VÍCTIMAS
DEL TERRORISMO:
¿Sólo un minuto de silencio?
Cómo
estaremos de escasos de recursos en este país, que el gobierno se ha propuesto
utilizar al máximo las víctimas del terrorismo en términos electorales, pero
sólo puede invertir en ellas un simbólico minuto de silencio y un improvisado
obelisco. Ya, pues, si están siendo exhibidas por todas partes sin ningún tipo
de consideración y con fines visiblemente nada santos, que por lo menos sirva para
que esas víctimas –reales– mejoren sus precarias condiciones de vida.
Claro que
las víctimas del terrorismo merecen ser recordadas, todas y cada una de ellas:
policías y militares, autoridades locales, candidatos a elecciones,
empresarios, miembros de ONG, dirigentes populares, ronderos y campesinos,
congresistas, periodistas, representantes de la Iglesia Católica y de la
Iglesia Evangélica, extranjeros y muchos más. Casi no existe sector del país
que no haya tenido un doloroso saldo de víctimas producto de los atentados de
Sendero Luminoso y el MRTA.
En eso no
hay diferencias. Pero sí en otras cosas, y profundas. En primer lugar, nos
parece francamente poco ético utilizar a esas víctimas con fines políticos,
como es notorio que se está haciendo. Pocas veces puede haberse utilizado tanto
dolor y drama humano. Se ha inundado la televisión y la radio de casos y
testimonios de policías y militares que sufrieron la violencia brutal de
Sendero Luminoso y el MRTA, con la finalidad de que volvamos a agradecer al salvador
Fujimori y volvamos a votar por él, y con un solapado y distorsionado mensaje
antiderechos humanos: estas son las consecuencias de proteger los derechos
humanos de los terroristas y no los de nuestros policías y militares y de los
peruanos en general.
Segundo:
no basta con recordar a las víctimas durante un minuto de silencio y con
levantarles un monumento; hay que hacer cosas mucho más concretas y útiles por
ellas: apoyo económico; servicios de salud física y psicológica; ayuda para
reconstruir sus vidas; servicios legales; posibilidades de empleo, de crédito,
de estudio, de utilización del transporte público; facilidades para asistir a
espectáculos públicos; y tantas cosas más que necesitan y se les puede dar .
Hasta hoy sólo se ha hablado y hablado al respecto, pero en lo concreto muy
poco o casi nada se ha hecho.
Tercero:
¿25.000 víctimas del terrorismo? Qué manera de distorsionar las cosas y jalar
agua para donde se quiere. Nadie puede desconocer que entre las 25.000 víctimas
de la violencia política no sólo las hay de Sendero Luminoso y del MRTA, sino
también de la estrategia antisubversiva, de policías y militares contra la
población local: miles de desaparecidos, miles de torturados y mujeres
violadas, y hasta los propios senderistas y emerretistas que murieron en
enfrentamientos y acciones comprendidos en esa estadística. Lamentablemente,
este es también un dato de la realidad y parte de nuestra historia y de la
verdad, y así hay que asumirlo.
Pero
aparte de esas 25.000 víctimas hay muchas más, entre las que están los miles de
inocentes que fueron detenidos y luego liberados, o que todavía siguen presos o
requisitoriados, y de las que el Presidente se ha olvidado; cerca de 500.000
desplazados que salieron huyendo del terrorismo pero también de la represión
generalizada e indiscriminada.
Conmemorar y procesar el drama que
el Perú vivió por más de 15 años a raíz de una guerra desatada por Sendero
Luminoso pero azuzada por una respuesta inadecuada del Estado, y resarcir todos
los daños y pérdidas que tanta gente sufrió, debe ser uno de los consensos
básicos de este país, por encima de cualquier tipo de consideración o
utilización política.