Control de daños o daños sin control

Concluida la "segunda vuelta", Fujimori y su entorno están realizando "un control de daños". Cabe, sin embargo, la posibilidad de que los daños ya no tengan control.

 

¿Postularía Fujimori por tercera vez para su segunda reelección? Postuló. ¿Se atrevería un previamente intervenido JNE a decir que no es inconstitucional? No sólo se atrevió, sino que, por unanimidad, dijo que era "intachable". ¿Participaría la oposición en unas elecciones con Fujimori? Participó. ¿Lograría esta oposición la unidad tras un solo candidato? No lo logró. ¿El régimen de Fujimori aceptaría competir en igualdad de condiciones, pudiendo ganar o perder? No aceptó y jugó al "100% seguro", y para ello sometió al país a uno de los procesos electorales más sucios de la historia del Perú y de la región. ¿Se retiraría la oposición por ello? No se retiró, por lo menos durante toda la primera vuelta.

¿Llegaría a haber elecciones el 9 de abril? Las hubo. ¿Habría segunda vuelta, o Fujimori se impondría en la primera? Hubo segunda vuelta, impuesta por la movilización ciudadana y la presión internacional ¿Los gobiernistas saldrían a las calles a defender el "triunfo" de Fujimori? No salieron. ¿La oposición sería respaldada por gente en las calles? Fue respaldada.

¿El régimen aceptaría cambiar las condiciones de la primera vuelta, como se exigía? No hubo cambio de condiciones. ¿Aceptaría participar Toledo sin cambio de condiciones? No aceptó y se retiró. ¿Fujimori aceptaría la postergación, como se pasó a exigir? No la aceptó. ¿Harían elecciones con candidato único? Las hicieron.

¿Cuál sería la posición del NDI y del Centro Carter? Crítica, desde el comienzo y hasta el final. ¿Transparencia? Dio las primeras campanadas de alerta y fue criticada. ¿La Defensoría del Pueblo? Crítica, y fue quien primero pidió la prórroga ¿Observaría Transparencia el 28 de mayo? No observó. ¿Supervisaría la Defensoría el 28? No supervisó. ¿La OEA vendría al Perú? Vino. ¿Avalaría y salvaría al Gobierno? No: resultó sumamente crítica, y también terminó siendo cuestionada por el Gobierno. ¿Observaría el 28 de mayo? Eduardo Stein abandonó el país.

¿Un triunfo impuesto en estas condiciones sería reconocido por el país y por la comunidad internacional? En esas estábamos y el régimen había decidido hacer control de daños.

En el interior

El régimen juega a pasar la sensación de que puede haber habido problemas, pero que ya todo está consumado y bajo control, y ahora a pensar a futuro, nada de quedarnos en el pasado que no conduce a nada, sino op-ti-mis-mo y capacidad de tirar pa’ lante.

Dóciles y nada solapas periodistas de TV machacan estas ideas, y si algún entrevistado se sale del libreto y pone en primer lugar lo del fraude, inmediatamente es cortado con un ¡pero eso ya pasó, las elecciones y los resultados son un hecho y no vale llorar sobre la leche derramada!

Y el libreto continúa. Para que se vea que el Gobierno quiere educar con el ejemplo, está dispuesto a poner de su parte para la reconciliación nacional y, para que pase el huracán, a desprenderse de su bien más preciado y rendidor: su autoritarismo. Sí, como se veía venir, a cambio de que no se le siga moviendo el piso, ahora nos ofrece ¡democracia! y ¡derechos humanos! Ya lo estaban ensayando en la TV y cierta prensa: en Fujimori I, el terrorismo y la hiperinflación; en Fujimori II, los problemas con Ecuador y con Chile; y ahora, en Fujimori III, democracia.

Joy Way ha dicho incluso que para qué esperar hasta el 28 de julio. Ahora mismo se puede completar el Tribunal Constitucional; generosamente, hasta ha dado luz verde para que los magistrados destituidos se pongan de nuevo en la cola de los postulantes. Se nos vienen unas semanas de ofertas democráticas, con comisión de democratización incluida.

Es hasta ofensivo con el país. ¿Será que tanto hemos aguantado durante estos 10 años que ya creen que nos pueden engañar de una manera tan boba? No se les está pidiendo democratización ahora, porque eso correspondía cuando eran un gobierno legítimo, sino que dejen de serlo a partir del 28 de julio; ¿dejar de ser un régimen autoritario y volverse democráticos? Sería como cambiar de esencia o de alma. Si el régimen de Fujimori y Montesinos dejara de ser autoritario, ya no sería el régimen de Fujimori y Montesinos.

Entonces, entrar a discutir qué condiciones democráticas podrían conceder a cambio de reconocimiento y legitimidad es simplemente caer en su juego, y en realidad tan evidente es que, más que "caer en el juego", debería ser interpretado como ir con conciencia, es decir, "complicidad".

¿Y qué pasa en el lado de la oposición, en el lado que no reconoce las elecciones y los resultados?

Un primer dato importantísimo: la movilización ciudadana que abrió la segunda vuelta, que exigió la postergación por falta de condiciones y que expresó indignación el 28 de mayo, continúa por todo el país. Y las represalias no se han hecho esperar: toma de las calles y plazas por militares y policías, detenciones y amenazas. ¿Cómo? ¿No era Fujimori III = democracia? Parece que eso es para la capital y su exportación hacia el exterior, pero no para el interior.

Por haber pasado a la segunda vuelta, Alejandro Toledo ha quedado como líder natural de este movimiento por la democracia. Y a partir de ahí ha comenzado todo un debate sobre si está o no a la altura de las circunstancias, si tiene o no la capacidad para ser presidente, si es auténtico o no, si es verdad que es indeciso e inestable. Es cierto que corresponde hacerse esas preguntas frente a Toledo o a cualquier otro que pretenda ser presidente; más aún si el aspirante no ha tenido una trayectoria y responsabilidad políticas previas. Pero, a la vez, no hay que perder de vista que la desconfianza frente a Toledo es parte de la guerra de este régimen. Así como se está tratando de vender democracia a cambio de reconocimiento, se está tratando de pasar la idea de que Toledo es un salto al vacío, un remedio que puede ser peor que el mal; o sea el viejo: "más vale malo conocido que bueno por conocer".

En cualquier caso, lo cierto es que a Toledo le corresponde cuando menos el "beneficio de la duda", porque él ha sido escogido por la parte del país que no quiere la continuidad del régimen. Pero a partir de allí "ningún cheque en blanco" ni "cualquier cosa con tal de salir del Chino"; tendrá que demostrar sus condiciones, su capacidad para rodearse de la mejor gente, su disposición para crecer y sacar lo mejor de sí mismo ante un desafío histórico, la validez de sus propuestas y su consecuencia con los valores democráticos.

En el exterior

Fujimori se dio el lujo de declarar que el frente interno ya lo tenía controlado y que lo único que le faltaba era controlar el frente externo. Dejó aflorar su optimismo respecto a que su política de hechos consumados finalmente le iba a dar resultados frente al resto de países de la región.

De hecho, luego de la reunión del Consejo Permanente de la OEA, voceros del régimen salieron a decir que los cuestionamientos a las elecciones peruanas no habían prosperado y el que Estados Unidos hubiese retirado su pedido de aplicar la 1080 representaba un triunfo para ellos.

Pero el solo hecho de que las elecciones peruanas estuviesen bajo la lupa de  dicho foro representaba ya un duro cuestionamiento. ¿Qué elecciones que fueran consideradas legítimas llegaban a ser discutidas en el Consejo Permanente de la OEA?. Más aún, qué elecciones que fueran consideradas legítimas llegaban nada menos que a ser un tema central de la agenda de la máxima instancia de la OEA, como es la Asamblea General. Cómo sería de inusual lo ocurrido, que muchos expertos habían señalado que era virtualmente imposible que ello ocurriera. Y, sin embargo, ahí estaba. Mal, pues, se podía aducir que la legitimidad de la pretendida segunda reelección de Fujimori estaba fuera de cuestión.

Y menos aún si se analiza objetivamente la Resolución adoptada por la Asamblea General. El lenguaje diplomático del texto, fruto de la ardua negociación, no llega a esconder ni mediatizar la firmeza de su contenido. ¿Cuáles son sus puntos centrales?: En primer lugar, que la OEA aprobó enviar “de inmediato” una misión integrada nada menos que por el presidente de la Asamblea General y el Secretario General de la OEA.

En segundo lugar, que el mandato de la nueva misión es explorar con el gobierno y "otros sectores de la comunidad política", opciones y recomendaciones dirigidas a un mayor fortalecimiento de la democracia. Es decir, la Misión no sólo viene a hablar con el gobierno y viene a explorar "opciones y recomendaciones"; léase salidas a la situación, con lo que se dice que las cosas no están cerradas.   

En tercer lugar, que el enfoque democratizador de la Misión estará particularmente dirigido a “medidas para reformar el proceso electoral”.

Por último, que los resultados de la Misión serán informados a los cancilleres “en la forma que sea determinada por la propia misión”.

No hay forma de que esta resolución sea considerada como un triunfo para Fujimori, como se pretende, porque no hace referencia explícita a la validez de su reelección y de negar que ella sea una consecuencia directa del informe presentado por Stein. Al revés, la Resolución forma parte de una cadena de derrotas sucesivas para el Fujimorismo. Fueron a la reunión del Consejo Permanente esperando que el tema quedara ahí, el tema no quedó ahí; quisieron evitar que el tema pase a la Asamblea General, el tema pasó a la Asamblea General; quisieron evitar que la Asamblea General aprobara una resolución, se aprobó una resolución; quisieron evitar que la Asamblea General aprobara el envío de una misión de alto nivel, se conformó y aprobó el envío de dicha misión; quisieron evitar que llegara de inmediato, llegará de inmediato; quisieron ser ellos los únicos interlocutores, los interlocutores serán el gobierno y otros sectores de la comunidad política; no quisieron que se tratara el tema de las elecciones, la misión hablará de reformas del “proceso electoral”; quisieron evitar que la Misión informe a una reunión especial de Cancilleres, la Comisión informará en la forma que ella misma lo determine.

La OEA, pues, esta vez, y en forma absolutamente inusual a lo que nos tenía acostumbrados, asumió una postura firme. No cayó tentada por los cantos de sirena de los supuestos afanes democratizadores del régimen. Thomas Pickering, el subsecretario de Estado de los EEUU, resumió esa posición al sostener que saludaban la actitud del gobierno peruano de ofrecer la democratización, pero que había ofrecido eso mismo luego del autogolpe del 5 de abril.

Por si fuera poco, en caso de que los resultados de la gestiones de la OEA, incluida la nueva misión especial, no sean lo suficientemente firmes, Estados Unidos está contemplando la aplicación de medidas unilaterales en el marco de la Resolución 43. Por otro lado, la Comunidad Europea, menos amarrada por compromisos de tipo político o geopolítico, ha señalado que sigue con atención el tratamiento de la OEA respecto al caso peruano, y es probable que mantenga la misma postura crítica que ha tenido hasta ahora.

Colofón

Nadie en el Perú puede sentirse contento con lo que viene ocurriendo en el escenario internacional, pero hay recordar que ello es única y exclusiva responsabilidad del régimen de Fujimori, que en su afán de perpetuarse en el poder ha llevado al país al aislamiento internacional.

Nadie puede negar tampoco que con todo lo importante que es el escenario internacional, es tan o más importante lo que los propios peruanos podamos hacer en nuestro país. Hasta ahora, la amplia movilización ciudadana contra el autoritarismo ha demostrado ser capaz de producir resultados concretos: el más cercano, impedir el fraude en primera vuelta. La pregunta es cómo mantenerla y ampliarla y cómo, a la vez, evitar que se desboque hacia la violencia, como sueña Fujimori que ocurra para legitimarse con el llamado al orden.

Nadie puede negar tampoco lo peligroso que es ahora esa suerte de resignación que parece irse abriendo en sectores de opinión, por razones pragmáticas o porque no se quiere que la crisis se prolongue. Nada indica que Fujimori pueda garantizar estabilidad en su tercer mandato, aislado internacionalmente y con una fuerte oposición interna. No olvidemos que aún tiene una factura pendiente por los gastos de la campaña electoral que ciertamente no se van a pagar de sus bolsillos, ni de los de Absalón, Vladimiro, o Tudela.

De manera que una postura de responsabilidad con el país exige, definitivamente, una nueva elección con nuevas reglas de juego. Quizá la misión de la OEA permita abrir las puertas a esa posibilidad.