Loreto: Encantos, dudas y desencantos de una campaña
Joaquín García
Con su profundo conocimiento de la región y su acostumbrada capacidad de análisis, el autor nos explica las elecciones y los hechos inmediatamente posteriores en la compleja región amazónica.
Era previsible. Acceder a las elecciones, decidir por falta de consensos valientes y liderazgos personales, arriesgarse en tan desigual batalla, era un suicidio. Los nueve contendores de oposición en la campaña electoral del 2000 habían reconocido implícitamente la legitimidad de una tercera postulación de Fujimori. Ya no tendrían argumentos para volver a esta raíz jurídica, cuando, después de un proceso a todas luces fraudulento, hubieran sido derrotados. La suerte estaba echada. Y, como colofón, la aciaga noche del 9 de abril todo estuvo a punto de poner al Perú al borde de un estallido de imprevisibles consecuencias.
¿Cómo se vivió en Loreto el proceso desde un par de meses antes? ¿Cuáles fueron las fuerzas políticas que, separadas ya del Frente Patriótico, ejercieron un claro protagonismo? ¿Cómo se ha visto desde esta llanura verde el transcurrir de las últimas horas políticas del país? ¿Cómo se han considerado desde acá las perspectivas limeñas?
A estas preguntas pretendo dar una aproximación de respuesta en esta breve crónica de uno de los momentos que considero más transcendentales en la historia política del Perú de las últimas décadas.
Desde el punto de vista de la propuesta del modelo de Estado y de cómo se ha de gobernar en el futuro, nada nuevo ha surgido. Igual moros y cristianos. En definitiva, más de lo mismo. Por varias razones. Una de ellas es que, dado el escenario mundial de libre mercado y competitividad, son escasas las posibilidades de juego múltiple en un arrogante sistema único regido por la férula de los países desarrollados donde se considera todo dicho: es "el fin de la historia" de Fukuyama. Otra es que el deterioro y degradación del orden constitucional es tal, que han desaparecido partidos, propuestas y liderazgos que tengan arrojo para emprender la lucha por un nuevo orden internacional con reflejos equivalentes locales y nacionales.
Desde el balcón del oriente
"Loreto no se vende, Loreto se defiende", era el lema de los ya casi lejanos escozores de los acuerdos con Ecuador. En esta consigna cerrada se acumulaban una compleja serie de factores económicos, históricos, políticos y culturales. Pero, en el fondo, un antifujimorismo visceral alentaba aquellas luchas que habían venido fermentando en el alma de los loretanos desde los años 90. Este rechazo primario se hizo más duro a partir del autogolpe del 5 de abril, que había desactivado drásticamente el incipiente proceso de regionalización de un Perú por lo demás incomprensible si no es desde la fascinación de su diversidad.
Esta sensación creciente de malestar había alcanzado niveles de autocombustión. Una extraña sensación de ansiedad y furia contenida, entre sordos bramidos y periódicos desmanes, había quedado prendida en el aire. Era ya imposible razonar. La opinión pública no veía con buenos ojos la decisión de la oposición de salir a la justa en condiciones de desigualdad. Era como si cristianos se arrojasen a las fieras ante una multitud enloquecida. Estaba clara la ilegitimidad de una segunda reelección.
¿Cuál de los candidatos nacionales ocuparía ese vacío en el corazón de la ciudadanía? Difícil de prever. Los cálculos de que el alma de Loreto habría de ser conquistada por Castañeda Lossio, o por Andrade, resultaron aceleradamente desfasados, en un ritmo de acontecimientos y emergencias inesperadas que se iban sucediendo. Al final, Toledo, un insignificante candidato sin importancia alguna en las encuestas de opinión de tres meses atrás, habría de ganarse las mayorías de una región no solamente olvidada sino que ha interiorizado y convertido en endémico el síndrome del olvido.
Resultaba claro que uno de los factores determinantes de la convergencia exultante en el Frente Patriótico era la oportunidad de una extraordinaria vitrina donde pudieran ser reconocidos por las masas como combativos líderes regionalistas con el secreto propósito de propiciar la ruta hacia una curul. El desbande de la búsqueda de un lugar en cualquiera de las diez listas (nueve para ser más preciso) no produjo el resquebrajamiento del Frente, como se podía haber esperado. Había algo que unía a la gente, a los diversos partidos políticos y fuerzas vivas de la región: era la oposición obstinada a un presidente considerado como enemigo de Loreto y traidor al país.
Políticos sin política
Un análisis superficial arrojará el resultado más triste en medio de un panorama carente de originalidad en las ideas y de vigor para ponerlas en práctica: ya no existen partidos con perfiles definidos, ni propuestas alternativas innovadoras, ni ilusiones juveniles por el cambio. No quedan más que agrupaciones independientes inventadas en su mayoría por caciques que van incorporándose al tren nacional allí donde encuentran un rincón. Lo que pueda suceder en el Congreso importa menos: lo importante es arribar, escalar la cima, a cualquier costo.
En este viejo departamento fronterizo y luchador, la inclusión en las listas era asunto de negociar: se negociaba y suplicaba con los partidos; había quienes saltaban a la garrocha desde posiciones políticas radicales a la más rancia derecha tradicional, desde quienes proponían la reversión de los acuerdos de paz con Ecuador y pactaban con líderes que proponían exactamente lo contrario, desde quienes se cerraban en un centralismo chauvinista y pasaban a las concepciones más rabiosamente unitarias y centralistas de Estado. En fin, un verdadero sancochado. Los más o menos 26 pretendientes regionales (salvo raras excepciones de partidos históricos) se habían refugiado donde habían tenido a bien cederles un abrigo, aunque haya sido en lugares donde no había menor posibilidad de ser elegido.
De hecho, en el prolongado debate del 29 de marzo, donde cada partido fue representado por dos candidatos, solamente se habló de generalidades marcadas por un acendrado regionalismo. Se percibió además un vacío insalvable entre quienes pretendían escalar políticamente las alturas y los representantes de la reflexión regional, como universidades, centros científicos y organismos no gubernamentales. Salvo raras excepciones y de modo marginal, no se ofreció aquel día una visión política coherente del Perú en sus regiones, ni el lugar que la selva y Loreto habrían de ocupar en un modelo ideal de Estado, ni las posibilidades de un desarrollo endógeno, y, mucho menos, perspectivas culturales profundas, o una propuesta de asumir las comunidades indígenas. Se respiraba un clima sectario. Todo era Loreto, para Loreto, desde Loreto, por Loreto, como si fuéramos un islote perdido en alta mar.
Fuerza Loretana y Perú Posible, una negociación
Se equivocan quienes piensan que Toledo tiene simpatías en esta parte del Perú. Acumula más bien antipatías profesadas a su contendor Fujimori. En una hábil maniobra, el alcalde de Maynas llegó a conseguir, después de aceleradas negociaciones, la inclusión de dos de su partido (Fuerza Loretana, FL) en la lista de Perú Posible. Este matrimonio morganático con un líder cuyo perfil nada tenía que ver con las banderas históricas regionales hizo que el gran triunfador en los comicios del 9 de abril en Loreto fuera el "Cholo" frente al "Chino". Analistas políticos han calificado este acuerdo como una aventura política para el liderazgo de Iván Vásquez y su partido, toda vez que su imagen estaba en el momento en un crecimiento acelerado en la conciencia de los ciudadanos. Más razonable hubiera sido mantenerse al margen de un proceso que se preveía cargado de turbulencias y conflictos, y emerger después, como el ave Fénix, de los escombros, limpio y sin cicatrices. En cualquier caso, la suerte estaba echada. Los dos candidatos de ese partido al Congreso han sacado la mayor cantidad de votos preferenciales en Maynas, y están entre los primeros de Perú Posible en la votación nacional. Como dicen en México, es como si les hubiera tocado un tigre en una rifa.
A estas alturas, y después de los deslices de la noche del 9, es incierto adelantar si la gente verá en Toledo un peligro mayor que Fujimori, o si lo absolverá de sus carencias de hombre de Estado. Muchos que por principio nunca votarán por el candidato-presidente, cuya re-reelección consideran ilegítima, se verán entre la espada y la pared en esta segunda vuelta, aunque de todos modos se prevé que Toledo tendrá un amplio margen de ganancia en las seis provincias del departamento más grande del Perú.
Futuro cierto, pero inseguro
¿Qué podría suceder en caso de un triunfo (posible y verosímil) de Alberto Fujimori en esta ciudad amurallada, distante, donde las cosas se ven y se sienten de modo por demás mágico? ¿Cuáles podrían ser las reacciones populares contra lo que se consideraría un fraude patente? Impredecible. Tal vez se pueden cubrir de heroísmo y se alcen como los salvadores del Perú de la tiranía. O tal vez lo imprevisible. De todos modos, se sabe que la ONPE y el JNE han mantenido en lo fundamental la transparencia oportuna. El miedo guarda la viña. No hubieran tenido el coraje de distorsionar los resultados. Queda por intuir cuál será la reacción de un pueblo si, al final, triunfara el candidato-presidente.
La gran duda que pesa sobre la conciencia profunda de esta parte del país es qué candidato asumiría seriamente el proceso de descentralización real y verdadera, en qué condiciones lo realizaría y cómo, en fin, podría ponerse en marcha un proceso que no traspasara las regiones a manos de caciques mucho más centralistas de lo que puede ser en la práctica la perversidad estructural del pensamiento centralista. No sería difícil, en esto como en otras muchas cosas, dar un paso en falso. Tantas demandas se han convertido al final en pesadillas...
Ante este desvanecimiento de contornos y doctrinas, grupos emergentes de la inteligencia amazónica plantean que lo importante es la articulación de un frente regional que, por encima de sus partidos de origen, converja en una suerte de célula parlamentaria amazónica que pueda convertirse en núcleo de una permanente reflexión sobre propuestas regionales, que mantenga vínculos institucionalizados con las fuerzas vivas de la región y sea capaz de elaborar estrategias y lobbies para calar lentamente en lo que sería la clave para nuevos modos de entender el desarrollo nacional. Mientras esto no se haya logrado, en vano pretenderemos plantear reivindicaciones. Es evidente que los discursos políticos actuales no corresponden, ni de lejos, a una profunda innovación de los modos de desarrollo.
Hasta el momento, según las "cifras oficiales" (¿?), sabemos que son seis los congresistas elegidos. Bueno sería que juntos pudiesen concertar un nuevo modo de ver el país desde sus regiones, donde la nuestra tiene relieve e importancia por su extensión y diversidad. Comenzaremos a ir descubriendo que la unidad del Perú es la confluencia armónica de todas las diversidades.