Carlos Ferrero:

Si no hubiésemos llegado a Palacio, se habría anunciado 
la victoria de Fujimori

"Qué bueno que Carlos Ferrero esté tan cerca de Alejandro Toledo", expresa un sentimiento bastante generalizado. Ferrero, candidato a la primera vicepresidencia por Perú Posible, tiene una larga y reconocida  trayectoria política, en la que su compromiso con la democracia y los derechos humanos siempre ha estado por encima de todo. Nuestra conversación con él abarcó dos ámbitos fundamentales: cómo ganar, y qué nos garantiza que con el triunfo de Toledo se iniciará la democratización del país.

 

–¿Cómo resumiría lo que ha pasado en el Perú con las elecciones? ¿Cómo llegamos a la segunda vuelta?

–Lo que ha ocurrido es un fraude gigantesco. En primer lugar, el control prácticamente absoluto de la prensa es una violación directa del derecho a que el votante se informe. Todos los votantes se han ido a votar con un parche en el ojo izquierdo, porque el gobierno les ha puesto ese parche al apropiarse de la televisión. Ya de entrada, sólo de entrada, hay una discriminación absolutamente grotesca en contra de Toledo y en beneficio del candidato oficial.

Pero aparte de eso, que es ya muy significativo –y que en mi opinión es decisivo–, ha habido una guerra sucia que ha utilizado esos mismos medios en perjuicio de quien no puede defenderse.

En tercer lugar, se han utilizado recursos del Estado, incluyendo el canal estatal, como si fueran propiedad del gobierno. Aunque los recursos del Estado no se han usado sólo en la televisión; se han usado repartiendo ollas, transportando gente, moviendo personas que trabajaban para la campaña del gobierno, pintando paredes, pintando cerros, etcétera, etcétera.

En cuarto lugar, yo digo que ha habido fraude porque la ONPE ha sido visiblemente un desastre. Sus resultados no tienen confiabilidad, no hay sistemas de seguridad, no permiten auditoría, carecen de procedimientos para manejar el software. Al final ha terminado siendo un desastre, dando resultados al 99% hoy día, el día de la entrevista, cuando ha pasado ya más de una semana desde el proceso electoral. Sus deficiencias no pueden ser más visibles.

Y aparte de eso, hay que reconocer que en el tipo de trabajo electoral que hemos tenido, toda la organización formada por jurados que eran manejados por el Poder Ejecutivo y la propia votación mostraron por lo menos cuatro o cinco claras señales de un propósito de fraude.

Para comenzar, a nosotros nos han refilado las cédulas justo donde está Toledo, y en muchos lugares se computó así. En segundo lugar, se han encerado los votos, de tal manera que solamente se pudiera marcar el símbolo del presidente y de ninguna manera el de Toledo. Y en tercer lugar, ha habido "carrusel", es decir, se entrega en la puerta el voto en blanco y devuelves el voto que te da la mesa y por ese voto te pagan 20 o 30 soles.

Todo este tipo de irregularidades muy graves se suman al hecho de que ha sido perfectamente posible, y está demostrado en algunos casos, que las actas que salieron de la mesa no son las que llegaron al JNE; algunas no llegaron nunca. Ha habido un cambiazo de ánforas, de actas, lo que además se prueba por la circunstancia de que no obstante encontrarse el local de votación bastante cerca de los centros de cómputo –a veces, digamos, a seis cuadras–, las ánforas llegaban a las 8 de la noche, cuando se había terminado a las 5 de la tarde. Entonces, yo diría básicamente que ha sido un gran
fraude.

–Por lo que dice, usted es de los que creen que la ONPE no anunció un triunfo de Fujimori en primera vuelta por una decisión política del régimen. ¿Así de claro?

–No han llegado al 50% más uno porque ha habido una reacción de la ciudadanía y porque además, en el fondo, ellos también deben saber que nuestras pruebas del fraude son de tal naturaleza que en seis meses quedaban íntegramente al descubierto y habría sido una vergüenza tener un gobierno ilegítimo que jura cuando no procede de la voluntad popular.

Pero en realidad lo que definió el tema fue cuando vieron tanta gente en la calle que de manera organizada y pacífica, pero entusiasta, defendía el derecho a su voto. Ahí les entró el miedo. ¿Por qué? Porque para un gobierno que está basado en la fuerza que le da el apoyo militar, encontrarse con que hay otra fuerza que no tiene tanques, pero que vale igual, que no dispara, pero que tiene presión, que no puede desfilar, que ante el mundo entero se exhibe en las televisoras con una demostración de fuerza popular, de respaldo a un deseo de transparencia del voto, eso al gobierno lo hizo temblar.

–¿Y la presión internacional?

–La presión internacional ha sido muy importante, pero se ha dado después de la manifestación popular. La presión internacional fue, digamos, de grado 30 o 40 con Carter, con la OEA; pero cuando Francia, Gran Bretaña, Argentina, Brasil, la Comunidad Europea vieron 70 mil personas frente al Sheraton, ese 30 o 40 subió a 80. Se lo dijeron bien claro a Fujimori: "No vamos a aceptar un fraude; la comunidad internacional no lo va a reconocer", y eso es lo que lo obliga a ir a la segunda vuelta. Pero la comunidad internacional no se habría pronunciado si no hubiera visto miles de gentes en las calles.

–Frente al riesgo de que en la segunda vuelta se repita lo de la primera, ¿qué señales concretas Perú Posible considerará como expresión de cambios esenciales?

–Las señales serían que de inmediato las televisoras de señal abierta empezaran a permitir el acceso de Toledo y de los miembros de su partido en las discusiones y, además, en las informaciones. A casi dos semanas del 9 de abril, cada cosa que dice Tudela sale multiplicada en diez canales, y lo que dice algún miembro del grupo de Toledo sale en un solo canal. El presidente viaja a Bagua o donde sea y lo cubren los canales de señal abierta; Toledo hizo una manifestación extraordinaria en el Callao, pero para la mayoría de los canales no existió.

Otra señal sería que la ONPE acepte formalmente que la asesoría técnica sea brindada por la Defensoría del Pueblo, con apoyo de la OEA, dentro del marco que se anuncie. No se trata de que diga "vamos a cambiar", sino de que diga "vamos a cambiar utilizando el marco del convenio con la Defensoría y aceptando el apoyo técnico de la OEA".

Otra señal sería que el gobierno aceptara la existencia de la comisión mediadora formada por monseñor Luis Bambarén y el Defensor del Pueblo, Jorge Santistevan, que nosotros hemos pedido el día de ayer y que ellos han aceptado integrar. Pero no sabemos cuál es la receptividad del gobierno.

El gobierno también podría suspender, sin esperar a que lo obliguen, su propaganda de carreteras y caminos, de "Yo sé cuidar mi cuerpo" y todo lo demás, lo que está indudablemente orientado a favorecer a Fujimori. Son una serie de señales, y no te estoy hablando de regulaciones, no te estoy hablando de una auditoría posterior a la ONPE ni de una presencia de observadores dentro de los centros de cómputo.

–La pregunta de la que deben estar hartos: ¿qué van a hacer si pasa el tiempo y no se producen estos cambios?

–Solamente hay dos posibilidades: seguir, que es lo que quiere alguna gente que dice: "Si con guerra sucia hemos ganado, con guerra sucia podemos volver a ganar", pero otros –y en estos momentos son la mayoría– piensan que si no hay condiciones equitativas, no vale la pena ir a la segunda vuelta. Se retiraría toda la gente incluyendo los congresistas, se deslegitimaría el régimen y se lo obligaría a convocar una nueva elección. Eso no está descartado.

–¿Usted está por la primera o por la segunda posibilidad?

–Cuando se vio el tema de las candidaturas unitarias, a esa reunión a la que fueron todos los candidatos a la presidencia, el único que no quiso retirarse fue Salas, y la condición era "O nos retiramos todos o no se retira nadie". En ese momento clave yo fui partidario de retirarnos, porque consideraba que no tenía sentido participar en unas elecciones tan desiguales. Pero, ¿qué cosa hacer ahora? Preferiría no anticiparme.

–Si en esa ocasión se hubiesen retirado todos los candidatos junto con Salas, ¿hoy día estaríamos en mejores condiciones?

–Es una pregunta muy difícil, porque obliga a retroceder. Yo no imaginaba, por ejemplo, la reacción del pueblo. Para mí ha sido una sorpresa. Hace dos meses yo no habría podido pensar que el pueblo de Lima saldría a la calle así. Si lo hubiera pensado, habría dicho que debíamos ir de todas maneras a la primera vuelta, como hemos ido. Pero como no me lo imaginaba, pensaba que era preferible retirarse.

–¿Cómo contesta a la gente que dice que Toledo cometió un error en su reacción frente a los resultados del 9 de abril, que demostró ser una persona irresponsable, desequilibrada, que azuzó a las masas, que se puso la vincha, que fue peligroso y que esa percepción ha calado, aunque todavía no hay encuestas de por medio?

–Lo de la vincha me parece absolutamente anecdótico, casi una picardía de sectores contrarios a Toledo. Nosotros podríamos publicar un álbum con todo lo que Fujimori se ha puesto en la cabeza. Eso no tiene ninguna importancia.

El tema es qué pasó en la Plaza de Armas. El problema es que hubo una demora de 15 minutos entre el momento en que se decide ir a la plaza y cuando la dirigencia baja al primer piso del Sheraton. Los estudiantes no esperaron y se fueron por su cuenta. Si hubieran ido detrás de los líderes, no habría ocurrido eso. Pero los estudiantes, impacientes, fueron por su cuenta y la Policía de inmediato les tiró bombas. Eso es lo que generó un alboroto inicial. Pero cuando nosotros hemos llegado, ya eso había terminado; han seguido las bombas (menos), pero se han quedado en la plaza unas cuatro mil, cinco mil personas.

Por otro lado, si nosotros, frente al pedido de ir a la Plaza de Armas, nos quedábamos ahí, había la posibilidad de que la gente intentara entrar al Sheraton o marchara por su cuenta, lo que era peor. Nosotros decidimos conducir la manifestación precisamente para que nuestra presencia pudiera hacerla ordenada, sabiendo que había un riesgo. Pero pienso también que si no hubiéramos llegado a Palacio ese día, al día siguiente habrían publicado la victoria de Fujimori.

–Se dice que la propuesta de Toledo es populista y se lo vincula con Alan García. ¿Cómo definiría la postura que va a tener Toledo en materia económica?

–Toledo es un hombre ideológicamente de centro. Si bien es de condición humilde y esforzada, no es un socialista. Y aunque ha estado en organismos internacionales y ha trabajado para el Banco Mundial, tampoco es un fondomonetarista. En realidad, es un capitán de la tercera vía, para ponerlo en esos términos.

Él sostiene, por ejemplo, que en el Perú el equilibrio fiscal es muy importante, que no se debe gastar más de lo que ingresa, pero también que es posible, con una reingeniería económica, modificar el patrón de gastos para darle más importancia a lo que llama la deuda social, que es educación, nutrición y salud.

También piensa que es posible una reactivación económica basada primero en una reducción de impuestos y paralelamente en una lucha contra el contrabando y una ampliación de la base tributaria. Esos dos caminos permitirían, con un incremento de la producción, elevar los puestos de trabajo a partir de agosto, setiembre u octubre del 2001.

Cree Alejandro Toledo que una de las dificultades importantes para elevar los gastos sociales es el pago de la deuda –120 millones de dólares al mes–, que él cree poder reducir a 100 o a 80 millones mediante una renegociación conversada, no impositiva.

Alejandro ha ofrecido aumentos de sueldo para los policías y maestros, y eso ha causado inquietud en algunos, pero él ha recalcado que esto se hará sin modificar el equilibrio fiscal. Yo diría que en términos generales lo que él desea es incrementar la producción sobre la base de la agroexportación y generar venta de productos peruanos con valor agregado que nos permita competir en situación ventajosa con los demás países. Para que eso ocurra se necesita generar incremento de la inversión privada, incluyendo extranjera, porque el Estado no tiene capacidad para hacerlo.

–Otra preocupación de la gente que ha votado por Toledo es que si gana, en nombre de una estabilidad, en nombre de no crear más crisis, comience a negociar y su gobierno se convierta en una especie de fujimorismo sin Fujimori. ¿Qué garantías existen para quienes están con Toledo porque creen que él expresa la intención de un cambio?

–Lo primero que yo diría es que los peruanos tenemos que acostumbrarnos a no considerar que cada cambio de gobierno ofrece la posibilidad de modificar de manera sustancial en cinco años el cuadro general del país.

Va a ser imposible que todos los desocupados tengan trabajo en cinco años. Va a ser imposible que podamos crecer más allá de 6% al año. Va a ser imposible que podamos dejar de tener deuda externa. Va a ser imposible que estemos integrados ya con los Estados Unidos y que formemos un mercado común hemisférico. Va a ser imposible que la pobreza baje más allá del 30% y que la pobreza crítica llegue más abajo del 15%.

Pero la sensación de que avanzamos y de que queremos cumplir las metas que nos hemos propuesto está sustentada por varios factores. En primer lugar, el hombre. Es un hombre honesto, bien intencionado; es una persona seria, un conductor político muy creíble. En segundo lugar, la gente que lo rodea. Hasta donde yo conozco, es gente sin intereses de carácter económico. No estamos rodeados de gente que esté buscando hacer negocio, aunque puedan presentarse algunos que sí lo sean.

–Ha mencionado temas que no dependen de una voluntad política. Pero hay otros temas que sí dependen de ella: todo el asunto de la democratización, de la institucionalización del país, del Tribunal Constitucional, del Poder Judicial...

–Ahí la cosa está más clara que en el aspecto económico, porque las metas son concretas y señalables. Ya él habló de recomponer el Tribunal. Ya ha dicho que se van a desorganizar las comisiones ejecutivas. Ha expresado, además, que somos partidarios de restablecer el distrito electoral múltiple en vez del distrito electoral único. Ha manifestado que retornaremos a la Corte Interamericana, y él confía –y yo también– en que esto no tiene por qué significar la liberación de ningún terrorista.

En sus primeras intervenciones, cuando lanzó el plan de gobierno, la primera medida que anunció Alejandro sobre el Estado de derecho fue que nosotros no somos partidarios de la reelección continuada. Eso, dijo, comienza conmigo mismo. En el fondo, él ha renunciado a ser candidato el 2005. Vamos a cambiar la Constitución para que no haya reelección continuada, que es la tradición histórica peruana que mejores resultados ha dado.

 

Las ganas de cambiar

¿Qué representa Alejandro Toledo? ¿Por qué ha generado tanta confianza en tanta gente con tanta rapidez?

Yo creo que Toledo representa un deseo de cambio. Hay mucha gente que considera que la forma como se ha gobernado en estos últimos años ya no da más para satisfacer expectativas, anhelos de los ciudadanos. Creo, además, que hay una especie de cansancio por ese deseo de perpetuarse en el poder. Éstas son razones que van juntas: ya la gente se cansó de que le den lo mismo y, por otro lado, hay unas ganas de cambiar, de algo diferente.

Aparte de eso, Toledo tiene un mensaje que me parece que ha calado bien. Es un mensaje sin radicalismos, sensato, reflexivo y con mucha insistencia en el tema del trabajo y el desempleo, que es el problema número uno hoy día en el Perú.

En tercer lugar, me parece que hay, de todas maneras, una identificación sociológica con Alejandro por su condición humilde, por su extracción social, por las peripecias que ha tenido que sufrir en la vida para llegar adonde está, por su rostro. Alejandro es muy nuestro.

Hay una similitud en su rostro con mucho de lo andino nuestro, y aunque eso no puede ser medido y tampoco tiene que ser exagerado, en mi opinión es evidente que va como una corriente subterránea en la gente.

 

Fui minoría entre la mayoría

Sabemos muy bien que desde hace muchos años usted viene oponiéndose abiertamente a las arbitrariedades del oficialismo, pero ¿cómo contestaría a quienes se sorprenden de ver a quien fue formalmente parte de este régimen como parte esencial del equipo de recambio?

Yo he encontrado que el gobierno de Fujimori hizo cosas muy buenas y que las cosas malas empezaron cuando él resuelve modificar la Constitución y quedarse cinco años más. Ahí es cuando empieza a desarmarse, porque en el momento en que se rechaza el referéndum, cuando se hace una interpretación constitucional para favorecer la reelección, desde esos mismos instantes ya se empieza a cambiar a todos los jueces, a destituir al Tribunal, a controlar al Poder Judicial.

Eso fue definitivo para que algunas personas –entre ellas, yo– pensáramos que ése no era el camino correcto. Si paralelamente ocurrió que Alejandro Toledo me llamó para que laborase con él, ésas son ya cosas del destino, inescrutables, pero ocurrieron, y aquí estoy, esperando cumplir lo mejor que pueda los desafíos que tenemos por delante.

Siente que es su partido de fondo para el cual se ha preparado gran parte de su vida...

Todavía no podría decir si es el partido de fondo, porque no sé exactamente cómo resultaremos ubicados en el equipo, y porque es difícil separarlo de lo que es una larga trayectoria política que ha tenido altibajos y que sin duda estará a juicio únicamente de los demás y no de mí mismo.

Más bien podemos afirmar que en los últimos años yo era una minoría entre la mayoría, y, entonces, las posibilidades de hacer cosas y de realizar proyectos e ideas, eran escasas. Creo que esas posibilidades mejoran sustancialmente hoy, más aún si logramos la victoria en la elección de la segunda vuelta.

¿Cuán difícil es resistir a la guerra sucia, amenazas, hostilización, todo el tiempo?

Es menos difícil cuando tú te sientes apoyado, cuando sabes que tienes atrás uno, dos, tres o cuatro millones de personas, es decir, un respaldo gigantesco.