ESPERANDO EL MILENIO
DESDE LOS ANDES:
APOCALIPSIS...
¿Ya?
Jaime Márquez Calvo
Tener, como el autor de este artículo, el
"oficio" de trabajar en y con las comunidades campesinas de diversos departamentos
del Ande peruano, puede ser una experiencia exigente. Pero, a la vez, ofrece
una oportunidad privilegiada para entender lo que ocurre en ellas y la visión
del mundo que allí se desarrolla. En esta ocasión, una reflexión sobre cómo se
está viviendo en el campo el cambio de milenio.
"Faltan
25 días para llegar al año 2000", escucho por la radio al momento de
empezar a redactar este artículo. Cuando usted empiece a leerlo quizá falten
sólo diez o cinco días para acabar con el siglo XX y empezar el tercer milenio.
O tal vez recibió esta revista con cierto retraso y ya está en pleno año 2000
descansando de la resaca rutinaria de estas épocas. ¿Ocurrió algo inesperado
más allá del "espectáculo del milenio" tan anunciado por la TV?
¿Sintió el temor de que precisamente el 31 de diciembre el cajero automático no
funcionara ante una probable deficiencia del sistema de cómputo bancario?
Pues esta
mezcla de incertidumbre y expectativas pareciera ser la nota característica de
este tránsito de un milenio a otro. Pero no sólo en nuestro mundo urbano y
moderno: también parece que lo es en el tantas veces estudiado "mundo
andino". Por lo menos a esta conclusión nos lleva la lectura de más de
treinta entrevistas realizadas en las últimas semanas con campesinos y campesinas
provenientes de distintas zonas en las que IDL hace cursos de capacitación en
derechos humanos. Se trata de dirigentes, autoridades, líderes sociales que
pueden ser, creemos, una muestra interesante de lo que espera el poblador
andino de la llegada del tercer milenio.
Tres fueron
las posibilidades que intuimos mientras desarrollábamos este trabajo. La
primera, que los campesinos entrevistados se mostraran indiferentes frente al
tema. La segunda fue encontrar una concepción claramente milenarista y opuesta
a la de nuestro mundo "occidental y cristiano". Y la tercera,
simplemente descubrir las particularidades y diferencias de la racionalidad
campesina desde una percepción sobre el milenio muy semejante a la nuestra.
Usted, amigo lector, podrá sacar sus conclusiones.
¿El
fin de la historia?
Retomando
la ya clásica frase de Fukuyama, en su libro Tierra baldía Fuenzalida analiza los discursos fundamentalistas
sobre el fin de los tiempos. Éstos se habrían venido dando desde el siglo
pasado a través, principalmente, del anuncio de iglesias y sectas evangélicas.
Si partimos de la constatación del importante crecimiento de éstas en los
sectores rurales en el Perú durante los últimos años, podremos encontrar una
pista de interpretación para varios de los testimonios que transcribimos en
este mismo artículo.
Se trata,
en la mayoría de los casos, de alusiones de un claro contenido apocalíptico,
aunque con una cierta dosis de incertidumbre. "¿Cómo estaremos en el año 2000, pues? No creemos que
estemos bien, porque posiblemente haya sequías, o posiblemente haya mucha
lluvia, o mucho viento. Con la sequía los cultivos se van amarillando, se
pierden, quizá esto sea un castigo de Dios que se viene. Además, después de
esto, qué todavía se verá. Probablemente haya hambrunas porque no va a haber
producción de alimentos y cada vez vamos a entrar en más problemas."
¿Qué hace
relativas estas afirmaciones? La propia incertidumbre del campesino frente a lo
que está por suceder. A no ser que se trate de un convencido seguidor evangélico,
las respuestas coinciden en el uso del condicional "quizá",
"probablemente", "tal vez"... En otros casos, la duda (o el
escepticismo) son más que evidentes: "Así hablan que va a llegar el año
2000 y que va a haber el fin del mundo, las comunidades nativas están
preocupadas por eso, pero no creemos porque a veces dicen que es mentira, en la
comunidad dicen que no va a haber fin del mundo".
La idea del
fin del mundo, sin embargo, no está presente sólo en el ámbito rural ni es
patrimonio exclusivo del fundamentalismo evangélico. Este discurso (católico o
protestante) también ha calado en zonas urbanas en las que se pueden escuchar
afirmaciones o expectativas similares. Más aún: no faltarán en Europa, América
del Norte o en algún otro país del Oriente Medio, este 31 de diciembre, grupos
o movimientos marginales que esperarán puntualmente la llegada del fin de los
tiempos. Una nota particular, empero, en el caso de los campesinos
entrevistados, es que el énfasis puesto en el temor al cataclismo y la desgracia
puede explicarse porque se trata de sociedades rurales golpeadas fuertemente en
los últimos años por la violencia y la pobreza extrema.
En el caso
de los ayacuchanos, sobre todo, pareciera que el año 2000 ya hubiera pasado,
pues vivieron con la guerra la etapa del caos y las desgracias. Durante ese
trance, como ha mostrado, por ejemplo, Ponciano del Pino en su estudio Tiempos de guerra y de dioses. Ronderos,
evangélicos y senderistas en el valle del río Apurímac, el mensaje de
que se vivían tiempos apocalípticos sirvió como factor de cohesión ideológica
de los campesinos que enfrentaron, no a las huestes subversivas, sino al propio
Anticristo. La pobreza, del mismo modo, agravada por sequías, heladas y otros
desastres naturales, llevará a establecer una vinculación entre esta situación
catastrófica y la idea del advenimiento del "juicio final".
Para Juan
Ansión, antropólogo y profesor principal de la Universidad Católica, es difícil
decir hasta qué punto esta vinculación tiene una influencia cristiana o hasta
dónde, más bien, responde a la tradicion andina de la existencia de una
concepción cíclica del tiempo. "Creo que hay una superposicion de la
visión andina del tiempo cíclico, sostiene, y una visión cristiana católica que
hace hablar a algunos del diluvio, por ejemplo, y otra visión, más evangélica,
que anuncia un fin del mundo y un juicio final". Lo cual, para Carlos Iván Degregori, antropólogo también y
profesor de la Universidad de San Marcos, significaría que estamos frente a un
tipo de "apocalipsis ecológico" (expresado en el temor a los
terremotos, sequías, diluvios, etcétera), antes que andino o evangélico.
Pero, ¿es
sólo esta incertidumbre frente a un posible escenario escatológico lo que
podemos desprender del imaginario de estos campesinos y campesinas
entrevistados? ¿O tal vez encontramos también expectativas que nos permitan
arriesgarnos a establecer hoy (ad
portas del nuevo milenio) hacia dónde se dirige el pensamiento andino de
estos últimos días del siglo que nos deja?
El
milenarismo en debate
Hemos
sostenido que la asociación en la mentalidad campesina del cambio de milenio a
la idea del juicio final es un dato recurrente en nuestras entrevistas. Lo que
nos lleva a preguntanos si existen, acaso, rezagos milenaristas en el mundo
andino, escondidos detrás de estos testimonios. El milenarismo, como sabemos,
alude a la idea de la restauración del reino de Dios en la tierra, lo que
supone el envío de un Mesías como salvador de la humanidad al final de los
tiempos. En la década del setenta, la antropología en el Perú encontró que esta
concepción milenarista y mesiánica estaba presente en el mundo andino desde la
época prehispánica.
Así, en su
libro Ideología mesiánica del mundo
andino Juan Ossio sostenía que había una tradición cultural que predisponía
a la sociedad andina al desarrollo de tendencias mesiánicas. Este mesianismo se
asociaba a una concepción cíclica del tiempo por la que se pensaba en etapas
que habían desaparecido por cataclismos a través de los llamados
"pachacutis". Éstos
se entienden como períodos de transformación impulsados por fuerzas telúricas
que llevaron a reordenar y transformar el mundo, como en su tiempo lo habría
hecho el Inca Pachacuti, según relatos de cronistas e historiadores.
Fiel a esta
línea de interpretación, Ossio encuentra en nuestros entrevistados una
concepción milenarista y mesiánica aún presente. No tanto desde una vertiente evangélica, sino más bien andina: "Existen premisas andinas en las
poblaciones campesinas que no fueron transformadas por la conquista. Por el
contrario, lo andino absorbió a la cultura occidental y la remodeló según sus
especificidades. Según la tradición mesiánica del mundo andino, por ejemplo, se
tomó a Cristo como la imagen realzada que se identifica con la imagen del Inca,
que es el monarca divino que va a restablecer el orden en la sociedad. Este
paralelismo entre Cristo y el Inca siempre existió durante la Colonia; por ello
la imagen de Cristo se asocia también con un fenómeno telúrico como los
temblores (‘Señor de los Temblores’, ‘Cristo de Pachacamilla’), que tiene que
ver con que este personaje es el que puede enfrentar estos cataclismos que se
producen".
Las
imágenes recurrentes al "apocalipsis ecológico" o a la idea del fin
del mundo en los testimonios recogidos podrían llevarnos a concluir que, en
principio, existe un cierto discurso milenarista del que está ausente, sin
embargo, la figura del Mesías como reordenador del mundo una vez producido el
cataclismo. Por otro lado, prima en los entrevistados, como ya observamos, una
actitud de incertidumbre sobre esta posibilidad. Pareciera que todo pudiera
ocurrir, pero que nada está confirmado: "Hemos oído hablar...",
"dicen los evangélicos que...", "¿cómo estaremos, pues...?". Sin la referencia explícita a un
Mesías y sin expectativas claras de lo que se espera, ¿sigue siendo posible
hablar de milenarismo en el mundo andino?
Juan Ansión
sostiene que no. Lo que existe, afirma, es una perspectiva cíclica del tiempo
–que tampoco es exclusiva de los Andes– en la que terminan unas épocas y
empiezan otras. "Esto
viene de la tradición andina autóctona o andina colonial. En realidad no
tendríamos por qué pensar que hay una visión mítica de este cambio de época, ya
que en una visión moderna también podríamos hablar en esos mismos términos, sin
que eso signifique que exista una visión milenarista".
Mucho más
enfático se muestra Degregori, para quien no hay en las respuestas de los
campesinos una asociación con el Pachacuti,
ni con una concepción andina del tiempo cíclico. Esto, o ya no está presente o
ya no se asocia con la llegada del milenio. Por lo tanto, habrían dejado de ser
"el otro exótico". "Lo
que no quiere decir que no sean diferentes y que no tengan su propia cultura e
idioma, pero ya no son los radicalmente diferentes. No existe un ‘pensamiento
salvaje’ en ellos, ya que se mueven en el mundo con coordenadas bastante
parecidas a las nuestras; se trata del fin del exotismo y del
indigenismo." Queda para
el debate sobre el milenarismo, sin embargo, la existencia de grupos como los
Israelitas del Nuevo Pacto Universal, congregación religiosa estudiada a
profundidad por Juan Ossio, quien muestra que su prédica y práctica están
directamente vinculadas a antiguos mitos como el del Inkarrí, encarnado por
Ezequiel Ataucusi, su conductor y profeta.
Un aspecto
final respecto de este punto es el de la actitud campesina frente a la
posibilidad de la catástrofe. Se repite en uno y otro testimonio la idea muy
bien expresada por una mujer de Carhuahurán (Ayacucho): "No nos podemos quedar tranquilos, para que cualquier cosa
que venga nos encuentre trabajando, no nos encuentre conformes". Existe
pues una actitud personal pragmática y responsable a la vez de seguir
trabajando, para que, más allá del cambio de época, las cosas permanezcan y
mejoren. Lo que nos recuerda cómo en los peores momentos de la violencia
política, que algunos asocian a una situación apocalíptica, los campesinos no
se quedaron de brazos cruzados sino que intervinieron directamente para que la
vida tomara otro curso en sus comunidades.
En este
caso no esperaron la llegada de un Mesías que los salvara de esa situación de
caos y catástrofe. Ellos mismos emprendieron, organizados, su propia redención.
Esta actitud, para Ansión, expresa la noción campesina de que las cosas se van
logrando poco a poco. "Si no lo hacemos nosotros lo harán nuestros hijos,
y si no los hijos de nuestros hijos, pero seguimos avanzando a paso firme. Es
todo lo contrario a una perspectiva de que el tiempo cambia de un día a
otro." Pero entonces, nos preguntamos, ¿qué es lo que viene a continuación
de este paso de un ciclo a otro? O, dicho en términos más simples, ¿qué esperan
hoy los campesinos del próximo milenio?
En
búsqueda de la utopía
Ante la
pregunta "¿qué cambios espera usted que ocurran a partir del próximo
siglo?", las respuestas son bastante similares. Los campesinos demandan
desarrollo, progreso para sus comunidades, que no haya más pobreza, que haya
mayor igualdad y sensibilidad entre las personas. Estos son, acaso, algunos de
los ingredientes de una utopía que se construye cada día desde una comprensión
quizá más cercana al mito del progreso que al del Inkarrí. A partir de esta
lógica es importante también reconocer lo alcanzado por un proceso de acumulación;
y lo más destacado en este caso es la pacificación del país, acaso por ser –lo
repetimos– el resultado de un esfuerzo en el que intervino decididamente la
propia organización campesina.
La
aspiración al cambio está pues presente entre los campesinos. Al haber ampliado
sus horizontes a través de los medios de comunicación, sostiene Ossio, ellos
pueden imaginar un mundo mejor donde se incorpore la tecnología y la gente
pueda desarrollar sus capacidades. Esto es algo que ha estado muy presente, señala,
en los mitos amazónicos. Así, se dice que los españoles capturaron al Inca y,
junto a él, sus conocimientos tecnológicos, los que deberán ser recuperados
para lograr el desarrollo de las comunidades campesinas. Esta expectativa,
sumada al reclamo por un adecuado manejo ecológico, el respeto por los derechos
de hombres y mujeres y la participación política como ejercicio de ciudadanía
son –aún de manera incipiente– parte de una visión moderna de la búsqueda de
una utopía realizable.
¿Será para ello inevitable pasar por el tránsito del
apocalipsis a la espera de un nuevo redentor? Pese a la angustia que puede
generar el saber que el paso de un milenio a otro se presenta en medio de
tiempos difíciles en sus comunidades y el país, existe una visión campesina
positiva basada en el comienzo de una nueva vida. La señora María Mamani, de
Puno, nos abre una perspectiva interesante cuando dice: "Se termina un
siglo bastante amplio; es como si hubiera muerto y voy a volver a nacer. Creo
que pueden haber mejoras para nuestras comunidades si los seres humanos
empezamos a coordinar en el nuevo milenio...". Más allá de las desgracias
ocurridas, nos dice María, o de las que pudieran producirse, volveremos a
nacer. Y para ello, el desarrollo de una ética de la responsabilidad por el
otro en el nuevo milenio se convierte en un ingrediente más de la utopía por
construir.
Benedicta Oscamayta, distrito de Moras (Cusco):
"El año 2000 será como un nuevo día"
Yo personalmente pienso de que el año 2000 yo pediría
que parte de la naturaleza que no haya desastres o desgracias en este pueblo,
de esta manera nosotros agradeceríamos a nuestro Dios y el año 2000 será como
un nuevo día y nuevo despertar para toda nuestra familia y nuestros hogares
cambiarán. Este milenio yo tengo muchos pensamientos, antes teníamos mucho
miedo porque todos decían que iba a haber el fin del mundo, que los días se
oscurecerían y otros que no saben seguirán con miedo. Los que ya sabemos que no
pasará nada en el 2000, reflexionamos toda esta situación en que vivimos. Yo
espero sobresalir como una mujer que soy de campo y trabajaremos más, lo que
dicen ecológico químicos no desperdiciaremos, entonces plantaremos las plantas
y cuidaremos el medio ambiente.
Esther de la Cruz, distrito de Chupaca (Junín)
"Esperamos las sorpresas del nuevo milenio"
He oído hablar de la llegada del tercer milenio por
la radio y la TV, y esperamos qué sorpresas nos trae este nuevo siglo que para
mí tiene un significado, ya que estoy viendo muchos cambios en la naturaleza,
diferentes clases de enfermedades en los seres humanos, animales y plantas. La
escasez de alimentos y la economía. El hecho más importante que se ha producido
en este último siglo en el país y en mi comunidad ha sido que se ha erradicado
el terrorismo y que ya hay paz en el pueblo peruano. También que se le haya
valorado a la mujer en el lugar que le corresponde, ocupando lugares dentro de
la política peruana y dentro de la comunidad.
Mario Solier, comunidad de Grantay (Huancavelica)
"Dicen
que todos llevaremos la marca 666"
Bueno, he visto unos volantes que dicen que todos
llevaremos la marca 666, pero no sé qué quiere decir eso. No me han sabido
explicar. También sé que todos los peruanos tendremos un documento único (DNI).
Dicen también que habrá una sola religión y una sola moneda que será el dólar;
todos los demás billetes desaparecerán. Pero eso también son rumores, no
comprendo bien...
Carmen Casancho, Satipo (Junín)
"Hay
que seguir trabajando"
Sí hemos escuchado sobre el año 2000 en comentarios,
y nosotros celebraremos según nuestras costumbres. Hemos escuchado que Cristo
va a venir y que va a ser el fin del mundo, pero hay que seguir trabajando
porque nosotros queremos seguir adelante. En realidad creemos que de fin del
mundo no va a haber nada. Creemos que el mundo no va a acabar; según nuestra
religión, no va a acabar. Eso depende del Señor del Cielo. Creemos que el año
2000 va a haber terremotos, revoluciones, castigos; eso hemos escuchado de los
evangélicos, pero no creemos que va a haber problemas, que el mundo va a
acabar.
Carlos Sánchez, distrito de Mazamari (Junín)
"La naturaleza nos va a golpear"
He oído hablar del tercer milenio. Para algunas
personas es como el fin del mundo, para otros es un año con muchas sorpresas
inesperadas y para otros como un año común y corriente. Para mí tiene un
significado como el inicio de un nuevo siglo. Me considero privilegiado al
experimentar en vida la transición del viejo siglo a un nuevo milenio. En
cuanto a los cambios que se producirán el próximo siglo hay preocupación, al
parecer se puede pronosticar que la naturaleza va a empezar a golpearnos, más
que los años pasados con excepción de 1970. Creo que habrá terremotos,
ciclones, huracanes, inundaciones; como consecuencia de ello, más hambre,
aparición de enfermedades, habrá gran mortandad con enfermedades de sida,
tuberculosis, anemia para las personas de más bajos recursos económicos. El
hecho más importante que ha ocurrido en estos años que terminan son la
pacificación interna y externa del país; me refiero al terrorismo y a los
límites con Ecuador.
Martha Galarza, distrito
de Clorihuarmi (Cusco)
"Las cosas cambiarán en un 50%"
Yo espero el nuevo milenio con muchas
expectativas y dejar el futuro para nuestros hijos. Lo que dejamos nosotros
como aprendizaje va a ser para nuestros hijos. Por eso me capacito a
conciencia. Ahora que estamos dentro de la política esperamos que nuestros
hijos entren a la política en base a esa visión; si no no llegamos a lo que
queremos, el poder. Las cosas creo que cambiarán en un 50%, de ser una ama de
casa en el próximo milenio va a cambiar, porque mis hijos me van a ver como una
mujer que lucha por sus derechos y mi esposo me va a ver ya no como la que le
cocina, le lava, sino la que incursiona en otros aspectos como la mujer que
entra a la política para trabajar.
En el país quisiera que haya cambios, pero cambios
con democracia, con libertad (de expresión, de prensa, etcétera), cambios que
nos saquen de la pobreza, del subdesarrollo, que se logren roles diferentes
entre los que debe asumir el varón y la mujer. En la niñez que no haya
violencia, pandillaje, que los jóvenes tengan opción de escoger lo que quieran
ser, que tengan un país sólido donde ellos puedan encontrar más realización.
Mujer anónima, comunidad de Carhuahurán (Ayacucho)
"No sabemos si habrá felicidad
o angustia"
Cómo
estaremos en el año 2000, pues. No creemos que estemos bien, porque
posiblemente haya sequías, o posiblemente haya mucha lluvia, o mucho viento.
Con la sequía los cultivos se van amarillando, se pierden; quizá esto sea un
castigo de Dios que se viene. Además, después de esto, qué todavía se verá.
Probablemente haya hambrunas porque no va a haber producción de alimentos y
cada vez vamos a entrar en más problemas. Nosotros estamos cada vez con más
dificultades porque pasando el año 2000 probablemente va a haber más caos, más
problemas, porque lo que la Biblia dice se está cumpliendo, porque en la zona
alta ya no hay producción de alimentos, los cultivos se van perdiendo y en las
zonas más bajas hay enfermedades que están afectando los cultivos y la
producción misma.
No sabemos si habrá felicidad o angustia y tristeza
en el año 2000. Lo que nos ha devuelto Dios es la felicidad con el proceso de
pacificación. Él nos ha permitido vivir hasta esta oportunidad y de allí no
sabemos qué más pasará. Lo más importante que nos ha ocurrido en los últimos
años de este siglo es la pacificación, porque la violencia la hemos vivido
durante tantos años. Nosotros queremos seguir adelante con nuestra
organización, llevar adelante nuestras comunidades y queremos trabajar en lo
que se pueda para progresar. Queremos trabajar unidos cuidando a nuestros
animales, en nuestras chacras, porque no nos podemos quedar tranquilos para que
cualquier cosa que venga nos encuentre trabajando, no nos encuentre conformes.
Modesta Merma Ríos, distrito de Santiago (Cusco)
"No está de más soñar"
Para el
tercer milenio lo que quiero es una conjunción de ideas, un trabajo
mancomunado, una unidad ante todo, tanto varones como mujeres para lograr una
vida sana porque hay esos inventos como los insecticidas, pesticidas que
malogran nuestro ambiente ecológico, que producen enfermedades como el cáncer,
por lo que se ve un cambio de actitud. De repente regresar a lo natural, lo que
nuestros antepasados han utilizado, por ejemplo el abono floreal que es lo
nuestro. De repente es alucinar, pero no está de más soñar. Yo soy muy
optimista porque soy creyente de Dios y diría que caminando de la mano de él se
puede llegar a lograr cosas. Con las experiencias que han pasado en el milenio,
creo que se ha trabajado en el reconocimiento de los derechos pero se ha
olvidado porque no ha habido concientización, porque con los avances y la
tecnología que he visto se está olvidando la parte humana. En este nuevo
milenio espero que haya unidad familiar y social.
Para el país creo que todos queremos igualdad de
oportunidades para todas las personas; así sean de condición económica baja.
Creo que todos queremos las mejores oportunidades para todos. Ahora que vienen
las elecciones debe elegirse a alguien que vea por las necesidades de todos.
María Mamani, distrito de Chucuito (Puno)
"Es como si hubiera muerto y
voy a volver a nacer"
Sí he oído hablar del tercer milenio. Se termina un
siglo bastante amplio; es como si hubiera muerto y voy a volver a nacer. Creo
que puede haber mejoras para nuestras comunidades campesinas si los seres
humanos aportamos para empezar a coordinar en el nuevo milenio. La gente se
está preparando en muchos sentidos. Algunos se están arrepintiendo porque hay
rumores de que en el nuevo milenio va a haber destrucciones, va a haber
terremotos. En ese sentido el sentimiento de nuestros hermanos en el campo,
como cristianos y católicos, veremos que las cosas puedan mejorar. Lo más
importante que ha ocurrido es que hemos sido atacados por el terrorismo y
también hemos sufrido el flagelo de la naturaleza que en el campo nos ha
afectado. Sin embargo, gracias a Dios, estamos con ánimos y con ansias de
entrar al nuevo milenio.
Felicia Huarsayo, Asociación de Mujeres Quechua Ayllu
(Puno)
"Creo que mejorarán las cosas en mi
comunidad"
Sí, creo que va a haber bastantes
cambios, pero no hay ningún proyecto de cambio para el país. En el tercer
milenio debería haber cambios y transformaciones en el país. En la zona
altiplánica seguimos sufriendo tortura y maltrato. Por eso hemos organizado un
comité para unificar nuestras ideas, para dejar de lado el pasado, vivir el
presente y trabajar por el futuro. Lo pasado ha sido que nosotros mismos
destruimos el mundo, se han programado muchas cosas para desarrollar el país en
diferentes distritos y comunidades campesinas, pero se ha malversado el
proyecto de las comunidades campesinas. La llegada del año 2000 es importante,
pero lamento que el país siga siendo un país subdesarrollado pese a que tenemos
mucha riqueza ganadera, textil, minera; tenemos mucha oportunidad para hacer el
desarrollo, pero hay trabas que no nos permiten trabajar; de eso debemos salir
de una vez por todas; eso sólo lo hará el pueblo de manera organizada y
unificada. De todas maneras creo que para el próximo milenio mejorarán las
cosas para mi ciudad.