereda delante de la
tienda de doña Eugenia. Se me escapa una sonrisa de complicidad. Digo lo mismo
cuando me preguntan de dónde vengo. Pero soy de las alemanas a las que les han
enseñado esa otra historia alemana que muy poco sirve para entender lo que pasa
en las Alemanias limeñas.
* Fórum
Solidaridad Perú, 13 de octubre de 1999 (día de la Fundación de la República
Federal Alemana).