México año 2000:
La caída del muro del nopalRaúl Benítez Manaut
El fin de la "dictadura perfecta" es una noticia de excepcional importancia para América Latina, y muy en particular para el Perú. Raúl Benítez Manaut, destacado analista político e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, da cuenta para ideele del proceso que llevó a ese acontecimiento y de los primeros desafíos a los que hace frente Fox.
El nopal es una de las plantas que más identifican a México con sus tradiciones, su cultura y su pasado. Fue uno de los alimentos básicos de los aztecas, se acompaña de la tortilla y los frijoles en la dieta del pueblo, y cuando se dice que algo está muy nopal lo que se quiere decir es que es muy mexicano, de pura cepa. Es como hablar del maíz, el tequila, las canciones rancheras y el PRI.
El PRI ha estado metido en la médula de todos los mexicanos, para bien y para mal. No sólo ha sido un partido político; durante décadas encarnó una forma de vida, una cultura. Su emblema tenía el atrevimiento de lucir los colores de la bandera, para que nadie olvidara quién es quién. Los niños de las escuelas primarias de todo el país, públicas y privadas, le rinden honores todos los lunes a las 8:00 a.m. (a la bandera, por supuesto). Por ello el PRI era la patria.
Cuando esos niños crecían, se les recordaba que votar por la bandera es votar por la patria, pero también por los bonos para las tortillas y por la leche que regalan los programas sociales del gobierno. Para los muy pobres, un desayuno, un costal de cemento, una lámina para el techo de su vivienda eran canjeados por una boleta de votación, y así, por lo menos, las promesas del candidato del partido de la bandera se saboreaban de vez en cuando, los domingos cuando había que votar por los alcaldes municipales, comisariados ejidales, gobernadores, diputados, senadores y presidente. Hace dos meses el gobernador de Yucatán hasta regaló bicicletas y lavadoras para sumar votos al gran partido.
Setenta y un años gobernó el PRI. Un partido totalitario sin ser comunista, que siempre ganaba; pero había oposición, dictadura perfecta, porque parecía democracia. Toleraba la disidencia hasta que ésta se volvía verdadera amenaza.
A partir de mediados de los 80, en gran medida por la crisis económica y la conversión del nacionalismo revolucionario en políticas neoliberales antipopulares, las protestas hicieron crecer a la hasta entonces marginada oposición de derecha e izquierda. Además, las divisiones en la misma elite revolucionaria llevaron a que, por vez primera hace 12 años, se sacudiera el régimen. Se cayó el sistema de cómputo electoral el 6 de julio de 1988, se restableció horas después, el 8 de julio, y se proclamó a Carlos Salinas de Gortari presidente con el 50,36% de los votos. El sistema político sobrevivió.
En 1988 la disidencia del PRI denominada Corriente Democrática, sumada a gran cantidad de fuerzas de izquierda, conformaron el Frente Democrático Nacional (FDN), que postuló a Cuauhtémoc Cárdenas a la presidencia. Cárdenas era el hijo del gran caudillo de la revolución, el general Lázaro Cárdenas, el que se atrevió a expropiar el petróleo en 1938 a las grandes corporaciones multinacionales. El sistema electoral lo controlaba la Secretaría de Gobernación, por lo que desde ahí se pudo bajar el switch de las computadoras para lograr el triunfo de Salinas. El partido considerado de derecha, Acción Nacional (PAN), postuló a un carismático empresario del norte del país, Manuel Clouthier, quien logró también un importante caudal de votos. Clouthier moriría meses después en un extraño y sospechoso accidente de carretera.
La democracia comenzó su tortuoso camino. Entre 1988 y 1994 Salinas construyó un espejismo que fue comprado por casi todos los mexicanos: la modernidad a través del libre comercio. Sin embargo, cuando inicia la carrera por la presidencia, el PRI postula a Luis Donaldo Colosio, su candidato en noviembre de 1993 para el período 1994-2000. Colosio arranca su campaña dos meses después, en enero de 1994, después de que el EZLN, encabezado por el entonces enigmático y carismático subcomandante Marcos apareciera en escena el 1 de enero, derrumbando los mitos geniales del éxito salinista. Ese día entraba en vigor el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá. La campaña de Colosio era ensombrecida por Marcos; Chiapas le robó a la prensa, y lo que parecía pan comido en noviembre de 1993, el triunfo del PRI, se volvió un verdadero dolor de cabeza.
El 23 de marzo de 1994 Colosio es asesinado y el PRI (o Salinas) lo sustituye por su coordinador de campaña, Ernesto Zedillo. Dos lemas de campaña, que por supuesto no se cumplieron durante los seis años de su gobierno, llevaron a Zedillo a la codiciada casa presidencial de Los Pinos: "bienestar para la familia" y el "voto por la paz". Zedillo ganó en 1994 por una combinación exitosa de la mercadotecnia electoral, el repliegue del candidato del PAN, Diego Fernández de Cevallos, al final de la campaña, y errores garrafales de Cárdenas, quien pensaba que si inclinaba la balanza hacia el EZLN el pueblo lo apoyaría. Lo que llevó a Zedillo al poder fue el "voto del miedo". Se ratificó la estadística de 1988: el pueblo teme la violencia, principalmente el sector más débil, el campesinado. Una pequeña dosis de corporativismo rural y sindical, más contendientes que no lograron despuntar en campaña y mucho dinero en la televisión hicieron ganar a Zedillo en agosto de 1994.
Sin embargo, Cárdenas, reorganizando a la izquierda, seguía en campaña por la presidencia. Las partes "no democráticas" de México, como el Distrito Federal, la capital, eran la oportunidad. La crisis del PRI no podía sostener el hecho de que los capitalinos, representando al México moderno, donde están las principales universidades, empresas, la clase media, los profesionales, no podían escoger a sus gobernantes. Cárdenas gana en la ciudad holgadamente en 1997 e inicia un breve período de gobierno. El Distrito Federal fue la plataforma para intentar regresar a la casa donde había nacido: Los Pinos. La ciudad se volvió amarilla y el partido del Sol Azteca la gobernaría.
El PAN, creciendo en su estrategia de arribar al poder a través de los gobiernos locales y estatales, poco a poco controla los estados del norte y centro del país. La mancha azul se expandía desde 1989, año en que obtiene la primera gubernatura en Baja California. Un estado del centro, Guanajuato, es ganado por Vicente Fox, un carismático empresario de provincia (aunque había nacido en la capital), que se empeña desde su gobierno estatal por "sacar al PRI de Los Pinos". Comienza la campaña presidencial.
El PRI tuvo una derrota electoral muy significativa en 1997. En elecciones legislativas de medio término pierde por vez primera desde 1929 la mayoría en el Congreso. Si quería aprobar una ley, debía negociarla o con el PRD o con el PAN. La democracia comenzaba a incomodarlo, pero no podía evitarla. La ley que desde la trinchera legislativa cambió la historia de México es el Código Federal de Instituciones y Procedimientos Electorales (COFIPE), que le da vida al Instituto Federal Electoral (IFE). Se consolida el cuarto poder del Estado y los partidos políticos tienen representantes en igualdad de circunstancias.
Para prepararse para el año 2000 se sabía de antemano quiénes serían los opositores al PRI, pues habían iniciado campañas mucho tiempo atrás. Nadie en el seno del PRD y el PAN podía cuestionar a los dos gobernadores que se convertían en iconos de la democracia: Cárdenas y Fox. Los mecanismos de selección de candidatos en los dos partidos sólo refrendarían a quienes habían iniciado la carrera hacia Los Pinos.
En el PRI, sin embargo, las cosas no era iguales. La lucha entre los "dinosaurios" y los "tecnócratas" tuvo apariencia de democracia. Como en el popular deporte mexicano, la lucha libre, los dinos contra los tecnos peleaban de igual a igual, dos a dos. Roberto Madrazo y Manuel Bartlett por el equipo dino, Francisco Labastida y Roque Villanueva del lado tecno. Sin embargo, todos dicen que el árbitro metió la mano desde Los Pinos y escogió a su verdadero amigo, el que había sido secretario de Gobernación.
La saturación de medios de comunicación en la precampaña del PRI fue tal que de forma asombrosa, cuando las supuestas bases del PRI seleccionan a Labastida y formalmente inician la campaña Cárdenas y Fox, desde noviembre de 1999, en las encuestas de opinión Labastida nunca se movió del 40% de las simpatías populares. O sea, el PRI tocó techo electoral ocho meses antes de la elección.
Cárdenas y Fox inician su campaña en noviembre de 1999 desde abajo, con menos del 20% del apoyo de los encuestados. Desde el inicio se observa una rara tendencia: Cárdenas oscila entre el 10 y el 18% del electorado (según la encuesta y quién la pagara). Fue Fox el único que tuvo ascensos en los sondeos de opinión. Se hablaba de que sólo con una alianza opositora se podía sacar al PRI de Los Pinos. Se inician las negociaciones entre los grandes y los pequeños: los candidatos de los partidos chicos de oposición buscan la alianza infructuosamente. El PRD, partido que construía aparato corporativo, hablaba del voto de los militantes como decisivo, mecanismo que rechazó el PAN, pues es un partido de ciudadanos, no de corporaciones, que decía que había que escoger mediante encuestas. El PRI se confió, pues no buscó alianzas con nadie: las tenía con lo que le daba su vínculo de dependencia con el Estado y un sector del gran capital. El PRI siempre pensó que tenía ganada la elección. Le ganó su pasado de partido-estado.
La alianza de oposición no se logra y se forman dos alianzas: la Alianza por México de Cárdenas (el nacionalismo primero) y la Alianza por el Cambio de Fox (la democracia por delante). Ambas comienzan a redefinir sus plataformas y estrategias de campaña.
Fox fue creciendo semana a semana en las encuestas. Cárdenas y Labastida no se movían. Cárdenas alrededor del 15% y Labastida en el 40%. Era su "voto duro". Nadie pensaba que Fox podría, primero acercarse, luego empatar y después, según algunos sondeos, estar arriba desde el mes de abril. A los que pronosticaron que Fox estaba arriba o en lo que las encuestas denominan "empate técnico", les llamaba la atención que había un electorado "indeciso" o que ocultaba su opinión. Ése fue el gran enigma de las encuestas. Alrededor de 15% de los encuestados no contestaban. Hoy se sabe que votaron masivamente por Fox, al igual que un sector del PRD que consideró que era prioritario votar por Fox para sacar al PRI de Los Pinos.
El 2 de julio Fox ganó la elección con el 42,52% de los votos; por Labastida votó el 36,10%, y por Cárdenas el 16,64%. Por Fox votó el México del mañana, los jóvenes y urbanos. Por ejemplo, Fox obtuvo el 48% del voto urbano, contra 27,9% para Labastida y 16,1% para Cárdenas. En cambio, por Labastida votó el 49% de los campesinos, por Cárdenas el 21,6%, y por Fox el 27,9%. Quedó superado el síndrome que el PRI transmitió en uno de sus últimos mensajes: Labastida o el caos. Hubo un peligro real de que el proceso electoral se peruanizara el 2 de julio. Zedillo y los conteos del IFE lo evitaron.
Fox le arrebató, como persona, votos a Labastida y Cárdenas, en relación con el respaldo a sus respectivos partidos. En la Cámara de Diputados el PRI ganó incluso más diputados que el PAN: el PRI obtuvo 209 diputados, el PAN 208 y el PRD 53, de 500, lo que demuestra que, en efecto, la elección estaba técnicamente empatada. El resto correspondió a pequeños partidos. En el Senado, por ejemplo, se repitió esta estadística: el PRI obtuvo el 36,74% de los votos, la Alianza por el Cambio 38,10%, y la Alianza por México 18,85%. O sea, la campaña publicitaria de Fox llamó la atención del electorado de otras fuerzas políticas, principalmente del PRD, partido al cual le quitó por lo menos 2% de los votos. Sin embargo, el PRD logró mantener su principal bastión: el Distrito Federal.
Lo anterior se debió a que Fox fue el único que abrió su discurso hacia la izquierda, ampliando su margen de apoyo, elemento decisivo para ganar. Seis días antes de la elección Fox se comprometió públicamente a hacer suya una agenda de gobierno considerada "de izquierda": defensa de los derechos de las minorías; la paz de Chiapas; respetar la educación pública laica, universal y gratuita; no privatizar la empresa petrolera
PEMEX; continuar con políticas sociales de combate a la pobreza, etcétera.En otras palabras, Fox y el PAN supieron abrir su discurso y plataforma a segmentos cada vez más amplios del electorado, mientras que el PRI y el PRD continuaron hasta el final de la campaña enarbolando el discurso ideológico de su partido para garantizar el "voto duro". Era la mercadotecnia de Fox vis a vis el muro ideológico, de nopal, de Labastida y Cárdenas.
El sistema político se transformó radicalmente en un día, el 2 de julio del 2000. Un sistema tripolar, cuyo eje era el partido de la revolución al centro, el PRD a la izquierda y el PAN a la derecha, cambia para ubicar al PAN en el centro, con un PRD dividido a la izquierda, con un sector pragmático que gobernara el Distrito Federal y otros estados y un sector fundamentalista para el cual aquel que negocie o acepte empleo en el nuevo gobierno es un traidor, y un PRI defensor de los intereses de las oligarquías agrarias (los dinosaurios), los corruptos y el gran capital que creció a la sombra del sistema de partido-estado a la derecha.
Fox tiene enormes retos. Un conflicto de grandes dimensiones en la Universidad Nacional; el desafío de consolidar la paz en Chiapas, pues se comprometió a resolverla en 15 minutos, para lo cual debe iniciar rápidamente negociaciones con el EZLN. Otro reto presente es que los vencidos no potencien la ingobernabilidad. El PRD, que aún no procesa las causas reales de su fracaso, se puede atrincherar en el discurso de que el pueblo siempre se equivoca y que sólo hasta que su candidato gane el pueblo retoma la conciencia y se sube al tren de la historia. El peligro en el seno del PRI es que no se fraccione mediante la violencia y pueda provocar una ingobernabilidad permanente producto de los coletazos de brontosaurios, pterodáctilos y demás miembros de la fauna silvestre que encubó la revolución mexicana en 71 años.
Fox tendrá que reconstruir el sistema político sobre bases nuevas. Se apoyará en el PAN y en la exitosa red de amplias alianzas en la sociedad civil que construyó durante su campaña. Sin embargo, aún es temprano para augurar éxitos a la transición mexicana hacia la democracia.