Narda Henríquez y Ana María Yáñez:

Las mujeres y las elecciones
del 9 de abril

El tema de la mujer ha sido, en las elecciones del 9 de abril, importante en un doble sentido. Por un lado, por el efecto de la manipulación gubernamental de aquellas mujeres dependientes de la ayuda social del Estado; por otro, por los esfuerzos de varias organizaciones para aumentar el número de mujeres en el Congreso y mejorar la calidad de su participación en la vida pública. Sobre las elecciones en general y sobre estos dos temas en particular, ideele dialogó con dos voces muy calificadas: Narda Henríquez, profesora de la Universidad Católica, y Ana María Yáñez, coordinadora del Programa de Participación Política y Liderazgo de Manuela Ramos.

 

–¿Cuál es su evaluación general de la primera vuelta y sus resultados?

–Yáñez: Aunque parezca paradójico, a mí me ha sorprendido muy gratamente el proceso electoral por la reacción popular que marcó el final de la primera vuelta. Es un paso positivo para un pueblo que todavía no ha terminado de procesar el duelo de lo que ha sido Sendero Luminoso. Creo que todavía no hemos valorado suficientemente cuánto daño le ha hecho Sendero a la psicología social. Tanto es así que me da la impresión de que sólo a partir de este proceso y de estas manifestaciones de la población se está empezando a enterrar el problema de la violencia terrorista en el Perú.

La verdad, este proceso me ha sorprendido y me ha encantado, por la capacidad de reacción de la sociedad civil; me ha encantado la actitud de los jóvenes: nosotros suponíamos que ésta era la generación X, muy centrados en sus intereses privados individuales y no en asuntos de orden colectivo, y resulta que son sobre todo los jóvenes los que reaccionan. Esto nos llena de esperanza y nos hace pensar que algún día podremos tener una sociedad democrática de verdad.

–Henríquez: A mí también me sorprende el desenlace, porque efectivamente hemos tenido tal precariedad en las instituciones y tan poca articulación de la dinámica política que yo también pensaba que las cosas iban a ser muy distintas. Creo que había cuestiones latentes que necesitaban factores catalizadores para expresarse. Por cierto, yo sí he encontrado en los últimos años corrientes de opinión entre estudiantes con una cierta búsqueda entre ética y política y, además, una cierta vocación por reflexionar sobre el país; la he hallado, por ejemplo, en la vocación de muchos jóvenes por la filosofía o por la literatura.

Sobre el tema de Sendero, quisiera agregar que el esquema funciona también para el futuro, pero ahora como parte del proyecto al que apunta Fujimori, que se va construyendo con las rondas campesinas en el medio rural y con las mujeres en el medio urbano. Es un esquema que me preocupa, porque se basa de nuevo en la manipulación de sectores marginales de la sociedad que se van incorporando a la vida política y juegan un papel central, pero que siguen siendo tratados como sectores marginales.

–¿Qué grado de cuestiona­miento tienen frente al proceso electoral?

–Yáñez: Todo este proceso se viene montando a partir de la manipulación del aparato legal que no es muy visible para mucha gente, porque finalmente el Congreso ha ido aprobando las leyes, lo que le ha dado toda una pátina de legalidad a las cuestiones que se vienen haciendo. Para mí el proceso es ilegítimo, y se inicia con la ley de interpretación auténtica. Creo que nadie que estaba informado de todo lo que se venía haciendo desde 1996 iba a esperar un acto electoral limpio. Por eso me parece equivocado centrar todo en el día de la votación, porque justamente han creado las condiciones para poder llegar a las elecciones con la menor cantidad de irregularidades posibles, y así y todo se han asegurado, con actas, con votos mutilados, etcétera.

–Henríquez: Diría que el proceso es un proceso viciado y que efectivamente hay indicios de fraude. Sin embargo, la gente ha participado, lo que quiere decir que hay una expectativa de decidir. A mí sí me preocupa mucho que hasta ahora, después de haber declarado que había segunda vuelta, todavía se siga discutiendo si aquí hay problemas; unos dicen sí y otros dicen no. Esto no puede ser. Yo creo que ése es un punto que tiene que saldarse con culpables y responsables.

–Yáñez: Es que parte del montaje consiste en que los organismos encargados de vigilar el proceso electoral están maniatados. Es imposible pedirle al Jurado Nacional de Elecciones o a la ONPE que hagan un proceso limpio. Durante años se han preparado las condiciones legales para que estos órganos no puedan declarar un proceso inválido.

–Henríquez: Entonces nos quedaríamos sin posibilidad de cerrar una etapa, y necesitamos cerrar esa etapa de alguna manera. Lo que a mí me preocupa es que hoy día no están solamente en juego los dos candidatos, sino que estamos todos en juego y que a todos nosotros nos deben una explicación. Tenemos el derecho de saber lo que ha pasado.

–Cambiando de tema abruptamente, ¿por quién votaron las mujeres?

–Yáñez: Sospecho que las mujeres han respondido como estaba previsto. Pero, para empezar, no podemos hablar de las mujeres en general. Estaba pensando en esos debates antiguos acerca de qué es lo que define a la persona, si la clase o el sexo, y cada vez estoy más convencida de que lo que define a la persona es su pertenencia a una determinada clase social. Por eso, estratifiquemos y hablemos de las mujeres de sectores populares, que son las mujeres que han sido manipuladas en el proceso electoral porque viven básicamente de alimentos que dona el Estado; y, por otro lado, son las mujeres que han sufrido más el tema del terrorismo. Yo me acuerdo muchísimo de las batidas en los pueblos jóvenes para captar chicos que vayan a pelear por Sendero Luminoso, o de los rastrillajes del Ejército buscando senderistas. Por ambas razones, creo que era predecible que el de esas mujeres fuera un voto conservador, en el sentido de aferrarse a lo poco que tienen; por eso creo que esas mujeres han votado mayoritariamente por Fujimori.

–Henríquez: No me atrevo a decir que mayoritariamente, pero sí que en el voto por Fujimori puede haber un porcentaje superior de mujeres que de hombres. Eso no quiere decir que el 80% de las mujeres votaron por un candidato, sino simplemente que votaron más por uno que por otro.

En cuanto al porqué, si bien yo suscribo el principio general de que lo que no es bueno para la democracia no es bueno para las mujeres, hay que reconocer también que quien no tiene los mínimos básicos no puede ejercer su libertad; de ahí que las mujeres pobres estén atrapadas en este dilema: por un lado, una manipulación sobre la libre opinión y, por otro, una restricción de su libertad de actuar. Ésa es una situación muy difícil.

–Yáñez: El asunto de que lo que no es bueno para la democracia no es bueno para las mujeres es un punto clave, pero es muy difícil hacerle ver a la mujer cómo es que la democracia impacta en su vida. A la vez, es cierto que hay derechos que importan más allá del contexto político en el que se dan; para empezar, el derecho al voto para las mujeres lo dio Odría, un dictador. Yo no desdeño los derechos conquistados, aun en un contexto poco democrático o no democrático como el que vivimos. Te aseguro que sin ley de cuotas no hubiéramos llegado al 30% de candidatas en las elecciones. Y eso ha movilizado a un montón de mujeres, las ha enfrentado en el proceso electoral; saben ahora lo que es negociar dentro de un partido político y, por lo menos, hay una experiencia de vida distinta que las va a hacer madurar más rápido que si no hubiera habido este mecanismo.

–¿Pero no piensan que de cierta manera ha habido una confusión a ratos al poner el tema de la mujer por encima de todos los demás?

–Yáñez: Para mí hay un valor en sí mismo en que las mujeres participen más en política. Si tú tienes un Estado tradicionalmente cerrado a la mitad de la población, pues que entren la mayor cantidad posible de mujeres; cuando tengamos 50% de hombres y 50% de mujeres vamos a llegar a un estado de equilibrio y no habrá necesidad de cuotas para mantener una representación proporcional y equitativa.

–Pero el hecho de que entren más mujeres no garantiza que mejore la textura de la democracia.

–Yáñez: De ninguna manera, por favor. El elector decidirá; que la ciudadanía escoja, y eso dependerá de la madurez democrática del pueblo para saber qué tipo de representantes quiere tener en el Congreso. Pero sí es importante que haya más mujeres. Para no ir muy lejos, yo he estado en una reunión en el Congreso de la República donde Rafael Rey dijo que había que eliminar el concepto y la categoría género como análisis, porque detrás de esto se encontraba el género masculino, el femenino, el homosexual, el "lesbiano" y el no sé qué; y habló de los cinco géneros.

Ése es un discurso que tienen muchos y que trata de que se hable de sexos y que se elimine la categoría género. La experiencia de estos 10 años ha demostrado que las mujeres se preocupan más por los problemas de las mujeres. La modificación de la ley sobre violación, que estaba en el Código Penal desde hace 70 años, fue posible porque una mujer dijo "esto hay que cambiarlo", y todas las demás mujeres se juntaron y dijeron "esto hay que cambiarlo"; y salió con pleitos espantosos contra los hombres. Fue igual en el caso de la ley del ADN. ¿Ustedes creen que un hombre va a plantear el ADN para el reconocimiento de la paternidad?

–Por supuesto que sí, y muchos. Y también algunos entre los que están en el Congreso.

–Yáñez: A favor, sí; y de hecho votaron a favor. Lo que les estoy diciendo es que si creen que hubieran tenido la iniciativa de sacar una ley de ADN.

–Henríquez: Creo que hay un asunto histórico de equidad. Pero creo también que la política es política para hombres y mujeres, y en política hay mujeres autoritarias, hombres autoritarios, mujeres democráticas, hombres democráticos. No es que piense que las prioridades se articulen jerárquicamente, pero sí me parece que los individuos no podemos estar indefinidos frente a situaciones políticas que requieren un pronunciamiento.

Entonces, puede ser que haya un momento determinado, como creo que puede haber sido éste, en que tú no puedes promover una alianza de género. De repente en ese momento tienes que decir que aquí hay discrepancias entre nosotras, y eso no me parece que debiera ser un problema. Aun si uno identifica terrenos de cooperación de las mujeres para determinados objetivos, en un momento así hay que decir antes que todo: "nosotras discrepamos de ustedes en temas fundamentales". Deberíamos ejercitar la democracia y saber que las mujeres somos también opositoras políticas.

–Yáñez: Algunas mujeres nos oponemos políticamente; hay otras que están felices, aplaudiendo.

–Henríquez: Por eso me parece que sí puede haber habido un vacío en la práctica del feminismo o de quienes estamos interesadas en una agenda de género; un vacío que hay que llenar dando un debate del que no podemos eximirnos, porque somos mujeres que estamos trabajando por determinados derechos de las mujeres.

–Yáñez: Yo no sé de dónde sale esto que se ha regado de que nosotras decimos que da lo mismo cualquier mujer.

–Henríquez: Es que ha habido un vacío, y creo que la gente reclama.

–Cuando mujeres tan opuestas como María Jesús Espinosa o Martha Chávez, de un lado, o Anel Townsend, del otro, se reúnen a tomar desayuno para discutir asuntos comunes de mujer en una coyuntura donde nos estaban sacando el ancho a los sectores democráticos de este país, ¿se emiten o no señales confusas? ¿Qué está primero?

–Yáñez: Para mí es todo al mismo tiempo; si no, las mujeres vamos a estar siempre postergadas, porque este país será siempre complicadísimo y hay problemas de nunca acabar. El punto es otro: si esos desayunos van a condicionar tu libertad de opinión y tu libertad de acción, no los hagas. En mi caso, por lo menos, no es así.

–Henríquez: Hay que diferenciar lo que puede ser tu propio desempeño individual de la percepción más amplia. A mí, que no estoy en el corazón de los movimientos feministas, hay gente que me ha reclamado que haya silencios frente a la coyuntura política. No estoy hablando de ti en particular, sino de lo que ha sido un clima poco claro respecto a la definición de determinadas cuestiones políticas. Pero quería agregar que no se pueden olvidar las brechas sociales que hay entre mujeres; hay brechas políticas, sí, pero también hay brechas sociales, que suelen ser más silenciosas y más profundas.

–¿Ustedes piensan que la mujer puede introducir rasgos diferentes a la política, o eso es un mito y estamos simplemente ante un tema de equidad?

–Yáñez: Creo que sí, por ahora, porque estamos en desventaja, porque hay que hacer méritos, mandar un mensaje diferente a la ciudadanía. El día que la mujer comparta de igual a igual no va a haber diferencias.

–Henríquez: Compartiría la opinión de Ana María completamente si no fuera porque la realidad nos dice que si bien algunas mujeres están haciendo cosas nuevas, muchas otras están haciendo las mismas cosas que se hicieron antes.

Pero, a la vez, me parece que se puede situar también este punto en el nivel de los imaginarios, y en ese nivel a la socialización de las mujeres tradicionalmente se le ha asignado el cuidado del otro.

–Ése podría ser un aporte positivo trasladado a la vida pública...

–Henríquez: Como imaginarios en la vida pública para una valoración diferente de la práctica política.

–Yáñez: Todas las encuestas te dicen eso: por qué una mujer debe estar en el Congreso; porque se preocupa más por los pobres, porque se preocupa más de los débiles.

–Henríquez: Esta diferencia puede estar, por tanto, más que en cada mujer en concreto, en el sentido de la política que la presencia de la mujer en general puede desarrollar.