LOS CHASQUIWAWAS, UNA EXPERIENCIA INÉDITA

Celeste Viale Yerovi

Original y valiosa experiencia de comunicación y organización en zonas rurales andinas a favor de los derechos del niño, narrada por una de sus principales animadoras.

 

Recordando a los mensajeros de otros tiempos, un grupo de jóvenes de las zonas rurales de Cusco y Cajamarca toman el nombre de chasquiwawas para emprender, desde hace tres años, la tarea de recorrer plazas, calles, caseríos y comunidades con el fin de difundir los derechos de la niña, el niño y los adolescentes, y la necesidad de su respeto y vigencia como medio fundamental para alcanzar el bienestar y el desarrollo al que aspiran ellos y sus pueblos.

Un día, cinco chasquiwawas salieron de Cusco, muy temprano, con dirección a la comunidad de Huancahuanca, en el distrito de Huanoquite, provincia de Paruro. Llevaban un cargamento de material de lectura y escritura destinado a los niños del Centro Educativo Primario, el único en esa localidad.

Eran hojas de papel en blanco, lapiceros, revistas, tajadores, borradores, nada al parecer muy importante. Pero en las escuelas rurales de nuestro país no es fácil reponer el lápiz que el niño pierde. Ni la tiza, siempre blanca, que es usada hasta que se disuelve en el dedo del profesor. No hay otro texto que dar a leer al alumno que no sea el libro oficial, cuando se tiene.

Desde Cusco hay tres horas en carro hasta Paruro. Llegando a Huanoquite la municipalidad local les había ofrecido la movilidad para acercarlos hasta el fin del acceso por carretera. Luego, los chasquiwawas habrían de hacer el resto del camino a pie.

Mientras avanzaban, la esperanza de encontrar a alguien que los recibiera en Huancahuanca se iba desvaneciendo. Era sábado y más de medio día. Pensaban que probablemente los niños que fueron citados desde temprano para el acontecimiento estarían ya de regreso en sus casas; los profesores trataban de justificar la ausencia y la bandera había sido bajada del asta improvisada de la escuela.

Sin embargo, al entrar en Huancahuanca el largo sonido de un pito los sorprendió.

De inmediato, un grupo de niños los condujo hasta el lugar donde desde hacía horas aguardaba toda la comunidad. Hubo discursos, acta de entrega, aplausos y hasta una función de títeres no prevista.

Caída la tarde, a 4.000 metros de altura, los cinco chasquiwawas emprendieron el retorno, todo a pie, porque ya no había la movilidad del municipio. El calor de 30° de esa mañana se fue haciendo lluvia y granizada conforme se acercaba la noche.

A pesar del tiempo transcurrido, un año ya para ser exactos, los cinco chasquiwawas de Cusco recuerdan esa ocasión como una de las experiencias más importantes de sus vidas.

"A mí lo que más me agradó fue la jornada de recreación que dentro de la campaña de buen trato hicimos con padres de familia en un centro educativo. Invitamos a los papás y mamás de los niños de los primeros grados, simplemente para que jugaran con sus hijos e hicieran cosas juntos. Fue muy emocionante verlos. Una señora lloró de agradecimiento; nos dijo que era la primera vez que podía jugar con su hija, porque no tenía tiempo. Otros padres al comienzo no querían jugar, pero cuando se animaron fue algo extraordinario. Tengo la alegría de haber ayudado a que los padres viviesen lo que es el buen trato, y eso es mejor que mil palabras." (Karina Muñoz, chasquiwawa de Cusco urbano.)

El derecho al buen trato es quizá uno de los temas sobre los que más hay que incidir. Los trabajos realizados hasta el momento señalan que 49% de niñas y niños recibe golpizas de los padres, y esto es considerado –incluso por los propios niños– como un método natural de disciplina. Con la creación de las DEMUNAS aumentan las posibilidades de denuncias de casos de maltrato; sin embargo, hay aún mucho silencio, mucho miedo, mucha indiferencia y también mala información.

"En nuestras salidas nos encontramos una vez con una abuelita que maltrataba a su nieta. Nosotros fuimos a conversar con ella y nos decía: ‘pero es que son muy malcriados, no obedecen’. Nos decía que cuando era niña a ella le pegaban con la rienda: ‘con eso me daban y tenía que obedecer, porque si no...’.

"Entonces nosotros le decíamos: ‘Ya ve, cómo ha crecido renegada hasta con su nieta’. Después, como mi abuelita vive al costado, yo iba a visitarla y le preguntaba si escuchaba llorar a esa niña y me decía que lloraba ya muy poco. Yo creo que los consejos, los spots radiales, nuestras presentaciones, ayudaron mucho." (María Teresa Rodríguez Paredes, chasquiwawa de San Marcos, Cajamarca.)

En el Perú, el acceso a la escuela ha mostrado un avance significativo en los últimos años; sin embargo, la permanencia en ella presenta aún índices preocupantes. La agudización de la crisis económica, el deterioro de la calidad de la enseñanza y el incremento del alcoholismo en las zonas rurales constituyen los principales factores que dificultan la posibilidad de que niñas, niños y adolescentes del campo puedan acceder a un proceso formativo adecuado.

En el departamento de Cajamarca, 50% de los adolescentes no asisten a la escuela.

En la provincia de Paruro, departamento de Cusco, del 100% de alumnos matriculados sólo 65% llega efectivamente al tercer grado de educación primaria.

"Con lo del derecho a la educación, hemos ido a los caseríos y los padres de familia nos decían: ‘no, pero para qué va a ir a la escuela, si acá tiene de todo’. Pero luego de varias salidas nos dábamos cuenta de que la gente iba tomando conciencia, se iba dando cuenta de cómo se maltrata a la gente que no tiene educación. Entonces ahora nosotros hemos notado un cambio." (María Teresa Rodríguez Paredes.)

La estrategia de trabajar con los jóvenes como aliados ha probado ser fundamental en la creación de opinión pública y en el logro de un consenso favorable a la defensa de los derechos de las niñas y niños en sus comunidades.

"El grupo de chasquiwawas es bastante reconocido en Bambamarca, no sólo en la ciudad sino también en las comunidades. En algunas zonas hemos hecho varias visitas y hemos observado un cambio de actitud en las rondas, en los tenientes gobernadores y también en algunos profesores, quienes en un inicio, bueno, se notaba que tenían un rechazo hacia las campañas y ellos se sentían como agredidos, pero después entendieron que es cuestión de comprender bien que los niños son sujetos de derechos y que había que hacer vigentes esos derechos.

"Al alcalde de la provincia, al principio casi no le interesaba el trabajo que hacíamos, pero luego de tantas campañas, donde se ha involucrado, se ha observado en él un cambio total. El alcalde de Bambamarca es hoy un protagonista de la difusión de los derechos del niño." (César Mejía, director del Instituto Nacional de Cultura de Bambamarca, asesor de chasquiwawas.)

Pero la experiencia de los chasquiwawas también señala que estos jóvenes convocados como aliados estratégicos y comprometidos en la tarea de la promoción de los derechos en su comunidad han ido experimentando, a través de la labor que realizan, cambios importantes de actitudes y comportamientos en la forma de manejar sus relaciones con la familia y vecinos, así como en el modo de imaginar su futuro.

"Antes de que yo integre este grupo, como tengo hermanos a veces cogían mis cosas y yo rápido les respondía con un manotazo, pero ya he ido cambiando. Si hay alguna cosa, algo de malo, yo les tengo más paciencia, converso por primera vez, por segunda vez. Con los niños de la calle también he cambiado. Más antes a mí no me importaba, ahora sí. Me interesa más que todo el maltrato psicológico. Por ejemplo ahora me doy cuenta de que a mi hermanito no le puedo decir ‘eres bruto’ o cosas así; eso deja una herida y es más grave que la física, porque es incurable." (María Teresa Rodríguez Paredes.)

Sólo en 1999, su segundo año de trabajo voluntario, los chasquiwawas han realizado 140 presentaciones de teatro y títeres sobre el derecho a la educación, al buen trato y al registro de nacimientos. Ha habido presentaciones en comunidades y caseríos, acompañadas de pasacalles, pregones y pantomima. A estas actividades asistieron aproximadamente 40.000 personas.

Los spots radiales elaborados en quechua y castellano han sido transmitidos por las radios locales más importantes, y se calcula que han llegado a un público oyente de 135.000 familias entre Cusco y Cajamarca. Se ha producido un total aproximado de 50.000 impresiones, de las cuales 45.000 fueron volantes repartidos en las presentaciones, y 5.000 afiches colocados en plazas y calles de los lugares visitados.

Abancay es la nueva zona donde PROANDES intentará replicar la experiencia de los chasquiwawas. Y yo, involucrada desde el inicio en esta propuesta, me voy a permitir imaginar que un día no muy lejano, por algún camino del Perú, nos empecemos a topar casualmente con ellos.

Van de gorrita verde esperanza, con el nombre de chasquiwawas bien impreso en letras grandes y negras.

 

UNICEF/Proandes y los Chasquiwawas

Los chasquiwawas son grupos de hombres y mujeres jóvenes que se han ido formando a lo largo de los tres últimos años en las provincias de Cajamarca, San Marcos, Cajabamba y Hualgayoc, en el departamento de Cajamarca, y de Canas, Paruro, Acomayo y Cusco, en el departamento de Cusco. Ellos fueron convocados por UNICEF a través de su programa PROANDES, que busca promover en el ámbito rural andino los cambios de actitudes que permitan hacer realidad la ética de "Los niños primero".

La construcción de una cultura de respeto a los derechos que brinde igualdad de oportunidades para su ejercicio requiere que las personas internalicen su condición de sujetos con derechos. En ese sentido, PROANDES, como parte de su estrategia de difusión, plantea la necesidad de una mayor incidencia en la movilización social por los derechos de la infancia, la adolescencia y la mujer; para ello se propone sensibilizar y capacitar a importantes sectores de la población rural en los principios fundamentales de la Convención de las Naciones Unidas sobre los Derechos del Niño y el Código de los Niños y Adolescentes.

En esta línea de incorporación activa de la comunidad en el proceso de movilización social, los jóvenes chasquiwawas se han constituido en una experiencia inédita y exitosa de difusión a través de campañas que buscan promover los derechos más conculcados de las niñas, niños y adolescentes rurales, como son el derecho al buen trato, al registro de nacimientos y a la educación.

UNICEF y el IDL han firmado recientemente un convenio que garantiza la continuidad del proyecto chasquiwawas.