Luis Nunes
Las elecciones peruanas marcan un antes y un después
en la observación electoral
La misión de observación electoral del NDI-Centro
Carter se atrevió a poner "la primera piedra" de la línea internacional
no dispuesta a pasar las mil y una irregularidades del proceso electoral, base
fundamental para la misión Stein. Dialogamos con Luis Nunes, uno de los más
activos y representativos miembros de esta misión.
–Comencemos
con una pregunta provocadora. Desde el lado del oficialismo se suele decir que
lo que diga el Centro Carter y el Instituto Nacional Demócrata no tiene mayor
importancia porque se trata de dos ONG privadas que carecerían de objetividad
por estar financiadas por el gobierno norteamericano. ¿Cómo respondería a esto?
–El Proyecto de Observación Electoral del NDI-Centro
Carter es la fusión del trabajo de dos organizaciones no gubernamentales; y sí,
reciben financiamiento del gobierno norteamericano, pero también de muchas
otras organizaciones privadas y de personas. El que quiere hacer un aporte para
el fortalecimiento de la democracia en el mundo sin ninguna parcialización por
un partido político busca este tipo de instituciones.
Se trata de dos instituciones con gran trayectoria,
con un inventario de más de 100 elecciones observadas, con oficinas en muchos
países (el Instituto Demócrata las tiene en más de 40 países) y cuyo campo de
trabajo abarca mucho más allá que la observación electoral. El Centro Carter,
por ejemplo, tiene proyectos de fortalecimiento democrático, proyectos de
salud, etcétera; el NDI tiene talleres para facilitar las relaciones
cívico-militares, apoyar la gestión municipal, un Programa de Liderazgo para
jóvenes y muchas otras actividades.
–¿Y
cuál es la trayectoria de Luis Nunes?
–He sido militante de la Democracia Cristiana en mi
país, Venezuela, pero desde muy joven estoy metido en el campo de la formación
política; un poco entre politicólogo y educador. Luego de estudiar Ciencias
Políticas en Brasil, me dediqué a contribuir con la formación de jóvenes
políticos. Muchos deseamos que la política sea para el bien, limpia y
transparente, pero los jóvenes no se quieren meter; hay que
"enamorarlos" para que vengan a este campo por vocación y no por
interés.
–¿Cómo
lo escogen para venir al Perú?
–Estaba trabajando con el NDI en un proyecto de
fortalecimiento de partidos políticos en Mozambique, en el África Austral, y me
llamaron. La cercanía con la actual realidad política de mi país hizo que
aceptara inmediatamente. Pensé que sería sólo tres meses, pero ya van siete y
no ha terminado.
–¿La
experiencia peruana no está siendo una especie de bumerán contra la observación
electoral? Me explico: todas las misiones de observación electoral
descalificaron las recientes elecciones y, sin embargo, Fujimori sigue. ¿No es
una manera de decir: la observación electoral puede decir lo que quiera, pero
no tiene ninguna consecuencia?
–Lourdes Flores Nano, a quien admiro por su entrega a
la vocación política, habla del "modelo peruano" para referirse a
unas características muy especiales, y creo que tiene razón.
Por ejemplo, en Mozambique vi cómo se asesinaba a los
dirigentes políticos que iban surgiendo. Aquí no se mata a los dirigentes
políticos, pero sí se los "elimina" de una forma más sofisticada y
hasta "legalmente". En general, cuando uno es crítico o se pronuncia
contra algo, la respuesta es: "pero si la ley lo permite, pues".
Por eso ya hay una observación electoral moderna, en
el sentido de que no podemos venir al país por una semana, sacar unas fotos, ir
a Iquitos o a Machu Picchu y después retirarnos para hacer un informe. Eso no
es. Hay que venir desde antes para poder evaluar lo que nosotros llamamos el
"proceso electoral visto desde una manera integral", del que es parte
la propia formación del marco legal, o sea, las reglas de juego.
En el Perú –y no creo que voy a revelar ninguna
verdad al decirlo– se aplicaron unas reglas de juego para tener un resultado
específico, que fue el que pretende permitir una tercera reelección del
presidente Fujimori. La campaña electoral empezó mucho antes, con una muy bien
estructurada metodología para asegurar un resultado determinado.
–Digamos
que la "sofisticación" de las irregularidades en el caso del Perú
estaría llevando a sofisticar también el esquema de la observación electoral...
–Evidentemente nos está sirviendo para prevenir
situaciones futuras. Aquí desde el comienzo lo percibimos así. Recuerdo que en
la primera entrevista que di, en Canal 10, dije: "la campaña electoral
está conformada por hechos tangibles pero también intangibles". Éstos
últimos sólo perceptibles para quien tenga cierto olfato desarrollado por una
experiencia previa. La experiencia te enseña que hay cosas que no ves nunca
sobre un papel, ni escritas ni grabadas, pero las "sientes" en el
aire.
–Pero
en nuestro caso no es tanto que las irregularidades, por sofisticadas, no
pudieron ser detectadas, sino al contrario: todo el mundo las detectó. El
problema es el que he planteado: se detectaron, pero aun así el resultado se
impuso.
–Lo que pasa es que definitivamente las misiones de
observación no podemos suplantar a los propios peruanos. Si existieran
estructuras partidarias fuertes y consolidadas, los peruanos podrían hacer
cosas que muchas veces se nos piden a nosotros y que no nos tocan y que serían
hasta una injerencia. Nosotros somos sólo observadores.
–¿Esta
observación electoral ha sido la más difícil de las que han hecho?
–En mi caso sí, definitivamente. Para la experiencia del
NDI-Centro Carter ha sido un caso excepcional. Para los observadores
electorales en general hay un "antes y un después de las elecciones
peruanas del 2000".
–¿Cómo
sintetizaría la posición de ustedes sobre las elecciones?
–El 25 de mayo dijimos: el proceso electoral peruano,
aun antes de la segunda vuelta, no reúne las características de un proceso
limpio, justo y transparente. Es decir, lo descalificamos aun antes de la
segunda vuelta.
–¿Cómo
resumiría las irregularidades cometidas?
–De los 10 puntos de nuestro decálogo (reglas de
juego imparciales, padrón electoral aceptado, libertad de movimiento para todos
los candidatos, no intervención de autoridades, etcétera) se incumplieron todos
–algunos en mayor medida que otros–, salvo el de "invitar a misiones de
observación electoral", porque sí fuimos invitados.
–¿Algo
que le haya parecido especialmente grosero?
–El tema del acceso a los medios de comunicación me
sacó de quicio más de una vez. Recuerdo que el 9 de abril teníamos todo un
sistema de monitores de televisión para ver los resultados, y no lo podíamos
creer cuando nos encontramos con El
Chavo del 8 y otras series por el estilo. Incluso creímos que había un
problema con la señal, pero no: era la programación del día. Realmente fue un
insulto al votante el que todo el día de las elecciones, que nosotros llamamos
en otros países la fiesta de la democracia, se pasen programas banales.
–¿Algún
otro punto le ha parecido realmente grave?
–La demora en dar los resultados de la primera
vuelta. Yo pensé que nunca se superarían los 19 días que se tardaron en
Mozambique, pero acá hasta el Jurado tuvo que pedirle a la ONPE que terminara
por fin de contar los votos.
–Aparte
del hecho de haber sido invitados, algo más que usted considere positivo.
–Hemos tenido una excelente relación tanto con el
presidente del Consejo de Ministros, que fue el interlocutor que el Presidente
puso para hablar con los observadores, como con Francisco Tudela. Hubo
momentos, incluso –y espero que no me vayan a desmentir, porque fue así–, que
ellos mismos dijeron: "tiramos la toalla", en el sentido de que no
podían hacer más de lo que habían hecho.
–El
gobierno se defiende diciendo que la observación electoral habla de
"irregularidades" pero no de fraude.
–Ésa es una especie de confesión que nos han querido
sacar, tanto a nosotros como a la OEA. Siempre hemos utilizado la palabra
"irregularidades", porque realmente no hemos tenido a la mano la
prueba de lo que llamamos el "fraude físico"; pero entre
irregularidad y fraude no hay tanta diferencia. Lo importante es que el proceso
como tal, completo, ha sido viciado bajo todo punto de vista; es decir,
descalificado.
–¿Pero
cómo se puede decir que todo ha sido irregular y al mismo tiempo no se puede
hablar de fraude? ¿No habría que cambiar el concepto de fraude?
–Sí, pienso que el concepto de fraude está en un
proceso de evolución. Rafael López Pintor, de España, uno de los expertos más
importantes en observación electoral, ha planteado la necesidad de trabajar
nuevas concepciones de la palabra fraude, ya que se ha comenzado a hablar de
"fraude en cámara lenta" o "por etapas". Ustedes, como IDL,
tuvieron ejemplos de fraude físico en determinados puntos del país, y ha habido
muchas otras denuncias que constituyen irregularidades que a la larga podrían
ser calificadas como fraude. Pero todo eso es un proceso.
–Eso
en relación con la primera vuelta, porque en relación con la segunda la
respuesta debería ser que la observación electoral no está en condiciones de
pronunciarse sobre si hubo o no hubo fraude simplemente porque no estuvo, ya
que se retiró antes.
–Sí, es cierto. Pero nos retiramos porque había que
hacerlo: observar el 28 de mayo hubiera convertido el papel de los observadores
en una payasada.
–Si las
elecciones han sido descalificadas, sólo puede haber una consecuencia: nuevas
elecciones. ¿O no?
–Nuestro informe final saldrá en tres semanas, y ahí
mis colegas y yo vamos a expresar nuestra opinión final. Pero a título
personal, creo que debería haber nuevas elecciones en un plazo relativamente
corto. Pero, evidentemente, bajo otras condiciones, porque con las mismas
reglas de juego pienso que el resultado sería absolutamente el mismo.
–Pero
la OEA, cuya misión de observación electoral tuvo finalmente una posición muy
parecida a la de ustedes, cree que se puede descalificar las elecciones y a la
vez reconocer sus resultados.
–Creo definitivamente que en esto nosotros vamos a
sentar un precedente distinto. Con la misión presidida por el doctor Stein tuvimos
una relación magnífica, de mutuo respeto. Pienso que nuestras misiones actuaron
como una carrera de relevo. Cuando ellos llegaron nosotros les entregamos la
posta y bajamos mucho más nuestro perfil público. Por lo tanto, a mí me ha
causado mucha incomodidad esa especie de divorcio entre lo que dijo Stein y lo
que vino después por parte de la OEA. Debe ser, entonces, que fue lo máximo que
se pudo conseguir en la Asamblea de Windsor. Pero Stein quedará entonces como
un héroe anónimo que hizo un excepcional trabajo.
Nosotros no vamos a entrar a discutir si las
elecciones están o no están en el tapete, porque damos por hecho que lo están.
¿Qué hacemos si no acá? Yo estoy acá para hacer observación electoral y no para
observar el estado de la economía, o para escuchar las palabras de monseñor
Cipriani. Estoy para observar un proceso electoral cuyas consecuencias todavía
se mantienen, pues siguen ocurriendo cosas relacionadas con la conformación del
nuevo (o viejo) gobierno y las condiciones sociopolíticas siguen ardiendo.
–¿Cuál
es la posición de ustedes frente a la agenda planteada por la OEA? Una agenda
importante, pero en la que no está el tema de nuevas elecciones.
–Lo vemos con mucho cuidado y preocupación. Por una
parte, el gobierno puede estar haciendo un esfuerzo por crear nuevas
condiciones que permitan sentar en la mesa a algunos actores; pero, por otro
lado, puede seguir siendo parte de un asunto cosmético. La democracia no es una
cosa que se decreta de un día para otro, sino que es un sistema de vida, una
cultura. ¿Cómo entonces se podría decir de acá para adelante democracia sin
tomar en cuenta nada de lo que ha sucedido? El tema electoral tiene que ser por
eso parte de la agenda. Hay muchas heridas abiertas.
–La
oposición ha planteado que se requiere de "pruebas de amor" para
entrar a negociar con el gobierno, o que por lo menos los temas fundamentales
(Tribunal Constitucional, Ivcher, entre otros) sean los primeros de la agenda.
Fomentar el diálogo entre el gobierno y la oposición sin nada de eso –como
podría interpretarse a partir del último seminario organizado por ustedes–, ¿no
sería más bien caer en el juego y hasta en la trampa?
–Nuestro seminario ha pretendido abrir canales reales
de comunicación. Estamos apostando a que la Comisión de Democratización no sea
un acto cosmético del gobierno y que empiece una labor efectiva. Pero esto no
desvirtúa nuestras críticas al proceso electoral, y seguimos creyendo que el
tema electoral debe estar presente, porque de lo contrario estaríamos tapando
el sol con un dedo.
–¿No
olvidamos entonces las señales previas de la agenda que todo el mundo susurró
cuando la misión de la OEA estaba en el Perú?
–En un escenario de polarización donde las dos partes
están muy duras en sus posiciones, hay que crear las condiciones para el
diálogo. Los dirigentes están muy aferrados a sus posiciones: sin que
necesariamente renuncien a ellas, deben entender que tienen que hacer un mayor
esfuerzo.
Hay que enfrentar la realidad. Nos guste o no, todo
parece indicar que este gobierno va a asumir el mando el 28 de julio. Podría en
el futuro acortarse el período presidencial, pero el hecho es que están ahí.
Entonces hay que jugar con esas condiciones y crear espacios para que quienes
estuvieron en la confrontación de alguna manera miren hacia adelante.
Evidentemente, mirar hacia adelante no significa obviar lo que pasó en los
últimos meses, pero hay que tratar de destrancar este juego de dominó que está
como trancado.
–¿Pero
no es un exceso de optimismo pensar a estas alturas que el gobierno pueda ver
en ustedes un espacio para el diálogo?
–Yo diría que es un parto con forceps. Es muy
difícil, porque nos tratan de encasillar como parte de la oposición, y eso
dificulta nuestra labor de mediación. Pero es muy importante no cortar con el
gobierno e insistir en nuestra ayuda, porque es quien más la necesita.
En Paraguay hemos trabajado con el partido de
gobierno, el Partido Colorado, y en México tenemos un programa de asistencia a todos
los partidos políticos, incluido el PRI. Igual algunos podrían preguntar:
"¿pero cómo ustedes van a ayudar al Partido Colorado o al PRI?". Y la
respuesta sería similar: son los partidos que más necesitan ayuda, por
arrastrar una serie de vicios en el manejo democrático.
–Se
menciona insistentemente la experiencia de República Dominicana como una
experiencia de nuevas elecciones después de unas cuestionadas.
–En República Dominicana estuvo el Instituto Nacional
Demócrata y tuvimos un papel fundamental para que se entendiera que había que
convocar nuevas elecciones en un plazo de uno o dos años.
–Y
sin Balaguer.
–Y sin Balaguer, sí. Es un ejemplo que marca mucho.
–Ahora
se dice que la diferencia es que ahí lo que hubo fue el fraude clásico, es
decir, que las irregularidades se concentraron el día de las elecciones.
–Sí, ésa era la diferencia, pero mucha gente lo ha
rescatado como ejemplo para el proceso peruano, porque definitivamente ahí se
sentó un precedente respecto de que sí existen mecanismos para salir de la
crisis producida por el cuestionamiento de las elecciones.
–Después
de siete meses viviendo en el Perú, ¿se atrevería a hablar de una virtud de
nuestra identidad y algún defecto que salte a la vista?
–Lo que le podría decir es que no me quisiera ir. Yo
creo que este país necesita una mano solidaria dedicada a este campo de
formación política, que contribuya a que la gente entienda la democracia como
una manera de convivir. Desearía que los peruanos fueran más conscientes de que
ellos son los protagonistas de su propio destino, que se sintieran como
partícipes de su realidad, que utilizaran toda la creatividad que tienen para
no sentirse víctimas de los procesos.
–¿Cómo
ha tomado usted el haber sido por momentos foco de los ataques del oficialismo?
–Con mucha tranquilidad, con la
satisfacción del deber cumplido. Evidentemente, en esta función uno no puede
ser monedita de plata. Los ataques personales nunca me han impedido dormir
tranquilo. Se compensan además con las muestras de simpatía. Por ejemplo,
muchos taxistas que no me quieren cobrar cuando me reconocen o gente en los
centros comerciales que me dicen: "por favor, no se vayan". Hay que
volver a recordar al Quijote: "Ladran, Sancho, señal de que
avanzamos...".