De Stein a la MOEAP (Misión de la OEA en el Perú)
¿Cómo habrá sido el encuentro de César Gaviria con
Eduardo Stein después de la visita al Perú de la Comisión de Alto Nivel de la
OEA? Gaviria nunca se debe haber arrepentido más de algo que de haber nombrado
a Eduardo Stein jefe de la Misión Electoral de la OEA en el Perú; por más
esfuerzos que haga para disimular, su cara frente a Stein debe ser de
"cómo me has metido en esto". Sin perder el sentido del humor, Stein
le debe haber hecho bromas del tipo un poco más y se quedan para la
juramentación de Fujimori.
Totalmente de acuerdo en que no hay que
"regalarle" así no más la OEA al gobierno; que sería injusto decir
que la Comisión de Alto Nivel vino con nada y a nada, y que si la OEA ha
llegado hasta acá, "a caballo regalado no se le mira el diente" y a
aprovecharla al máximo. Oponernos a tanto sentido común sería un despropósito y
hasta suicida. Ni que fuéramos Vargas Llosa. Sólo podría ser vocación de
marginalidad si saliéramos a decir con todas sus letras que Fujimori consiguió,
finalmente, que la OEA lo legitimara, tal como estaba en el plan original de la
re-reelección, y que la agenda de democratización es un irrelevante premio
consuelo y hasta premio consuelo bamba, porque nadie en su sano juicio puede
creer en una democratización con este régimen.
Está bien, cumplamos la secuencia obligada para no
aparentar insensatez y para que no se nos acuse de ser muy "rádical".
Nosotros también somos pro diálogo
por principio y por encima de cualquier circunstancia. Y si la OEA logra que el
gobierno y la oposición entren al diálogo,
nosotros también participaremos como sociedad civil, nos llamen o no nos
llamen. También nosotros haremos todos los esfuerzos para que sea a través del diálogo que se solucione toda la
agenda planteada por la OEA; pero no sólo eso: somos además –haciéndonos eco
del gobierno– "inclusivos", y por eso queremos que el diálogo sea la vía para solucionar
todos los problemas del país: estructurales, coyunturales, personales, género,
niños, minusválidos, económicos, sociales y culturales, medio ambiente,
etcétera.
Pero mientras tanto, digamos lo que se ve y lo que se
ve-venir.
1. La Comisión de Alto Nivel de la OEA estuvo muy por
debajo de las expectativas. Y hay que decirlo, no sólo porque si no lo hacemos
perdemos la tan mentada credibilidad, sino también porque mandaríamos señales
equívocas a quienes desde una perspectiva democrática están siguiendo el caso
Perú y están viendo en la OEA el espacio natural para la solución de la crisis
peruana.
Hay quienes dicen ahora que fuimos los peruanos los
que infundadamente elevamos nuestras expectativas. ¡Por favor! Esperábamos lo
que debíamos esperar: si Gaviria y Axworthy vinieron fue porque la Misión de
Observación de la OEA había descalificado las elecciones. Y tan las había
descalificado –porque hasta esto parece haberse olvidado–, que consideró que no
tenía sentido siquiera quedarse hasta el día mismo de las elecciones y se fue
días antes, en una actitud sin precedentes. ¿Qué más tendría que haber hecho
para emitir una señal inequívoca de descalificación? ¿Ser el primer jefe de una
misión que se inmola en la Plaza de Armas?
Entonces, si la Misión de Observación Electoral de la
OEA había descalificado las elecciones, ¿cómo después la misma OEA podría
reconocer los resultados de esas mismas elecciones? ¿Se puede desconocer y
reconocer algo al mismo tiempo? Ni David Copperfield. Si la Comisión de Alto Nivel de la OEA era la
consecuencia de la Misión de Observación Electoral presidida por Stein, ¿cómo
íbamos a esperar que la Comisión dijera que ellos no tenían nada que ver con
las elecciones? Los de la OEA deben admitir por lo menos que aquí hay una
especie de eslabón perdido. (¿Un acuerdo por debajo de la mesa en Windsor?)
En la reunión de Gaviria y Axworthy con
representantes de la sociedad civil, después de que todos los invitados
plantearon casi a coro que las elecciones debían ser el punto central de
agenda, ellos anunciaron formalmente que su interpretación era la opuesta, es
decir, que las elecciones no eran parte de su mandato. El anuncio cayó como un
balde de agua fría y hasta helada, y no sólo por el frío que hacía en Lima sino
por lo inesperado del mensaje. Más bien ellos sí se esperaban nuestra reacción,
ya que en el libreto de la reunión no estaba contemplada una segunda ronda de
intervenciones, lo que no sólo exacerbó aún más los ánimos sino que resultaba
de muy mal gusto tomando en cuenta que era diálogo lo que venían a promover.
Al percatarse del malestar generado por un fin tan
abrupto y unilateral, Axworthy tuvo el gesto de acercarse a dialogar
informalmente. Ratificó que no se podían meter con las elecciones, pero
insistió mucho en que la agenda de democratización será a la de verdad,
poniendo un poco en garantía su prestigio. ¿Qué consecuencias prácticas tendrá
la palabra de una persona de su trayectoria y que aspira legítimamente a más en
la vida? Sólo lo sabremos en el futuro.
Es verdad que precisaron que no era que dijeran
"no a nuevas elecciones", sino que consideraban que ese tema era
"de peruanos". Sí pues, hubiese sido el colmo que dijeran que el tema
de nuevas elecciones no era de la OEA y tampoco de los peruanos. Además, el
Poder Judicial, el Tribunal, la libertad de prensa, el SIN, todos temas
agenda-OEA, ¿esos sí son temas no internos?
Lo cierto es que la Misión de Alto Nivel de la OEA
terminó entrando al esquema del gobierno: ofertas democráticas, siempre y
cuando no se toquen las elecciones, por más irregulares que hayan sido.
Peligrosísimo precedente y un nuevo débito de la OEA en desmedro de su
credibilidad, y desperdicio de una brillante oportunidad para fortalecer su
legitimidad.
El
esquema de la OEA
2. Sobre la propia agenda que trajo la OEA.
Obviamente, es una agenda peso pesado, pues equivale a sentar en el banquillo
de los acusados al régimen en todo: en administración de justicia, en sistema
electoral, en libertad de prensa, en relaciones civiles y militares, en
derechos humanos, etcétera. Si todo tiene que ser democratizado, sólo se puede
entender que la OEA considera que Fujimori está "jalado" en todo.
Pero, a la vez, hay algunos puntos que han sido
planteados de una manera bastante discutible, por decir lo menos. Veamos
algunos ejemplos que tienen que ver –para no apartarnos del tema– con el ámbito
de la OEA. Se plantea que el gobierno estudiará la posibilidad de regresar a la
competencia contenciosa de la Corte Interamericana (órgano del sistema de
protección de derechos humanos de la OEA), cuando la propia Corte ha declarado
"inadmisible" dicho retiro, por lo que el Perú sigue sujeto a su
competencia. ¿Cómo es posible que una Comisión de la OEA niegue un fallo que es
sangre de su sangre, por decirlo de una manera?
La agenda plantea una visita in loco de la Comisión, cuando ésta acaba de publicar un amplio
y completísimo informe de una última visita a nuestro país en el que, entre
otras cosas, se dice expresamente que lo ocurrido en el Perú en cuanto a
elecciones es una "interrupción del orden constitucional" que
corresponde a la 1080. Y así podríamos seguir con muchos más peros a la agenda.
En el caso de los miembros del Tribunal destituidos, la Comisión de Alto Nivel
no plantea la restitución, como lo ha pedido la Comisión a la Corte
Interamericana, sino que la restitución es sólo una de las posibilidades.
Se trata, pues, de una agenda que, vista en detalle y
en términos prácticos, contiene todo y nada a la vez. Están los temas, pero hay
muchas formas de "interpretarlos auténticamente", de ponerlos
"en manos del Poder Judicial", o en los predios (con su piscina más)
de Blanca Nélida Colán, o de pasarlos a comisiones parlamentarias tipo
Mellado-Hildebrandt, de someterlos al cómputo de la ONPE y muchas otras
fórmulas registradas en Indecopi por el actual régimen.
3. Otro punto: ¿alguien cree realmente en la propuesta
de la OEA: democratización del país a través del diálogo entre las partes en
disputa? O una pregunta aún más elemental: ¿alguien cree en la democratización
del país en las actuales circunstancias? Veamos.
Nosotros creíamos que el gobierno no. Pero tenemos
que reconocer que nos equivocamos. Fujimori ha dado una señal inequívoca que ha
hecho que todos los incrédulos nos traguemos nuestras palabras: "más
adelante, Montesinos asumirá un cargo público". Ahora sí que la
democratización va en serio. Montesinos más adelante podrá ser
¡fis-ca-li-za-do!, para lo cual puede que asuma el cargo de ministro del
Interior, o, por qué no, de Justicia, o tal vez se cree un Ministerio de
Derechos Humanos y sea nuestro primer ministro de Derechos Humanos. Premiar a
Montesinos con un ministerio no es sólo bajar expectativas sino ponerlas
verdaderamente en el sótano. A estas alturas el punto no es fiscalizarlo, como
podía ser al comienzo, sino que deje el poder y responda por las cuentas que
tiene pendientes.
Como la Comisión ha sacado de la agenda el punto de
las elecciones, el gobierno ha interpretado más bien que ya se salvó, que ya
pasó el temporal y por eso tiende más bien al endurecimiento, a volver a cerrar
filas y hasta en busca del tiempo perdido.
Recordemos que cuando la Comisión de Alto Nivel de la
OEA estaba en el país, todo el mundo hablaba en voz baja de una
"preagenda", constituida por "pruebas de amor" que el
gobierno daría de todas maneras antes del 28 de julio o por lo menos antes de
que viniera la oficina permanente de la OEA, pruebas que comprendían nada menos
que la reposición de los magistrados del Tribunal, la devolución de la
nacionalidad a Ivcher, vuelta del gobierno a la Corte y el retiro de
Montesinos.
Bueno, estamos en vísperas del 28 de julio: ¿onstán
las pruebas de amor? Ni una sola, pero ni una; a no ser que se crea que la
violación y el maltrato son pruebas de amor, porque sólo así puede
interpretarse que el gobierno haya seguido comprando congresistas para
asegurarse la mayoría en el Congreso o que Fujimori haya juramentado ante los
militares antes que ante el Congreso, o que haya nombrado a una incondicional
en el cargo de procuradora, o que haya dicho que la masiva falsificación de
firmas fue obra y gracia de los testigos... y así la lista podría continuar.
¿Y pruebas de qué serían los anuncios de Bustamante
tipo la eliminación del voto preferencial para congresistas o la prohibición de
la reelección de éstos, o el distrito múltiple, casi todas medidas para el
2005, Dios y cinco años de Fujimori mediante? Que cada quien use su imaginación
para encontrar la palabra.
Estamos seguros, además, de que el 28 el propio
Fujimori hará más anuncios sonoros, efectistas, para la tribuna, pero en
realidad: nada.
Fantasía
2000
4. Nos merecemos un poco de fantasía. ¿Qué hubiese
pasado si la Misión de Alto Nivel de la OEA hubiera mantenido el punto de las
elecciones en la línea del informe Stein y de Windsor y hubiera exigido cambios
previos sólo en función de asegurar que las irregularidades de las elecciones
no se repitiesen? ¿Qué hubiese pasado si la OEA venía y decía acá hay una
"parte en falta", que es el gobierno, porque mi misión de observación
ha dicho que las elecciones no pasaron la prueba, y por tanto la "parte en
falta" debe dar señales de voluntad para remediar su falta, y si no, diré
que es la "parte en falta" la que impide salir de la crisis peruana y
la que, por lo mismo, sigue en falta? ¿Qué hubiese pasado si la OEA se jugaba
verdaderamente por que la crisis la decidan los peruanos con su voto?
Qué ingenuos: jamás la OEA podría adoptar una
posición así. Creerlo es desconocer totalmente la burocracia de la OEA y los
"rabos de paja" de todos los Estados que la integran. Sí, ya lo
entendimos. Pero también hemos descubierto que siempre hay una primera vez, tal
como lo demostró Stein, porque lo mismo se decía frente a su misión, y la
propia Asamblea de Windsor, en la que los expertos decían que el caso Fujimori
no sería ni tema de agenda. Pero, además, no es exacto decir que sería la
primera vez que la OEA adopta una actitud firme, ya que hay por lo menos tres
precedentes: República Dominicana, Guatemala y Haití. Es cierto que son otras
las dimensiones, pero son.
Una actitud así de la OEA habría provocado que a
Fujimori le saliera el matemático y, luego de hacer sus cálculos y consultar
con su asesor, hubiera tenido que sacar algo de la manga, sobre todo porque la
OEA no habría estado sola sino que hubiera sido respaldada por la mayoría de
los peruanos, por Estados Unidos, la Unión Europea y el conjunto de la
comunidad internacional. Pero dejemos lo que pudo hacer la OEA y volvamos a la
real-realite.
5. Y por el lado de la oposición, del sector crítico,
de la sociedad civil, ¿qué se piensa del esquema planteado por la OEA? ¿La
verdad? Nadie cree en él. Off de
record, no hay nadie que diga sigamos a la OEA porque estamos seguros de
que conseguiremos puntos importantes sobre democracia y derechos humanos; no,
el ánimo es entremos porque "hay que agotar la vía", "no nos
queda otra que demostrar una vez más que este gobierno es incapaz de
democratizarse", o, en el mejor de los casos, "un punto jalará al
otro, hasta que se llegará inevitablemente a nuevas elecciones", o
"mejor acompañados que solos".
Entonces, en verdad el gobierno no quiere y en verdad
la oposición no cree. Sin embargo, por esas cosas raras de la vida la propuesta
de la OEA va, y se acaba de nombrar al jefe de la misión permanente que se
instalará en el Perú, Eduardo Latorre, actual ministro de Relaciones Exteriores
de la República Dominicana. El gobierno confía en que ya tiene a la OEA de su
lado y que ya aprendió a manejarla, mientras la oposición sueña con un Stein
II.
Ver
para creer
¿Qué pasará con el esquema de la OEA? Una primera
posibilidad es que la OEA marque tan fuerte al gobierno que logre sacarle por
lo menos una o dos pruebas de amor. Se dice que Axworthy estaría empeñado en
ello y que habría escogido el punto del retiro de Montesinos. Otro rumor es que
el gobierno estaría negociando con Ivcher. Como es obvio, cualquiera de los dos
puntos es muy importante, un triunfo para el esquema de la OEA y muy bueno para
el país. Ojalá.
Una segunda posibilidad es que, en vista de que no
puede arrancarle al gobierno alguna buena señal, la OEA al final desista de
embarcarse en una misión permanente y simplemente diga que hizo todos los
esfuerzos pero que no hay condiciones. Un escenario, asimismo, nada fácil.
La tercera posibilidad es que –como parece ser hasta
el momento– se instale la oficina permanente de la OEA en el Perú (¿la MOEAP?),
aun sin prueba de amor alguna o buena señal por parte del gobierno. A partir de
ahí lo que se ve hasta ahora es un gobierno que intentará salvar las
apariencias pero sin conceder nada; una oposición que, según ese esquema, está
condenada a hacer de notario público de arbitrariedades e incumplimientos; y
una OEA... ¿qué hará la OEA frente a cada impasse o tensión? Esta vez sí hemos reducido nuestras
expectativas: si no tomó la medida que correspondía cuando Fujimori fue descubierto
por la propia OEA con las manos en la masa, ¿qué actitud tomará frente a muchas
comisiones, muchos puntos, muchos actores, muchas interpretaciones? Habrá que
verlo.
6. En todo análisis a
contracorriente siempre hay que terminar diciendo, en todo caso, "ver para
creer": hasta hoy éstas son las tendencias, pero si mañana Fujimori sufre
una metamorfosis y comienza a repartir pruebas de amor por todas partes, no
tendremos ningún pudor de gritar ¡milagro! y de abrazar la causa sin reserva alguna.
(Ernesto de la Jara)