Eduardo Stein:

La OEA por primera vez

Si hay un punto de consenso en el país es que todos se han sorprendido de la labor cumplida por la misión de observación de la OEA, tanto del lado del oficialismo como del lado de la oposición. Y desde una perspectiva democrática, la sorpresa ha sido para bien. En esta entrevista, Eduardo Stein, un jefe de misión que ha sabido estar a la altura de las circunstancias, explica esta actuación y sus razones, con conciencia de que todavía falta un segundo tiempo que será tan o más difícil que el primero.

 

–A nosotros nos dijeron, atención con Stein: tiene una muy buena trayectoria como para tirarla por la borda. ¿Cómo resumiría esa  trayectoria y qué de ella puede haber animado a Gaviria a  escogerlo para esta misión en el Perú?

–Mas allá de que una apreciación así sólo puede venir de un buen amigo, lo que podría decir es que, después de hacer un doctorado, pasé a la cátedra, siempre en temas de comunicación social y desarrollo. Desde esa perspectiva me fui vinculando intensamente con temas de desarrollo, que es lo que he hecho casi toda mi vida. Luego tuve el privilegio de participar en un proceso histórico único, en Centroamérica, que fue el esfuerzo por lograr una paz firme y duradera; proceso que culminó en mi propio país, Guatemala, en el que también tuve el privilegio histórico de estar en el último año de su culminación como canciller de mi país. Acompañé al presidente Álvaro Arzú durante los cuatro años de su mandato al frente del Ministerio de Relaciones Exteriores.

Entonces, quizá el encontrar una persona independiente, sin vinculaciones partidarias, profundamente comprometida con el desarrollo integral de nuestros países en la región, y con una experiencia  política de alto nivel, como fue la cancillería, le brindó un perfil al secretario general de la OEA, César Gaviria, que le parecía interesante como para conducir una misión de observación electoral en un proceso que se percibía desde el exterior como sumamente complicado.

–Cuando lo invitaron a dirigir la misión, ¿aceptó inmediatamente o dudó? ¿Cómo fue?

–El secretario Gaviria me habló de la misión el 14 de enero, cuando asistió a la toma de posesión del nuevo gobierno de mi país. Tuve profundas dudas. Tengo que confesar que traté de informarme; conversé con peruanas y peruanos de muy diversas tendencias residentes en el exterior y obtuve una pintura muy preocupante de la situación interna, porque una persona que no esté directamente vinculada al proceso de un país lo que tiene son jirones, brochazos a veces dispersos y, en este caso, tal vez el rasgo más sobresaliente era la decisión del presidente Fujimori de convertirse en candidato para un tercer mandato y la tormenta legal que esta decisión había desatado.

Más adelante, el secretario general de la OEA me invitó a Washington para tener conversaciones más específicas, y ahí quedó claro que no podía ser una misión convencional porque la situación política del Perú no lo habría permitido.

–¿A qué se refiere cuando dice que no podía ser una misión convencional?

–El Perú, me enteré entonces, había tenido ya cuatro misiones de observación electoral de la OEA. Éstas, en buena cuenta, estaban siendo evaluadas por la oposición política como misiones complacientes, misiones que habían venido a santificar una situación electoral o a avalarla sin ningún tipo de participación crítica más allá de reportar algunas anomalías. Además, las misiones de observación electoral de la OEA eran tradicionalmente misiones muy silentes.

Esta misión no podía ser pactada en esos términos. Yo, en todo caso, no la habría aceptado. No podíamos asumir la responsabilidad de venir a un campo político minado en un sobrevuelo que no se involucrara con lo que estaba en el terreno. Además, era imposible pensar que una misión de esa naturaleza no sería rotundamente rechazada por las fuerzas políticas de oposición.

De manera  que así fue como se me planteó la misión; éstas fueron las dudas surgidas y así fue como se pactó la misión: una misión activa, con presencia constante y visibilidad pública en los temas más críticos, con facultades de reportar por escrito –como lo hicimos después de la primera semana– lo que fuéramos observando y con plena autonomía de terreno. Eso quiere decir que no era para mí obligación alguna estar consultando a la sede de la OEA en Washington para los pasos ulteriores, sino que podíamos tomar decisiones de terreno con absoluta libertad y que nadie examinaría mis textos. Es decir, yo podría emitir boletines desde acá bajo mi sola responsabilidad sin consultarlos previamente con nadie.

–¿Ha habido otros casos similares de observación electoral de parte de la OEA (pienso, por ejemplo, en la experiencia dominicana)? ¿ O es la primera vez que la OEA cumple un papel importante, decisivo, con las características que usted ha señalado?

–Yo le quitaría los calificativos de importante y decisiva, pero sí le  puedo decir que esta misión es inédita. Es una misión no convencional. Incluso en ocasiones anteriores, muy críticas y difíciles como la mencionada por usted, la de República Dominicana, aunque la misión descalificó el proceso electoral porque se encontró una evidencia masiva de fraude, no tuvo un comportamiento público de expresiones constantes sobre los temas que iba recogiendo en su observación.

–La pregunta logica es: ¿y por qué  ha sido así en el Perú?

–Se podría estar marcando una nueva línea de observación electoral que tiene que ser evaluada, examinada y ponderada, pero también creo que en esta misión se estaba jugando el futuro mismo de las observaciones electorales.

Estoy absolutamente persuadido de que la OEA no podía seguir más en la línea tradicional de observación electoral. Era importante involucrarse activamente de manera que se permitiera a la misión algún nivel de conclusiones de observación sobre la etapa previa, tanto en el aspecto institucional que sustenta el proceso electoral como en cuanto a las condiciones y al decurso de la contienda misma.

Lo mismo en cuanto al tema del día del voto. Es importante no despegar el día del voto de la etapa que le sobreviene en el conteo y en el comportamiento de los entes electorales, en el manejo de ese conteo desde los instrumentos técnicos de cómputo y en la información al público, que es una plataforma política que puede tener consecuencias positivas o negativas. Tan negativas como las que aquí se han dado, porque –sin presunción de mala intención– el solo aglomerado de los silencios, los retrasos sin explicación alguna durante tres días, por lo menos sin explicación convincente a la población de por qué esa forma tan extraña de dar resultados y por qué esas demoras enormes, lo único que hicieron fue abonar a una visión de que algo turbio había pasado o estaba pasando.

De ahí la importancia de que la misión de observación electoral no sea un testigo mudo o un invitado protocolario, que meramente reporte como un cronista desapegado lo que observó semanas o meses después. Me contaban, como antecedente a mi venida, que para unas elecciones municipales anteriores en el Perú, el informe que el secretario presentó al Consejo Permanente de la OEA tardó siete meses en salir porque hubo una presión muy fuerte del gobierno peruano para revisar y editar su texto de manera que pudiese ser aceptable en términos políticos para la comunidad hemisférica.

–Se dice, medio en broma, que cuando usted comenzó a ser crítico, ni el oficialismo ni los  partidos se percataron de ello, convencidos  ambos de que usted sería  incondicional al gobierno, y hasta parecía que no leían los boletines de la OEA

–Sabía que venía a una situación adversa, incluso hostil, de parte de las fuerzas políticas. Lo que sí me sorprendió es eso que dice. Hubo varios días en los que a pesar de estar acreditando con nuestro propio comportamiento que se trataba de una misión distinta, la digestión de ese material tardó todavía un tiempo, una digestión política que no empezó a evidenciarse sino hasta varios días después de nuestro segundo o tercer boletín.

Y el otro ingrediente es que seguíamos sintiendo que caminábamos descalzos sobre vidrios rotos; la situación era sumamente complicada para entenderla. No era una contienda electoral normal ni común, con los ataques de ida y vuelta a los que uno está acostumbrado. Aunque se nos señalaba que éste era uno de los ingredientes más molestos y detestables de esta campaña, en todas las campañas que he conocido se ataca la honra de los candidatos. Aquí quizá el problema más complejo de entender era el juego de relaciones que la institucionalidad pública peruana tiene hoy, que ha ido sufriendo modificaciones a lo largo de varios años.

Si uno no entiende los procesos de nombramiento de funcionarios, la modificación en el alcance de sus responsabilidades, si no entiende que el aparato de justicia y el Ministerio Público estén intervenidos... Eso es quizá lo que más le costó a la misión comprender, y comprender también por qué el comportamiento de los medios de comunicación era como era y estaba tan cargado de elementos de esa polémica de tipo personal que le llaman la guerra sucia, en una prensa sensacionalista y en una televisión francamente desigual.

–Pero la otra explicación que podría haber para que ni unos ni otros entendieran la verdadera línea de la OEA, es que fuera la propia misión la que no se expresara inequívocamente.

–Es una inquietud legítima, pero uno no puede pretender ser un comunicador perfecto desde el primer minuto en que se baja del avión a una situación que no conoce a plenitud. Quizá los boletines comenzaron a verse no como lo que eran —fotografías sucesivas de los momentos que íbamos observando—, sino como capítulos de un tratado que tenía por necesidad que ser consistente de principio a fin, sin cambiar conceptual y formalmente su terminología.

Yo invitaría a la gente que tenía estas dudas a que, como un ejercicio de distracción, lea nuestro primer boletín. Verán que ahí ya estaba advertida desde el origen toda la problemática sobre la que la misión luego fue especificando y advirtiendo los problemas.

Reconozco igualmente que pudo haber habido un problema de lenguaje, pero he tratado de ser absolutamente escrupuloso con una línea de independencia e imparcialidad que defendimos a toda costa y que en un momento de la polémica supuso, en efecto, el haber defendido la vía hacia el voto, lo que era distinto de la calificación de los problemas que se habían presentado en la etapa previa.

Varias organizaciones, incluso no postulantes, pero que seguían muy de cerca el proceso electoral, habrían querido que esta misión descalificara las elecciones de antemano, o sea, que hiciera algún tipo de pronunciamiento antes de la votación que invalidara totalmente el proceso y lo echara por tierra.

Nosotros no podíamos hacer eso de ninguna manera, porque nuestra observación recogió dos cosas importantes: primero, que había contienda, que los candidatos seguían en la competencia y se habían inscrito sabiendo y conociendo estos problemas. Segundo, que la población quería ir a votar, a pesar de que varios sectores estaban muy fastidiados y muy desanimados con lo que estaban viendo en la campaña electoral. Y en última instancia, eso es lo más importante: no atajar, no impedir, no obstaculizar la vía hacia el voto de una población que quiere expresar su preferencia electoral.

–¿Podría sintetizar la posición de la OEA frente al proceso previo a las elecciones, frente al día de las elecciones y frente a los resultados?

–Aunque la comparación pueda parecer poco fina, nosotros abordamos el proceso como un sándwich. Siendo la rodaja de jamón el día del voto y las dos mitades del pan el proceso previo al voto y el proceso posterior del conteo, yo te diría que la rodaja de jamón estuvo bastante buena. El día del voto, en efecto, la población peruana pudo acudir a las urnas sin que nuestra observación detectara ningún diseño intencional de impedírselo de manera sistemática. Por supuesto, hubo innúmeras quejas, muy pocas denuncias sustanciadas, pero yo diría que en general el día del voto transcurrió razonablemente bien.

Son las dos mitades del pan las problemáticas. Sobre la mitad previa, ya nosotros dimos un balance final: esta misión no considera que haya sido una pelea equitativa y justa y no considera que el conjunto de irregularidades, insuficiencias y problemas represente una contienda electoral ajustada a los comportamientos democráticos estándares.

La otra mitad, en la que todavía no hay una conclusión final porque estamos analizando los elementos de observación, sí ha dado señales de muchísima inquietud: los fenomenales atrasos sin explicación, las demoras y los horarios tan erráticos y los porcentajes tan extraños en que se fue dando la información y, por supuesto, aquellos indicios de inestabilidad del programa de cómputo que se pudieron detectar en varios centros de cómputo.

Entonces, a lo mejor hubo señales que podían haber sido explicadas como un problema técnico o como una falta de buena planificación o como una dificultad logística de transporte, pero la explicación no se dio ni a tiempo ni convincentemente, y todo ello se sumó a una idea de que algo opaco, algo siniestro estaba ocurriendo. Sentimos que esas dos mitades del sándwich no caminaron bien.

–¿Qué comentarios haría frente a la siguiente afirmación: lo que hizo que no se anunciara el triunfo de Fujimori en primera vuelta fue la salida masiva de la gente a las calles, y el  mensaje crítico de la comunidad interncional?

–Creo que fueron ingredientes distintos los que jugaron un telón de presiones internas e internacionales, pero desde la posición que tengo, yo no puedo dar una respuesta en la que, categóricamente, diga que los resultados fueron manipulados en un sentido u otro, como una manera de retractarse de lo que habría sido ya una decisión de triunfo en primera vuelta, producto de las presiones.

Como responsable de esta misión, no creo prudente dar opiniones sobre ese tema, pero sí puedo decir que la misión fue consciente de que las presiones se ejercieron de manera individual por algunos estados miembros del sistema. Nosotros conocemos mensajes emitidos públicamente por algunos gobiernos o grupos de gobiernos, y ciertamente la misión de OEA trasladó al gobierno sus preocupaciones sobre cómo se estaba manejando este proceso.

Pero para nosotros el resultado se dio cuando se dio, y esto habilitó una segunda vuelta, lo que creo que es sano para la salud política del país.

–¿Cómo impedir que se repitan las irregularidades de la primera vuelta?

–Primero, se trata de una elección radicalmente distinta. Esta vez son sólo dos candidatos compitiendo por un solo puesto, de manera que los procedimientos en general se simplifican. Las cédulas de votación son mucho más sencillas, las actas también, los tiempos se acortan. Esto contribuye a facilitar, si hay voluntad política, un ordenamiento mucho más riguroso, eficaz y transparente de los procedimientos y su manejo.

Este “si hay voluntad política” es particularmente crucial, porque aquí la OEA necesariamente tiene que mantenerse con mucho escrúpulo y mucho cuidado en su papel de observador. La OEA no es más que un observador que puede contribuir con apoyo técnico y que por supuesto desempeñará el mismo comportamiento de pronunciamiento público ante lo que vaya observando. Pero lo importante es que exista una plataforma fundamental de acuerdo político entre las fuerzas contendientes y las instancias que pueden contribuir a ser garantes de la limpieza del proceso.

En esto la misión endosa plenamente los cinco puntos adelantados por la Defensoría del Pueblo. Creo que la Defensoría misma puede jugar un papel fundamental. Además, conocemos que tiene un convenio con la ONPE. Ese convenio le permitiría, en efecto, jugar un rol de garante si es que, digamos, se rodea y se equipa de los soportes y de los recursos para hacerlo. Hay otras instancias. Ayer conocimos un pronunciamiento del Consejo por la Paz; sabemos que Transparencia está sugiriendo puntos también, pero, en general, yo creo que todas las sugerencias se orientan fundamentalmente a los mismos temas.

Para que estos temas se puedan hacer operativos tiene que haber un acuerdo de naturaleza política entre peruanos que le dé sustento a cualquiera de los trabajos de corrección, de enderezamiento, de limpieza, porque mucho de lo que se ha identificado son temas técnicos muy precisos que pueden ser mejorados en el programa de cómputo, en la planificación logística, en el manejo de los medios de comunicación.

–Hay quienes dicen: lo único que podría obligar a que se concreten cambios importantes es que la OEA diga claramente que si todo es igual que la primera vuelta no será una victoria ilegítima.

–Eso te lo puedo decir yo inmediata y claramente. Si se replican en la segunda vuelta las dificultades y problemas de la primera, esta misión no podría avalar esos resultados. Eso sí se lo hemos dicho con todas sus letras al Gobierno de la República, y es precisamente por esa razón que quizá nos hayan invitado de inmediato a reunirnos con funcionarios de la ONPE y con el presidente del Consejo de Ministros para conocer cuáles son los puntos y los temas en que nosotros creemos que la OEA podría contribuir a aclarar las cosas y mejorar los procedimientos.

Pero insisto: la OEA no querría verse atrapada en una trampa procedimental de carácter técnico. Nosotros podemos, si se nos invita, dar un apoyo de carácter técnico. Pero, ¿cómo se levanta la credibilidad del proceso electoral ante el votante peruano? Eso sólo puede ser resuelto políticamente por los peruanos.

Entonces, puede haber elementos de supervisión mucho más fuertes que en la primera vuelta. Creo que son indispensables trabajos que mejoren el sistema de cómputo, que lo estabilicen, pero en el fondo, si no hay un acuerdo político que les dé sentido a estas mejoras técnicas, estamos en la misma situación de desconfianza.

El caso de los medios de comunicación es todavía más complicado, porque ahí hay empresas privadas que alegan libertad de empresa, y si hubiera un forzamiento de tipo reglamentario estarían seguramente invocando una violación de la libertad de expresión. Entonces, tiene que haber un acuerdo de naturaleza política entre las televisoras de señal abierta y las fuerzas políticas contendientes para que existan reglas del juego que hagan los accesos equitativos a los dos contendientes, que hagan los contenidos de los mensajes un asunto sujeto a ciertas reglas básicas de ética para alejarse de lo que fue la campaña de cloaca que algunos medios de comunicación observaron en la primera vuelta.

Insisto en que está claro qué es lo que hay que cambiar, y que lo que falta es la vía para asegurar los cambios, adelantándonos a lo que podría ocurrir .

–Usted sugiere, en buena cuenta, que haya una especie de guillotina precautoria sobre el proceso electoral: si se replica lo que ocurrió en la primera vuelta, la OEA desconoce la validez de estas elecciones. Bueno, eso ya lo dijimos. Pero, ¿cómo se logra operativamente que el votante peruano reconozca esta nueva fase del proceso como una fase distinta y confíe en la validez de los resultados? Ése es el desafío.

 

Lo primero que mira Stein

¿En qué es lo primero que se fija Stein para ver cómo están unas elecciones, no solamente en el Perú sino en general? Si tuviera que mencionar sólo uno o dos indicadores, ¿cuáles serían?

Hay dos temas que definen necesariamente la temperatura política favorable o desfavorable para que una población sienta que se va a respetar su voto y que la contienda es equitativa. Un tema fundamental es la credibilidad y el desempeño de los entes electorales; esto es esencial. El segundo tema es la equidad en los medios de comunicación, que es un asunto también fundamental. Yo diría que el tema del uso de los recursos públicos en apoyo de una candidatura es también importante, pero depende de dosis, de grados, de frecuencias, de volumen.

 

El segundo tiempo de la OEA

¿Eduardo Stein va a presidir la misión de observación en el Perú hasta el final de las elecciones?

Yo creo que tu última frase es la correcta. El proceso electoral no ha concluido; lo que hay es una nueva votación para la presidencia porque en la primera no hubo ganador, pero es parte del mismo proceso electoral a cuya observación se nos invitó.

¿Tiene usted el respaldo de todos los países de la región?...

Sí, plenamente, y no sólo a través de los embajadores acreditados diplomáticamente acá en el Perú, quienes han sido un ámbito de consulta invaluable para la misión, sino también de las cancillerías, desde donde el respaldo ha sido pleno a la modalidad de conducción que ha tenido esta misión.

¿Personalmente satisfecho por la misión cumplida?

Personalmente exhausto. Pero no le puedo mentir; en efecto, estamos muy contentos. Nos llevamos, además, un sentimiento personal muy emotivo de las expresiones de muchas peruanas y de muchos peruanos que en los últimos días trasladaron a esta misión opiniones muy generosas sobre lo que sienten.

Sin pretender en modo alguno sustituir a nadie, tratamos de mantener una imparcialidad y una independencia absoluta, un rigor muy claro que nos mereció golpes de todos los flancos pero que creo que al final termina con un balance general de respeto. Éste es un país hermoso, fecundo, su gente es de una calidad insospechada. Sólo haber venido al Perú a conocer lo poquísimo que he conocido y conocer a su gente rejuvenece, pero este proceso electoral me ha envejecido diez años en cinco semanas.