segunda vuelta

Un panorama nacional

El 28 de mayo del 2000 será recordado no sólo como el día en que se consumó el fraude electoral más escandaloso del que se tiene memoria en la historia reciente, sino también porque fue el día en que confluyeron una serie de hechos sin precedentes inmediatos: ausentismo, masiva protesta ciudadana, represión policial, amplia votación viciada, votos para un candidato que había llamado a la abstención o el voto viciado, un candidato-presidente corriendo solo, unas elecciones sin observadores y sin personeros, etcétera. De cómo se vivió ese día en distintos lugares del país, cómo se combinaron esos hechos y qué significaban en el contexto regional y local, trata el siguiente especial que presenta lo ocurrido en las ciudades de Piura, Iquitos, Chimbote, Huancayo, Ayacucho, Arequipa, Cusco y Puno. Las gracias a quienes colaboraron con nosotros.

 

Piura: Fujimori ofrece el Paraíso

Bruno Revesz

 

Distrito único, distrito inicuo. Hasta el autogolpe fujimorista de abril de 1992, Piura tenía 11 diputados. Ahora, después de la primera vuelta de las controvertidas Elecciones Generales 2000, y con la peculiar y aleatoria alquimia del distrito electoral único, se encuentra con una representación parlamentaria raquítica, atrofiada: cuatro congresistas en total, algunos de ellos francamente mediocres.

Dos para el oficialismo: Carlos Trelles Lara, el único fujimorista reelegido, y que de hecho fue el congresista piurano de más peso y mayor presencia en la región en estos últimos cinco años; y un filibustero profesional, elegido en 1990 con la gorra del PPC-FREDEMO, en 1995 con la de la UPP y ahora con el logo de Perú 2000: el cantautor Miguel Ciccia. El oficio de congresista es parte de su negocio de dueño de los opulentos Transportes Civa. Sus campañas electorales son un derroche de recursos y luego desaparece; por si acaso, silencio total de su parte desde el 9 de abril.

Los otros dos futuros congresistas son totalmente novatos en el campo de la política nacional. Un joven toledista, el paiteño Carlos Lau Chifon, quien, con bastante sencillez, no hace misterio de su inexperiencia. Y, por último, la esposa del ex alcalde (1993-1999) de Piura, Ruby Rodríguez de Aguilar, que ha sabido capitalizar muy bien el trabajo con los comedores populares, llevado a la sombra de su esposo durante seis años. En teoría, ella hace parte de la bancada aprista; sin embargo, ha declarado reiteradamente en la prensa local que iba a renunciar al APRA, que no la reconoce como dirigente de sus organizaciones, puesto que Jorge del Castillo sería cómplice de un robo de sus votos preferenciales en beneficio de Aurelio Pastor, que compite con ella en el nivel nacional por la sexta y última curul de este partido. Difícil, con una representación tan magra y tan disparatada, que los piuranos perciban el papel decisivo que podría y debería tener el nuevo Congreso en las actuales circunstancias.

Difícil también, en el caso de la oposición, que dichos representantes cumplan un papel destacado de organizador, catalizador o líder regional entre las dos vueltas. De hecho, no lo tuvieron. Tampoco hubo un alcalde (como en Tacna) o un rector universitario (como en Arequipa), ni ímpetu estudiantil (como en Lima) para levantar muy en alto la bandera de la democracia. Más todavía: una cierta confusión reinó en las filas toledistas por la coexistencia durante algunas semanas de dos comités regionales rivales. Quizá este déficit de capacidad organizativa haya sido el motivo por el cual Toledo, en su única visita a Piura (rumbo a Tambo Grande y a Chulucanas), entre el 9 de abril y el 28 de mayo, no convocó a un mitin en la capital departamental.

El 17 de mayo, Fujimori, Tudela y sus technocumbias tuvieron el suyo, por supuesto. Un poco menos concurrido, por cierto, que el de la primera vuelta; pero esta vez hubo un castillo de fuegos artificiales y, como tituló irónicamente en primera plana el diario Correo, el presidente-candidato ofreció a los piuranos el Paraíso. Veamos: (1) dar trabajo; (2) la UNP: mejor universidad de Latinoamérica; (3) agua y desagüe para todo el departamento; (4) puentes atirantados de Piura; (5) ampliar la vía canal de Sullana; (6) planta de fosfatos; (7) autopista doble Piura-Sullana; (8) carretera Piura-Huancabamba; (9) lotes de vivienda PROFAM; (10) seguro materno-infantil; (11) Banco Rural; (12) Banco de Insumos Agrícolas; (13) infraestructura para mitigar El Niño; (14) tercera etapa del proyecto de interconexión de cuencas Chira-Piura; (15) irrigación San Lorenzo; (16) hacer crecer el sector agrario; (17) impulsar la agroindustria; (18) ejecución del proyecto de derivación de las aguas del río Huancambaba y de irrigación del Alto Piura; (19) modernizar Bayóvar; y, (20) corredor bioceánico Paita-Belem.

Esta vorágine populista de promesas desmedidas fue interpretada por muchos como un signo de desesperación del Primer Mandatario frente a los avances de su adversario. El Colegio de Ingenieros se tomó la molestia de calcular que iniciar lo prometido en esta oportunidad a los piuranos –mientras que un castillo de fuegos artificiales lanzaba al cielo incandescentes bengalas donde se veía el mensaje "el chino sí cumple"– no debe bajar de los mil millones de dólares.

Dos días después, la película, el ambiente, la atmósfera, hasta ese momento algo apáticos, cambian del todo: Toledo anuncia su retiro de los comicios del 28. Tensión, perplejidad y frustración. Paradójicamente, es ahora, cuando reina la incertidumbre, que se siente que la cosa va en serio. Más que liderazgo, lo que falta de ahora en adelante son referencias, herramientas conceptuales, rumbos claros, consignas contundentes: ¿postergación?, ¿abstención?, ¿votos viciados? ¿Adónde va la cosa?

Será solamente en los últimos días, o sea muy, muy tarde, que empezará a tomar consistencia el "no al fraude", hasta transformarse en segunda fuerza política en la región. Sin embargo, el 27 y el 28 todavía era cosa corriente encontrar en los sectores populares hombres y mujeres de buena voluntad que nos decían: "¡compadrito, ojalá que Toledo gane!". "¡Pero comadre!, ¿cómo va a ganar si Fujimori se presenta solo?". La idiosincrasia popular tiene sus razones que la razón de los intelectuales y los círculos políticos desconoce olímpicamente.

El 20% de votos a favor de Toledo, que permiten a Fujimori sostener impúdicamente que ese día él no fue el único candidato a su sucesión, pueden ser interpretados según dos registros complementarios: fruto de la manipulación o por lo menos del déficit de información televisiva sobre la decisión y posición de Perú Posible; pero también afán y obstinación popular en votar por su candidato.

Confluyeron a favor de Toledo tres corrientes de opinión: simpatizantes sinceros, para los cuales "Toledo-trabajo" representaba la esperanza; militantes cívicos –principalmente jóvenes y líderes de opinión– comprometidos en la lucha por la democracia; y antifujimoristas convencidos que no daban un real para Toledo, pero para quienes éste se presentaba como la única opción para botar al "Chino", a fin de cuentas el mal menor. Es probable que muchos del primer sector no entendieron, no aprobaron o no asumieron el retiro de Toledo. Es lo que parecen manifestar los sondeos de opinión aplicados el 25 de mayo por el CEDIR-CIPCA, una muestra aleatoria de 308 personas mayores de 18 años, en la ciudad de Piura-Castilla. Una amplia mayoría (57,1%) declaró estar "en desacuerdo con la decisión de Toledo de no participar en las elecciones convocadas para este domingo 28 y pedir que se posterguen para el 18 de junio". Pero más significativo todavía de este estado de espíritu es la gran diferencia, cerca de 20 puntos, entre la proporción de electores a favor de Perú 2000 y la de los que piensan que Toledo debería participar el 28:

–A la pregunta "Si hay elecciones el 28 y Toledo no participa, ¿qué pensaría usted hacer?", sólo 48,4% responde "Asistir y votar por Fujimori".

–A la pregunta "¿Qué debería hacer Toledo si el JNE no posterga las elecciones?", 67,5% –o sea, un número notablemente superior– responde "Debería participar igual el domingo 28".

Esta situación, que no es propia de Piura, fue aprovechada y utilizada por Fujimori, Tudela, Expreso y la televisión de señal abierta cuando pretendieron que "Toledo se corría porque las encuestas lo desfavorecían". El hecho es que se refieren a encuestas realizadas después del 18 de mayo, día en que Toledo anuncia su retiro (tal como, por ejemplo, la encuesta en Lima al 21 de mayo del 2000 de Apoyo; las anteriores fueron en abril). El propio Fujimori reconoce ingenuamente este pasapasa cuando CNN en español lo entrevista el lunes 29 de mayo: "Cuando (Toledo) conoce los resultados de las encuestas que se dan a partir del 19 de mayo, que no le son favorables... empieza a plantear esto (decir que hay fraude y por eso no va a participar)".

No se puede negar, sin embargo, que por justificada que sea la decisión de Toledo, creó en amplios sectores perplejidad y una cierta confusión. El arzobispo de Piura y Tumbes, monseñor Óscar Cantuarias Pastor, da un buen testimonio de la ambivalencia de los sentimientos y de los comportamientos cuando declara: "lamento mucho la decisión que ha tomado el candidato Toledo", y, al mismo tiempo, afirma: "creo que la postergación es importante" y que personalmente se inclina por ella. A la periodista que lo interroga sobre cómo ve la Iglesia la actitud de viciar el voto, replica que cada uno debe actuar de acuerdo con lo que le dicte su conciencia y no sobre la base de ofrecimientos: "La Iglesia respeta la libertad de cada ciudadano. Por eso yo he hablado antes de conciencia. Si mi conciencia me dice que debo viciar el voto, debo hacerlo; si mi conciencia me dice que no debo ir a las urnas, pues debo obedecerla; si mi conciencia me dice que debo ir a votar por el único candidato, pues debo ir y votar por él".

Los resultados del 28 no tuvieron sorpresas: confirmaron la geografía electoral regional de la primera vuelta, con un ligero crecimiento en términos absolutos de los votos fujimoristas. Alta votación a favor del oficialismo en las provincias serranas (Ayabaca, Huancabamba, Morropón), confirmando la hipótesis de que las inversiones en programas asistencialistas focalizados produjeron dividendos políticos. Posición fuerte de la oposición en la provincia de Talara. Posición intermedia en lo que, por razones técnicas, el JNE denomina "distrito electoral de Piura" y donde se concentra la mayoría del electorado regional, provincias de Piura, Sechura y Paita: allí votó por el presidente-candidato 45% del electorado (incluyendo los que se abstuvieron), lo que corresponde al 52% de los votos emitidos. En definitiva, donde la oposición obtiene sus mejores resultados políticos es donde hay una capacidad de organización de la protesta social: Talara (sindicalismo petrolero), Tambo Grande (frente de defensa contra la minería), Bajo Piura (los distritos Curamori, La Arena y el Tallán de la comunidad campesina San Juan Bautista de Catacaos). En los tres casos Fujimori obtuvo sólo una minoría de votos válidos en la primera vuelta y una minoría de los votos emitidos en la segunda.

Todos estos días tensos, Piura vibró al unísono con el país. Las primeras planas de la prensa regional marcaban el paso: el 25, "Compás de espera"; el 26, "Fujimori va solo"; el 27, "Clinton advierte"; el 28: "Resistencia (foto de Toledo)-Coraza (foto de Fujimori)"; y, por ultimo, el 29, "¿Quién ganó?". El jueves 25, sumándose a la ola de protesta nacional, los gremios piuranos expresaron su rechazo a la segunda reelección del candidato-presidente. Durante horas, fueron las comparsas de un ataúd con lemas alusivos al mandatario y del ánfora del fraude los símbolos que utilizaron los manifestantes para expresar su indignación. De igual forma, el domingo 28, en Piura, Sullana, en distritos y provincias, se produjeron mítines llamando a la población a resistir para que la democracia retorne al país. Por primera vez desde hace años, en contra de lo que había ocurrido hasta ahora, la sumisión a la fatalidad de un destino en manos de la cúpula en el poder fue puesta en jaque.

*          Bruno Revesz es investigador del CIPCA-Piura.

 

Iquitos: En un mar de incertidumbres, resiste al fraude

Joaquín García

 

Belén, Plaza 28, San Antonio, Yavarí, La Marina, Putumayo, Távara... Todo un dilatado campo de batalla. Palos, piedras, vidrios, barras, unidos a las tradicionales "huicapas" de aguaje, eran las armas que manejaba una población furiosa en su impotencia. En el aire roncaban los helicópteros ensordeciendo de terror a la ciudadanía, mientras millares de policías ocupaban las bocacalles y hacían muros humanos de resistencia a las multitudes, disparando a uno y otro lado, indiscriminadamente, bombas lacrimógenas.

Buenos y malos, los de a favor y los de en contra, disfrutaron de ese don extraordinario de los hombres de Dios, el llamado "don de lágrimas". Fue algo espontáneo, natural, en cierto modo lógico, la consecuencia de un desborde popular que aquí se ha convertido desde hace muchos meses en algo normal y cotidiano. Los manifestantes se refugiaban donde podían. Un grupo despavorido entró en una casa de puertas abiertas; adentro había una anciana evangélica: "¿Ven, hermanos –les dijo–, a dónde nos lleva no reconocer a Yahvé como único Salvador? Pero pasen, hoy todos somos solidarios".

Una abuelita contaba temblando cómo se desmayaban los niños. Otra madre horrorizada relataba con marcado acento charapa y con precisión de detalles cómo la carga de la Policía había sido inmisericorde y universal, sin consideración selectiva alguna. Ante el espanto, una vecina sufrió una hemiplejia. Como si se tratara de un escarmiento a un pueblo resistente, como una advertencia para el futuro. Todo, según la opinión común, estaba fríamente calculado. ¿El resultado? Más de cien detenidos, otros tantos heridos y contusos civiles, más de treinta policías malheridos, algunos incluso en estado grave.

Un importante refuerzo había llegado de Lima previendo lo que sucedería el 28. Sin embargo, no debemos dejar de anotar que los policías oriundos de Loreto, tal vez por condición o por resistencia pasiva, eran más condescendientes y en el fondo y en la forma se habían retraído de cumplir las órdenes emanadas en última instancia de algún siniestro sótano.

Frustraciones sin fin condensadas, emociones latentes reprimidas desde decenas de años, se convirtieron desde hace muchos meses en un torrente desbordado cuyas consecuencias serían imprevisibles. Anticentralismo, dejación del Estado, evidente decadencia económica y pobreza, se fueron entrelazando y produjeron un antifujimorismo radical y violento que incluso llegó a negar al gobierno uno de los pocos éxitos que pudiera presentar en esta pesadilla de 10 años.

Aquella tarde del 28 era un hito más en las mitificadas luchas históricas de Iquitos. Un Iquitos que acompañó a Madueño y Seminario en su federalización, solidario con Cervantes en sus justas reivindicaciones anticentralistas en 1921, y que se cubriera de romanticismo patriótico cuando partió a la toma de Leticia a izar la bandera del Perú ante la cesión ignominiosa del Tratado Salomón Lozano.

Los últimos días

Cualquier cosa se esperaba desde que se supo la decisión del JNE de no dilatar la fecha del sufragio. Un ambiente que arrastraba el calor encendido de más de un siglo estaba a punto de explotar. El 24 de mayo diversos colectivos universitarios habían convocado a un acto de masas etiquetado con el rumboso título de "Rock contra la dictadura", antes de cuya celebración el Comité Juvenil Antifraude celebraría un mitin. Se redujo a nada y la fiesta se aguó porque apristas e izquierdistas se enfrentaron, saldando cuentas de hace 30 años.

El día jueves 25 se había convocado a un paro nacional. En Iquitos fue parcial: hubo un movimiento que los observadores calificaban "como domingo". La marcha de la tarde, sin embargo, fue todo un éxito. Más de 35 mil ciudadanos poblaron, con aires de triunfo festivo (como siempre en esta tierra), decenas de cuadras agudizando lemas alusivos a Fujimori, Montesinos y su comparsa. Este aspecto, el de los escritos y pancartas, ha ido generando una nueva literatura como en el París del 68, que, ante la imposibilidad de desentenderse de la dictadura, hace catarsis entre la picaresca y la furia.

Más no se podría hacer ni decir. El alcalde Iván Vásquez, líder de Fuerza Loretana y con un saludable grado de reconocimiento público, terminó un encendido discurso convocando a un nueva concentración de masas para el domingo, a las 7.00 de la mañana, cuando, de no haber lluvia, se van poblando las calles de loretanos que disfrutan de la suave brisa del amanecer. El presidente del Frente Patriótico, el abogado José Armando Lozano, apodado "Boquichico", adelantó una asamblea popular para el sábado 27, con marcha a las oficinas de la ONPE y todo. Pareciera que el pueblo se expresara naturalmente, sin organicidad, a consecuencia de las profundas divisiones, incluido el caos, que impera entre los dirigentes de instancias como el FP y los colegios profesionales.

El 26, nuevos enfrentamientos entre estudiantes y policías en la mañana y en la tarde. Otro tanto sucedió el sábado en las cercanías de la Oficina Descentralizada de Procesos Electorales. La jornada se cerró con una serie de universitarios detenidos, y las calles de acceso a la Plaza 28 de Julio bloqueadas.

28 de mayo, el día "D" de una larga guerra

Cuando enmudecieron los gallos y las gentes se movían para asistir a los oficios religiosos de la amanecida, de nuevo las fuerzas del orden cercaron la soñolienta plaza, tradicionalmente escenario de cuanto tiene trascendencia masiva. Ante la insistencia de un grupo de ciudadanos, se eliminó la muralla que impedía el acceso. A las 9:30, el pueblo tomó confianza y comenzó a transitar libremente por la ciudad en busca de su mesa de sufragio. Sin embargo, a partir de las 11 de la mañana se fueron concentrando en la Plaza 28 de Julio, como en bandadas de aves, pequeños grupos que, como si fueran la guerrilla, comenzaron a encender la mecha; y a las 4:30 p.m. la PNP comenzó el ataque indiscriminado y masivo: bloquearon las calles de acceso y la multitud se fue dispersando por distintos puntos del espacio urbano.

La respuesta de las fuerzas de seguridad fue ciega, brutal. El resultado del enfrentamiento, como en las guerras del cine en los años 40, fue caótico, cuerpo a cuerpo. El saldo final, heridos y contusos de una y otra parte, incendios de llantas y lágrimas, infinidad de lágrimas que alcanzaron a los rincones más apartados de una ciudad que tiene una imagen bien lograda de apacible y serena. Fueron detenidos más de 100 manifestantes en Seguridad del Estado. Como en estos casos es inevitable, hicieron su agosto saqueadores y pandilleros que destruyeron numerosas cabinas telefónicas y otros bienes públicos.

No pasó mucho tiempo para que todo quedara como siempre. Rápidamente la ciudad aparecía acicalada, con su aspecto jovial, como si nada hubiese pasado y volviera a su densa calma tropical. Los 400 000 habitantes de la capital de Loreto habían pasado sin duda el día más aciago de su his­toria. Pero más pintoresco y divertido, como si la lucha fuera sólo una representación pasajera.

El prefecto Marciano Riva Oyarce culpó de lo sucedido, sin mayor trámite, al alcalde Iván Vásquez Valera, que se había embarcado de pico y patas en la campaña de Toledo y dentro de cuya lista había conseguido introducir a dos militantes de su partido. Ante esta intención de convertirlo en chivo expiatorio, la respuesta no se hizo esperar. En un comunicado de la Oficina de Prensa de la Comuna se asegura que el líder de Fuerza Loretana había recurrido al prefecto para que se amortiguase el lanzamiento de bombas lacrimógenas que afectaban las vías respiratorias de los niños, y la primera autoridad política declaraba ante la prensa que le había solicitado que retirase las fuerzas represivas de las calles. Las batallas callejeras tienen también su correlato político en los despachos. Nada hay pues de extraño en este conflicto entre autoridades.

Entre firmeza e incertidumbre

A estas alturas, bien merece la pena adelantar algunas cuestiones: qué siente el ciudadano común y cuál será el futuro político en este pulso a pulso, no precisamente de legitimidad, sino entre el poder y la capacidad de resistencia popular. ¿Dónde irá Iquitos (y Loreto, si es que su capital lo representa)? ¿Cuál será el futuro de un combate permanente y fatigoso que, aunque convergente en su rechazo a Fujimori, no coincide con las propuestas de otras alternativas políticas? ¿Terminará cansado y derrotado una vez más?

Da la impresión de que suenan las mismas campanas, pero con distinto sonido. Loreto tiene un lenguaje propio y singular que la clase política de cualquier tienda lee en distinta clave. Y ahí está su tragedia. Por eso la duda es mayor: aun cuando haya convergencias en el rechazo al poder establecido, no lo hay tanto en que su palabra sea bien interpretada y sus profundas aspiraciones comprendidas. Nada podría, por eso, definir hoy mejor la situación que un estado incierto en el ánimo, una profunda desazón.

Incertidumbre de si Toledo renunciaría o no antes de las elecciones; incertidumbre respecto de si funcionaría el sistema informático de la ONPE; incertidumbre acerca de si las elecciones se darían el 28; incertidumbre en relación con la participación de los observadores de la OEA; incertidumbre sobre si habría garantías para los electores; incertidumbre acerca de lo que se habría de escribir en la cédula; incertidumbre de si habrá sanciones de la comunidad internacional o frente externo; incertidumbre respecto de si habrá reconocimiento de la legitimidad del proceso; incertidumbre sobre lo que pasará con los movimientos sociales y sus consecuencias; incertidumbre acerca de si reinará el vandalismo en las calles; incertidumbre de cómo será el futuro. En una palabra, incertidumbre tras incertidumbre...

Y, por si fuera poco, la incertidumbre suprema que cubre a las vacilaciones: un tercer período de gobierno de Fujimori, que puede dejar al país, a pesar de los logros del pasado, sumido en el más grande despojo de capacidad de ejercicio de la ciudadanía, con el fantasma de la pobreza, que se iría agudizando al compás de su populismo mesiánico y autoritario que evitará la participación en la construcción de una economía peruana de producción y exportaciones y debilitará la capacidad del agro, base sustancial de nuestras diferencias y potencialidades.

Por otra parte, lo amazónico, su espacio, su diversidad biológica, sus identidades y sus características climáticas, exigen un modo de tratamiento político y económico absolutamente distinto del que tiene el imaginario central, que, paradójicamente, contamina también, de modo vago y nebuloso, la razón de los amazónicos, que ocupan dos terceras partes del Perú y que no han encontrado en su larga historia respuesta ni siquiera aproximada a sus exigencias.

Este horizonte se oscurece más y más cuando, ante la desesperación política de un mundo ahogado que no es comprendido ni escuchado, surgen voces que hablan en sordina de federalismo que hoy por hoy se convierte en un cauce que canaliza las ansiedades profundas de un nuevo modelo de estado. Grupos de reflexión en marcha se están abriendo para que la Amazonia y Loreto vayan encontrando salidas y propuestas para enfrentar el siglo XXI, cuyos paradigmas estarán centrados en la diversidad biológica, la genética, la biotecnología. Uniendo a ello la idea del desarrollo endógeno, a escala humana, que contribuya a la forja de una sociedad solidaria y justa que propenda a la definición de un modelo de estado que represente la hermosa diversidad que llena la geografía y el alma del Perú.

*          Joaquín García es director del Centro de Estudios Teológicos de la Amazonia.

 

La última perla

A las seis de la mañana del primero de junio fue tomada la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario de Fátima, que había clausurado solemnemente la víspera el tradicional mes de mayo. Se proponen hacer una huelga de hambre hasta que se cumplan las promesas de la congresista de Perú 2000 electa Nery Salinas, en cuya campaña habían trabajado ardorosamente una serie de maestros bajo la promesa de que tendrían contratos de trabajo como maestros al amparo de la Dirección Regional de Educación, de la que es director su esposo, el profesor Cirilo Torres. La fotografía es una patente demostración de otra punta más del iceberg que emerge con fuerza en un inmenso mar cargado de incertidumbres y fraudes.

 

Chimbote: En la ciudad sitiada...

Guillermo Martínez

 

Miércoles 31 de mayo

"Es cierto que Fujimori acabó con el terrorismo, pero, no sé, parece que él mismo está haciendo terrorismo ahora", me dice un transeúnte con quien atravesamos cautelosos el cordón militar que restringe el paso a la Plaza de Armas de Chimbote. "En el año 73, durante la dictadura, también hubo, así como hoy, tanques y militares en las calles, pero entonces había toque de queda, estado de sitio, eso...", dice finalmente el ocasional compañero de camino antes de despedirnos.

Desde donde me encuentro puedo observar el cambio de guardia de las fuerzas del orden en la Plaza de Armas. Hay 250 comandos anfibios de la Infantería de Marina y 200 efectivos policiales de disciplina especiales. Cuarenta tanques anfibios y un centenar de transportes diversos completan el material que arribó a Chimbote la madrugada del sábado 27 de mayo, víspera de la segunda vuelta electoral.

Recuento

Aquel mismo sábado, quienes vivimos en Chimbote ya habíamos sido sorprendidos con un inusual despliegue de fuerzas en horas de la tarde. Ante una pacífica manifestación convocada por el Frente de Defensa y Desarrollo de la Provincia del Santa, que se pronunciaba contra la realización de la segunda vuelta y exhortaba a los electores a viciar su voto o a no acudir al acto electoral, 100 efectivos policiales que se desplazaban al borde de la manifestación bloquearon el paso y los dispersaron con gas lacrimógeno. Entonces el propio coronel Julio Verne, del alto mando de la Policía local, se encontraba al frente de la sorpresiva represión.

El Frente volvió a reunir a sus integrantes en la puerta del local de Perú Posible (que también forma parte de él) y hasta ahí llegó una vez más la policía disparando gas lacrimógeno. Aquel día la tensión se prolongó hasta la noche. Aún al promediar las 10 p.m., cuando la calle suele estar solitaria, podía verse gente a la expectativa, atenta para reagruparse.

Domingo vivo

"¡Vivo, vivo!", exclamaban los responsables del contingente de comandos de la Infantería de Marina al ordenar las tropas alrededor de la Plaza de Armas, mientras se cerraba el proceso electoral. Infantes de Marina y comandos del Batallón Anfibio, sobre tanques y fuertemente armados, habían tomado la Plaza de Armas de Chimbote previniendo cualquier intento de los ciudadanos por agruparse.

Quienes sufragaban en los centros de votación del casco urbano de Chimbote permanecieron en aquel lugar. La convocatoria era a las 4 p.m. en la Plaza 28 de Julio. Poco a poco fue aumentando la cantidad de gente que a paso lento se empezó a ubicar en la intersección de las avenidas Gálvez y José Pardo, principales arterias de la ciudad, a pocos metros del local del Partido Aprista Peruano, ya abierto y con altavoces encendidos.

A las 5 de la tarde se ordenó la multitud (400 personas aproximadamente) y, con la banderola del Frente de Defensa, se emprendió la marcha por el jirón Manuel Ruiz hasta la altura de Olaya para luego tomar la avenida Gálvez. Se había detenido ya el tráfico en Chimbote cuando los manifestantes reingresaron a la avenida Pardo, de manera que lograron avanzar apenas hasta la sexta cuadra. Entonces empezó la represión.

Una masa completamente desorganizada fue disuelta en distintas direcciones. Una gran cantidad de proyectiles conteniendo gas lacrimógeno fueron disparados "a quemarropa".

Media hora después, reagrupada la multitud en José Gálvez y Pardo, el recuento de los daños no se hizo esperar. La habían emprendido contra los cristales del Banco de Crédito y sus cabinas de cajeros automáticos. De igual modo, habían sido destrozados los ventanales de la oficina de Telefónica del Perú, y cabinas telefónicas de casi toda la ciudad habían cedido a la fuerza de la enardecida muchedumbre. La misma suerte corrieron los cristales de la Caja Municipal del Santa, que quedaron completamente rotos.

Un helicóptero sobrevolaba las zonas donde se reagrupaba la gente, y allí acudía la policía con gas lacrimógeno. Todo Chimbote se encontraba paralizado y el ambiente cargado de gas lacrimógeno.

Además de los daños materiales ya citados, el saldo de este día fueron cinco heridos, entre ellos una niña de seis meses de nacida y un joven estudiante con el maxilar destrozado a consecuencia del impacto de un proyectil de gas lacrimógeno disparado por la policía. Según trascendió en medios de prensa local, la jornada dejó más de un centenar de detenidos.

Días siguientes

El día lunes, luego de una manifestación promovida por el APRA y con presencia de la Defensoría del Pueblo, se produjo otra agresión contra los manifestantes, a quienes se les arrojaron más de 100 bombas lacrimógenas en dos cuadras. Además, se detuvo a un numeroso grupo de jóvenes, en su mayoría estudiantes universitarios. Yolanda Falcón Lizaraso, representante del Defensor del Pueblo en nuestra localidad, criticó el clima de tensión casi bélica que se vivía en la ciudad por la presencia de las Fuerzas Armadas.

"No me explico la presencia de tanta fuerza, si Chimbote no se ha declarado en emergencia", manifestó la doctora Falcón, explicando que no es correcto que se vulnere el derecho de expresarse políticamente y de transitar libremente por espacios públicos de la ciudad que se encuentran intervenidos.

El lunes la doctora Falcón demandó a las autoridades policiales el inmediato cese del uso de la fuerza. Más tarde, sin embargo, fue testigo de actos de provocación cometidos por las fuerzas del orden contra los manifestantes. Chimbote vivió nuevamente momentos de violenta tensión en sus calles.

Es importante resaltar la presencia del Foro Democrático. Dirigentes locales de esta institución hicieron llegar, con fecha 30 de mayo, una carta al jefe de la Policía de la localidad para expresar su preocupación y extrañeza por la presencia de las Furzas Armadas. Por su parte, el vicedecano del Colegio de Abogados del Santa, doctor Luis Carrera Contti, demandó la intervención del Ministerio Público para que exija el retiro de las tropas. El Ministerio Público afirmó finalmente que no era de su competencia tal cometido.

Como hecho pintoresco, se registró un desafortunado incidente. El fiscal, doctor Lorenzo Javier Melgarejo, fue impedido de ingresar al propio local del Ministerio Público. El hecho fue registrado por el fiscal superior de Gobierno, doctor Zadí Anaya Castro. Mientras tanto, el jefe de la Policía de Chimbote manifestó que todo había sido una lamentable equivocación, producto de que los custodios no conocen a las autoridades locales (¿?).

Novedoso

Realmente novedoso y espectacular resulta para los chimbotanos observar el desplazamiento de numeroso contingente policial y militar. Durante el día se patrulla la ciudad y por la noche se monta guardia en las cercanías y en el propio perímetro de la Plaza de Armas. Seguramente si no se hubiera visto un despliegue tan impresionante, los incidentes de violencia hubieran sido mínimos. La propia representante de la Defensoría del Pueblo comprobó que las fuerzas del orden ejercían una actitud provocadora reprimiendo de manera injusta.

Seguramente también habrá responsabilidades difíciles de eludir. En los medios de prensa local constan las declaraciones del subprefecto de la provincia. Manuel Torres Vásquez asegura que manifestaciones como las que se realizaron en Chimbote y en todo el país constituyen actos de desafío a la autoridad, y que las Fuerzas Armadas y Policiales están facultadas para reprimir. Además, el subprefecto afirmó que su despacho no había recibido ninguna solicitud ni remitido ninguna autorización para realizar manifestaciones públicas y que, por lo tanto, las movilizaciones eran ilegales (¿?).

Preguntas

En Chimbote están ocurriendo tal vez cosas que el simple ojo del periodista no alcanza a ver. Lo que podemos resaltar es lo novedoso –pero a la vez lamentable– que ha resultado todo este proceso. Es decir, el proceso de agravamiento de la situación violenta. ¿Se merecía Chimbote tanta presencia armada? ¿Qué méritos habían acumulado los chimbotanos para ser víctimas del amedrentamiento?

Cabe la posibilidad de que no fueran los chimbotanos. Podría ser que se esperase esta reacción ante actitudes inadecuadas. Por qué, si no, se hallaron el 30 de mayo, en un bote de basura del centro de la ciudad, cédulas de sufragio que habían sido utilizadas en esta segunda vuelta. Estaban marcadas inadecuadamente: eran votos viciados. Pero ¿por qué estaban en ese bote de basura, si debieron ser desechadas después del conteo?

¿Por qué, si no, se recibieron denuncias de que en la Urbanización Los Pinos se vendían hologramas utilizados en las elecciones del 9 de abril? La doctora Liliana Otero, del Jurado Electoral Especial de la Provincia del Santa, ha pedido explicaciones al jefe de la ODPE al respecto, y ambos casos se encuentran en proceso de investigación.

El despliegue desmesurado de fuerzas debe tener una explicación; cómo, si no, le hallamos sentido a que Néstor Díaz Rodríguez* continúe con el maxilar derecho dañado. O cómo entender el concepto de seguridad ciudadana cuando una niña de seis meses de nacida estuvo a punto de perder la vida asfixiada por el gas lacrimógeno. Por fortuna se aferró a la vida. Siempre es afortunado aferrarse sólo a la vida.

*          Nestor Díaz Rodríguez fue dado de alta del Hospital La Caleta. Debe cumplir un tratamiento y una terapia que no están a su alcance económico. Apoyo solidario al (044) 326624.

*          Guillermo Martínez es periodista del Área de Comunicación de NATURA-Chimbote.

 

Ayacucho: Nueva etapa en la construcción de la democracia

José Coronel

 

Hasta antes de la primera vuelta, el sentido común que había calado entre la población ayacuchana era que el "Chino" iba a ganar de todos modos; pero luego de conocerse los resultados, la reacción fue de sorpresa general y hasta de alegría entre la juventud de la ciudad y los sectores medios, que vislumbraban la posibilidad de un triunfo de Alejandro Toledo en la segunda vuelta.

Durante las dos últimas décadas el departamento de Ayacucho había sido asociado al "estado de emergencia", es decir, a la negación de los derechos ciudadanos, principalmente el de la participación política. Y ahora, con motivo de las elecciones generales, aparecía ante la opinión pública no sólo mostrando resultados electorales similares a los de los demás departamentos, sino protagonizando mítines al lado de candidatos de la oposición e impulsando contramanifestaciones a las del candidato-presidente y movilizaciones y paros de protesta.

¿Qué es lo que estaba pasando? No se trataba, sin duda, de un rayo en cielo sereno; era, más bien, expresión de un proceso de paulatina recuperación del ejercicio de ciudadanía en un contexto de posguerra que se ha venido dando especialmente en el último quinquenio y que cobró mayor dinámica en la coyuntura de las elecciones generales recientes. Empero, se trata de un proceso con marcadas diferencias, principalmente entre los espacios rural y urbano, conforme veremos.

Después de la primera vuelta

Culminada la primera vuelta vino un período de relativa calma que se prolongó hasta la última semana de abril. De la veintena de candidatos al Congreso que se reclamaban ayacuchanos ninguno había sido elegido, y no sólo estaban enfrascados en denuncias al interior de sus propias organizaciones, sino que habían de activar para la segunda vuelta. Pero entrado mayo, la campaña se reanimó. Marchas, mítines y paros se combinaban con una activa participación de la radio y la prensa local que animaban el debate, poniendo de relieve las demandas regionales.

Vino luego el mitin de Toledo, que contó con una fuerte presencia de jóvenes huamanguinos, cangallinos, vilquinos y huantinos, universitarios, entusiastas mestizos, cholos, maestros de diversos niveles, pequeños comerciantes empobrecidos, con quienes Toledo había logrado una comunicación afectiva gracias a un mensaje que hablaba de Huamanga eterna, la universidad, los ronderos, y, sobre todo, de la fe en el futuro del Perú democrático. Las cosas alcanzaron su mayor expresión cuando el candidato presentó a su esposa Eliane Karp y bailó con ella un huaino tocado por un guitarrista huamanguino. Toledo terminó dando una vuelta por la Plaza de Armas, durante la cual fue aplaudido.

Perú 2000 convocó a su mitin para el 18 de mayo; la mayoría absoluta de los asistentes eran campesinos varones y mujeres de Huamanga, Huanta, La Mar, Cangallo, Vilcashuamán, y pobladores de las zonas urbanas marginales de Ayacucho. Como meros espectadores, otros habitantes de la ciudad se ubicaron en los portales.

El candidato-presidente habló de la pacificación y de sus obras, y en un tramo de su discurso anunció que la segunda vuelta no se postergaba y que no se debería ceder ante los violentistas que ahora se sentían reanimados por la posibilidad del retorno a la Corte Interamericana que ofrecía el otro candidato. Fue entonces que un grupo considerable de jóvenes empezó a vocear contra el fraude. Cuando el Presidente ya se retiraba hacia el aeropuerto, un reducido grupo de jóvenes apedreó la camioneta en la que se encontraba. El acto no fue seguido por el grueso de los contramanifestantes sino que, por el contrario, generó rechazo.

Pero los ánimos estaban en alza. El 25 de mayo el Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho convocó a un paro de protesta contra el fraude, el que fue acatado por la mayoría de la población.

Y llegó finalmente el 28 de mayo. Por la mañana fue notoria la escasa concurrencia de los electores en Ayacucho y Huanta, expresada en la no instalación de varias mesas electorales. La tendencia se revirtió después del mediodía. Ya en la noche, un grupo de jóvenes realizó una marcha de protesta contra la no postergación de la segunda vuelta, pero fueron impedidos por la Policía de ingresar a la Plaza de Armas de la ciudad. Al día siguiente volvió a realizarse una marcha similar, y al cierre de este artículo varias organizaciones habían convocado para el 1 de junio a una vigilia y marcha de protesta contra el fraude y el gobierno ilegítimo del ingeniero Alberto Fujimori.

Proceso electoral y conductas políticas

A la luz de los resultados de la segunda vuelta, se observa que hay una redefinición de las alternativas adoptadas por la población en la primera vuelta. Se constata una evidente polarización entre las dos opciones, similar a la que se produce en otros departamentos y que se expresa, por un lado, en un elevado incremento del número de votos viciados o nulos y en una votación a favor del candidato de Perú Posible, y por otro lado, en un incremento de la votación del candidato-presidente. Esto último, probablemente, porque hay sectores que percibirían inestabilidad en Toledo y desacuerdo con su abstención en la segunda vuelta, lo que podía generar un período de incertidumbre; al margen de consideraciones sobre las garantías del proceso electoral.

Pero en ese marco de polarización, hay diferencias en las conductas políticas de la gente. Las más nítidas son las que se dan entre el campo y la ciudad, entre la población del casco urbano y la de los barrios tradicionales, por un lado, y la población de los nuevos asentamientos humanos o urbanos marginales, del otro. Atravesando estos espacios se dan también diferencias entre jóvenes y adultos, y entre mujeres y varones1. Veamos.

a. Los sectores medios y urbanos populares (estudiantes universitarios, de institutos superiores, profesores, profesionales, trabajadores estatales, pequeños y medianos comerciantes, artesanos), que representan 25% del electorado departamental y residen en el casco urbano y los barrios tradicionales de las ciudades, especialmente Ayacucho, han asumido una participación activa en la oposición y una más abierta crítica y condena al gobierno de Fujimori2.

Son jóvenes de estos sectores sociales los que han activado entusiasmados las campañas y las protestas y han extendido sus brazos esperanzados al "Cholo" Toledo, quien les ofrece el cambio y los llama a no perder la capacidad de soñar en un futuro de realizaciones, en un país posible. Son estos jóvenes que nacen a la vida política los que fueron irresponsablemente acusados de ser parte de los "rezagos del terrorismo", cuando en realidad se trata de personas de entre 18 y 22 años de edad, absolutamente ajenas al período de la presencia senderista de la década de los 80 e inicios de los 90.

Estos jóvenes eran niños entonces, y ahora, en el contexto de la pacificación, ingresan a ejercer sus derechos con motivo de las elecciones generales3, cerrando los tiempos de miedo, mostrando los avances en el ejercicio de la participación ciudadana democrática en Ayacucho. Había que saludar más bien su ingreso a la escena política.

b. Los sectores urbanos marginales, que se ubican en los relativamente nuevos asentamientos humanos y corresponden en porcentaje significativo a familias desplazadas del área rural durante el período más agudo de la violencia política (1983-1991). En su absoluta mayoría han optado por permanecer en la ciudad, pese a la estrechez del mercado laboral, y han puesto sus expectativas en los programas sociales del gobierno. Han apostado por la continuidad del presidente Fujimori en tanto reconocen la implementación de servicios (agua y desagüe, electricidad), pese a la precariedad laboral en que viven. Además, mantienen relaciones con sus comunidades de origen, preservando sus derechos, visitándolas para proveerse de "sus parcelas"4 trabajadas por familiares y manteniéndolas como referente cultural.

c. El campesinado ayacuchano también es heterogéneo. La mayoría de los comuneros de las zonas altoandinas y pequeños propietarios independientes de los valles interandinos y la colonización del río Apurímac, de las provincias de Huanta, Huamanga, La Mar, Cangallo, Víctor Fajardo, Vilcashuamán y Huancasancos, tienen un denominador común: haber sufrido agudamente la violencia política, de tal manera que para ellos la seguridad es el bien más preciado. La imagen de Fujimori está asociada con la derrota de Sendero Luminoso y por ello recibió el voto mayoritario de este sector. Más aún cuando se propagandizó insistentemente una supuesta posibilidad de liberación de los "terroristas", incluido Abimael Guzmán, con el retorno a la Corte Interamericana propiciada por Toledo.

Es verdad que el Estado tiene mayor presencia en el área rural del departamento de Ayacucho, como parte de una política asistencial y de provisión de servicios, especialmente la ampliación de la red vial. El anuncio de la posibilidad del corte de los programas y la suspensión de obras de infraestructura en el campo, en caso de ganar otro gobierno, motivaron el incremento de la votación por Perú 2000, especialmente en la segunda vuelta.

Las mujeres campesinas constituyen la mayoría de los aproximadamente 1200 clubes de madres de Ayacucho, cuyo referente son las dirigentas de la Federación Departamental de Clubes de Madres de Ayacucho (FEDECMA). Están directamente relacionadas con programas asistenciales como el PRONAA, de manera que, sin negar sus avances en cuanto a la ampliación de actividades productivas, así como el reconocimiento de sus derechos de mujer, dependen de los programas del gobierno y optan también por la continuidad de éste.

Sin embargo, hay diferencias generacionales a su interior: los jóvenes con experiencia migratoria tienden a arriesgar por el cambio; así se explican los porcentajes señalados sobre votos nulos y votos a favor de Perú Posible, que son significativos en el contexto rural de la región; por ejemplo, pudimos observar que en el distrito de Santillana, en la zona altoandina de Huanta, las 26 mesas instaladas el 9 de abril contaron con personeros de Perú Posible, todos ellos varones jóvenes.

Perspectivas

A partir de los resultados políticos de las elecciones generales del 2000, que muestran la emergencia de amplios sectores sociales dispuestos a participar apoyando opciones políticas que están por el cambio, el acceso al trabajo y la plena vigencia del Estado de derecho, se abren las posibilidades para el fortalecimiento de organizaciones de base, como el Frente de Defensa del Pueblo de Ayacucho, la FUSCH y la emergencia de otras como el Comité Cívico, y de niveles de coordinación que superen la fragmentación social que caracteriza el escenario local, a condición de desarrollar estilos y prácticas organizativas genuinamente participativas, democráticas.

Desde la protesta legítima en defensa del respeto de las reglas de juego democráticas como fuente de legitimidad, los diversos sectores movilizados demandan derechos sociales, cuestionan autoridades y funcionarios locales. Se plantea pues, simultáneamente, la necesidad de reorientar políticas desde el Estado, así como de atender propuestas descentralistas, mayores recursos para los gobiernos locales, derecho a mecanismos institucionales de fiscalización de los diversos sectores de la administración pública, niveles de autonomía en la toma de decisiones sobre proyectos regionales, es decir, la concreción de un gobierno regional electo. Así, pues, en Ayacucho estamos asistiendo al inicio del surgimiento de una nueva etapa de la construcción democrática.

*   José Coronel es antropólogo; investigador de IPAZ, Ayacucho.

1  Ver Huber, Ludwig: "Ya no tenemos confianza". Expectativas de la población rural y urbana marginal en Ayacucho para las próximas elecciones. Lima: SER, marzo del 2000.

2  Ver Del Pino, Ponciano y Theidon Kimberly: "Chino ya murió, Ayacucho lo mató", en ideele N° 127. Lima, abril-mayo del 2000, pp. 49-53.

3  Sendero Luminoso negaba todo discurso político que no fuera el suyo y consideraba como blanco a los candidatos y autoridades electas de la IU, como Fermín Azparrent, alcalde de Huamanga, al que asesinaron.

4  En realidad, los comuneros no tienen propiedad privada sobre las parcelas que trabajan, pero sí existe un reconocimiento social de larga data a la posesión de éstas que ni la migración prolongada ha podido liquidar. Inclusive migrantes residentes en la ciudad de Lima retornan en épocas de cosecha para pedir a sus familiares la entrega de productos (eso ocurre, por ejemplo, en Pujas, Pomatambo, en la provincia de Vilcashuamán).

 

Huancayo: Resultados previsibles y reacción popular ídem

Salvador Peña

 

Los actos de rechazo a la candidatura del presidente-candidato empezaron en Huancayo antes de la primera vuelta. A una semana del 9 de abril, el entusiasmo de decenas de simpatizantes de Perú 2000 que marchaban en una caravana de autos y camionetas por la legendaria calle Real de esta ciudad, chocó de pronto con la rechifla de los transeúntes, rechazo que se hacía cada vez mayor conforme pasaban los minutos. Sin ninguna premeditación, los peatones, personas comunes y corrientes, fueron agrupándose en las esquinas, y ya no sólo se limitaban a silbar sino que además les lanzaban insultos de todo calibre y una que otra piedra.

Ante esta reacción de la gente, los fujimoristas intentaron continuar con su marcha luciendo sus flamantes polos, agitando sus costosos afiches, pancartas y banderolas y tratando de acallar la silbatina con sus potentes bocinas. La soberbia fue respondida con un mayor rechazo, hasta que algunos se animaron a arrancarles sus afiches e intentaron detenerlos, por lo que se armó una gresca de regulares proporciones. Los bulliciosos simpatizantes de la re-reelección no tuvieron otra alternativa que abandonar su propósito y se diluyeron ante la satisfacción de los espontáneos contramanifestantes.

A este hecho le siguió la nutrida contramanifestación al mitin de campaña que el propio Fujimori encabezó en las vísperas de las elecciones de abril. Cientos de personas no dejaron de gritar y abuchear durante el largo y cumbiambero discurso del "Chino", quien tuvo que retirarse apresurado ante la incontrolable masa que se acercaba cada vez más al estrado. A los pocos minutos de que se retiró, el estrado fue tomado por los enardecidos protestantes, entre los que se encontraban algunos candidatos opositores al Congreso y uno que otro dirigente gremial. Le siguió una impresionante movilización que duró alrededor de hora y media.

La historia, más violenta en esta oportunidad, se repitió a las horas de culminado el proceso electoral de la segunda vuelta. Nuevamente, cientos de personas, principalmente jóvenes, luego de congregarse en la histórica Plaza Huamanmarca de Huancayo, marcharon por las calles denunciando la ilegitimidad del resultado de las elecciones. Fueron atacados el local principal de Perú 2000, de la SUNAT, de la Telefónica y el establecimiento comercial de los familiares del congresista oficialista Miguel Velit. Llama la atención que otros establecimientos particulares o locales públicos no hayan sido agredidos, a pesar de la evidente falta de conducción y liderazgo de esta protesta. La represión no se dejó esperar, y fueron detenidas más de un centenar de personas, gran parte de ellas víctimas de maltratos de los efectivos policiales, tal como lo confirmó la Defensoría del Pueblo. Al día siguiente todos fueron liberados.

La población huancaína no ha justificado estos últimos hechos, pero muchos ciudadanos, por lo que se escucha en las calles, señalan que los responsables directos son quienes han desafiado al país con una tercera inconstitucional candidatura y con un nada transparente proceso electoral. Aquí también, como en todo el país, la población cree mayoritariamente o está segura de que hubo fraude, y esta percepción será muy difícil de cambiar no sólo en el lenguaje sino también en el imaginario popular. Esta convicción, que se basa en la información y en la observación de los sucesivos acontecimientos, es la que ha alimentado un hasta ahora imprevisible malestar entre los ciudadanos y particularmente en los jóvenes, así como una cada vez mayor indignación que despierta descontentos sociales y económicos.

¿Qué es lo que está pasando en esta ciudad a la que se ha considerado mayoritariamente fujimorista? A pesar de las numerosas visitas realizadas por Fujimori a Huancayo y al valle del Mantaro y de todas sus promesas, ¿por qué esta reacción?

En Huancayo, los resultados de la segunda vuelta son similares a los registrados en otros lugares del país. Fujimori ha obtenido alrededor de 52% de los votos emitidos, Toledo 18% y el resto son nulos o viciados. Pero no son estos resultados, totalmente previsibles, lo que provoca el malestar ciudadano, sino la ausencia total de transparencia en todo el proceso electoral, la falta de ética en el manejo de la cosa pública de parte del actual régimen, la ilegalidad e inconstitucionalidad de muchos de sus actos, la falta de democracia y la soberbia con la que se presentan ante la ciudadanía el Presidente, sus representantes y funcionarios. En esta parte del país nada crea más rechazo que el autoritarismo y la falta de humildad de quienes están en el poder. Rechazo que se va embalsando en un proceso a veces largo, que algunos llaman de "indiferencia fenicia" ante la política, por el carácter principalmente comerciante y práctico de la población huanca, pero que se desborda llegado el momento.

Esta afirmación, además de los recientes hechos, se sustenta en la reacción violenta, inusitada y masiva que ha protagonizado Huancayo en otras oportunidades. Las más conocidas y recordadas son, primero, aquéllas contra Odría, quien mandó reprimir violentamente a la población luego de la furibunda pedrada que le rompió la cabeza, lo que provocó marchas y manifestaciones durante dos días. En memoria de las víctimas y del gesto popular, los huancaínos tenemos en pleno centro de la ciudad el pintoresco y acogedor parque 15 de Junio. La segunda se produjo durante el gobierno militar, precisamente el 11, 12 y 13 de julio de 1977, cuando en todo el país venía madurando lo que serían los paros nacionales que finalmente obligaron a acelerar el tránsito hacia la democracia.

La reacción de la población huanca no es, entonces, nueva; tampoco lo es su carácter fundamentalmente espontáneo e inorgánico. Lo que sí resulta claro es que esta reacción surge frente al autoritarismo y al abuso del poder. En efecto, las últimas protestas han sido inorgánicas y hasta desordenadas, reflejo de la falta de liderazgos locales y de la ausencia de partidos políticos con capacidad de desarrollar corrientes de opinión y canalizar las demandas. No hay en el horizonte figuras que puedan constituirse –como en el caso de Arequipa, con su alcalde provincial– en dirigentes claros y reconocidos; algunos, no sin ciertos reparos, consideran que el ex alcalde y actual congresista electo Pedro Morales debería asumir un papel protagónico en los actuales momentos, sobre la base de su trayectoria de permanente oposición al gobierno y por el respaldo que el electorado le dio. Entre tanto, son los jóvenes de las dos universidades de la ciudad quienes están encabezando la protesta ciudadana.

En el lado de las filas oficialistas tampoco existen personalidades o dirigentes que gocen de la simpatía popular; al contrario: sus más connotados representantes han caído en desgracia frente a la población por su ineficaz labor a favor de la región central. Incluso algunos de ellos, que también marcharon a la reelección al Congreso, fueron abucheados públicamente por los propios simpatizantes de Perú 2000 cuando Fujimori los presentó en Huancayo.

¿Qué sucederá en el futuro inmediato en Huancayo y la región central? Frente a la carencia de liderazgos, es seguro que los universitarios, el SUTE y otros gremios menores y débiles, más el pequeño apoyo que puedan brindar los partidos políticos de oposición, continúen la presión contra la ilegitimidad del eventual tercer período del presidente Fujimori. Pero esto conlleva el peligro de agotar a los jóvenes y a la población en su conjunto, más aún cuando la ciudad, dado su carácter principalmente comercial, no resiste paralizaciones de sus labores por las marchas y movilizaciones.

Varios de los dirigentes universitarios, que ciertamente no tienen experiencia política, están reclamando que se produzcan en todo el país gestos políticos claros e indicaciones precisas de parte de Perú Posible y de Alejandro Toledo, a quien le reconocen autoridad en los actuales momentos, para que no se caiga en el cansancio y la parálisis. En el ámbito local también es imprescindible que Perú Posible asuma ese papel, para lo cual debe remontar su carencia de estructura partidaria y sus contradicciones internas.

En resumen, nada que no haya sido previsible en los resultados electorales; tampoco en cuanto a la reacción popular. Sí es nueva la reciente exteriorización del malestar y el descontento que, en Huancayo, también se alimenta de los duros efectos de la recesión económica, que ha quebrado a decenas de microempresas y pequeñas empresas que constituyen la base de la economía local y regional; de igual manera, el comercio, antes tan dinámico, ahora languidece ante la desesperación y asombro de la ciudad. Nunca antes las crisis económicas habían golpeado tan fuerte a la Incontrastable. El otrora masivo respaldo de la región central a Fujimori ya no es tal y, como en el todo el país, el gobierno ya no es ni será el mismo.

*          Salvador Peña es sociólogo y analista político.

 

Luego del 28 en el Cusco:

¿Todo se desvanece?

Alberto Delgado

 

Hace unos días el presidente Fujimori declaró a un medio de comunicación internacional que él tenía controlado el frente interno y que sólo le faltaba conseguir algo parecido en el externo. Así de simple es la realidad. Todo parecía reducirse, esos días, a una confrontación de mediaciones y formalidades legales en la OEA.

Qué sencillo sería compartir una apreciación como ésa, pero la realidad y el destino del país son mucho más de lo que se expresa en los medios de comunicación; por eso, para una comprensión cierta y responsable es ineludible reconocer que el Perú no es sólo Lima y tampoco sólo las urnas.

Los resultados y la solidez

Perú Posible, 23%; Perú 2000, 40%; blancos, 1,5%; nulos, 36,5%. Estos resultados del 28 de mayo en el Cusco nos hacen preguntarnos si el país es posible o es 2000. Ni lo uno ni lo otro: el Perú es centralista, miopemente hipercentralista. Estos resultados generarán una dinámica que se extenderá en este tiempo y sus días, de modo incierto, impredecible aún, en los que una alianza política que sostiene al actual presidente en el poder político gobernará también esta región contra el 60% de su ciudadanía.

Pero la solidez y perspectivas de la realidad social son más complejas; se definen en diversos espacios, instituciones, foros, debates, además de las calles y las urnas. Así, hoy el escenario institucional cusqueño es heterogéneo: el estatal controlado por el gobierno central, el social y popular muy dinámico, el empresarial y eclesial con perfiles muy discretos, los liderazgos personales sin rostros visibles, y las urnas denotan un hartazgo del régimen. ¿Y las calles?

Además de las ánforas

Berman nos acicatea, parafraseando a Marx, al recordarnos que todo lo sólido se desvanece; que lo que parece inmutable cambia, se transforma, se acaba o termina siendo una anécdota de la historia. El poder más sólido, el de Fujimori en este caso, visto desde esta región, no se libra de la percepción de Berman ni, menos, parece ser inconmovible.

Desde esta región aprendimos a reconocer que la solidez del poder político, externa o aparentemente compacto, es frágil y siempre pasajera; duraron esta vez diez años, pero, qué energía tiene, qué novedad, qué resultados para esta región. Nada.

Vi llenarse muchas veces las calles del Cusco; ¿y luego del 28? No. Pero a las 4 de la tarde, en la Plaza de Armas todo parecía un leve espasmo: cerca de 200 personas que llamaban a congregarse; una hora después eran más de 1000. A las 5:30 estos ciudadanos y ciudadanas ponían a media asta la bicolor nacional. Más de 200 policías observaban desconcertados ese gesto ciudadano que evocaba duelo. Al poco rato el general policial de esta región, acalorado por la inacción de sus subordinados, llevó a más de 30 policías a quitar la bicolor de manos de los manifestantes –por entonces ya más de 2000– con bombas de por medio y pedradas de respuesta. Así acabó esa escaramuza: con la bandera en manos de la Policía; pero los manifestantes aumentaban, estaban imperturbables, expresaban disposición de lucha, y sus arengas denotaban una actitud que parecía ir más allá de lo que se vivía en el momento: "únanse, únanse"; "la plaza es del pueblo y no del dictador"; "el pueblo en las calles por pan y democracia"; "y va a caer, y va a caer, la dictadura va a caer". Los manifestantes bordeaban reiteradamente la plaza central de esta ciudad, hasta que todo acabó en otra confrontación con la policía luego de las 8:30 de la noche.

Huérfanos de representación

Estas calles y la Plaza de Armas las vi llenarse muchas veces; así aprendí que éstas son el lugar de un poder que busca o espera ser atendido y escuchado. Son multitudes que generan fuerza y provocan asombro en su búsqueda de diálogo y negociación con el poder político, toda vez que los canales formales son inútiles.

No recuerdo concentración más importante que cuando vi llenarse el Huacaypata o Aucaypata con decenas de miles de campesinos que con férrea disciplina y enorme organización se presentaron ante los generales Juan Velasco y Leonidas Rodríguez. Esa vez supe que estaba observando el surgir de un nuevo orden social, pero a pesar de que busqué respuestas de los adultos de ese tiempo, sus silencios indicaban que esa realidad, ese régimen, parecía que nunca iría a cambiar. Pero cambió y cayó. Años después esa plaza se llenó con un Belaunde antes de su retorno al gobierno en el 80, y con García el 85, pero ninguno emuló el lleno organizado por SINAMOS.

Mas estos meses la ciudadanía local encontró una posibilidad, una esperanza: Toledo. Para escucharlo colmó la misma plaza el 6 de abril, como nadie lo había hecho en más de tres lustros, lleno que no pudo reeditar antes del 28. A pesar de que el "Cholo" propuso, el Jurado Nacional no quiso y tras todo ello el diablo qué bien que lo descompuso. Así todo parece desvanecerse. ¿Usted qué cree?

Los epítetos

Día de la Madre en una familia cusqueña. La mayoría de los presentes expresan su deseo de votar por el candidato-presidente; en medio de ello, una voz dice "pero"; no lo dejan hablar: "... tú también toledista". Dos semanas después, en un evento estatal hay desazón ante la orden de desmovilizar, de parar todo: el Presidente no llegará esta vez tampoco. Acusaciones mutuas, felonías descaradas, todos parecen desahogarse buscando entre ellos trabajadores del Estado a quien culpar: "ese es toledista... aquel también".

Nuevamente el fanatismo, la ceguera, la irreflexión. Como tramos de uno de los círculos infernales de Dante, hacen imposible el diálogo y la reflexión. Hace unos años pensaba que la obnubilación en el pensamiento podía desaparecer con el paso del tiempo. No es así. ¿Qué pesa más: el fanatismo o la lealtad fenicia?

Veo reaparecer esos caracteres alentando el reino del epíteto, de la acusación, del soplonaje. Eso ya se había visto en los años 60: quien no era aprista era "comunista"; de los funcionarios de SINAMOS, quien no era velasquista era "contrarrevolucionario"; en los debates de la izquierda de finales de losa 70, quien no era maoísta era "reformista burgués"; y en los 80 y los 90, el riesgo mayor y letal era ser señalado como "terrorista". Ahora, el epíteto de peligrosidad aún insondable es "toledista". Quien no quiere ver esa realidad cultivada desde instancias del Estado está incapacitado para reconciliarse con la realidad y sus certezas. El resultado del 28 alienta el dominio de ese Estado, de perseguir al que piensa distinto; en fin, al que piensa.

Las gentes

En poco más de dos años el Cusco ha protestado contra el centralismo mediante seis paros regionales, cuatro de ellos antes de que se convocaran las elecciones. El toledismo fue otra ocasión y canal más para expresar ese hartazgo: múltiple, diverso, de agricultores por una política agraria coherente, de los empleados del Estado por mayores ingresos, de los desocupados por empleo, de los ciudadanos por democracia, de los jóvenes por exigencias ético-políticas, de regionalistas por la descentralización, de los conservacionistas y ambientalistas por la protección del patrimonio. ¿Todos estos son toledistas? Obviamente, no. Pero el día 25 de mayo volvieron a las calles y pararon la ciudad.

El candidato-presidente ha ganado el 28. Peleando con su sombra. ¿Cómo fue? Qué importa ya. Sólo se sabe que el toledismo se desvanecerá. Pero en lo que atañe al anticentralismo, no hay modo como nadie pueda parar su crecimiento. Los que esperan empleo ahora serán inflexibles, los agricultores acciones tangibles de promoción de su producción, los ciudadanos institucionalidad democrática, los jóvenes menos corrupción, el cusqueñista la protección de su patrimonio regional.

Si antes del 28 de mayo el toledismo no llenó la Plaza de Armas del Cusco, y si el martes 23 que se anunciaba la llegada de Fujimori, en una sola provincia más de 40 camiones comprometidos por instancias del Estado vieron suspender su viaje al Cusco, ese día el Huacaypata se llenó de soledad, y son más de dos años que quien fue candidato-presidente no ingresa al Huacaypata. ¿Qué motivó el mitin interruptus del presidente-candidato?: ¿los líos de Arequipa?, ¿la renuncia de Toledo?, ¿el comunicado de la OEA? Aquí se piensa que es el miedo que le tiene al Cusco.

El futuro

Todo indica, hasta el momento, que aún no existe una persona que empate con las expectativas de esta región. Eso explica que al Cusco no le haya tocado nada en la feria de ofrecimientos y regalos del presidente-candidato, ni en la primera ni en la segunda vuelta. El "Chino" es rencoroso, nos recuerdan muchos.

El día 28 es pasado. El toledismo se desvanecerá. El fujimorismo tardará un poco más, pues su armazón fenicia le da más aire. Mas el espíritu descentralista, como una fuerza alimentada por el manoseo institucional y capitalino, como fatalidad o condena, es el único camino que le queda a esta región, y crecerá mucho más. Éste no es resultado del 28, sino de lo que a lo largo de estos tres últimos años se fue calentando. Y la vigencia de las calles, el viejo recurso de estas tierras, está latente. ¿Quién para esto? Nadie. Al contrario: todo lo que viene ya sea de Lima o de la caja oscura del poder lo exacerba más. Así estamos.

*          Alberto Delgado es analista político y columnista del diario El Comercio del Cusco.

 

Arequipa: Tantas veces Chino

Libertad Revilla

 

Luego del anuncio de Alejandro Toledo de retirarse de la elección del 28 de mayo por falta de garantías, el suspenso se trasladó de los centros de cómputo a las calles y los foros internacionales. Arequipa tiene en esta historia algunas páginas en las que se mezclan las movilizaciones de protesta, el desconcierto frente a las anomalías del proceso electoral, la afirmación de valores democráticos, la carta del alcalde Guillén pidiendo que el candidato Fujimori se aparte del proceso electoral, entre otros ingredientes de un cóctel characato en efervescencia y de pronóstico reservado.

"Usted es el culpable"

No fue precisamente en tono de bolero que Daniel Postigo, director de Circulación Terrestre y dizque capitoste de Montesinos en Arequipa, se dirigió telefónicamente a dos funcionarios muy cercanos al alcalde Juan Manuel Guillén, la mañana del martes 23 de mayo. "Ustedes son los responsables de las contramanifestaciones ocurridas durante el mitin del presidente Fujimori. Y ese Ruiz Rosas –refiriéndose al poeta y asesor municipal– ha enviado una turba a apedrear mi hotel...".

Dicho esto, Postigo tiró el teléfono dejando una velada amenaza en el ambiente. Amenaza que el propio alcalde se encargó de denunciar públicamente a través de los medios de comunicación rechazando de manera terminante los cargos, porque si bien había mostrado una posición muy clara contra la obsesión reeleccionista de Fujimori, eso no lo convertía en organizador de disturbios. El propio Ruiz Rosas asegura que a la hora en que un grupo de indignados characatos se dirigía a la Maison D’Elisse, él sostenía una reunión de trabajo con funcionarios de AECI sobre la recuperación del centro histórico. De estos hechos ha dejado constancia en la Defensoría del Pueblo.

La calentura de Postigo, y seguramente del general Abraham Cano, jefe de la III Región Militar, no era para menos. La noche en que Fujimori llegó a la plaza de Arequipa a intentar que todos bailaran al son del ritmo del chino, se encontró con dos tercios de contramanifestantes que le cantaron sus frescas y lo obligaron a dar varios pasitos para atrás. No era la primera vez que Arequipa le gritaba su repudio en plena cara. Muchos se acordaban –tres años atrás– de la noche en que cincuenta mil almas lo rechiflaron en la inauguración de los Bolivarianos en el estadio monumental de la UNSA. Aturdido por la silbatina, Fujimori sólo atinó a balbucear cuatro palabras. De modo que la relación con los arequipeños ya había pasado a castaño oscuro cuando los cuadrafónicos empezaron a inundar de technocumbia la histórica plaza de Arequipa.

Chino, Chino, Chino

Mientras las bombardas coloreaban el cielo mistiano, en el suelo otro era el cantar. Piquetes de contramanifestantes a los que se iban sumando numerosos espontáneos, fueron tomando poco a poco la plaza. Un afónico Fujimori se esforzaba por ser audible en medio de una gritería generalizada. Alguien comentó que el potente sonido del ritmo del chino servía para disimular la pobreza oratórica del candidato-presidente y apagar la protesta a voz en cuello del respetable. Los más próximos al estrado cometieron el exceso de arrojar objetos de diversa procedencia en dirección al candidato quien, parapetado detrás de los escudos policiales, sacaba de rato en rato el índice para señalar que detuvieran a tal o cual sujeto.

¿Si había militantes de Toledo? Claro que los había, aunque esa noche no llevaron pancartas ni corearon lemas partidarios. Pero la verdad es que el grueso de la protesta iba más allá del candidato opositor. Provenía del rechazo visceral que los arequipeños suelen sentir por todo género de prepotencias y prepotentes.

Tanta fue la insistencia presidencial de detener a los revoltosos, que la Policía optó por obedecer al Jefe y se inició en la plaza un jaleo mayúsculo. Columnas de macizos tombos llegados de la capital (DINOES) enfilaron contra los civiles rompiendo varias cabezas a su paso (sin vínculos afectivos con los lugareños, se habrán regodeado repartiendo de canto). Cuatro periodistas del semanario El Búho conocieron por primera vez la vara policial y mostraban su cámara de fotos desbaratada. Pero lo peor vendría al final.

El mitin ya había terminado, con más pena que gloria para Perú 2000, cuando el "Pinochito", sin ton ni son, empezó a arrojar agua, lo que provocó la reacción airada de la gente y sirvió de pretexto a la Policía para, enseguida, disparar decenas de bombas lacrimógenas. Entonces la multitud se desbocó atropellándose unos a otros. Ya no importaba si era el Chino o el Cholo: todo lo que buscaban, y con desesperación, era un hilo de oxígeno en los pulmones, y agua, mucha agua para los ojos. Respetables madres de familia "acarreadas" al mitin con sus guaguas y todo terminaron por los suelos pidiendo auxilio, junto a la comida desparramada de las vivanderas que la gente arrasó en la estampida. Saldo: quince detenidos y treinta heridos.

28 de mayo: Soy chino y terco

Mañana

Luego de múltiples llamados, invocaciones y ruegos para que la segunda vuelta se llevara adelante en condiciones más competitivas y para que la ONPE y el Jurado merecieran, si no credibilidad, por lo menos el beneficio de la duda, los arequipeños trataban de desperezarse esa mañana para ir a votar. Sabían que, en la práctica, Fujimori corría solo; que no habría ni personeros ni observadores en las mesas de votación; que la entraña del software seguía siendo un misterio; pero, sobre todo, sabían que si no iban a votar tendrían que chantar 116 soles de multa o terminar convirtiéndose en "muertos civiles", según el amenazante comunicado de la ONPE.

"Si parece una democracia perfecta", comentaba con sorna un anciano en la puerta del Colegio San Juan Bautista de la Salle al ver cómo de manera silenciosa y ordenada la gente emergía del sopor dominguero para votar. Casi no se presentaron incidentes. Pequeñas colas de gente desanimada que aguardaba su turno para insistir en Fujimori, votar despistadamente por Toledo o descargar su rabia sobre la cédula de votación con frases de variado octanaje.

Tarde

Como al mediodía, unos volantes invitando a un mitin toledista para las 5 en la Plaza de Armas anunciaban que el verdadero baile comenzaría una vez finalizado el horario de votación. La Policía estaba notificada.

La TV difundía la noticia de que Fujimori iba ganando en Arequipa por cerca del 75%. (Hasta ese momento nadie estaba enterado de lo abrumadoramente fujimorista que era esta ciudad.) La gente empezó a agruparse en algunos puntos del centro histórico. Entonces la Policía hizo su ingreso en la Plaza de Armas, y sin importarle la presencia de madres, niños, turistas y vendedores, arrojó decenas de bombas lacrimógenas hasta desalojar a todos los presentes y acordonar una cuadra a la redonda toda la plaza. De ahí para adelante, y durante siete horas, cientos de policías perseguirían con inexplicable dureza a cuanta persona intentara transitar por la zona, sin reparar en sus derechos de reunión o libre expresión. El general Jorge Cateriano, jefe de la XI Región de la PNP, no dio en ningún momento la cara. Se le habría caído de vergüenza por haber alzado la mano contra sus coterráneos.

La gente que estaba en el teatrín de la municipalidad fue desalojada a varazos por seguir los acontecimientos a través de Canal N. Las furgonetas se llenaban de jóvenes atemorizados, y dos helicópteros sobrevolaban la ciudad en plan de amedrentamiento. Saldo: una centena de detenidos, entre ellos catorce menores de edad. Tres personas heridas, entre ellas Luz Rodríguez Gonzales (29). Luz caminaba por la calle Víctor Lira como alrededor de las 9 de la noche, a considerable distancia de la zona convulsionada, cuando de una camioneta bajaron tres policías que la arrinconaron contra la pared y, sin mediar razón alguna, procedieron a darle de puñetazos en la cara y el cuerpo hasta que perdió el conocimiento. Despertó en el Hospital Goyeneche con traumatismo facial y contusiones en el vientre. No podría reconocer a los agresores, porque tenían máscaras.

La cuestión de fondo

Nadie puede, razonablemente, esperar progresos políticos sustanciales a partir de la movilización de una multitud desarticulada. Los gritos y las correrías duran lo que puede durar el enfado. Enseguida sobreviene el desconcierto y, finalmente, la apatía. Ese deleznable escenario es un banquete para los autócratas.

Arequipa no escapa a esta circunstancia actual del país. Si bien es cierto que el alcalde Juan Manuel Guillén es la figura más visible y sólida de la política arequipeña, su liderazgo no viene acompañado de una organización popular que le pueda permitir una actuación política consistente en el tiempo. Tampoco, en este mundo de alianzas estratégicas, ha logrado el alcalde propiciar coaliciones con organizaciones de base o profesionales. Sin embargo, su prédica democrática y descentralista se mantiene firme, así como su decidido respaldo a la Macrorregión Sur. Los demás liderazgos populares, como el del presidente de AUPA, Andrés Mamani, navegan entre la reivindicación de corto plazo y la proximidad oportunista al gobierno. La otrora poderosa FDTA ya casi no pinta, y los decanos de los colegios profesionales, a excepción del de Abogados, carecen de sentido histórico.

Los estudiantes universitarios van recuperando el interés por los asuntos colectivos, aunque tienen que probar todavía la profundidad de su compromiso.

El río está revuelto, pero es Fujimori el que sigue pescando a manos llenas, con el apoyo cada vez más descarado de los militares. ¿Hasta cuándo? Quizá los acontecimientos últimos sean el reactivo que muchos aguardaban para repensar con seriedad la práctica política de los próximos años.

Al día siguiente

Nadie puede asegurar si las movilizaciones continuarán o si el país volverá a su "miserable normalidad", pero lo que sí es seguro es que la experiencia de estafa política y brutalidad policial difícilmente desaparecerá de la memoria de los arequipeños.

*          Libertad Revilla es periodista.

 

Puno: Movilización pero también incertidumbre

Raúl Rodríguez

 

Para buena parte de la población peruana, lo sucedido el 28 de mayo no ha sido una elección. Incluso quienes marcaron el símbolo de Perú 2000 o la fotografía del presidente-candidato, son conscientes de que ese día terminaba una farsa preparada con la debida antelación. Pero una cosa es que lo sepan y otra que lo reconozcan. Y esta apreciación no es ajena a gran parte de la población puneña.

El miércoles 24, el ingeniero Belisario de las Casas, ministro de Agricultura, estuvo en Puno; más precisamente, en Santa Rosa, lugar donde se celebró la feria agropecuaria anual. Al hacer uso de la palabra en la ceremonia de clausura, el ministro afirmó que su presencia no obedecía a campaña proselitista alguna. Los pocos que lo aplaudieron no pudieron esconder el rubor que les causó tal afirmación. Luego hizo tres promesas: la inmediata construcción de un frigorífico, camal incluido, que ayudaría a los capacaídos productores de la zona; la construcción de la infraestructura necesaria para el funcionamiento de un centro de acopio de lana y fibra, y el pronto funcionamiento del Banco Rural, el que, cobrando bajos intereses, ayudará al despegue del agro.

Los asistentes no celebraron las promesas como lo esperaba el ministro, actitud que denotaba un estado de ánimo no precisamente entusiasta. Los ralos aplausos congelaron su sonrisa y el ministro se despidió apresurado. Como se sabe, las promesas a favor del agro puneño llevan décadas sin concretarse. Por eso uno de los asistentes comentó: "¿por qué le voy a creer ahora si no lo han hecho en ya 10 años que están en el gobierno?".

No lejos de Santa Rosa, en el distrito vecino, Macarí, cientos de jóvenes campesinos sin tierra llevan ya varias semanas de haber entrado en tierras de las sobrevivientes Empresas Rurales de Propiedad Social creadas por la reforma agraria y redimensionadas por el proceso de reestructuración. Han tomado en posesión tierras que la empresa no trabaja. Para ellos, las promesas del ministro les suenan a burla. Por el contrario, piden que sus reclamos sean solucionados, por ejemplo, creando un PROFAM rural. La propuesta, además de atrevida, deja sin piso al gobierno. ¿Estará Fujimori y sus asesores en disposición de inscribir a los campesinos que no tienen tierra y entregarles parcelas para que sobrevivan?

Un día después, el jueves 25, ante la convocatoria de la protesta nacional contra el fraude, todo el sistema educativo se paralizó en el departamento. Si bien las movilizaciones estuvieron focalizadas, principalmente en la zona sur y aymara, la paralización fue contundente. Tanto en Puno como en Juliaca, la población movilizada, con fuerte presencia de jóvenes y profesores, se dirigió a los locales de las Oficinas Descentralizadas de Procesos Electorales. La consigna más gritada fue "¡Alto al fraude!".

Ese mismo día, por razones de trabajo, recorrí ocho distritos de la provincia de Melgar, lo que me permitió convertirme en un encuestador ambulante. A lo largo del día entablé conversaciones con más