Juan Abugattas y Carlos Wendorff:

Sobre encuestas y conteos rápidos

 

Entre los aspectos más cuestionados del actual proceso electoral han estado las encuestas "a boca de urna", el conteo rápido y el cómputo oficial de la ONPE. Por ello, ideele quiso conversar con dos reconocidos especialistas de universidades de prestigio: Carlos Wendorff, profesor de la Pontificia Universidad Católica, y Juan Abugattas, profesor de la Universidad de Lima. A continuación un interesante diálogo que despeja muchas dudas sobre el proceso electoral.

 

–¿Qué indicaban las encuestas de intención de voto días antes del 9 de abril?

–Abugattas: Las tendencias eran claras: Toledo era el fenómeno en ascenso y Fujimori no sólo se había estancado sino que en algunas de esas encuestas inclusive bajaba. Eso era claro, en eso coincidían todas; había diferencias de cifras, pero Toledo era ascendente y la curva de Fujimori era más bien descendente.

–Wendorff: Totalmente de acuerdo: esa tendencia estaba clara.

–Y esa tendencia la con­firman...

–Wendorff: ... los resultados "a boca de urna".

–¿Pero cuál es la consistencia de los resultados "a boca de urna"? El mensaje de las propias encuestadoras ha sido que prácticamente no sirven para nada.

–Wendorff: La medición "a boca de urna" ha acertado en la tendencia, y eso es lo que hay que rescatar; siempre hay ajustes posteriores con los conteos reales, pero lo extraño en este caso es que la dirección de la tendencia haya cambiado y tan rápidamente. Se ha dicho que la gente mintió a la salida de la votación, pero no sé cuán consistente es eso, pues tendríamos que hablar de volúmenes enormes de tergiversación que obligaran a modificar una tendencia.

–Abugattas: Una encuesta "a boca de urna" debe dar un margen de error muy bajo; no debe pasar en ningún caso del 1%. Es verdad que hay una tendencia a mentir, pero también hay procedimientos para evitarla. He escuchado que se habría distorsionado la muestra porque mucha gente se acercaba a dar información sobre su voto; frente a ello, la primera instrucción que recibe todo encuestador es que a esa persona no se le debe preguntar.

–Se ha dicho que en procesos electorales en Argentina y en España las encuestas "a boca de urna" también fallaron...

–Abugattas: Puede haber un error en los porcentajes, pero no en la tendencia. Además, en el Perú ha habido una tradición de eficiencia en las encuestas "a boca de urna".

–Pero en las últimas elecciones municipales en Mira­flores un candidato festejó su victoria con base en resultados "a boca de urna" de dos encuestadoras y al final ganó el otro candidato...

–Abugattas: Pero los márgenes de error en ese caso eran muy pequeños, pues la diferencia entre los dos candidatos era de menos de 1%; e inclusive en ese caso, una muestra y unos procedimientos adecuados acertaron con el resultado. En las elecciones del 9 de abril la diferencia fue del 6%, y una encuesta "a boca de urna" detecta eso con toda facilidad.

–Wendorff: Además, la coincidencia de todas las encuestadoras es el dato más significativo de consistencia de los resultados "a boca de urna"; si hubiera habido una que le diera el triunfo a Fujimori y otra a Toledo, entonces ahí sí habría duda.

–También se ha dicho que todas las encuestas tienen un margen de error de 4 o 5%, y que como los errores no se suman, por tanto las encuestas "a boca de urna" del 9 de abril caen dentro de ese margen de error.

–Abugattas: Si es que ha habido error en las encuestas "a boca de urna", entonces el error no ha sido sólo de 4 o 5%, sino de 12 o 13%, pues los errores respecto a uno y otro candidato deben sumarse.

–Wendorff: Aquí lo que tendría que justificarse y sobre lo que debería darse una explicación es por qué en ese supuesto margen de error uno sube y el otro baja en forma exagerada; estadísticamente no hay forma de sostener eso.

–Pero se ha sostenido que si Toledo tenía 48 y bajó a 44, está dentro de su margen de error; y si Fujimori tenía 42 y subió a 46, está también dentro de su margen y que no puede sumarse cuatro más cuatro...

–Abugattas: Eso no es así, pues nos estaríamos olvidando del otro 50% del error.

–¿Qué pasó entonces?

–Abugattas: Yo diría que las encuestadoras hicieron bien su trabajo y que las cosas raras vienen después. Ésa es mi impresión.

–Wendorff: En los días previos a las elecciones evidentemente creció el voto oculto a favor de Toledo; no era eso lo que se esperaba: fue una sorpresa, una avalancha.

–Pero las propias encuesta­doras reivindican que el error estuvo en la encuesta "a boca de urna", que hicieron mal su trabajo.

–Abugattas: Creo que es una mala línea de defensa, aunque en cierto modo evita hacerse la otra pregunta que tenemos que hacernos todos los peruanos: ¿esas fuentes de información que se han usado luego para hacer los conteos rápidos eran absolutamente confiables? Ahí está el problema.

–Wendorff: Hubo variación en las fuentes de información. Las actas que empezaron a salir comenzaron a modificar, a alejarse, a dejar de reflejar la opinión de los votantes que habían registrado las encuestas "a boca de urna".

–¿Quieren decir que las actas cambiaron los votos?

–Abugattas: Ésa es una hipótesis que habría que examinar.

–Transparencia sostiene que no trabajaron con actas sino con información de su propia gente. ¿Transparencia también podría haber sido sorprendida?

–Abugattas: Es cierto que en muchas mesas había un delegado de Transparencia desde el momento en que se instalaba la mesa hasta que se hacía el conteo, así que el problema tiene que estar en la manera como se ha transmitido esa información, porque definitivamente "algo extraño" ha sucedido.

–Wendorff: Además, en el sistema informático mismo de la ONPE no había forma de monitorear cómo estaba ingresando la información; no se trataba de "mirar" las pantallas de las computadoras de la ONPE, sino de entender el proceso informático, de cómo se estaba ingresando la información.

–¿A qué atribuyen la incompetencia de la ONPE? El jefe de la ONPE se considera un experto informático y sin embargo el día anterior a las elecciones no les funcionaba el programa.

–Abugattas: En este caso el experto falló. Es la presunción más amable, pues alguien podría pensar también que ha habido mala fe.

–Estadísticamente, ¿es posible que la diferencia entre votos y votantes se deba a una acumulación de equivocaciones –al momento de sumar– de los miembros de mesa?

–Wendorff: Puede haber un margen de error. Hay versiones de que muchas mesas eran un caos porque tenían que llenarse a mano hasta quince actas; sin el cuidado adecuado, sin duda se han cometido muchos errores en el acto de sufragio.

–¿Eso explicaría la existencia de un millón doscientos mil votos más que votantes en el resultado final?

–Abugattas: Significa más de siete mil mesas de sufragio y alrededor del 10% de los votos y eso –por lo menos– es un indicio claro de mucho desorden en el proceso, pues un error de tal magnitud quiere decir que hay serios problemas de procedimiento.

–La explicación de la ONPE es que en el Perú siempre ha sido así y en proporciones similares.

–Abugattas: Que yo sepa, eso nunca ha sido así. Primera vez que se discute eso. Puede haber habido un margen de diferencia pequeño, pero no de 10%.

–Wendorff: Nunca lo he visto. Por otro lado, aunque aún está por confirmarse, parece que esta vez el porcentaje de ausentismo ha sido muy bajo –alrededor de 7%–, y eso es muy raro, pues históricamente ha sido más alto –alrededor de 20%–, lo que levanta sospechas sobre si las actas fueron "completadas" posteriormente.

–¿Es posible superar todas estas deficiencias electorales en la segunda vuelta?

–Abugattas: El punto central para garantizar la limpieza de la segunda vuelta es el control de la transmisión de la información. Si no hay la capacidad de tener medios electrónicos seguros, lo extremo sería un conteo manual en el que todo el mundo pueda participar y que a las 10 de la noche arroje un resultado.

–Wendorff: En esto hay un principio incontrovertible: a menos intermediarios entre el depósito de la cédula de votación en las ánforas y los resultados finales de la ONPE, menos errores. De esta manera, para garantizar congruencia entre la opinión del votante y lo que arroja el sistema informático debemos detectar cuáles son los puntos débiles del proceso electoral y cómo superarlos; uno de ellos es la presencia de personeros en todas las mesas de votación; otro es vigilar el traslado de las actas y la posibilidad de hacer conteo paralelo a partir de las actas de los personeros, esto es, un centro de cómputo paralelo pero que tenga las mismas actas tomadas de las mesas de sufragio y con la confianza de que no fueron adulteradas en el camino.

–Este principio de cuantos menos manos mejor, ¿no sería cumplido en la coyuntura de la segunda vuelta con el conteo manual?

–Abugattas: Creo que por el momento es lo más seguro, y de paso nos ahorramos todo este debate sobre procedimientos electrónicos.

–El otro camino es el de un centro de cómputo paralelo...

–Wendorff: ... a partir de actas que se supone que no han sido adulteradas. Además, en la segunda vuelta sería más fácil, pues no van a ser 15 actas, ya que sólo son dos candidatos.

–Abugattas: También podría permitirse –con el consenso de todos– la participación de expertos extranjeros en todas las fases del cómputo electoral...

–Wendorff: ... pero eso también es responsabilidad de las instituciones vivas de la sociedad. Creo que los colegios profesionales o las universidades tienen la experiencia y la responsabilidad ética de poner sus recursos al servicio, no de la ONPE –y eso habría que recalcarlo–, sino de la sociedad.

–¿Creen que las universidades se animarían?

–Abugattas: La alternativa podría ser que el reto lo tome un grupo heterogéneo de universidades, no una sola.

–¿Y qué deberían hacer las encuestadoras en la segunda vuelta? ¿Deberían volver a hacer encuestas "a boca de urna"?

–Abugattas: Las encuestadoras han anunciado que ya no van a hacer encuestas "a boca de urna", lo cual me parece un error. Es más: creo que fue un error de Transparencia no hacer ambas cosas, esto es, encuesta "a boca de urna" y conteo rápido. Tal vez ese grupo de universidades y de colegios profesionales del que hablábamos podría hacer la encuesta "a boca de urna".

–Wendorff: Creo que ninguna de las universidades de prestigio estaría interesada en favorecer a uno u otro candidato, sino en hacer el acto electoral lo más confiable posible y que se conozca cuál es el parecer mayoritario de la población.