No a la trafa, no al truco:

Investigue usted, doctora Trabucco

 

La falsificación masiva de firmas –se habla de hasta un millón– hecha con el objeto de inscribir a uno de los grupos integrantes de la Alianza Perú 2000 con miras a su participación en los comicios generales de este año, es uno de los hechos que han afectado irremediablemente el proceso electoral y el derecho constitucional de los peruanos a elegir y ser elegidos. En las líneas que siguen se analiza el estado actual de la investigación fiscal sobre este grave asunto.

 

Dos meses después de conocida la grave denuncia, ésta no es objeto de una investigación seria, diligente y pública. En efecto, pese a los pronunciamientos de personalidades e instituciones nacionales y extranjeras, la averiguación administrativa y fiscal de los hechos ha sido cubierta con tal manto de secreto, falta de voluntad de esclarecimiento, parcialidad y ausencia de independencia, que resulta evidente la intención de favorecer la impunidad de los autores del delito.

La ONPE y el Jurado Nacional de Elecciones (JNE), desconociendo su deber constitucional y legal, han renunciado a toda averiguación administrativa. En el caso de la investigación del Ministerio Público, la fiscal ad hoc en delitos electorales, cumpliendo a cabalidad la orden de encubrimiento recibida, ha secuestrado –y no es un decir– los planillones con las firmas falsificadas, para, posteriormente, 1) negarse a nuestra reiterada solicitud de que éstos sean exhibidos públicamente, para que los ciudadanos no puedan confirmar el uso fraudulento de sus datos personales y firmas por personas vinculadas orgánicamente a la alianza fujimorista; y,
2) rehuir a nuestra permanente petición de mostrar a los testigos el material secuestrado, con la intención de impedirles reconocer e identificar los datos y firmas introducidos irregularmente.

Claro que, como la Fiscalía Ad Hoc trata de guardar alguna apariencia de legalidad, ha actuado determinadas diligencias, básicamente declaraciones indagatorias que de antemano sabe que sólo nos conducen a una suerte de círculo vicioso y nos alejan formalmente del esclarecimiento de los hechos. Así, bajo la idea de que "es necesario que algo se investigue para que no se llegue a la verdad", la doctora Trabucco "juega" con el país y avala la ilegitimidad del proceso electoral.

La denuncia

A partir de los últimos días de febrero, el diario El Comercio empezó a publicar un conjunto de minuciosos reportajes que demostraron la falsificación masiva de firmas para inscribir al Frente Independiente Perú al 2000 ante la Oficina Nacional de Procesos Electorales, así como la participación en estos hechos de connotados dirigentes fujimoristas; entre otros, Absalón Vásquez (asesor del presidente), Óscar Medelius (congresista), María Jesús Espinoza (congresista) y Daniel Chuán, Rubén Calderón (jefe de la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales-Arequipa), Luis Navarrete Santillán (regidor de la Municipalidad del Rimac) y Migdonio Bellota Viera (regidor de la Municipalidad de Los Olivos).

Por lo demás, el diario citó con nombres y apellidos a cuatro testigos de la falsificación, quienes proporcionaron información veraz, oportuna y significativa en relación con los hechos denunciados.

La doctora Trabucco entra en escena

La denuncia de falsificación masiva de firmas debió ser investigada por la ONPE y el JNE en su aspecto administrativo, y por la Fiscalía de la Nación en su ámbito penal. Sin embargo, los organismos electorales se negaron a cumplir su deber de fiscalizar la legalidad de la realización del proceso electoral, abdicando de una de sus atribuciones fundamentales. Ello con el propósito de no aplicar las sanciones que correspondían ni declarar las nulidades a que había lugar. En otras palabras: a descalificar a la oficialista Alianza Perú 2000 de la justa electoral.

Una vez despejado el camino, la denuncia llegó al despacho de la doctora Mirtha Trabucco. A ella, y no a otra fiscal. Y es que, en atención a su "meritoria" actuación en anteriores investigaciones –entre otras, el archivo de la denuncia formulada en contra del asesor presidencial Vladimiro Montesinos–, la Comisión Ejecutiva del Ministerio Público la había designado como fiscal ad hoc en delitos electorales.

Inmediatamente, la doctora Trabucco secuestró la lista de adherentes. Así empezaron el artificio y el truco.

La criminalidad organizada que la doctora Trabucco finge no ver

La denuncia publicada en el diario El Comercio ha evidenciado la existencia de una organización criminal que, desde 1997, se dedica a falsificar firmas con la finalidad de lograr la inscripción ante la ONPE de movimientos políticos pro gobiernistas, como son "Vamos Vecino", "Frente Independiente Perú al 2000" y "Perú País con Futuro".

Los mentores de la falsificación son los conocidos dirigentes fujimoristas Absalón Vásquez, María Jesús Espinoza, Óscar Medelius y Daniel Chúan. Fueron ellos los que concibieron la idea, diseñaron el plan de ejecución y proporcionaron los recursos económicos necesarios para que otro grupo de personas, entre las que destacan Rubén Calderón, Migdonio Bellota y Luis Navarrete, realizara de forma directa la falsificación de firmas a través del contrato de cerca de 500 personas.

La distribución funcional del trabajo de los autores estuvo planeada al milímetro. Así, por ejemplo, Rubén Calderón era el encargado de impartir instrucciones sobre la forma de realizar la falsificación de firmas; en tanto que Migdonio Bellota y Luis Navarrete, además de reclutar personas para trabajar, eran los encargados de suministrar en original y en copias el padrón electoral de la ONPE que fue utilizado para recabar la identidad y los datos personales de los ciudadanos que aparecerían como supuestos simpatizantes de las agrupaciones políticas.

Asimismo, se habilitaron ambientes y útiles de escritorio para la ejecución material de la falsificación.

Mientras Absalón Vásquez y compañía perseguían una finalidad política y electoral, las personas que fueron contratadas para la ejecución de la falsificación procedieron en razón del provecho económico y no por interés político o electoral alguno.

La investigación que la doctora Trabucco no realiza

La investigación de los delitos es una de las funciones más importantes asignadas constitucional y legalmente al Ministerio Público. Por lo mismo, ante la noticia de un crimen que puede ser comunicado por cualquier medio, el Ministerio Público debe desplegar un conjunto de acciones encaminadas a sostener una hipótesis sobre la realidad material de los hechos y sobre la participación de sus autores.

Así, en el caso que comentamos, para ser realmente tal, una investigación fiscal tiene que partir por establecer la falsedad de las firmas a través de la exhibición y reconocimiento de la lista de adherentes, así como de la actuación de las correspondientes pericias de grafotecnia; para, después
–y sólo después–, examinar a los testigos y presuntos responsables y determinar su grado de participación, así como su eventual culpabilidad. Ése es el orden, la lógica secuencia de una correcta investigación. No otra. Lo demás, repetimos, es artificio y truco.

La doctora Trabucco, siguiendo una pauta política encaminada al encubrimiento y la impunidad de los dirigentes fujimoristas, se mueve dentro de un círculo vicioso e intenta hacernos caer en él. Obvia la exhibición, el reconocimiento y las pericias (solicitadas "n" veces por IDL) que corroborarían el crimen denunciado, y nos invita a un desfile de declaraciones que finalmente se confrontarían entre ellas y diluirían las responsabilidades en la nada.

De otro lado, una verdadera investigación de los hechos implicaría también la necesaria y prudente publicidad de los datos y firmas falsificadas y, en general, de las diligencias programadas y actuadas en el curso de la averiguación fiscal. Es más: estamos convencidos de que el propio carácter masivo de la falsificación realizada exige "airear" la información disponible y ventilar ante la sociedad la labor concreta del Ministerio Público.

En IDL cuestionamos la supuesta reserva de toda investigación fiscal. No creemos en ella. Tampoco encontramos base legal para que sea invocada. Ahora bien: de ser una característica de la averiguación fiscal, sostendríamos que tal reserva estaría en función de los fines perseguidos por el Ministerio Público y que, en este caso concreto, ellos sólo podrían alcanzarse con la publicidad de los datos y firmas falsificadas.

Para cumplir a pie juntillas el libreto que le han escrito, la doctora Trabucco invoca esa supuesta reserva de la investigación y aplica en la práctica el secreto total, aun para nosotros, los abogados, de los testigos. Claro que no nos podemos quejar de trato discriminatorio. Es el mismo artificio, el viejo truco, que utiliza en cuanta averiguación ad hoc le es encomendada.

Investigación real, garantía de legitimidad electoral

Requerimos de una investigación seria, diligente y pública de la Fiscalía en el tema de la falsificación masiva de firmas. Ella es necesaria para reunir los elementos probatorios del delito, esclarecer la verdad, determinar la probable responsabilidad de los autores y someterlos a proceso penal; de esta forma, además, no sólo se combatiría la impunidad, sino que se pondría freno a una eventual denuncia en contra de los testigos de la falsificación.

Pero también requerimos de esa investigación para recuperar en algo la falta de legitimidad que tanto ha dañado el proceso electoral en curso. Es más: todos debemos entender que el esclarecimiento de estos hechos es una de las condiciones indispensables por resolver antes de la segunda vuelta. (Robert Meza Rivera y Ronald Gamarra Herrera, abogados IDL)

 

La doctora Colán ya archivó el caso

La Resolución N° 243-2000 de la Comisión Ejecutiva del Ministerio Público, de hace algunos días, ha señalado "la complejidad de la investigación" llevada a cabo por la doctora Trabucco, ha advertido que la denuncia se funda tan sólo en declaraciones testimoniales y ha indicado que la falsificación de un millón de firmas no es verosímil ni le puede constar a tales testigos.

En IDL creemos que la declaración de la Comisión Ejecutiva del Ministerio Público está fuera de lugar, pues cuestiona a priori la veracidad de los hechos y las versiones de los testigos. En todo caso, descubre el verdadero papel de la doctora Colán y sus acompañantes: ellos ya han "investigado" el hecho y llegado a una conclusión de exculpación masiva de los dirigentes fujimoristas, que en su momento aparecerá como decisión de la doctora Trabucco.