La ópera del fantasma
y el titiritero

(Tres actos y un final)

 

Dos hechos de signo contrario marcaron el año en el tema de la violencia política: la captura de "Feliciano" y el ataque senderista contra un helicóptero del Ejército que causó la muerte de cuatro oficiales. ¿Cómo entender esto y qué deja en claro respecto de la violencia política en el Perú?

 

Sendero Luminoso es desde hace buen tiempo ya un fenómeno marginal a la política peruana. Si antes la violencia política era el doloroso pan de cada día, en los últimos años ha pasado a ser un tema al que había que referirse ocasionalmente, cuando uno de los grupos armados realizaba alguna reaparición espectacular pero esporádica. Cada vez que ello ocurría, la opinión pública se preguntaba si estábamos asistiendo a un resurgimiento del grupo armado, pero luego olvidaba rápidamente el debate.

En 1999 la tónica ha variado, y el tema ha estado mucho más presente en la escena pública; pero, paradójicamente, no porque Sendero Luminoso haya recuperado capacidad operativa y realizado acciones espectaculares, sino por iniciativa del gobierno, que decidió hacer del asunto uno de los ejes centrales de su discurso y de su campaña política.

Sin duda, la cercanía del proceso electoral está a la base de esta renovada iniciativa gubernamental. El presidente Fujimori no podía permitirse llegar al término de su segundo mandato sin haber acabado completamente con Sendero Luminoso; y no sólo porque había prometido hacerlo incluso antes del término de su primer gobierno (eso es lo de menos), sino porque el tema se agotaba y había que sacarle el máximo provecho posible de cara a abril del 2000. No en vano era el terreno donde más éxitos podía y puede exhibir.

Para ello decidió poner en escena una obra cuidadosamente montada, cuyo desarrollo casi se le escapa de las manos cuando uno de los actores se salió del libreto; sin embargo, esto le permitió agregar una dosis de improvisación sin perder la conducción de todo el acto. Ha construido una gran ópera; pero, a diferencia de las obras maestras que se presentan en los mejores teatros, ésta fue puesta en una modesta carpa de títeres.

I

El primer acto consistió en lanzar una ofensiva final contra los languidecientes restos de la organización capitaneada por "Feliciano". El principal objetivo era, precisamente, capturar al ortodoxo líder senderista, que se sabía andaba refugiado en una zona agreste de la selva central.

Para ello se puso en marcha un amplio operativo de inteligencia: infiltración de agentes en zonas aledañas al presumible refugio, rastreo de comunicaciones entre los líderes, acopio de información de arrepentidos, etcétera. Posteriormente vino el operativo militar, uno de los más grandes que se haya realizado en los últimos años. Alrededor de dos mil soldados y policías fueron desplegados en zonas estratégicas de la selva y sierra central para evitar la salida de "Feliciano" y posibilitar su captura.

También esta vez la fortuna jugó para los vencedores. "Feliciano" estuvo a punto de romper el cerco que se le había tendido, pero un policía de franco y que conducía el vehículo en el que el líder senderista pretendía llegar a Huancayo lo reconoció e hizo que lo detengan.

Se discutió mucho sobre las circunstancias de la captura; de hecho, para muchos "Feliciano" ya había sido tomado preso semanas antes y, dado el enorme despliegue publicitario, lo que se estaba haciendo en realidad era todo un show para el consumo masivo. Pero más allá de eso, el hecho concreto era que el objetivo se había cumplido. El sucesor de Guzmán en la conducción de la ortodoxia maoísta y máximo jefe de la facción senderista que seguía en armas había caído, y con ello se asestaba el golpe final al proyecto político-militar iniciado en mayo de 1980.

El siguiente momento fue la presentación pública del ya domesticado líder, que ni siquiera pretendió, emulando a su "presidente Gonzalo", llamar a sus seguidores a superar un nuevo "recodo en el camino". Digitado desde bambalinas, "Feliciano" obedecía fielmente cuanto le decían que tenía que hacer y pedía permiso a sus titiriteros cada vez que quería levantar la mano o limpiarse el sudor. La imagen de la derrota cabal y completa.

Los titiriteros quisieron que el éxito de este primer acto fuera atribuido a los servicios de inteligencia y a Vladimiro Montesinos, el conductor de la estrategia antisubversiva. La captura de "Feliciano" le servía para mostrar y ratificar ante el país la contundente eficacia del gobierno frente al terro­rismo.

II

El segundo acto fue la planeada rendición de las columnas de la selva central, que habían perdido a su máximo líder. Éstas habían quedado intactas luego del vasto operativo militar que condujo a la captura de "Feliciano". (Recordemos que Ramírez Durán fue detenido, al igual que su "presidente Gonzalo", con una guardia pretoriana compuesta por mujeres.)

Precisamente una de ellas, "Rita", jugó un papel preponderante para convencer a los servicios de inteligencia de que los senderistas estaban dispuestos a negociar una rendición. La evaluación que tenían era que si bien las columnas no habían sido tocadas militarmente, la captura representaba un severo golpe político y anímico para ellos. La versión de la senderista era plausible.

Todos los indicios apuntan a que, sobre la base de los éxitos de inteligencia que condujeron a la captura de "Feliciano", decidieron ir por esa ruta. De la operación fueron encargados directamente los servicios de inteligencia, al mando del general Alfredo Fournier. Éste era el número dos de Vladimiro Montesinos y el primer oficial general del arma de inteligencia, lo que lo ubicaba en un lugar muy cercano al entorno presidencial. Las tropas regulares acantonadas en el Valle del Ene no intervinieron en el proceso.

El resultado fue el fracaso. Las negociaciones que supuestamente iban a conducir a la rendición pública –y publicitada– de las columnas senderistas llevaron en realidad a una emboscada que causó la muerte de cuatro oficiales del Ejército.

Los errores de inteligencia permitieron que los supérstites de Sendero Luminoso se dieran el lujo de propinar un golpe de gran envergadura precisamente en el momento en que habían entrado a su fase terminal. Pero era un golpe ciego, que no les permitía acumular nada; por el contrario, motivó que sobre ellos recayera una presión militar incluso mayor que la desplegada para la captura de "Feliciano". Fujimori ordenó la "aniquilación".

La existencia de las negociaciones y la participación de altos oficiales de inteligencia en ellas ha quedado ampliamente documentada. Sin embargo, ante el fracaso, el gobierno negó que ellas se hubieran producido y más bien dijo que con el terrorismo no se negociaba.

Los titiriteros movieron los hilos y cambiaron la escena del fracaso por otra en la que el gobierno aparecía firme frente al terrorismo, y de fondo proyectaron la imagen de que la subversión armada seguía siendo una amenaza y que había que seguir con la mano dura. Esa mano dura, por cierto, era la suya.

III

Los hechos anteriores se dieron en el marco de un debate intenso sobre el retiro del Perú de la Corte Interamericana de Derechos Humanos a raíz de la sentencia que pedía un nuevo juicio para los terroristas chilenos del MRTA. Alrededor de este tema se construyó la nota mayor de la ópera gubernamental.

Para nuestros propósitos, interesa destacar el discurso levantado para justificar la decisión. El argumento oficial era que la seguridad nacional había sido puesta en peligro porque los jueces de la Corte Interamericana de Derechos Humanos habían ordenado liberar a los terroristas chilenos, y que luego de ese caso podían venir muchos otros más en el mismo sentido; por lo tanto, todo el esfuerzo hecho para pacificar el país se podía ir por la borda.

Paralelamente, el gobierno levantó una intensa campaña sobre la supuesta amenaza de la guerrilla colombiana. Incluso se desplegaron tropas en la frontera con ese país, bajo la supervisión directa del asesor Vladimiro Montesinos. A la vez, atacaban frontalmente las negociaciones de paz entre el gobierno y la guerrilla colombianos.

Por último, como en los peores momentos de la represión contra el terrorismo, se desató una intensa campaña de opinión que identificaba derechos humanos con terrorismo. No sólo eran los grupos de derechos humanos nacionales, sino también los organismos internacionales, el Departamento de Estado y hasta congresos y gobiernos extranjeros. Según esta campaña, había una conspiración internacional en marcha con conexiones en el país para desestabilizar al Perú.

Los titiriteros presentaron la escena cumbre de su obra: la de los héroes salvadores. El gobierno de Fujimori y su asesor Montesinos eran la única garantía de seguridad para el país, y no iban a permitir por nada que todo el esfuerzo hecho para conseguir la pacificación nacional se fuera al agua. A excepción de ellos, los demás eran o débiles o cómplices del terrorismo.

Acto final

Que el régimen de Fujimori derrotó al terrorismo, es un hecho objetivo; nadie cuestiona que un gobierno quiera sacar el máximo provecho de sus políticas exitosas para pasar a la historia por ellas. Un gobierno democrático también lo habría hecho. Lo cuestionable es la abierta manipulación para fines completamente diferentes de los de la pacificación del país y el alto costo que éste tiene que pagar por la factura que le está pasando el gobierno.

Que haya decidido por iniciativa propia poner el tema en la agenda pública, tampoco es criticable. Nosotros siempre sostuvimos que el problema de la violencia política no había terminado y que era necesario discutir la serie de problemas que se habían congregado alrededor de él. Lo cuestionable es el rumbo que ha tomado el tema.

No creemos que haya que mantener chantajeado al país con un supuesto retorno del terrorismo y con que el único capaz de combatirlo es este gobierno. Hay toda una manipulación para afirmar en el sentido común que si no se mantiene este gobierno en el poder, el terrorismo puede volver o entrar por las fronteras. Mantener a la población en ese estado de temor es perverso.

Tampoco creemos necesario que bajo el pretexto de evitar el resurgimiento del terrorismo se siga manteniendo un régimen de emergencia y que la democracia permanezca vaciada de todo contenido, que sigan existiendo tribunales militares para juzgar civiles, legislaciones contrarias al debido proceso, inocentes en prisión, poderes del Estado intervenidos, etcétera.

Mucho menos de acuerdo estamos, por cierto, con que se siga satanizando los derechos humanos para, a partir de ello, dividir a los peruanos entre los que apoyan al gobierno y los que no lo apoyan, y con que se moteje a estos últimos de terroristas o pro terroristas. Viejo y peligroso discurso intolerante que identifica discurso oficial con patriotismo y defensa de la democracia y disidencia, o no acuerdo con las políticas gubernamentales, como pro terrorismo.

Por último, no estamos de acuerdo con la distorsión de la historia, porque ella impide una reconciliación nacional ineludiblemente necesaria para consolidar la paz. La media verdad de atribuir al terrorismo toda la responsabilidad de las muertes ocasionadas por la violencia política esconde la ilegítima violencia del Estado que se expresó en numerosos casos de ejecución extrajudicial y alrededor de 6.000 casos de desaparecidos.

Sobre la derrota del terrorismo hubiese podido escribirse una ópera prima de unidad e integración nacional sustentada en el respeto de los derechos humanos y la democracia. Desafortunadamente, lo que se está escribiendo es una ópera infame, ejecutada por titiriteros inescrupulosos. (Isaías Rojas Pérez)

 

El fantasma títere

Siete años después de la captura de su máximo líder y seis desde su división, Sendero Luminoso era ya un grupo reducido, acorralado en territorios geográficamente difíciles y que lucha desesperadamente por su supervivencia. Se había refugiado en zonas agrestes del Alto Huallaga y la selva central, donde languidecía sin capacidad de reorganizarse.

A pesar de ello, aún podía realizar las acciones de violencia, algunas de impacto, como para recordar que aún seguía existiendo. Pero nada que fuera más allá de golpes esporádicos ni nada que indicase que estaba otra vez de vuelta. Sendero, pues, se había convertido en un fantasma.

Las estadísticas muestran que entre enero y setiembre de 1999 realizaron un promedio 0,3 acciones por día (una cada tres días) y causaron 0,15 víctimas por día (una cada siete días). En términos absolutos, ello representa una disminución del 30% respecto del promedio de 1998, cuando realizó 0,5 acciones por día (una cada dos días) y causó 0,3 muertes por día (una cada tres días). Estos promedios, por supuesto, no resisten en absoluto una comparación con lo que eran capaces de hacer en la época en que estaban al mando de Guzmán, cuando realizaban un promedio de siete acciones por día.

Aun así, Sendero es todavía capaz de realizar acciones y causar la muerte en las escasas zonas donde está presente, pero ya sin ninguna perspectiva política. La captura de "Feliciano" dio el puntillazo final al proyecto político-militar iniciado en 1980 y que entrara en el camino de la derrota estratégica con la captura de Abimael Guzmán, ocurrida en setiembre de 1992. El apresamiento de "Feliciano" ha sido, así, el "sello de oro" de su derrota.

 

Los charete, una estirpe que se niega a desaparecer

Daniel Charete Campos tiene 73 años y cuatro hijos muertos a manos de Sendero Luminoso. "Dios me ha castigado y no sé por qué... tengo dolor y lloro como padre y madre." Él se considera castigado por esa justicia divina a veces tan ciega como la humana; sus hijos están muriendo, parecen marcados con una cruz en la frente y desconocen cualquier profecía; sólo saben que no aceptan estar condenados a desaparecer.

Doña Julia, la madre, ya no puede hablar de tanta pena. Gedeón, su hijo Gedeón, el que se enorgullecía de haber sobrevivido a 40 combates con Sendero Luminoso, ha muerto. El pueblo asháninka está golpeado.

Desde que Sendero Luminoso empezó a actuar en la selva central de Satipo, principalmente en las zonas que abarcan Río Tambo, Ene-Perené y Gran Pajonal, se calcula que han desaparecido (muertos y secuestrados) 4.000 asháninkas. En todas las comunidades nativas se organizaron comités de autodefensa. La tradición guerrrera fue puesta de nuevo a prueba en la defensa de su tierra y su vida. En muchas zonas, como la de Poyeni, los ronderos tuvieron que soportar todo el peso de la lucha antisubversiva.

El 9 de noviembre, cuando los militares regresaban de patrulla, Gedeón y sus hombres iban adelante. Escondidos en un tronco grueso, la muerte los esperaba: ocho balas atravesaron el pecho de Gedeón. "Tuvimos que cargar hasta Boca Tincabeni dos días y dejar el muerto para que los militares lo trasladen a Satipo a hacer autopsia."

Gedeón murió a la edad de 26 años. Era presidente de la Organización Central del Río Ene (OCARE) en reemplazo de su hermano Isaías, muerto en 1988, y de sus también hermanos Pablo y Luis, secuestrados y probablemente muertos por Sendero Luminoso. Pero el dolor no termina: a la semana siguiente de su muerte, su hermano menor, Jonatan, pisó una mina que le destrozó las piernas.

En tiempos en que el terrorismo es un arma de campaña política para las elecciones, no olvidemos a los asháninkas. No a esos personajes exóticos de los folletos turísticos, sino a esos seres humanos que también tienen derecho a la paz y que ahora rompen el silencio del bosque con su dolor.

(Estas líneas son para ti, Gedeón, amigo mío. Perdóname por no cumplir con mi promesa de escribir un libro sobre tu vida de guerrero. Te me adelantaste, o tal vez yo también creí que la muerte nunca te iba a alcanzar.) (Patricia Balbuena)