Enrique Bernales:
Vigilia por la democracia
Enrique Bernales, político, ex senador y relator de la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, nos ofrece en esta conversación una mirada lúcida del momento político peruano y de las salidas nacionales e internacionales a la crisis.
–¿Qué sientes y qué piensas sobre este momento de crisis que vive el país?
–Mi sensación es, creo, la de millones de peruanos que sentimos que nos han tomado el pelo. Todo esto no ha sido otra cosa que el último acto de una farsa que se montó en 1996; un libreto que ya estaba escrito y que, en una especie de crónica anunciada, nos ha llevado a lo de hoy, a ver a este organismo patético que es la ONPE, en medio de una profunda soledad, anunciando resultados en los que muy pocos creen.
Anuncian solemnemente los resultados, como si tuvieran alguna importancia estadística: que el señor Fujimori-Perú 2000 alcanzó el 50%, que hubo tanto por ciento por Toledo, tanto por ciento de votos viciados. No se tomen la molestia. Fujimori ganó con el 100% de los votos. ¿Y saben por qué? Porque el señor Toledo se retiró y, aunque utilizó la expresión "no participo", es un eufemismo decir que no se retiró; los votos marcados por Toledo son tan nulos como los otros. Es simplemente la consumación de una farsa en la cual nos han incluido contra nuestra voluntad.
–Pero en este libreto escrito hace ya tiempo ha habido acaso nuevos actos contra la voluntad del autor. ¿Qué es lo que ha cambiado en la política peruana en esta crisis que es mucho más que una crisis electoral? ¿Está de salida el régimen, o se podría consolidar?
–En las obras de Molière las farsas comienzan como tales, pero terminan como tragedias. Yo creo que esto comenzó como una farsa, pero ha terminado como una tragedia...
–¿Tragedia para quién?
–... para todo el pueblo peruano, pero también para los autores de la farsa, ya que tengo la impresión de que jamás imaginaron que el asunto se les iba a complicar tanto; que el libreto se les iba a escapar de las manos y que iban a terminar como han terminado, en peleas con los Estados Unidos, cuestionados por la Misión de Observadores de la OEA, teniendo que serrucharle las manos a un periodista y cosas por el estilo que indican desesperación. Al final no han ganado nada.
–Estamos ante un escenario de relativamente corto plazo y vamos a tener que prepararnos para una lucha de algunos meses o quizá años. ¿Es posible que la crisis se resuelva pronto?
–Ayer estaba en un almuerzo, de aquellos que corresponden al lado lírico de mi persona, con gente que no tiene nada que ver con la política. Una amiga me dijo: "cómo quisiera despertar de esta pesadilla y verme nuevamente haciendo cola para ir a depositar mi voto en unas nuevas elecciones". Creo que esta señora me reveló un sentir que está más allá de la confrontación directa; rápidamente tuve la sensación de que ése era el sentir de la gran mayoría del pueblo peruano. Ni siquiera los que han votado por Fujimori están contentos con lo que ha pasado. Creo que el pueblo peruano quisiera, por su propia autoestima, ser respetado, y eso sólo se resuelve con nuevas elecciones.
–¿Nuevas elecciones sin Fujimori, con nuevas instituciones?
–Sí, lo que significa que necesitamos una transición. Y voy a decir algo que puede parecer una contradicción: este parlamento que se va a instalar tiene muchos vicios, podría considerarse espurio, y sin embargo lo necesitamos políticamente para que sea la institución que nos haga transitar hacia nuevas elecciones.
–Éste es un tema altamente polémico y controvertido. Hay cuestiones éticas de por medio; algunos de los que juren le habrán robado a otros su curul. Pero, además de ello, ¿existe la mayoría en el Congreso para hacer lo que se quiere hacer? ¿No terminará siendo otra frustración más, como la del referéndum y tantísimas otras?
–Yo recibí tres invitaciones para formar parte de listas al Parlamento; no acepté ninguna. Sentí que traicionaba mi conciencia moral, que es lo que más respeto de mí mismo, si iba a un parlamento, con la alta probabilidad que tenía de ser elegido, sabiendo que no estaban dadas las condiciones para ser parlamentario.
Pero más allá de lo personal, poniéndome en un terreno no especulativo sino de objetividad política, tenemos que resolver esta situación. Y ello implica, nos guste o no la palabra, negociar. El fujimorismo va a tener que negociar, va a tener que hacer concesiones; no puede quedarse en la situación en la que hoy se encuentra, porque está muy mal colocado. Así como está, Fujimori no dura dos años. En las condiciones en que ha salido del proceso electoral, después que se le perdieron las últimas páginas del libreto, va a tener que negociar.
–¿Quién negocia?
–En ese contexto se puede negociar si se tiene una entidad que, de algún modo, pueda asumir los resultados a los que se lleguen en esa negociación. Puede ser que el señor Fujimori no jure el 28 de Julio, pero tampoco puede quedarse como el Presidente que terminó el 27 de julio: hacerlo implicaría otro golpe de estado. Tampoco se trata de ir a unas nuevas elecciones donde se reproduzca el antiguo escenario; el escenario debe cambiar. Por consiguiente, se necesita una transición, y esta transición tiene que ser presidida por una entidad que, por supuesto, no pueden ser las Fuerzas Armadas.
Es en ese contexto en el que aparece la necesidad de tener nuevo parlamento, a pesar de los cuestionamientos que puedan haber respecto de las formas como se han rifado los votos y cómo han crecido o cómo han bajado los votos preferenciales. Se anulan las elecciones presidenciales, pero si se anulan las del parlamento, ¿qué pasa el 28 de Julio?
–Ese escenario que planteas supone que la oposición tiene los votos necesarios...
–En la lógica de mi argumento el número no cuenta tanto; el número cuenta si es que vamos a tener un gobierno de Fujimori y se necesitan sesenta y pico de votos de la oposición para que el oficialismo no tenga la mayoría. Ése no es mi escenario. Es cierto que puede ser que mi especulación sea demasiado optimista: siempre he tenido ese pecado.
–Si la comunidad internacional ejerce una presión muy fuerte y Fujimori se ve arrinconado de un lado por esa presión y de otro por la movilización nacional, alguien tiene que negociar; y en ese caso no importan tanto los votos, ya que el propio Fujimori les da la orden de que negocien...
–Claro. Pero este escenario que yo prefiguro tiene un requisito fundamental, que no es tanto la presión internacional, sin duda necesaria. Lo fundamental es que sea cierto lo que ha ofrecido el señor Toledo: la movilización nacional; esa Marcha de los Cuatro Suyos tiene que ser contundente. Si no hay esa marcha, no hay nada. El señor Toledo tiene que dedicarse con alma, corazón y vida a eso; tiene que ser el movilizador, ya que en esa posibilidad se juega su esfuerzo, su propio futuro como conductor de la recuperación democrática del país. Yo espero que esté a la altura, no de las circunstancias, sino del compromiso que ha asumido al anunciar que el 26 de julio él moviliza norte, oriente, centro y sur. Si lo hace, entonces el escenario que yo propongo es posible.
–El gobierno de transición o la salida de transición debería plantearse la elección de un nuevo congreso.
–Desde luego. Por supuesto, tendríamos que ir a un nuevo proceso general en un año de plazo; la propia Constitución ofrece esa salida. Si la plancha presidencial no puede jurar porque el título adquirido no es válido y se instala el Congreso, la Constitución señala que, en ausencia del presidente y los vicepresidentes, asume la presidencia el presidente del Congreso quien, de inmediato, convoca a elecciones. Esto significa que puede transcurrir no más allá de un período razonable, máximo un año.
Las cosas que han pasado en el Perú son tan turbias, tan sucias; se ha manipulado tanto al ciudadano, que eso no se resuelve en cuatro semanas ni en tres meses; hay que reinstitucionalizar el país para que estemos en condiciones de realizar un proceso electoral libre y justo.
–Vamos al escenario internacional. Stein ratificó en la reunión del Consejo Permanente de la OEA lo dicho en sus boletines: sostuvo que el proceso ha sido irregular en su conjunto. Este diagnóstico, esta evaluación de Stein del proceso electoral, abre paso a la aplicación de la Resolución 1080 o Resolución de Santiago.
–Cuando fue consultado por el señor Gaviria para que aceptara presidir la Misión de Observadores de la OEA en el Perú, el canciller Stein, por el que tengo un gran respeto pues es una persona de una integridad moral y un coeficiente intelectual muy alto, puso dos condiciones, hábilmente planteadas: la primera, que la Misión iba a emitir informes de situación cada cierto tiempo, lo que significaba que el informe final no podría desdecir lo que se había dicho en los informes previos; la segunda, pedía entera libertad de movimiento para reunirse y dialogar con la prensa respecto a la situación tal como se iban produciendo los hechos.
El señor Stein ha cumplido paso a paso los criterios que la OEA demanda observar para que un proceso electoral pueda ser calificado efectivamente como expresión de libertad y de justicia. La conclusión de ese informe es que no se han cumplido los requisitos. Frente a ello, la OEA no tendrá que pronunciarse con una resolución especial; bastaría que dijese: saludamos, felicitamos y aprobamos el informe de la misión Stein para, de allí, derivar que el Perú está inmerso en la Resolución 1080.
–Uno de los argumentos que se han esgrimido para señalar que la OEA no puede aplicar la Resolución 1080 al caso peruano es que ésta es una situación diferente de otras. Pero no es así. Nos da la impresión de que ésta es una situación muy parecida a la de República Dominicana, en la que hubo una elección considerada irregular en el lenguaje de la OEA y fraudulenta en el lenguaje político y donde la OEA tuvo un papel preponderante para exigir y conseguir nuevas elecciones, sin Balaguer. ¿Por qué no pensar que esa posibilidad estaría abierta en el Perú? ¿Cuál sería la diferencia sustantiva, o es solamente, como se dice, una diferencia de tamaño entre un país y el otro, una diferencia de importancia relativa?
–La Resolución 1080 instruye al secretario general para que solicite la convocatoria inmediata del Consejo Permanente –ese paso ya se dio– en caso se produzcan hechos que ocasionen una interrupción abrupta o irregular del proceso político institucional democrático y del legítimo ejercicio de poder por un gobierno democráticamente electo en cualquiera de los estados miembros de la organización. La Resolución establece el género dentro del cual pueden ser comprendidas multitud de situaciones que interrumpen abrupta o irregularmente un proceso político institucional democrático...
–Serrano y Fujimori...
–Así es. ¿Acaso el acto de impedir el ejercicio de la voluntad popular libre y justa no es una manera de interrumpir el proceso político social democrático de un país? ¿O es que solamente un golpe de estado al estilo tradicional interrumpe un proceso de institucionalidad democrática? La democracia se origina en el voto popular; si se ha impedido la expresión libre del voto popular, se afecta la democracia. De manera que yo no veo cómo pueda decirse que la situación planteada hoy en el Perú no está dentro de los alcances de la 1080.
Ya se dio el primer paso. La Asamblea tiene que evaluar: podría pedirle al secretario general que nombre a una misión de alto nivel integrada por cancilleres que vengan al Perú para tener una visión actualizada de la gravedad de los hechos. El Consejo Permanente no va a ser el órgano que adopte decisiones, sino que lo harán la Reunión Ad-Hoc o la Asamblea General.
–En estos momentos son los actores, los estados miembros de la OEA, los que deberán defender ese sistema democrático, como se comprometieron a hacerlo en Santiago en 1991. Pero esto se ha aplicado en unos casos y en otros no.
–¿Qué es lo que va a ocurrir en definitiva? Eso está en una relación directamente proporcional a lo que haga el pueblo peruano. Si la actitud del pueblo peruano es firme, movilizada, de cuestionamiento articulado, sólo en ese contexto la OEA se va a ver forzada a tomar un acuerdo que tenga más en cuenta la voluntad manifiesta del pueblo peruano que las negociaciones por intereses "entre estados". Hay que evitar que prime el interés de los estados por encima del de los pueblos. Tenemos la experiencia de 1992, cuando el arreglo fue entre estados. Entonces se sacrificó la democracia en el Perú, porque evidentemente el pueblo no estaba movilizado.
–En ese entonces una gran mayoría aprobó el autogolpe. Ahora no es así. Desde esa perspectiva quizá sea más importante que Toledo visite Arequipa que España. Pasando a otro actor: ¿qué sucederá con los Estados Unidos? Cuando Clinton firmó la Resolución 43 de ambas cámaras del Congreso americano se comprometió a desarrollar una política de estado en relación con el Perú. ¿Aplicará Clinton la Resolución 43?
–Está en la situación más difícil. Estados Unidos ha dicho sistemáticamente que la línea de conducta de su gobierno es respaldar a la Misión de la OEA. Pero imaginemos que la OEA acuerda una posición tibia; en esa situación, ¿qué hace el gobierno de Clinton? Los sectores más duros entre los republicanos y los demócratas en una época preelectoral –cuando ambos están con las espadas desenvainadas– pueden exigir que se ponga en práctica. Además, están los lobbies: el lobby de los derechos humanos, muy poderoso en los Estados Unidos, y el lobby judío, que respalda al señor Ivcher con toda razón. Estados Unidos no la tiene fácil.
Pero, además, hay una serie de factores emocionales; en ese porcentaje de irracionalidad que tiene la política también cuentan los afectos, las simpatías, y el señor Fujimori les cae a los norteamericanos –y sobre todo a la clase política– como una patada en el hígado.
–Las declaraciones de Bustamante, De Trazegnies y Tudela de convertirse en los neo- antiimperialistas tampoco deben ayudarlos mucho en Washington. Pero más allá de estos personajes, ¿crees que la precariedad de la Región Andina juega a favor de una salida política favorable a las fuerzas democráticas o, eventualmente, juega en contra?
–Bueno, que me perdonen los señores que has mencionado, pero cada vez que los escucho hablar me hacen acordar a los Muppets. Creo que han perdido la brújula; tanto así, que inclusive uno termina extrañando a los verdaderos voceros del fujimorismo, o sea a Martha Chávez, a Espichán, a Siura. Uno los extraña, porque finalmente ellos dicen lo que piensan y revelan el alma, el subconsciente del régimen.
Pasando a la Región Andina, constatamos que está terriblemente convulsionada; pero allí también hay intereses diferenciados. ¿Puede ser complaciente Estados Unidos con el Perú y después tener ese precedente cuando deba asumir una posición más enérgica en el caso de Chávez? Hay que tomar en cuenta que los Estados Unidos tienen en Venezuela intereses que no tienen en el Perú –entre ellos, el petróleo–.
Pero también Colombia interesa muchísimo a los Estados Unidos. El proceso colombiano es sumamente complicado, difícil, tenso. Hasta representantes de la banca estadounidense han ido a la región de Urabá a conversar con los dirigentes de la guerrilla. El esquema norteamericano respecto de Colombia da prioridad a la solución política. Y, además, no creo que los norteamericanos puedan olvidar, como no olvidan los colombianos, que Fujimori también allí metió la pata y hasta consiguió un interlocutor, el general Harold Bedoya, para una opción de solución a la peruana en el caso colombiano con un total desconocimiento de lo que es la compleja realidad de ese país.
–Finalmente, Enrique, ¿qué es lo que debemos hacer aquí en el Perú para poder tener nuevas elecciones sin Fujimori y en nuevas condiciones?
–Vigilia; la vigilia es fundamental. Hemos vivido casi 10 años adormecidos, con voces aisladas como las del IDL, que nunca perdieron el aliento ni la fuerza de la esperanza. Les digo una cosa: si ese momento ha llegado, si nuevamente las masas están en las calles y los estudiantes están activando, hay que ir a su encuentro.