Javier Iguiñiz y Francisco Sagasti:

Economía y política en el
debate electoral

ideele reunió para otro de sus diálogos sobre el momento que vivimos a dos de los más destacados economistas del país: Javier Iguiñiz, profesor principal de la Universidad Católica, y Francisco Sagasti, director de Agenda Perú. En ambos casos se trata de profesionales que tienen la capacidad de moverse con fluidez en lo técnico, pero que logran, desde allí, proyectarse hacia los temas sociales y políticos. En las páginas que siguen, un apasionante diálogo sobre política y economía, en medio de las turbulencias de la segunda vuelta.

 

–¿Qué balance provisional hacen de las semanas y meses tan intensos que nos han tocado vivir?

–Iguiñiz: Una primera sensación bastante generalizada es la del cansancio. Ése es un triunfo del gobierno: nos están cansando. Este episodio electoral viene después de un larguísimo proceso en el que hemos sido sometidos a acontecimientos realmente humillantes; a una violencia sistemática por parte del régimen en términos de derechos humanos, pero también a una violencia argumental. Los defensores de lo que se hacía han tenido argumentos que revelan un desprecio profundo por la inteligencia del país; puede que mientan, y ésta sería la interpretación benigna, en cuyo caso habría un cinismo incorporado en estas personas; o por el contrario se lo creen, lo que es aún peor, porque querría decir que estamos gobernados por gente que está en una situación mental absolutamente preocupante. Dentro de unos años se va a decir, ¿cómo pudieron decir eso?, ¿de qué mente pudo surgir tal respuesta a tal barbaridad?, ¿tal argumento ante tal acto delincuencial?, ¿tal tipo de actitud, sonrisa "cachacienta" o desprecio por la verdad y las personas, cuando la información que había era tan evidente? Si es esto último, la incomunicación es total y el único curso es de choque frontal. Ojalá no sea así.

–¿Por qué si han alcanzado logros en muchos campos tienen tanto temor? ¿Qué se está haciendo que no sabemos, que es impresentable y que los lleva a una política tan sistemática, tan burda, tan ridícula tantas veces, tan enferma en otros casos, de ocultamiento, de impedir el debate, el diálogo y la conversación franca?

–Sagasti: Concuerdo con lo que ha dicho Javier, con el tema del cinismo, el desprecio a la inteligencia y la mentira. Ya se nos va curtiendo la piel de escucharlas unas tras otras. Creo que existe una clara intención de crear las condiciones para ampliar al máximo posible el espacio para el ejercicio del poder de manera arbitraria, sin contrapeso ni fiscalización, por parte de quienes controlan el gobierno en la actualidad. Cualquier cosa que pueda restringir el uso del poder es vista como algo que debe ser destruido.

Sólo quiero mencionar, por su gravedad, la perversión del Poder Judicial. Cuando el propio Poder Judicial, que debe defendernos contra el abuso de la autoridad, se convierte en un instrumento de la arbitrariedad y de la imposición, quedamos indefensos. Peor todavía: cuando se trató de recurrir a instancias fuera de nuestro país de las cuales somos miembros –tales como el sistema interamericano de derechos humanos–, el gobierno nos cerró esa posibilidad al retirarse de ellas. Este deseo de ejercer el poder sin trabas se ha reflejado en el proceso electoral; todos hemos sido testigos de una acumulación de medidas para amarrar la elección en favor del candidato a la re-reelección. La jornada electoral del 9 de abril ha sido la culminación de este proceso sesgado, caracterizado por la prepotencia y arbitrariedad desde que se interpretó antojadizamente la Constitución de 1993 para permitir una segunda reelección.

Pese a todo esto, por lo menos la mitad de los ciudadanos se ha expresado de manera muy clara en contra del gobierno actual, en contra de estas maniobras, de la manipulación y del abuso.

–¿Cómo explicar que, pese a todo, el esquema de imposición se haya derrumbado, por lo menos por ahora?

–Iguiñiz: Creo que hay un factor estructural: la crisis económica.

–Si es así, ¿por qué el gobierno es más fuerte en los sectores D y E que en los sectores medios y altos?

–Iguiñiz: Porque son los sectores medios y altos los que han perdido más, relativamente hablando. Para los sectores bajos lo que ha habido es una política social masiva; además, ellos vienen de una situación previa respecto de la cual lo de ahora no es mucho peor; ya era el suyo un sector de empleo precarizado. Ellos ya tenían las dificultades de trabajo que el sector medio y alto han sentido muy fuertemente en los dos últimos años con la ruptura de la cadena de pagos.

A la crisis, que es la base para el descontento, se suma el hartazgo al que hemos hecho referencia antes. Me da la impresión de que con el escándalo del millón de firmas y el control tan grande de los medios de comunicación, mucha gente dijo: "estos ya se pasaron de la raya". Es como si en el estadio no sólo hubiera un equipo que ha comprado al árbitro para que permita que le rompan los huesos a los del otro equipo, sino que encima el tablero sólo marca goles en el arco del rival y hasta baja los goles que ya se tenían. ¡Y nadie dice nada!

–Sagasti: Concuerdo: la crisis económica es un factor muy importante; hay gente que ya no da más. Los sectores A, B y parte del C han sido los más golpeados; sobre todo el C, que ha perdido el mínimo de estabilidad y la posibilidad de ahorrar; ahora se ven como en esa caricatura de Quino en una especie de plano inclinado que se va resbalando hacia abajo, hacia la pobreza.

Además de las mencionadas por Javier, hay otras razones que explican el apoyo a Fujimori en los sectores D y E. En 1994 hicimos un estudio cuantitativo sobre los factores que afectan la popularidad o el nivel de aprobación del ingeniero Fujimori y encontramos que, al margen de cualquier valor de las variables independientes, su popularidad no bajaba nunca de 15%. Había un 15% de peruanos que pase lo que pase, haga lo que haga, suceda lo que suceda, siempre iba a estar con él. Eso nos llevó a plantear la idea de que hay cierto sentido de identificación del segmento popular con Alberto Fujimori. Las personas de este segmento lo ven como alguien "que es como yo". Y si es como yo, "no haría algo que me haga daño, porque yo no me haría daño a mí mismo". Esto se confirmó en una serie de focus groups que hicimos en Agenda Perú un par de años más tarde, en los cuales se demostró que, a pesar de que las políticas del gobierno no estaban creando trabajo ni prosperidad, el segmento popular continuaba apoyando al ingeniero Fujimori con el argumento de que "seguro no entiendo lo que está haciendo, pero esto que me hace daño ahora de repente me va a ayudar más adelante". A fines de los 90, ya en medio de la crisis económica y con diez años con la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza, algunas de estas personas seguían apoyando al ingeniero Fujimori sosteniendo que "si él es como yo y no ha podido resolver nuestros problemas, nadie puede resolverlos". Y ése ha sido uno de los problemas de la oposición, ya que cuando un sector bastante significativo de la población tiene una identificación con una persona, atacar a esa persona es atacar a ese grupo de la población.

En segundo lugar, Alberto Fujimori mantiene el apoyo popular porque ha destinado más de 600 millones de dólares anuales, durante buena parte de los 90, a pequeñas obras que han beneficiado a los pobres y a los programas sociales. Hay que reconocerlo: nunca antes se asignaron montos anuales tan significativos para apoyar a los sectores marginales. Y es un error verlo como dádivas o regalitos; para mucha gente de zonas pobres y apartadas es la obra que se esperaba por 20 o 30 años, y aunque haya costado sólo 20 o 40 mil dólares han tenido un gran impacto porque nadie nunca las hizo antes.

–Iguiñiz: Otro tema que me preocupa es cómo frente a las arbitrariedades o las violaciones abiertas de los derechos humanos, se esgrime generalmente una razón de Estado; o sea, se cometen en función del futuro del Perú, de la estabilidad de la nación, de la defensa del país; como Tudela, quien está esgrimiendo un argumento antiimperialista...

–Sagasti: Lo he escuchado, y hasta me da vergüenza que un jurista peruano plantee cosas como ésas.

–Iguiñiz: Es algo así como cuando el gamonal "de horca y cuchillo" de nuestras serranías reivindicaba el derecho a su soberanía en el territorio, a su autoridad respecto de Lima, cuando reivindicaba el derecho de maltratar a sus pongos a su antojo. "¡Que Lima no se meta! ¡No entienden!". O como el caso de los padres de familia que por su patriarcalismo obsoleto reivindican el derecho de maltratar y abusar de sus hijos, sin que el Estado se meta con ellos. La cuestión para mí está en qué medida, y en qué planos, hay que defender la nación; y en qué otros es absolutamente absurdo hacerlo y menos con un nacionalismo ultramontano e inmoral.

–Sagasti: No es nacionalismo; no seamos tan generosos. Creo que es básicamente una manera de justificar un estilo de ejercicio del poder puramente arbitrario. Las cosas se hacen porque me da la gana y punto. La razón de Estado a la que aludes se parece a la idea de "el Estado soy yo", y por lo tanto cualquier cosa que haga el presidente Fujimori, sea lo que sea, está bien.

–Iguiñiz: Tu punto me parece muy interesante, porque complementa más que contradice lo que dije antes. Creo que hay dos tipos de personajes que usan ese tipo de argumentos. Hay el personaje efectivamente leal a Fujimori y, como tú dices, todo lo que haga Fujimori es automáticamente correcto; pero creo que también hay personajes que no son fujimoristas sino que están oportunistamente colocados allí, que vienen de otras canteras ideológicas, que tienen fundamentalismos en términos doctrinarios y que verían tranquilamente que Fujimori se fuera para reemplazarlo y darle un discurso más coherente a la arbitrariedad con la que se ejerce el poder.

–¿Estas refiriéndote otra vez a Francisco Tudela?

–Iguiñiz: Sí. Yo creo que Tudela no es fujimorista; creo que es una persona absolutamente autónoma en su cerebro, en sus estilos culturales, en su formación profesional y en el papel que considera debe cumplir en el futuro.

–Sagasti: Sinceramente, yo creo que Tudela y otras personas que están alrededor de Alberto Fujimori son accidentes que no tienen ningún peso ni ninguna fuerza política propia. En el momento que el Presidente salga desaparecerán de la escena. Creo que no hay que preocuparse mucho por eso. Recuerdo una observación que me hizo un amigo hace unos días cuando decía que este gobierno actúa a veces como la mafia y, como tal, tiene a los encargados de cobrar, de extorsionar, de torturar y hasta de matar; pero también tiene a sus consiglieris, los abogados consejeros que le dicen al Padrino: "por favor, no me cuente los detalles de lo que están haciendo, porque sin conocer estos detalles podré defenderlos mejor y sin tener que mentir". Acá hay unos cuantos consiglieris que están defendiendo lo indefendible.

–Pasando de lleno a temas económicos, ¿hay realmente diferencias entre los planteamientos de la oposición y los del gobierno?

–Iguiñiz: Yo diría que sí. Y éstos empiezan cuando se pone el énfasis en el tema del trabajo. Al decir trabajo se está diciendo que el lugar relativo de la producción respecto a las finanzas debe cambiar; que se debe poner el sector real de la economía en un lugar más destacado que el que ha tenido. Creo que allí hay una cuestión no completamente formulada, con una institucionalidad no muy precisa, pero un intento de cambio; que luego esto no remate y que al final se termine en una cosa muy parecida, sería distinto.

–Sagasti: En términos de política económica yo creo que habría que distinguir varias cosas. En primer lugar, que estamos en la etapa inmediatamente posterior al Consenso de Washington. En esta etapa, por un lado, todo el mundo acepta ya –sin ningún cuestionamiento– que es necesario mantener la estabilidad macroeconómica; ya nadie dice que 20% de inflación anual es positivo para el desarrollo del país, tal como escuchábamos hace unos 20 años. Se ha tomado conciencia también de que la globalización financiera y comercial ha reducido el margen de maniobra en términos macroeconómicos; por lo tanto, ningún candidato, ni de gobierno ni de oposición, en ningún lugar, va a plantear una salida radicalmente distinta. Pero aun en ese marco hay un gran margen de maniobra para introducir cambios significativos en la política económica actual, que definitivamente deben ser parte de una agenda política para los próximos cinco o diez años.

–¿Cuáles?

–Sagasti: Para empezar, tener políticas sectoriales activas. Un ministro dijo una vez que la mejor política industrial para el Perú es la que no existe. Gravísmo error. No hay que quitarle el trasero a la jeringa que representa la labor promotora del Estado. Es indispensable tener políticas agraria, industrial, minera, energética, pesquera, de turismo, de construcción y de todos los sectores,  articulando estas políticas entre sí sobre la base de una política macroeconómica sólida y en armonía con el fun­ciona­miento del mercado. En otras palabras, tienen que crearse un conjunto de condiciones para el desarrollo sectorial utilizando los instrumentos de la economía de mercado.

En segundo lugar, es necesario avanzar hacia una nueva política social orientada al pleno desarrollo de la persona humana. La del gobierno, si podemos caracterizarla de una manera muy burda, ha sido una política básicamente asistencialista para una gran parte de la población, y fundamentalmente centralista y vertical para todo el resto. También hay que plantear nuevos temas; por ejemplo, una agenda ambiental y de conservación que, contra lo que se piensa, sí importa a la población, y una agenda de descentralización no sólo como algo administrativo o político, sino como la constitución de economías regionales.

Concuerdo con Javier en que el sector financiero debe dejar de vivir a costa del sector real de la economía. En ningún país del mundo que esté creciendo económicamente se tienen tasas de interés de alrededor de 7 u 8 veces el múltiplo de la tasa de inflación anual promedio. El costo real del dinero es muy alto, y ninguna actividad productiva puede sobrevivir con tan altas tasas de interés real, cuando en el resto del mundo todos nuestros competidores tienen tasas reales de interés que son la mitad de la nuestra.

Existe una agenda alternativa. Es posible plantear un mínimo de propuestas claras y sensatas que desbaraten cualquier pretensión de que no hay alternativa al "modelo"; que en realidad no es un modelo, sino simplemente un conjunto de medidas improvisadas, sustentadas en planteamientos de políticas de estabilización que hicieron el Fondo Monetario y el Banco Mundial hace 10 años y que no han sido modificadas.

–Iguiñiz: Coincido en que hay alternativas, y quiero decir algo muy importante: alternativas negociables con Washington y que a la vez son alternativas reales.

–Sagasti: Ellos las proponen; no hay que negociar en contra de ellos. Washington las está proponiendo.

Iguiñiz: No hay sino que escuchar ahora a Stanley Fisher a propósito de la reunión del Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional. Hay márgenes de maniobra al interior inclusive de lo que es una política ortodoxa en los aspectos más presupuestales; márgenes que permiten  solucionar aun problemas muy concretos de hoy, como la ruptura de la cadena de pagos en la que nadie paga a nadie. Bueno, eso tiene solución. Lo que pasa es que implica tocar temas tabúes para los fundamentalistas, como el de estimular la demanda. ¡Pero si hasta al Japón le han exigido que estimule la demanda!...

–Sagasti: ... y con déficit fiscal importante.

–Iguiñiz: Chile ha logrado salir rápidamente de una situación similar; primero bajando la tasa de interés, y cuando eso no fue suficiente inyectaron liquidez al sistema.

–Sagasti: ¡1% del PBI!...

–Iguiñiz: Acá no. Acá sin inyectar en demanda ya tenemos déficit, y por las puras. Tenemos un déficit generado por Fujimori. Por eso la acusación a Toledo de que va a generar déficit es de un cinismo espectacular. Toledo debe decirles que si gana va a heredar uno que no creó. Debe decirles: "no me vengan con que el déficit es el pecado capital del manejo económico; miren mejor antes su propia casa".

–Sagasti: Al paso que van, alguno de esos fundamentalistas de mercado va a acusar a Stanley Fisher de comunista por sus  declaraciones.

–¿O sea, hay alternativas?

–Iguiñiz: Creo que, en el marco de la globalización, el margen más amplio de posibilidades económicas alternativas está, en todos los países, en los aspectos cualitativos; que son, además, los decisivos en las rutas de largo plazo.

–Sagasti: Este gobierno está atrapado en su lógica, y no podría hacer nada a ese respecto, dado que no hay manera alguna de plantear políticas sectoriales activas y una nueva política social si se mantiene un esquema de gobierno autoritario. Para avanzar en las líneas estratégicas vinculadas a la transformación de nuestro aparato productivo y la competitividad; a la integración, equidad y justicia social; al uso sustentable de nuestros recursos naturales y el aprovechamiento de los avances tecnológicos, y a la ocupación efectiva de nuestro territorio, se requieren instituciones y prácticas democráticas.

–Iguiñiz: En ese sentido me parece que la primera vuelta es un paso adelante, por lo que ha significado al final en términos de movilización social. Es que creo que una sociedad civil activa y organizada es la condición para que haya un balance entre las exigencias de los acreedores, las exigencias de sus representantes multilaterales indirectos en este asunto y el gobernante. No puede haber una política económica que defienda el empleo, que negocie con Washington, sin la participación de la sociedad.

Así como el Estado se ha terminado de constituir –como dice Catalina Romero– gracias a Sendero, en el sentido de que ha firmado el monopolio de la violencia, creo que una alternativa económica ahora pasa por que se constituya una sociedad civil con esbozos de organización, con presencia de nuevas generaciones que no tengan files en el archivo de Montesinos.

Hay gente muy joven y muy preparada técnicamente, pero necesita saber que tiene una sociedad detrás y que debe dar cuentas a alguien. Este gobierno ha negociado sin tener que darle cuentas a nadie; porque desde que se vendió Telefónica al precio que se vendió, se creyó ilusamente que este país podía pagar toda la deuda que se quería pagar y a la vez recibir todo el capital que sea necesario y, simultáneamente,  aumentar las reservas internacionales, aumentar el pago de la deuda externa, aumentar el gasto social y todavía mantener un déficit de balanza de pagos. ¡No se puede hacer todo eso a la vez!...

–Pero por un tiempo pareció que sí...

–Iguiñiz: Claro, se pudo hacer durante cuatro años.

–Sagasti: Lo que hubo fue una borrachera. Te mandas tres o cuatro chelas y te sigues mandando una tras otra: por un rato te sientes genial, sensacional, pero de un momento a otro te viene la "perseguidora", y eso es lo que ha pasado.

–Iguiñiz: Y entonces no hacía falta promover exportaciones, no hacía falta promover cambio técnico, no hacía falta promover aumento de productividad de una manera organizada, sino que se suponía que las empresas se iban a innovar tecnológicamente sólo al susto: abaratando las importaciones y haciéndoles el crédito caro, la luz cara, haciéndoles todo caro.

–Sagasti: Y encima están las proyecciones de capacidad de pago de la deuda externa que hicieron algunos economistas entusiastas y súper optimistas, que implican que nuestro servicio de la deuda externa va a aumentar mucho más todavía a partir del próximo año.

–Iguiñiz: Fujimori estaría dejando una bomba de tiempo.

–Si tuvieran que hacer de políticos en campaña y convertir sus ideas en mensajes para la población, ¿qué plantearían?

–Sagasti: Creo que el tema de la unidad nacional tiene que reivindicarse, y en ese sentido ya se han dado los primeros pasos. No va a haber revanchismo, se ha dicho; vamos a tratar de hacer un gobierno de unidad nacional; recoger las cosas buenas que se han hecho incluso dentro del fujimorismo. Creo que es un primer paso importante, pero hay mucho más por hacer; hay que plantear con mayor convencimiento y con capacidad de llegada el tema del empleo. Tiene que haber también un mensaje mucho más claro acerca de que se garantizarán el orden y la estabilidad, tanto en la política como en la economía. Luego tiene que haber, en el campo social, un mensaje muy claro para los niveles D y E: que no se les van a quitar las cosas que hoy reciben. Si me pidieras un lema para eso, creo que hay que decirles: "Señora, madre del comedor popular, no tenga miedo; usted va a seguir recibiendo lo mismo que ha venido recibiendo y –¿sabe una cosa?– no la vamos a obligar a ir a manifestaciones, no la vamos a obligar a hacer un kilo de torta para el cumpleaños del presidente, no la vamos a obligar a pintar de naranja su comedor; se lo vamos a dar porque usted se lo merece y se lo ha ganado con su propio esfuerzo".

–Entonces es lo mismo, pero sin Fujimori.

–Sagasti: No, no, unidad nacional no es lo mismo. El orden y  la estabilidad que se buscan son de verdad; no como ahora, que tenemos dos terceras partes de la fuerza laboral o desempleada o subempleada y la mitad de la población por debajo de la línea de pobreza desde hace diez años. Esto no es estabilidad, esto es precariedad; no confundamos precariedad de la mayoría con estabilidad. Lo que se debe ofrecer es estabilidad macroeconómica, es decir, que no va a haber inflación, y además acabar con la precariedad y apoyar el desarrollo social.

–Iguiñiz: Me sumo a la importancia del tema de la unidad nacional.

–Pero va a ser también un elemento de contracampaña...

–Iguiñiz: Pero hay que definir la unidad; la unidad no es la suma de los candidatos a la presidencia puestos en un balcón; ése es un pequeño aspecto del asunto.

–Sagasti: Pasa por buscar un gobierno capaz de representar la diversidad de intereses.

–Iguiñiz: Para mí eso es Toledo tomándose una foto con 300 profesionales reconocidos en este país.

–Sagasti: Anunciando un gabinete pluralista.

–Iguiñiz: Así es; anunciando un stock de inteligencia nacional de distintas perspectivas, pero con reconocimiento en sus respectivas actividades.

–Sagasti: ¿Lo dices en comparación con un stock de brutalidad nacional?...

–Iguiñiz: Unidad nacional en contra de esa camarilla que ya no tiene reemplazos y que se maneja en función de lealtades personales, absolutamente independientes de la idoneidad profesional, la que en algunos casos resulta existir casi por accidente, porque el estilo que tenemos hoy valora la lealtad personal por encima de toda capacidad, de todo conocimiento de la actividad en la que se está.

–Sagasti: No diría ni siquiera la lealtad, sino que se valora la sumisión.

–Iguiñiz: Si hablamos de temas de deslinde con el gobierno, creo que el trabajo es uno clave, ya que este gobierno no puede exhibir nada respecto al trabajo. Es más: yo he sostenido por escrito que la política del envilecimiento de las relaciones laborales, de la precarización de los ingresos y el estímulo al maltrato en los centros laborales ha sido deliberada, porque era parte del modelo, cuya médula incluía debilitar el mundo de las relaciones laborales; incluía facilitar, por el lado laboral, la resolución del problema empresarial que era agravado por el lado de las importaciones, de la deflación, de las tarifas públicas, de las tasas de interés. Para ellos, todo eso tenía que resolverse exclusivamente por el lado laboral; entonces el lado laboral ha sido, a propósito, el saco contra el que había que boxear, porque era la única salida del empresario.

–¡Pero si ahora Fujimori ha ofrecido fortalecer los sin­dicatos!

–Iguiñiz: No tiene cómo...

–Pero si Macera lo ha dicho...

–Sagasti: Las predicciones a futuro de un historiador, de un especialista en el pasado, inspiran poca confianza.

–Iguiñiz: Otro tema de deslinde de fondo es el de la descentralización. El récord de Fujimori allí también es fenomenal. Todo indica que le tiene pánico a las capitales de los departamentos; no tiene problemas con los pueblitos, pero en cuanto se hace la pirámide del poder regional que requiere las ciudades importantes de provincias, tiene tal temor a la emergencia de líderes alternativos que hace abortar todo intento de descentralización. Eso sí: hace falta un buen proyecto, distinto y mejor que el anterior.

Tercera campaña clarísima: moralización, que tiene que empezar por transparencia, por saber qué pasa. Cuarta, una política social con dignidad que ya ha sido mencionada por Pancho.

En síntesis, los cambios se pueden hacer dentro de la estabilidad macroeconómica; claro, no mañana, pero en algunos casos como estrategia de largo plazo. Ensayo también una consigna que provisionalmente formularía así: hacernos respetar como personas dentro del país y como país dentro del mundo, por medio de nuestra inteligencia y por medio de nuestra capacidad de convivir civilizadamente, de tratarnos bien.

Creo que inteligencia y buen trato son dos temas de alta sensibilidad en la gente. Esas dos dimensiones son absolutamente contrarias al modelo vigente, en el que se quiere que el recurso natural haga el trabajo por nosotros, que haga lo que nuestra inteligencia no es capaz de hacer; y que busca que el maltrato entre nosotros sea la manera de disciplinar y de poner orden y concierto en la República del Perú.

–Sagasti: Quiero insistir en que si en la segunda vuelta sale reelegido el ingeniero Fujimori, no creo que vayamos a ver más de lo mismo, sino peor de lo mismo; esto no tiene salida ni viabilidad, y vamos a continuar con el maltrato, el desempleo, etcétera. La candidatura de Toledo es todavía una posibilidad, una posibilidad que puede materializarse o no; pero puede ser el inicio de un estilo diferente de gobernar.

–Ustedes que lo conocen personalmente, ¿piensan que Toledo comparte la lógica de razonamiento planteada por ustedes aquí?

–Iguiñiz: Yo creo que, gruesamente, sí.

–Sagasti: Nunca he conversado de toda esta gama de temas con él, pero por todo lo que le he escuchado durante la campaña, su presentación en el CADE y en otros encuentros, veo una coincidencia no sólo a grandes rasgos, sino incluso en algunos de los temas específicos.