Javier Iguiñiz y Francisco Sagasti:
Economía y política en el
debate electoral
ideele
reunió para otro de sus diálogos sobre el momento que vivimos a dos de los más
destacados economistas del país: Javier Iguiñiz, profesor principal de la Universidad
Católica, y Francisco Sagasti, director de Agenda Perú. En ambos casos se trata
de profesionales que tienen la capacidad de moverse con fluidez en lo técnico,
pero que logran, desde allí, proyectarse hacia los temas sociales y políticos.
En las páginas que siguen, un apasionante diálogo sobre política y economía, en
medio de las turbulencias de la segunda vuelta.
–¿Qué balance
provisional hacen de las semanas y meses tan intensos que nos han tocado vivir?
–Iguiñiz: Una primera sensación bastante generalizada es la
del cansancio. Ése es un triunfo del gobierno: nos están cansando. Este
episodio electoral viene después de un larguísimo proceso en el que hemos sido
sometidos a acontecimientos realmente humillantes; a una violencia sistemática
por parte del régimen en términos de derechos humanos, pero también a una
violencia argumental. Los defensores de lo que se hacía han tenido argumentos
que revelan un desprecio profundo por la inteligencia del país; puede que
mientan, y ésta sería la interpretación benigna, en cuyo caso habría un cinismo
incorporado en estas personas; o por el contrario se lo creen, lo que es aún
peor, porque querría decir que estamos gobernados por gente que está en una
situación mental absolutamente preocupante. Dentro de unos años se va a decir,
¿cómo pudieron decir eso?, ¿de qué mente pudo surgir tal respuesta a tal
barbaridad?, ¿tal argumento ante tal acto delincuencial?, ¿tal tipo de actitud,
sonrisa "cachacienta" o desprecio por la verdad y las personas,
cuando la información que había era tan evidente? Si es esto último, la
incomunicación es total y el único curso es de choque frontal. Ojalá no sea
así.
–¿Por qué si han
alcanzado logros en muchos campos tienen tanto temor? ¿Qué se está haciendo que
no sabemos, que es impresentable y que los lleva a una política tan
sistemática, tan burda, tan ridícula tantas veces, tan enferma en otros casos,
de ocultamiento, de impedir el debate, el diálogo y la conversación franca?
–Sagasti: Concuerdo con lo que ha dicho Javier, con el tema
del cinismo, el desprecio a la inteligencia y la mentira. Ya se nos va
curtiendo la piel de escucharlas unas tras otras. Creo que existe una clara
intención de crear las condiciones para ampliar al máximo posible el espacio
para el ejercicio del poder de manera arbitraria, sin contrapeso ni
fiscalización, por parte de quienes controlan el gobierno en la actualidad.
Cualquier cosa que pueda restringir el uso del poder es vista como algo que
debe ser destruido.
Sólo quiero mencionar, por su gravedad, la perversión
del Poder Judicial. Cuando el propio Poder Judicial, que debe defendernos
contra el abuso de la autoridad, se convierte en un instrumento de la
arbitrariedad y de la imposición, quedamos indefensos. Peor todavía: cuando se
trató de recurrir a instancias fuera de nuestro país de las cuales somos
miembros –tales como el sistema interamericano de derechos humanos–, el
gobierno nos cerró esa posibilidad al retirarse de ellas. Este deseo de ejercer
el poder sin trabas se ha reflejado en el proceso electoral; todos hemos sido
testigos de una acumulación de medidas para amarrar la elección en favor del
candidato a la re-reelección. La jornada electoral del 9 de abril ha sido la
culminación de este proceso sesgado, caracterizado por la prepotencia y arbitrariedad
desde que se interpretó antojadizamente la Constitución de 1993 para permitir
una segunda reelección.
Pese a todo esto, por lo menos la mitad de los
ciudadanos se ha expresado de manera muy clara en contra del gobierno actual,
en contra de estas maniobras, de la manipulación y del abuso.
–¿Cómo explicar
que, pese a todo, el esquema de imposición se haya derrumbado, por lo menos por
ahora?
–Iguiñiz: Creo que hay un factor estructural: la crisis
económica.
–Si es así, ¿por
qué el gobierno es más fuerte en los sectores D y E que en los sectores medios
y altos?
–Iguiñiz: Porque son los sectores medios y altos los que han
perdido más, relativamente hablando. Para los sectores bajos lo que ha habido
es una política social masiva; además, ellos vienen de una situación previa
respecto de la cual lo de ahora no es mucho peor; ya era el suyo un sector de
empleo precarizado. Ellos ya tenían las dificultades de trabajo que el sector
medio y alto han sentido muy fuertemente en los dos últimos años con la ruptura
de la cadena de pagos.
A la crisis, que es la base para el descontento, se
suma el hartazgo al que hemos hecho referencia antes. Me da la impresión de que
con el escándalo del millón de firmas y el control tan grande de los medios de
comunicación, mucha gente dijo: "estos ya se pasaron de la raya". Es
como si en el estadio no sólo hubiera un equipo que ha comprado al árbitro para
que permita que le rompan los huesos a los del otro equipo, sino que encima el
tablero sólo marca goles en el arco del rival y hasta baja los goles que ya se
tenían. ¡Y nadie dice nada!
–Sagasti: Concuerdo: la crisis económica es un factor muy
importante; hay gente que ya no da más. Los sectores A, B y parte del C han
sido los más golpeados; sobre todo el C, que ha perdido el mínimo de
estabilidad y la posibilidad de ahorrar; ahora se ven como en esa caricatura de
Quino en una especie de plano inclinado que se va resbalando hacia abajo, hacia
la pobreza.
Además de las mencionadas por Javier, hay otras
razones que explican el apoyo a Fujimori en los sectores D y E. En 1994 hicimos
un estudio cuantitativo sobre los factores que afectan la popularidad o el
nivel de aprobación del ingeniero Fujimori y encontramos que, al margen de
cualquier valor de las variables independientes, su popularidad no bajaba nunca
de 15%. Había un 15% de peruanos que pase lo que pase, haga lo que haga, suceda
lo que suceda, siempre iba a estar con él. Eso nos llevó a plantear la idea de
que hay cierto sentido de identificación del segmento popular con Alberto Fujimori.
Las personas de este segmento lo ven como alguien "que es como yo". Y
si es como yo, "no haría algo que me haga daño, porque yo no me haría daño
a mí mismo". Esto se confirmó en una serie de focus groups que hicimos en Agenda Perú un par de años más
tarde, en los cuales se demostró que, a pesar de que las políticas del gobierno
no estaban creando trabajo ni prosperidad, el segmento popular continuaba
apoyando al ingeniero Fujimori con el argumento de que "seguro no entiendo
lo que está haciendo, pero esto que me hace daño ahora de repente me va a
ayudar más adelante". A fines de los 90, ya en medio de la crisis
económica y con diez años con la mitad de la población por debajo de la línea
de pobreza, algunas de estas personas seguían apoyando al ingeniero Fujimori
sosteniendo que "si él es como yo y no ha podido resolver nuestros
problemas, nadie puede resolverlos". Y ése ha sido uno de los problemas de
la oposición, ya que cuando un sector bastante significativo de la población
tiene una identificación con una persona, atacar a esa persona es atacar a ese
grupo de la población.
En segundo lugar, Alberto Fujimori mantiene el apoyo
popular porque ha destinado más de 600 millones de dólares anuales, durante
buena parte de los 90, a pequeñas obras que han beneficiado a los pobres y a
los programas sociales. Hay que reconocerlo: nunca antes se asignaron montos
anuales tan significativos para apoyar a los sectores marginales. Y es un error
verlo como dádivas o regalitos; para mucha gente de zonas pobres y apartadas es
la obra que se esperaba por 20
o 30 años, y aunque haya costado sólo 20 o 40 mil dólares han tenido un gran
impacto porque nadie nunca las hizo antes.
–Iguiñiz: Otro tema que me preocupa es cómo frente a las
arbitrariedades o las violaciones abiertas de los derechos humanos, se esgrime
generalmente una razón de Estado; o sea, se cometen en función del futuro del
Perú, de la estabilidad de la nación, de la defensa del país; como Tudela,
quien está esgrimiendo un argumento antiimperialista...
–Sagasti: Lo he escuchado, y hasta me da vergüenza que un
jurista peruano plantee cosas como ésas.
–Iguiñiz: Es algo así como cuando el gamonal "de horca y
cuchillo" de nuestras serranías reivindicaba el derecho a su soberanía en el
territorio, a su autoridad respecto de Lima, cuando reivindicaba el derecho de
maltratar a sus pongos a su antojo. "¡Que Lima no se meta! ¡No
entienden!". O como el caso de los padres de familia que por su
patriarcalismo obsoleto reivindican el derecho de maltratar y abusar de sus
hijos, sin que el Estado se meta con ellos. La cuestión para mí está en qué
medida, y en qué planos, hay que defender la nación; y en qué otros es
absolutamente absurdo hacerlo y menos con un nacionalismo ultramontano e inmoral.
–Sagasti: No es nacionalismo; no seamos tan generosos. Creo
que es básicamente una manera de justificar un estilo de ejercicio del poder
puramente arbitrario. Las cosas se hacen porque me da la gana y punto. La razón
de Estado a la que aludes se parece a la idea de "el Estado soy yo",
y por lo tanto cualquier cosa que haga el presidente Fujimori, sea lo que sea,
está bien.
–Iguiñiz: Tu punto me parece muy interesante, porque
complementa más que contradice lo que dije antes. Creo que hay dos tipos de
personajes que usan ese tipo de argumentos. Hay el personaje efectivamente leal
a Fujimori y, como tú dices, todo lo que haga Fujimori es automáticamente
correcto; pero creo que también hay personajes que no son fujimoristas sino que
están oportunistamente colocados allí, que vienen de otras canteras
ideológicas, que tienen fundamentalismos en términos doctrinarios y que verían
tranquilamente que Fujimori se fuera para reemplazarlo y darle un discurso más
coherente a la arbitrariedad con la que se ejerce el poder.
–¿Estas
refiriéndote otra vez a Francisco Tudela?
–Iguiñiz: Sí. Yo creo que Tudela no es fujimorista; creo que
es una persona absolutamente autónoma en su cerebro, en sus estilos culturales,
en su formación profesional y en el papel que considera debe cumplir en el
futuro.
–Sagasti: Sinceramente, yo creo que Tudela y otras personas
que están alrededor de Alberto Fujimori son accidentes que no tienen ningún
peso ni ninguna fuerza política propia. En el momento que el Presidente salga
desaparecerán de la escena. Creo que no hay que preocuparse mucho por eso.
Recuerdo una observación que me hizo un amigo hace unos días cuando decía que
este gobierno actúa a veces como la mafia y, como tal, tiene a los encargados
de cobrar, de extorsionar, de torturar y hasta de matar; pero también tiene a
sus consiglieris, los abogados
consejeros que le dicen al Padrino: "por favor, no me cuente los detalles
de lo que están haciendo, porque sin conocer estos detalles podré defenderlos
mejor y sin tener que mentir". Acá hay unos cuantos consiglieris que están defendiendo lo
indefendible.
–Pasando de
lleno a temas económicos, ¿hay realmente diferencias entre los planteamientos
de la oposición y los del gobierno?
–Iguiñiz: Yo diría que sí. Y éstos empiezan cuando se pone el
énfasis en el tema del trabajo. Al decir trabajo se está diciendo que el lugar
relativo de la producción respecto a las finanzas debe cambiar; que se debe
poner el sector real de la economía en un lugar más destacado que el que ha
tenido. Creo que allí hay una cuestión no completamente formulada, con una
institucionalidad no muy precisa, pero un intento de cambio; que luego esto no
remate y que al final se termine en una cosa muy parecida, sería distinto.
–Sagasti: En términos de política económica yo creo que habría
que distinguir varias cosas. En primer lugar, que estamos en la etapa
inmediatamente posterior al Consenso de Washington. En esta etapa, por un lado,
todo el mundo acepta ya –sin ningún cuestionamiento– que es necesario mantener
la estabilidad macroeconómica; ya nadie dice que 20% de inflación anual es
positivo para el desarrollo del país, tal como escuchábamos hace unos 20 años.
Se ha tomado conciencia también de que la globalización financiera y comercial
ha reducido el margen de maniobra en términos macroeconómicos; por lo tanto,
ningún candidato, ni de gobierno ni de oposición, en ningún lugar, va a
plantear una salida radicalmente distinta. Pero aun en ese marco hay un gran
margen de maniobra para introducir cambios significativos en la política económica
actual, que definitivamente deben ser parte de una agenda política para los
próximos cinco o diez años.
–¿Cuáles?
–Sagasti: Para empezar, tener políticas sectoriales activas.
Un ministro dijo una vez que la mejor política industrial para el Perú es la
que no existe. Gravísmo error. No hay que quitarle el trasero a la jeringa que
representa la labor promotora del Estado. Es indispensable tener políticas
agraria, industrial, minera, energética, pesquera, de turismo, de construcción
y de todos los sectores, articulando
estas políticas entre sí sobre la base de una política macroeconómica sólida y
en armonía con el funcionamiento del mercado. En otras palabras, tienen que
crearse un conjunto de condiciones para el desarrollo sectorial utilizando los
instrumentos de la economía de mercado.
En segundo lugar, es necesario avanzar hacia una
nueva política social orientada al pleno desarrollo de la persona humana. La
del gobierno, si podemos caracterizarla de una manera muy burda, ha sido una
política básicamente asistencialista para una gran parte de la población, y
fundamentalmente centralista y vertical para todo el resto. También hay que
plantear nuevos temas; por ejemplo, una agenda ambiental y de conservación que,
contra lo que se piensa, sí importa a la población, y una agenda de
descentralización no sólo como algo administrativo o político, sino como la
constitución de economías regionales.
Concuerdo con Javier en que el sector financiero debe
dejar de vivir a costa del sector real de la economía. En ningún país del mundo
que esté creciendo económicamente se tienen tasas de interés de alrededor de 7
u 8 veces el múltiplo de la tasa de inflación anual promedio. El costo real del
dinero es muy alto, y ninguna actividad productiva puede sobrevivir con tan
altas tasas de interés real, cuando en el resto del mundo todos nuestros
competidores tienen tasas reales de interés que son la mitad de la nuestra.
Existe una agenda alternativa. Es posible plantear un
mínimo de propuestas claras y sensatas que desbaraten cualquier pretensión de
que no hay alternativa al "modelo"; que en realidad no es un modelo,
sino simplemente un conjunto de medidas improvisadas, sustentadas en
planteamientos de políticas de estabilización que hicieron el Fondo Monetario y
el Banco Mundial hace 10 años y que no han sido modificadas.
–Iguiñiz: Coincido en que hay alternativas, y quiero decir
algo muy importante: alternativas negociables con Washington y que a la vez son
alternativas reales.
–Sagasti: Ellos las proponen; no hay que negociar en contra de
ellos. Washington las está proponiendo.
Iguiñiz: No hay sino que escuchar ahora a Stanley Fisher a
propósito de la reunión del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional.
Hay márgenes de maniobra al interior inclusive de lo que es una política
ortodoxa en los aspectos más presupuestales; márgenes que permiten solucionar aun problemas muy concretos de
hoy, como la ruptura de la cadena de pagos en la que nadie paga a nadie. Bueno,
eso tiene solución. Lo que pasa es que implica tocar temas tabúes para los
fundamentalistas, como el de estimular la demanda. ¡Pero si hasta al Japón le
han exigido que estimule la demanda!...
–Sagasti: ... y con déficit fiscal importante.
–Iguiñiz: Chile ha logrado salir rápidamente de una situación
similar; primero bajando la tasa de interés, y cuando eso no fue suficiente
inyectaron liquidez al sistema.
–Sagasti: ¡1% del PBI!...
–Iguiñiz: Acá no. Acá sin inyectar en demanda ya tenemos
déficit, y por las puras. Tenemos un déficit generado por Fujimori. Por eso la
acusación a Toledo de que va a generar déficit es de un cinismo espectacular.
Toledo debe decirles que si gana va a heredar uno que no creó. Debe decirles:
"no me vengan con que el déficit es el pecado capital del manejo
económico; miren mejor antes su propia casa".
–Sagasti: Al paso que van, alguno de esos fundamentalistas de
mercado va a acusar a Stanley Fisher de comunista por sus declaraciones.
–¿O sea, hay
alternativas?
–Iguiñiz: Creo que, en el marco de la globalización, el margen
más amplio de posibilidades económicas alternativas está, en todos los países,
en los aspectos cualitativos; que son, además, los decisivos en las rutas de
largo plazo.
–Sagasti: Este gobierno está atrapado en su lógica, y no podría
hacer nada a ese respecto, dado que no hay manera alguna de plantear políticas
sectoriales activas y una nueva política social si se mantiene un esquema de
gobierno autoritario. Para avanzar en las líneas estratégicas vinculadas a la
transformación de nuestro aparato productivo y la competitividad; a la
integración, equidad y justicia social; al uso sustentable de nuestros recursos
naturales y el aprovechamiento de los avances tecnológicos, y a la ocupación
efectiva de nuestro territorio, se requieren instituciones y prácticas
democráticas.
–Iguiñiz: En ese sentido me parece que la primera vuelta es un
paso adelante, por lo que ha significado al final en términos de movilización
social. Es que creo que una sociedad civil activa y organizada es la condición
para que haya un balance entre las exigencias de los acreedores, las exigencias
de sus representantes multilaterales indirectos en este asunto y el gobernante.
No puede haber una política económica que defienda el empleo, que negocie con
Washington, sin la participación de la sociedad.
Así como el Estado se ha terminado de constituir
–como dice Catalina Romero– gracias a Sendero, en el sentido de que ha firmado
el monopolio de la violencia, creo que una alternativa económica ahora pasa por
que se constituya una sociedad civil con esbozos de organización, con presencia
de nuevas generaciones que no tengan files
en el archivo de Montesinos.
Hay gente muy joven y muy preparada técnicamente,
pero necesita saber que tiene una sociedad detrás y que debe dar cuentas a
alguien. Este gobierno ha negociado sin tener que darle cuentas a nadie; porque
desde que se vendió Telefónica al precio que se vendió, se creyó ilusamente que
este país podía pagar toda la deuda que se quería pagar y a la vez recibir todo
el capital que sea necesario y, simultáneamente, aumentar las reservas internacionales, aumentar el pago de la
deuda externa, aumentar el gasto social y todavía mantener un déficit de
balanza de pagos. ¡No se puede hacer todo eso a la vez!...
–Pero por un
tiempo pareció que sí...
–Iguiñiz: Claro, se pudo hacer durante cuatro años.
–Sagasti: Lo que hubo fue una borrachera. Te mandas tres o
cuatro chelas y te sigues
mandando una tras otra: por un rato te sientes genial, sensacional, pero de un
momento a otro te viene la "perseguidora", y eso es lo que ha pasado.
–Iguiñiz: Y entonces no hacía falta promover exportaciones, no
hacía falta promover cambio técnico, no hacía falta promover aumento de
productividad de una manera organizada, sino que se suponía que las empresas se
iban a innovar tecnológicamente sólo al susto: abaratando las importaciones y
haciéndoles el crédito caro, la luz cara, haciéndoles todo caro.
–Sagasti: Y encima están las proyecciones de capacidad de pago
de la deuda externa que hicieron algunos economistas entusiastas y súper
optimistas, que implican que nuestro servicio de la deuda externa va a aumentar
mucho más todavía a partir del próximo año.
–Iguiñiz: Fujimori estaría dejando una bomba de tiempo.
–Si tuvieran que
hacer de políticos en campaña y convertir sus ideas en mensajes para la
población, ¿qué plantearían?
–Sagasti: Creo que el tema de la unidad nacional tiene que
reivindicarse, y en ese sentido ya se han dado los primeros pasos. No va a
haber revanchismo, se ha dicho; vamos a tratar de hacer un gobierno de unidad
nacional; recoger las cosas buenas que se han hecho incluso dentro del
fujimorismo. Creo que es un primer paso importante, pero hay mucho más por
hacer; hay que plantear con mayor convencimiento y con capacidad de llegada el
tema del empleo. Tiene que haber también un mensaje mucho más claro acerca de
que se garantizarán el orden y la estabilidad, tanto en la política como en la
economía. Luego tiene que haber, en el campo social, un mensaje muy claro para
los niveles D y E: que no se les van a quitar las cosas que hoy reciben. Si me
pidieras un lema para eso, creo que hay que decirles: "Señora, madre del
comedor popular, no tenga miedo; usted va a seguir recibiendo lo mismo que ha
venido recibiendo y –¿sabe una cosa?– no la vamos a obligar a ir a
manifestaciones, no la vamos a obligar a hacer un kilo de torta para el
cumpleaños del presidente, no la vamos a obligar a pintar de naranja su
comedor; se lo vamos a dar porque usted se lo merece y se lo ha ganado con su
propio esfuerzo".
–Entonces es lo
mismo, pero sin Fujimori.
–Sagasti: No, no, unidad nacional no es lo mismo. El orden
y la estabilidad que se buscan son de
verdad; no como ahora, que tenemos dos terceras partes de la fuerza laboral o
desempleada o subempleada y la mitad de la población por debajo de la línea de
pobreza desde hace diez años. Esto no es estabilidad, esto es precariedad; no
confundamos precariedad de la mayoría con estabilidad. Lo que se debe ofrecer
es estabilidad macroeconómica, es decir, que no va a haber inflación, y además
acabar con la precariedad y apoyar el desarrollo social.
–Iguiñiz: Me sumo a la importancia del tema de la unidad
nacional.
–Pero va a ser
también un elemento de contracampaña...
–Iguiñiz: Pero hay que definir la unidad; la unidad no es la
suma de los candidatos a la presidencia puestos en un balcón; ése es un pequeño
aspecto del asunto.
–Sagasti: Pasa por buscar un gobierno capaz de representar la
diversidad de intereses.
–Iguiñiz: Para mí eso es Toledo tomándose una foto con 300 profesionales
reconocidos en este país.
–Sagasti: Anunciando un gabinete pluralista.
–Iguiñiz: Así es; anunciando un stock de inteligencia nacional de distintas perspectivas, pero
con reconocimiento en sus respectivas actividades.
–Sagasti: ¿Lo dices en comparación con un stock de brutalidad nacional?...
–Iguiñiz: Unidad nacional en contra de esa camarilla que ya no
tiene reemplazos y que se maneja en función de lealtades personales,
absolutamente independientes de la idoneidad profesional, la que en algunos casos
resulta existir casi por accidente, porque el estilo que tenemos hoy valora la
lealtad personal por encima de toda capacidad, de todo conocimiento de la
actividad en la que se está.
–Sagasti: No diría ni siquiera la lealtad, sino que se valora la
sumisión.
–Iguiñiz: Si hablamos de temas de deslinde con el gobierno,
creo que el trabajo es uno clave, ya que este gobierno no puede exhibir nada
respecto al trabajo. Es más: yo he sostenido por escrito que la política del
envilecimiento de las relaciones laborales, de la precarización de los ingresos
y el estímulo al maltrato en los centros laborales ha sido deliberada, porque
era parte del modelo, cuya médula incluía debilitar el mundo de las relaciones
laborales; incluía facilitar, por el lado laboral, la resolución del problema
empresarial que era agravado por el lado de las importaciones, de la deflación,
de las tarifas públicas, de las tasas de interés. Para ellos, todo eso tenía
que resolverse exclusivamente por el lado laboral; entonces el lado laboral ha
sido, a propósito, el saco contra el que había que boxear, porque era la única
salida del empresario.
–¡Pero si ahora
Fujimori ha ofrecido fortalecer los sindicatos!
–Iguiñiz: No tiene cómo...
–Pero si Macera
lo ha dicho...
–Sagasti: Las predicciones a futuro de un historiador, de un
especialista en el pasado, inspiran poca confianza.
–Iguiñiz: Otro tema de deslinde de fondo es el de la
descentralización. El récord de Fujimori allí también es fenomenal. Todo indica
que le tiene pánico a las capitales de los departamentos; no tiene problemas
con los pueblitos, pero en cuanto se hace la pirámide del poder regional que
requiere las ciudades importantes de provincias, tiene tal temor a la
emergencia de líderes alternativos que hace abortar todo intento de
descentralización. Eso sí: hace falta un buen proyecto, distinto y mejor que el
anterior.
Tercera campaña clarísima: moralización, que tiene
que empezar por transparencia, por saber qué pasa. Cuarta, una política social
con dignidad que ya ha sido mencionada por Pancho.
En síntesis, los cambios se pueden hacer dentro de la
estabilidad macroeconómica; claro, no mañana, pero en algunos casos como
estrategia de largo plazo. Ensayo también una consigna que provisionalmente
formularía así: hacernos respetar como personas dentro del país y como país
dentro del mundo, por medio de nuestra inteligencia y por medio de nuestra
capacidad de convivir civilizadamente, de tratarnos bien.
Creo que inteligencia y buen trato son dos temas de
alta sensibilidad en la gente. Esas dos dimensiones son absolutamente
contrarias al modelo vigente, en el que se quiere que el recurso natural haga
el trabajo por nosotros, que haga lo que nuestra inteligencia no es capaz de
hacer; y que busca que el maltrato entre nosotros sea la manera de disciplinar
y de poner orden y concierto en la República del Perú.
–Sagasti: Quiero insistir en que si en la segunda vuelta sale
reelegido el ingeniero Fujimori, no creo que vayamos a ver más de lo mismo,
sino peor de lo mismo; esto no tiene salida ni viabilidad, y vamos a continuar
con el maltrato, el desempleo, etcétera. La candidatura de Toledo es todavía
una posibilidad, una posibilidad que puede materializarse o no; pero puede ser
el inicio de un estilo diferente de gobernar.
–Ustedes que lo conocen
personalmente, ¿piensan que Toledo comparte la lógica de razonamiento planteada
por ustedes aquí?
–Iguiñiz: Yo creo que, gruesamente, sí.
–Sagasti: Nunca he conversado de toda
esta gama de temas con él, pero por todo lo que le he escuchado durante la
campaña, su presentación en el CADE y en otros encuentros, veo una coincidencia
no sólo a grandes rasgos, sino incluso en algunos de los temas específicos.