Alberto Flores, Rudecindo Vega, Julia Urrunaga:
Irregularidades monumentales en el sistema de cómputo
Alberto Flores, personero técnico de Acción Popular y
ahora representante de Perú Posible en una de las comisiones de trabajo
estrenadas por la ONPE; Rudecindo Vega, de Transparencia, y Julia Urrunaga, de El Comercio, analizaron para ideele una situacion calificada de "temeraria" por los
observadores de la OEA.
–¿Que ocurrió en
los simulacros del sistema de cómputo?
–Flores: El primer simulacro se hizo con menos de dos semanas
de anticipación. Allí descubrimos el sistema de cintas adhesivas, pegadas
"por seguridad", encima de las actas electorales, que permite que se
adultere el acta escribiendo encima de la cinta transparente.
–Vega: La ONPE dijo que colocando aislantes sobre los
resultados de una mesa impedía que éstos fuesen adulterados. Pero se podían
hacer cambios sobre los aislantes y eso era digitado e ingresado. Los
simulacros servían para encontrar problemas, pero los problemas encontrados no
se resolvían.
–Flores: Los reportes eran deficitarios en su estructura y
mecánica de entrega. Existían inconsistencias entre los reportes que nos
entregaban mesa por mesa y los resúmenes. No guardaban correlación. Que un
sistema que es simplemente de acumulación o de sumas no haya tenido un buen
sistema de reportes, es inadmisible.
El sistema carece de una auditoría intrínseca. No
todas las mesas que estaban reportadas como procesadas habían sido procesadas.
No había un sistema de control para estar seguro de que todo lo que entró
salió, y si algo no salió dónde se quedó y qué estado tiene. Para tres, cuatro
o cinco tipos de equívocos o problemas del sistema, el software arroja un solo mensaje de error y hace imposible decir
dónde se produjo o qué tipo de error fue.
Tantos eran los problemas que se encontraron con la
parte de digitación, procesamiento y reportes, que no hubo tiempo para hacer un
verdadero simulacro de transmisión de datos.
Para el voto preferencial, la ONPE no tenía la
información ni había hecho cálculos sobre el número de digitadores y turnos
requeridos. Había estimado erróneamente la cantidad de valores que iban a
aparecer en un acta de mesa. No hicieron un análisis ni de la parte de sistema,
ni de la pantalla de digitación, ni de la forma de lectura rápida de los
valores ni, menos, la verificación.
–El jefe de la
Misión de la OEA llegó a decir que era temerario llevar a cabo un proceso
electoral mientras no se hubieran corregido las deficiencias que se encontraron
en los simulacros.
–Flores: Yo creo que la palabra utilizada por el señor Stein,
"temerario", es suave. Porque no se había terminado de hacer todas
las pruebas de consistencia, de verificar que todos los valores ingresados al
sistema a través de los digitadores cuadraban y el reporte de la suma de votos
era exactamente igual. La noche del 9 de abril los reportes parciales que
emitía la ONPE durante las primeras cinco, seis horas de votación seguían dando
error. Sólo en el último informe, cuando ya se habían ido todos los
digitadores, contra los datos que metimos en una hojita de Excel, en ese
momento cuadró. Con una vigilancia nuestra exorbitante sobre los resultados y
los valores que estaban siendo digitados en ese momento.
El sistema se puso en cero después de las primeras
proyecciones "a boca de urna". Sólo entonces pudo comprobarse que el
sistema no estaba cargado.
–Urrunaga: Según nuestra información, eso fue a las 17:50. Lo último que intentó
hacer la OEA antes de que se pusiera el sistema en cero, fue probar la votación
preferencial. Sólo logró ingresar la de tres mesas, y el sistema no sumó
correctamente la votación preferencial.
–Flores: La ONPE no cumplió sus procesos. Ha producido un
desorden general y eso es lo que creo que ha manchado muchísimo este proceso.
–Ha habido una
serie de cuestionamientos sobre la seguridad del proceso de transmisión de
información; preocupaciones de que pudiera ser infiltrado.
–Vega: No tuvimos opción de auditar el sistema de
transmisión de datos y verificar si los resultados que salían de cada centro de
cómputo eran iguales a los que nos llegaban.
–Urrunaga: La OEA nos dijo que se había intentado hacer la
prueba de este sistema y no había funcionado. El mismo día de las elecciones
tuvieron que cambiarlo por otro sistema de transmisión que no encripta la
información.
–Flores: No es fácilmente verificable si se puede o no entrar a un sistema de
cómputo. La forma de saberlo es, primero, que le digan todos los computadores
que están o pueden estar conectados al sistema. Segundo, que le den la lista de
las personas, con sus diferentes niveles de acceso y con los cargos que cada
una de ellas tiene, para efectos de saber qué pueden hacer; y, tercero, que
durante el proceso mismo del escrutinio, y del cálculo y del cómputo de votos,
estuviera activo el sistema de auditoría interno que tiene la base de datos
para efectos de verificar que efectivamente cada uno de estos usuarios que ha
entrado y ha salido estuviera haciendo lo que se supone que debería estar
haciendo, y no otra cosa. Ninguno de esos tres listados o reportes fue
entregado. Cuando a uno le dicen que no le pueden entregar el listado de
personas que van a entrar a los sistemas, no hay que ser muy inteligente para
imaginarse en quién estamos pensando que va a entrar al sistema.
La ONPE ha eludido su responsabilidad de entregarnos
esta bitácora que registra el ingreso de todas las personas a los sistemas. La
OEA ha seguido insistiendo en que ese reporte tiene que ser dado.
–¿Existen
posibilidades de que la información haga una "escala", de que sea
interferida y manipulada?
–Flores: No habría ningún impedimento como para que no se
pudiera hacer un paso intermedio sin que necesariamente se tenga que usar una
red inalámbrica. Sin embargo, es más factible acceder al centro de cómputo que
interferir la señal. Es más lógico mirar la composición de los datos en donde
están alojados, el disco duro, servidor o donde fuere, y mirar qué es y cómo es
lo que uno tiene que modificar; y no pensar que uno va a pescar esos datos en
el aire y los va a modificar.
–Urrunaga: Hay una alta sensación de fraude entre la población,
y el organismo electoral que ha permitido que se creen todas estas suspicacias
tiene una gran responsabilidad, pues no ha aclarado todas las inconsistencias
de sus reportes. La ONPE no ha querido contestarnos.
–El Comercio
informó que, paradójicamente, en Coronel Portillo se sumaron votos en el
sistema cuando éste estuvo apagado. También se ha denunciado que en ciudades
como Cusco, favorables a Toledo, disminuían los votos mientras avanzaba el
cómputo.
–Urrunaga: Efectivamente, y eso ha pasado en varios centros de
cómputo.
–Flores: La primera explicación, presumiendo que no hay
adulteración forzada, es que el diseño del sistema está hecho de tal manera que
no tiene contingencias y no ha analizado las variables que se pueden producir,
como un corte de luz o un cierre del sistema sin seguir todos los pasos. Es
posible cuando los procedimientos del centro de cómputo están mal
estructurados.
La reducción es más difícil de explicar. Que habiendo
tenido un nivel como 100 y de pronto arranca el sistema y tiene 80, es muy
difícil de explicar, porque el sistema de la ONPE nunca resta. No hay
posibilidad o rutina de resta de valores, sólo suma. Si reduce valores, no tiene
explicación lógica.
–Vega: En los reportes de la ONPE aumentaban las mesas y disminuían los votos.
El sistema de cómputo, o se estaba tragando los votos, o simplemente estaba
escondiendo la información; o, en lugar de sumar, restaba. No existe al respecto
adecuada información de la ONPE, ni un mecanismo que permita a los personeros
verificar estos problemas.
–¿Hubo capacidad
de observar y verificar el proceso de digitación?
–Vega: Que el cómputo de votos se haya realizado sin la participación activa de
los personeros de los partidos y de los observadores, es una violación de la
Constitución. Si uno no sabe qué se digita, cómo se digita y cuál es el sistema
que permite sumar los resultados, uno no está en la condición de verificar ni
de garantizar nada. Una cosa es presenciar el cómputo y la digitación, y otra
verificarlos. Los personeros han estado a tres, cuatro metros de distancia,
viendo a través de una ventanita cómo se procesaban y digitaban los resultados.
–Flores: En la gran mayoría de centros de cómputo no se permitió la vigilancia ni
el acceso a la información. Han hecho lo imposible para que los personeros no
pudieran acercarse a las mesas donde estaban los digitadores. Como el digitador
y el verificador están sentados uno al lado del otro, si ellos se ponían de
acuerdo o alguien hacía que se pusieran de acuerdo, era muy fácil que colocaran
un mismo valor superior al que decía el acta. Tan sencillo como eso, porque en
el sistema la suma no se contrasta contra el número de sufragantes.
Y debo decir que el digitador tiene que tener una
suerte de regla en el ojo. La regla que tenía la mayoría de digitadores era de
30 cm; entonces no le alcanzaba para el largo total del acta. Tenía que
moverla. Al moverla a lo mejor se le subía o se le bajaba; entonces simplemente
leía otros valores. También tenía que hacer verticalmente la misma operación.
Había que hacer click 120 veces
para el número 120 de la lista, en lugar de poner un alt-120 o lo que fuera. Seguro se produjeron una gran cantidad
de errores.
–¿Qué se puede
decir de la enorme diferencia entre votos y votantes?
–Vega: Estábamos en un millón y medio al 86%, y al 99% ya
no se emitieron los reportes de los centros de cómputo. Puede ser que al 99% se
haya llegado a los dos millones, si que es que no se pasaron. La ONPE no tuvo
mejor manera de corregir esto que borrar de su informe la parte que decía
"total de sufragantes". En ese mismo reporte, además, uno podía ver
que decía "total de mesas instaladas: cero" y, dos renglones más abajo,
"total de mesas procesadas: mil y pico". ¡Cuando el número de las
mesas instaladas tenía que ser idéntico al de las procesadas!
–Flores: Hay muchas actas que reflejan el número de votantes
y sin embargo tienen más votos. Ha sido denunciado que en Huánuco –no tengo los
datos exactos– hay 50 mil votos más que el número total de electores hábiles en
toda la provincia. De los últimos reportes oficiales procesados tenemos más de
dos mil mesas en las cuales se ha registrado mayor número de votos que electores
hábiles.
La cantidad de votos que aparecieron de más es
diferente en el caso de congresistas que en el de presidentes. No puede haber
diferencia entre el número de votantes. Los votantes que fueron a votar son los
que están en el padrón electoral, y el padrón electoral es uno solo. Es el
único número que nunca podría fallar. La ONPE ha tenido un dato muy rápido, y
ése es el número de electores que han ido a sufragar. Los padrones están
firmados o tienen la huella digital de quienes fueron a votar y tienen pegadito
el holograma de los electores omisos. Además, los padrones han sido
configurados con un código de barras, como para que se haga la lectura muy
rápidamente. La ONPE debe entregar la información de los que fueron a votar y
de los que faltaron. Al menos para saber cuánto ha sido el ausentismo.
–¿Cómo
calificarían todo esto?
–Flores: Tengo que pensar que hay una intención más allá de
una negligencia sencilla.
–Vega: Las irregularidades son monumentales. Cuando uno
está en una situación de ese tipo, lo que tiene que exigir es que los
responsables asuman su responsabilidad. Esto tiene que ver con la ONPE y con el
JNE, que son los organismos electorales. Si no cumplen bien su función, que se
vayan.
Siempre se dice que son los partidos o son los
observadores los que tenemos que hacer el seguimiento del sistema de cómputo.
Pero, además de eso, existe un organismo electoral que es el que debe
fiscalizar este trabajo, que es el JNE. ¡Pero el JNE no ha existido durante
todo este proceso! Nunca estuvo en ningún simulacro, nunca supo cuál es el
sistema de cómputo con el que se debía trabajar. Es la máxima autoridad
electoral, es la que por mandato constitucional tiene que fiscalizar que se
cumplan las leyes electorales, y nunca estuvo presente a lo largo de todo el
procesamiento de resultados de la ONPE. El JNE tiene un alto grado de
responsabilidad por haber abdicado de su función de fiscalización.
–¿Una auditoría
técnica para qué y en cuánto tiempo?
–Flores: Una auditoría para ver si existe la absoluta
imposibilidad de que haya algún acceso remoto, una posibilidad de activar un software que en forma remota pueda
entrar, modificar, cambiar y determinar que lo que son las sumatorias de
votaciones no son, que la digitación es correcta, que la digitación no es
confiable; en fin. Yo creo que esto puede tomar no menos de dos meses. Pero lo
que para mí es más importante es la posibilidad de conteo adicional.
–Vega: Coincido en que lo más importante es hacer un conteo adicional, alternativo
o paralelo, como quiera llamársele.
–¿Hay tiempo
para producir modificaciones? ¿Hay que fijar plazos?
–Urrunaga: No se puede llegar a una segunda vuelta con la misma
sensación de desconfianza de los electores sobre qué es lo que está pasando con
los resultados. La OEA ha dicho que si no se cumple con todas las sugerencias
que han hecho para la segunda vuelta, ellos podrían no reconocer los
resultados.
–Flores: Hay tiempo de sobra. Debería agregarse, a la luz del
resultado del primer acto de votación, un monitoreo exacto y preciso de la
fabricación de actas, de cédulas, de traslados. Hacer simulacros con
información determinada, que se comprometan a que de cada simulacro se saca una
minuta con observaciones y se cumple al día siguiente. Y modificaciones en el
sistema de reporte, sobre todo. Lo más difícil de conseguir en este momento es
la decisión política.
–Vega: Creo que la creación de comisiones anunciada por la
ONPE para hacer mejoras en el sistema debería ampliarse a los representantes de
todas las agrupaciones políticas. El proceso electoral es uno solo hasta que
culmina. Las agrupaciones que han tenido representantes técnicos ante la ONPE
mantienen vigente su inscripción y su derecho de defender los votos de quienes
las respaldaron.
–Flores: También existe un desbalance completo. En cada una
de esas comisiones hay dos miembros de la ONPE, uno de Perú 2000 y uno de Perú
Posible. Entonces la capacidad de acción del representante técnico va a estar
limitada si no participan las demás agrupaciones.
–Vega: Hay que
señalar plazos. Debemos llegar por lo menos dos semanas antes de las elecciones
con todo esto oleado y sacramentado. Si en esos plazos no se han hecho los
ajustes, entonces tenemos el legítimo derecho de desconfiar y no creer en los
resultados; y las autoridades que salgan elegidas no tendrán la legitimidad que
deberían.